Recensión de “Matar, purgar, sanar. La represión franquista en Álava” de Javier Gómez

Javier Gómez Calvo: Matar, purgar, sanar. La represión franquista en Álava, Madrid, Tecnos, 2014, 381 pp. Prólogo de Antonio Rivera

portadamatarpurgarsanarTodo lo que rodea a las víctimas de la Guerra Civil y la inmediata posguerra está envuelto en la polémica. Al igual que otros episodios sórdidos de nuestro pasado reciente, como ha sido el caso del terrorismo etarra, se trata de una herida abierta. Según algunos, nunca llegó a cerrarse. Según otros, curó en la Transición, pero la han vuelto a infectar. De cualquier manera, no es raro que el tema aparezca en discursos políticos y mediáticos, que a menudo tienden a la simplificación y el maniqueísmo, lo que resulta arriesgado siempre, pero más en lo que se refiere a una cuestión tan delicada como la que nos ocupa. Quienes mejor capacitados están para escribir y divulgar un relato fidedigno sobre la contienda y sus dramáticas consecuencias son, o deberían ser, los historiadores.

No son pocos los que se han enfrentado al reto, aunque lo han hecho con muy desigual fortuna. Así, encontramos de todo en la amplísima bibliografía sobre la maquinaria punitiva de los sublevados. Por un lado, a escala local y regional ha ido apareciendo un creciente número de trabajos académicos sobre la represión franquista, aunque todavía hay zonas por investigar y hacen falta obras de síntesis. Por otro lado, también existe una literatura que transmite una versión distorsionada de nuestro pasado reciente. Pese a su escaso rigor metodológico, este tipo de lectura tendenciosa de los acontecimientos cuenta con un público fiel: aquel que busca ver confirmadas sus ideas preconcebidas. La instrumentalización de las víctimas de la Guerra Civil no es patrimonio exclusivo de ningún movimiento político, pero es evidente que tal tendencia fue inaugurada por la propaganda franquista, que estuvo siempre empeñada en minimizar las represalias de los sublevados y magnificar las desatadas en la zona controlada por el bando republicano. Con argumentos similares, aunque décadas después, han surgido, a decir de Javier Gómez Calvo, “profesionales de la polémica que, desde una historia militante caduca y poco edificante, han resucitado tesis neofranquistas” (p. 34).

En el caso concreto del País Vasco y Navarra, además, topamos con la maquinaria publicitaria del entorno del nacionalismo vasco radical, que ha editado cuantiosas publicaciones sobre el conflicto bélico. Su objetivo último es reinventar la historia de Euskadi para que encaje en los estrechos márgenes de la narrativa de un secular “conflicto” entre vascos y españoles. Desde tal perspectiva, la Guerra Civil no fue más que una nueva invasión española: el penúltimo capítulo de la larga lucha de la nación vasca por recuperar su perdida independencia. En ese sentido, la literatura y algunas asociaciones vinculadas a la autodenominada “izquierda abertzale” han pretendido “vampirizar”, por emplear la expresión de Jesús Casquete, la memoria de los perdedores: a los gudaris del PNV, ELA o ANV se los presenta como antecesores directos de los militantes de la organización terrorista ETA mientras que no se duda en tomar prestados a los milicianos republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas vascos a la hora de contar sus propias víctimas para demostrar la naturaleza étnica de la conquista y el posterior genocidio a manos de los “españoles”.

Aunque su caso es diferente a las dos corrientes anteriormente descritas, ya que no se engloba en la categoría de literatura histórica militante, tampoco son satisfactorias las conclusiones de la que Gómez Calvo denomina “historiografía exterminista”. Obsesionada por las cifras de muertos, mantiene que “el franquismo fue inmutable en el ejercicio de la represión por terminar como empezó (matando)”, aunque irónicamente otra de sus máximas es que, tras la contienda, “no queda nadie” a quien eliminar (p. 33).

En Euskadi la historiografía profesional ha tardado en acercarse al tema que nos ocupa, con la excepción de los magníficos trabajos de Pedro Barruso y un artículo de Francisco Espinosa1. Se suma a ellos Matar, purgar, sanar, la versión divulgativa de la tesis de Javier Gómez Calvo, doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco e investigador postdoctoral en el Instituto Universitario de Lisboa. Como advierte Antonio Rivera en el prólogo de la obra, es uno de los más brillantes representantes de la nueva generación de historiadores vascos. Lo ha demostrado en capítulos de libros colectivos y artículos publicados en revistas académicas como Sancho el Sabio o Historia Contemporánea.

Sólidamente anclado en la heterogeneidad de las fuentes, muchas de ellas inéditas (como las custodiadas en la prisión de Vitoria o el archivo militar de Ferrol), esta obra nos aclara cómo, cuándo y por qué se desarrolló la revancha de los rebeldes en la provincia de Álava durante la Guerra Civil y la inmediata posguerra. Por ejemplo, Gómez Calvo señala que la represión franquista no fue uniforme en el tiempo y en el espacio. Tampoco, pese a lo que mantienen algunos defensores de la tesis exterminista, los sublevados pretendían llevar a cabo un auténtico genocidio. Entre otras cosas, les habría resultado materialmente imposible. No hubo, por tanto, un “Holocausto” propiamente dicho. Y es que prescindir de este tipo de palabras no implica relativizar los efectos de la represión, sino apostar por un muy necesario rigor conceptual. Verbigracia, entre 1936 y 1945 la maquinaria represiva asesinó al 0,18% de la población total de Álava. No se trata de minimizar el dato, porque un solo muerto ya es demasiado: fueron 193 víctimas mortales con nombre y apellidos. Ahora bien, no es de rigor comparar tal cifra con los millones de judíos asesinados por el III Reich alemán, el genocidio armenio o el “autogenocidio” camboyano a manos de los jemeres rojos.

En palabras de Javier Gómez, “es incuestionable que la violencia fue un pilar del régimen franquista, duro e implacable con el enemigo, pero Franco no perseguía la aniquilación de éste, si por aniquilar se entiende, volviendo al diccionario, destruir o arruinar enteramente, sino en otro sentido: reducir a la nada. Parece lo mismo, pero no lo es. Porque de lo que se trataba era de afirmar una realidad nacida a la contra, sin que fuera necesario matar al conjunto de la población desafecta. Por el contrario, era preciso que todos se integraran en ella asumiéndola para dar lugar a un país de vencedores y vencidos” (p. 41).

Gómez Calvo no se dedica exclusivamente a “contar muertos”, entre otras cosas porque la represión franquista no se limitó a las ejecuciones. Según el autor de Matar, purgar, sanar, existió un relativamente amplio repertorio de medidas punitivas que no siempre traían aparejada la muerte del considerado como enemigo. Con el paso de los meses, la represión evolucionó desde los asesinatos extrajudiciales (la “justicia en caliente”) a la judicialización, pasando por multas, destierros y procesos de depuración profesional. La mutación de los castigos respondió a diversos factores que aquí me limito a enumerar, pero que el autor trata con detalle: el contexto (tanto externo como interno), la arbitrariedad de algunos de los sujetos implicados, las conveniencias sociales, las necesidades del ejército sublevado o la política de las nuevas autoridades que habían sustituido a las legalmente constituidas.

Los ajustes de cuentas del franquismo tampoco afectaron por igual a todos aquellos alaveses a los que los vencedores tenían como adversarios. Los republicanos sufrieron una dura represión económica y física. Esta última también afectó al movimiento obrero: muchos socialistas y, sobre todo, comunistas y anarquistas, fueron encarcelados y/o ejecutados. Debido a su conservadurismo y catolicismo, el trato que recibieron los nacionalistas vascos fue relativamente más benigno que el reservado a los vascos de izquierdas. “Sólo un militante del PNV, partido que representaba electoralmente al 20 por 100 de la población alavesa a la altura de 1936, fue asesinado por orden directa del mando militar. Las “raíces del Mal” las encarnaban quienes alteraban el orden y no quienes tenían tantos motivos para abrazar la causa de los sublevados como para rechazarla: los nacionalistas vascos. Por eso nunca convino al régimen tratar a los nacionalistas de la misma manera que a los militantes de los partidos que componían el Frente Popular” (p. 322). Ahora bien, la persecución económica en forma de multas, incautación de bienes y sanciones impuestas por el Tribunal de Responsabilidades Políticas se cebó especialmente en los jeltzales, quienes fueron obligados a pagar en mayor medida que el resto de expedientados.

Gómez Calvo esquiva hábilmente trampas en las que otros trabajos sobre la represión franquista han caído: la justificación, minimización o relativización de las medidas punitivas de los sublevados; las simplificaciones, los maniqueísmos o el presentismo; la utilización de la historia (o la memoria) como arma política; y, por último, “los libros en los que se explica con minuciosidad de forense y recreación sensacionalista en el detalle (…), en los que no se ahorra en la descripción de los pormenores de cada crimen, pero sin ninguna vocación interpretativa” (p. 24). Tal y como afirma Antonio Rivera, el autor vuelve “a los principios de nuestra profesión: explicar el porqué de las cosas (…) atendiendo a sus contextos espaciales y temporales” (p. 15). Sin dobles intenciones. No es tarea sencilla, sobre todo en un tema tan espinoso como este. No obstante, el autor lo logra con creces, ya que Matar, purgar, sanar es un libro de historia honesto, serio, riguroso y bien documentado: en síntesis, una obra académica. Sin embargo, Javier Gómez demuestra que el método científico no tiene por qué estar reñido con un estilo literario atractivo. Resultará una lectura amena no solo a los especialistas, sino también a un público bastante más amplio. Matar, purgar, sanar combina, por tanto, la divulgación de unos contenidos imprescindibles para conocer la Guerra Civil y la posguerra en el País Vasco con el placer de la lectura.

Fuente: Spagna Contemporanea, nº 45, 2014.

1Pedro BARRUSO BARES (2005): Violencia política y represión en Guipúzcoa durante la guerra civil y el primer franquismo (1936-1945), San Sebastián, Hiria; y «La represión en las zonas republicana y franquista del País Vasco durante la Guerra Civil», Historia Contemporánea, nº 35, 2007, p. 653-681. Véase también Francisco ESPINOSA MAESTRE: «Sobre la represión en el País Vasco», Historia Social, nº 63, 2009, p. 59-75. Puede consultarse una versión revisada y mejorada de este último artículo en <http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2914416>

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