El euskera durante la dictadura franquista

(Actualización: al escribir esta entrada quería llamar la atención sobre un vacío historiográfico, la falta de estudios serios sobre la situación del euskera durante la dictadura, con la esperanza de que alguien se pusiera manos a la obra. Para mi sorpresa, desde que abrí el blog este es el post que más visitas ha recibido. Nunca lo hice con esa intención, razón por la que no pasa de un torpe bosquejo. Pero así se queda. De cualquier modo, algún amigo me ha recomendado que aproveche el tirón de la entrada para recomendarles que no se queden solo aquí, que se pasen por alguno de los post más recientes, como este, en el que recojo información sobre mi último libro. Ustedes deciden).

Antes de acercarse siquiera a la situación del euskera durante la dictadura franquista es necesario constatar algo que ya dejé caer en el anterior post: no existe, que yo sepa, ninguna monografía sólida y rigurosa sobre dicha cuestión. Por tanto, todo lo que se diga aquí es provisional y muy generalista, sin entrar en detalles ni en la casuística local. Para saber más solo puedo recomendar este trabajo, junto otros del mismo autor en el que ha tocado el tema tangencialmente:

-PABLO, Santiago de (2010): «Lengua e identidad nacional en el País Vasco: Del franquismo a la democracia», en LAGARDE, Christian (ed.): Le discours sur les langues d´Espagne. El discurso sobre las lenguas españolas, 1978-2008. Perpignan: Presses Universitaires de Perpignan, pp. 53-64.

Para tener un panorama realista y objetivo sobre lo que ocurrió o dejó de ocurrir durante los 40 años que median entre 1936 y 1977 haría falta una investigación profunda: una tesis doctoral o el trabajo de todo un equipo de profesionales. Creo que no menos se merece el euskera o vascuence (“vascuence”, “vascongado” o “Euskal Herria” eran términos que se utilizaban mucho antes de que naciera Franco, careciendo de las connotaciones políticas que luego la autodenominada “izquierda abertzale” les ha pretendido dar)

Lo que no faltan, por desgracia, son libros con una perspectiva ad probandum, esto es, escritos para demostrar retrospectivamente, y sin la metodología adecuada, ciertas tesis que vienen bien en el debate partidista del presente. Evidentemente eso no es historia, sino pura propaganda. Me refiero tanto a la idea, muy extendida entre los nacionalistas vascos, de que durante la dictadura el euskera (y la cultura escrita en dicha lengua) sufrió un genocidio cultural, como a su antítesis, propagada por algunos “historiadores” revisionistas, de que ocurrió lo contrario y el vascuence fue siempre respetado.

Ambas son erróneas, pero no basta con recurrir a un “punto medio” entre las dos. Los relatos históricos equidistantes (como todas las “medias”) suelen ser injustos. Y ocultan cosas. Además, resultan inútiles cuando nos enfrentamos a una realidad tan diversa: la muy plural sociedad vasconavarra de 1936 no tiene nada que ver con la de 1977, pero es que tampoco el régimen franquista fue el mismo durante la Guerra Civil y en los años 60.

Conviene retener un primer dato: la base política y sociológica del franquismo en el País Vasco y Navarra era, en su gran mayoría (aunque no solo, claro está, ya que había también monárquicos y falangistas), carlista, autóctona y… euskaldun (vascoparlante). Requetés alaveses, navarros y, en menor medida, guipuzcoanos y vizcaínos, se sumaron voluntaria y entusiastamente al denominado “Alzamiento Nacional”. Y lucharon en sus filas, siendo los que conquistaron el País Vasco fiel a la II República, es decir, Vizcaya.

Pero, aunque esta vez ganaron la guerra, los carlistas, como se suele decir, perdieron la paz. Fueron incapaces de impedir la supresión de los Conciertos económicos de Vizcaya y Guipúzcoa y vieron como su propio bando arrinconaba (Euskaltzaindia, la Real Academia de la Lengua Vasca) o prohibía (Sociedad de Estudios Vascos) varias de las iniciativas culturales que habían impulsado algunos de los prohombres de la derecha vasca. Además, sufrieron la hostilidad hacia al vascuence, que fue vista como una incomprensible traición. El régimen apostó por “España, una, grande y libre”. Y, por descontado, monolingüe en castellano. Es cierto que nunca llegó a existir una prohibición oficial y expresa de hablar en euskera, que, como recuerda S. de Pablo “hubiera sido imposible de hacer cumplir”, pero se marginó el idioma en la cultura y en la enseñanza. Por añadidura, en el plano local, algunas autoridades hicieron gala de una tremenda confusión entre vascuence y abertzalismo que llegó hasta extremos grotescos, como los que aquí se recogen, sacados de Euzko Gaztedi (Caracas) de 1949 los dos primeros y de un Azkatuta de 1950 el tercero.

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Además de un crimen, como reza el titular, fue un error estratégico del franquismo, que así dejó el campo libre al nacionalismo, que a la larga consiguió patrimonializar el folclore y las tradiciones autóctonas, la cultura en vascuence e incluso la identidad territorial. En el interior de Guipúzcoa y en el norte de Navarra una gran porción del carlismo sociológico fue abandonando el legitimismo monárquico para sumarse a la comunidad abertzale. Baste el ejemplo del luego presidente del PNV Xabier Arzalluz, que provenía de una familia tradicionalista y euskaldun. Fue su experiencia en la escuela, donde toda la enseñanza se hacía en castellano, lo que le llevó a la conversión nacionalista. En sus propias palabras, renegó y se volvió “no solo contra Franco sino contra España” (MEDEM, Julio (2003): La pelota vasca, la piel contra la piedra. Madrid: Aguilar).

Evidentemente no todo fue así y hay que tener cuidado con las generalizaciones. Verbigracia, a partir de 1950 la revista literaria Egan, que había nacido dos años antes, se escribió íntegramente en euskera. Otro ejemplo, es este campeonato de bertsolarismo (poesía) que recoge un Euzko Gaztedi de 1949:

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Pero ni lo uno ni lo otro puede llamarnos a engaño. El euskera sobrevivía en el medio rural, pero retrocedía día a día en todos los ámbitos. Y los euskaldunes eran conscientes de esta pérdida que, muchas veces, como se denunciaba en medios abertzales, estaba causada porque ellos mismos dejaban de enseñar el idioma vernáculo a sus hijos. Por ejemplo, Federico Krutwig llamó “falso nacionalista” al lehendakari Leizaola por escolarizar a sus retoños en francés. Ese sentimiento agónico es uno de los varios motivos (otro día hablaré de cuáles son los otros) que explican la aparición de una nueva generación de nacionalistas radicales, que, aunque no dejó atrás el antiespañolismo y la xenofobía, estaba más preocupada por la lengua que por la raza y los apellidos, algo que todavía obsesionaba a una parte del PNV. Estos jóvenes tenían unas evidentes ansias de acción, de hacer. De ahí el primer nombre del grupo, Ekin, que luego, tras su fugaz paso por las juventudes del PNV, dio lugar a ETA (1958). En 1968, después de algunos ensayos previos, ese “hacer” se tradujo en asesinatos. Pero ni el euskera ni el País Vasco, conviene subrayarlo, tienen la culpa de las barbaridades que se han hecho en su nombre. Los responsables fueron los etarras.

La dictadura fue evolucionando con el tiempo, volviéndose relativamente más abierta y menos represiva, aunque a finales de los 60, debido a su torpeza, la conflictividad laboral y los atentados de ETA, volvió la mano dura. Durante aquella década su actitud hacia el euskera fue tornándose más positiva, aunque quizá el adjetivo sea exagerado. De ahí los carteles de “25 urte pakea” o que se permitieran las noticias (Radio Popular, Diario Vasco, etc.) o las publicaciones en vascuente, como Zeruko Argia (1963), Anaitasuna (1967) o Agur (1972). Se semitoleraron otras iniciativas, aunque estas nunca fueran legales, como las ikastolas (la primera de ellas apareció en 1954). Aumentó también la edición de libros en euskera (entre 1900 y 1939 habían sido apenas 1.000 obras mientras que durante la dictadura se superó esa cifra, aunque concentradas en los últimos lustros) y se creó la Feria de Durango en 1965. Por no hablar, claro está, de la música, con Mikel Laboa, Benito Lertxundi o Ez Dok Amairu. Euskaltzaindia, que había pervivido gracias al esfuerzo de carlistas y sacerdotes, se revitalizó. Todo eso posibilitó el renacimiento cultural en vascuence, que, todo sea dicho, no estaba impulsado por el régimen, sino por ciudadanos particulares y asociaciones.

No todos los promotores de la lengua eran nacionalistas, ni mucho menos, pero con el tiempo el abertzalismo acabó haciéndose hegemónico en el medio euskaldun. Por dejación de los no nacionalistas, pero también por la agresividad de la corriente más intransigente de la autodenominada “izquierda abertzale“. De ahí el acoso que en determinadas ikastolas sufrieron los profesores no nacionalistas o la campaña de boicot contra el grupo musical Oskorri, cuyo cantante era militante del Movimiento Comunista. De igual manera hay que entender las muestras de agresividad verbal que tuvo que sufrir el poeta euskaldun Gabriel Aresti, comunista y abertzale heterodoxo. Véase al respecto:

-ESTORNES ZUBIZARRETA, Idoia (2010): «Una polémica sobre el vascuence en tiempos de silencio», Cuadernos de Alzate, nº 42, pp. 92-110.

En fin, eso ya es otra historia. De cualquier manera, el asunto que nos ocupa es demasiado complejo como para ventilarlo así. Demasiados casos particulares. Recuerdo que mi abuelo, que había inmigrado de La Rioja a Bilbao, me contaba que a él (o a un amigo, no estoy seguro) le habían echado una multa en el autobus por saludar en euskera. Por decir “agur“, vamos. Hay historias mucho peores. Y otras que las contradicen o, cuanto menos, las matizan. No se puede tomar la parte por el todo. Necesitamos, repito, un estudio serio y riguroso que nos revele qué pasó y cuándo pasó. Con detalles y amplitud de miras. Esperemos que tarde o temprano alguien se ponga en faena, antes de que una de las versiones tergiversadas del pasado se convierta en historia oficial.

PS: Ayer empecé a trastear con Twitter. Allí nos vemos: @GaizkaFS

15 comentarios

Archivado bajo ETA, Historia, Nacionalismo

15 Respuestas a “El euskera durante la dictadura franquista

  1. Juan

    La verdad es que seria muy interesante un estudio desapasionado. Importante difenciar etapas del Franquismo. En los 60-70, como apuntas, hay producción cultural en euskera, presencia en medios de comunicación, ikastolas y centros escolares que enseñan la lengua, etc.

  2. rafa

    Como prueba irrefutable de la prohibición del euskera suele ponerse el hecho del castigo físico que se imponía a los estudiantes que en el colegio se atrevían a hablarlo. Cierto es que el euskera no se podía hablar en las escuelas y que al que lo hablaba le soltaban un guantazo. De ahí unas consideraciones:

    – Creo que en aquella época el guantazo te lo soltaban por todo. Así que el castigo físico no era exclusivamente por hablar euskera.
    – Cuando se habla de la prohibición en las escuelas muchos sobreinterpretan que antes había ikastolas y que Franco las cerró o algo así. La educación en castellano era, que yo sepa, anterior.
    – Hoy día el castellano está prácticamente “prohibido” en la escuela vasca actual. Hoy en día el 80% de los niños vascos no pueden educarse en lengua materna. ¿Significa esto que el castellano está prohibido en Euskadi? Hombre, pues no.

    • Fede

      Discrepo con usted. Yo, como estudiante de lo que llamas escuela vasca doy más de la mitad de las asignaturas en castellano, teniendo hasta una propia donde nos dan a conocer autores, obras, etc.
      Creo que no debería hablar usted sin saber. Veo que usted cree que aun vivimos en una época donde ETA esta muy presente en Euskadi y se confunde. La educación en el Euskadi puede que sea una de las mejores de España, por no decir la mejor.
      Un saludo.

    • Lander

      He estado leyendo tu comentario y estas muy equivocado con el punto final. La lengua castellana es obligatoria en todo Euskadi y además
      existen diferentes modelos de educación:
      – Modelo A: Todas y cada una de las asignaturas en la lengua castellana
      – Modelo B: Alternar ambos idiomas en diferentes asignaturas
      – Modelo D: Todas y cada una de las asignaturas en la lengua vasca
      Con esto quiero darte a entender que cualquier familia puede elegir el idioma de enseñanza de su hijo en Euskadi y no tiene porque tener la obligación de aprender euskara.
      Por último me gustaría decir que si no sabes sobre un tema, no comentes que lo único que consigues es mostrar tu ignorancia

      • DeBilbaopues

        No se puede elegir. Nosotros no pudimos hacerlo para mi hija. Me hubiera gustado modelo A (que por cierto sí tiene una asignatura de Euskera) pero aunque nominalmente es posible seleccionarlo, en la práctica en Bilbao, donde la población es masivamente castellano parlante, no hay plazas. Así que la metimos en modelo B.
        Por azares del destino laboral años recientemente nos hemos mudado fuera de Euskadi, donde los colegios son bilingües español-inglés y todos los cientos de horas dedicadas a aprender euskera se han desperdiciado. Por mucho que le hable en Euskera, aunque me entiende me responde en castellano y me pregunta “¿para qué lo voy a necesitar? mejor aprender inglés ¿no?”.

    • DeDeustopues

      Antes de la guerra hubo enseñanza en euskera, al menos en las escuelas de barriada gestionadas por Diputación, y ello está documentado, por tano, la enseñanza en euskera no es algo de hace dos días. Por supuesto, esto desapareció en el 37 y el que se castigase o no por hablar euskera dependía de la humanidad del enseñante, aunque era bastante corriente. En los últimos años del franquismo, como bien dice la entrada, se “toleró” (a regañadientes diría, desde mi propia experiencia como alumno y lo rocambolesco de las situaciones que tuve que vivir de niño) una enseñanza informal en euskera, al amparo de la Iglesia en muchos casos. A partir de la transición y consolidación del autogobierno, deviene ya en enseñanza reglada y homologada. Y para el comentario anterior: en Bilbao hay una parte importante de la población que practica el euskera (muchos más lo conocen), entre ellos, mi familia. Mi hija pequeña tiene como lengua materna el euskera y aprendió perfectamente el castellano (a los cuatro años) en una ikastola pública del modelo D. El estimar como “desperdicio” las horas de aprendizaje de un idioma oficial que puede abrir tanto puertas laborales como sentimentales es una opinión respetable, pero que no comparto y jamás aplicaría a mi hija, que también está aprendiendo inglés y francés, sin que le suponga ningún problema.

  3. Idoia Estornés Zubizarreta

    ” Hasta el Vaticano II, la lengua oficial en la iglesia fue el latín, aunque sermones, confesión, instrucción, las clases, se impartieran en castellano. Las incrustaciones vernáculas aparecidas en el periodo republicano se evaporaron tras la guerra. La cruzada casticista del general Franco –como antes la de Primo de Rivera– estableció, salvo limitadas excepciones, el castellano como lengua ciudadana. No llegó a haber una prohibición oficial del vascuence firmada en «las alturas» pero, como suele ocurrir con frecuencia, hubo a nivel local quienes se encargaron de llamar al orden –en calle, aula, empresa, en el autobús–, de depurar con furia las huellas del pasado (lápidas, registro civil, nombres de comercios o industrias, radiodifusión), de perseguir las manifestaciones vivas del mismo1. Yo, recién llegada, no conocí ese momento pero el trauma era agudo. Algo debió de influir la derrota del Eje en el aflojamiento de la tensión inicial. Barriola recoge en sus diarios la reaparición pública del vascuence en los 40; en algún teatro parroquial, un concurso de bersolaris en Tolosa, una «fiesta vasca» en el Kursaal, incluso en el congreso eucarístico de Donostia del 46. Javier Mina nos descubre a Elvira Zipitria enseñándolo en el Ateneo-Círculo Cultural Guipuzcoano, curso 1945-1946. El bersolari Amuriza relata las justas en las que intervenía su padre, también improvisador, en la Bizkaia de esos años; hasta la pareja de la Guardia Civil aportó alguna vez pezeta gorri bana! (¡una peseta por barba!) a la boina. Sabemos de pancartas vascónicas en el mar de ellas que recibió a Franco en su veraneo del 49. El uso del vascuence dependía del quién y dónde. Yo solo recuerdo alguna misa temprana para criadas y beatos, la despedida de algún funeral, briznas. En mis 60 los rigores habían remitido, pero la tendencia seguía siendo a la baja: abandonado por muchos, lo conocía alrededor de un 40 % de vasco-franceses, un 30 de guipuzcoanos y vizcaínos –más algún alavés– y un 15 de navarros. El descenso paulatino era el resultado de factores sucesivos: selección natural, Ilustración, primer franquismo, la llegada de la televisión, una porosidad creciente. ” Notas de pie 30 y 31.

    Pp 262-3 de mi “Cómo pudo pasarnos esto. Crónica de una chica de los 60”, de inminente aparición en Erein.
    Zorionak Gaizka, que pena no haber podido leer tu “Héroes…” antes.

    • Muchas gracias, Idoia. Pardiez, tengo lectores de altura en este blog. Me alegro especialmente en tu caso, porque he utilizado varios trabajos tuyos tanto en este libro como en el anterior. Espero poder enterarme de la aparición de tu nuevo libro, que publicitaré por aquí, si te parece bien. Besos

      • Idoia Estornés Zubizarreta

        Lo presento en Donostia el 17 de este mes. http://www.erein.com/
        Leeré con mucho interés el tuyo, pena repito, hubiera querido leerlo antes, sobre todo por tu grupo de edad…

  4. Gorka Angulo

    ¡Qué grande Idoia Estornés! Me llevé este verano de vacaciones a Cádiz su libro “Cómo pudo pasarnos esto” y me parecieron maravillosos el libro y ella.

  5. Pepe

    Hasta que se inventó el batua habría que haber hecho 4 o más gramaticas de euskera -dialectos muy dif-. Con Franco se creo la catedra de euskera de Salamanca, con Franco rosarios por radio diarios de euskera en Bilbao. El Boe 1 julio 1975 franco ordena enseñarlo en educ. gen. basica.

  6. IEZ

    Para bofetadas a los niños en toda España durante el Franquismo, hablaran euskera o tarteso moderno, véase Ángela CENARRO: Los niños del Auxilio Social, Espasa: Madrid, 2009.

  7. Pingback: Language Resistance 1 – Repressive Regimes | diaga language

  8. Alberto

    ¿Castellano o más bien version burgalesa del romance navarro? No lo daba Franco pero en el norte de Navarra durante el franquismo la Diputacion navarra premiaba a los niños que hablaban bien el euskera navarro con unas 250 pts de las de entonces en concursos anuales

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