Erik Zubiaga: “La represión franquista de guerra y posguerra en el País Vasco a debate: entre el exterminio y el oasis”

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La revista Historia y Política publica este interesante artículo de Erik Zubiaga

 

 

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“Javier de Ybarra y Bergé”, El Correo, 22-VI-2017

 

20170622 EL CORREO Opinion Gaizka Fernandez Soldevilla.jpgEn el manifiesto de ETA para el Aberri Eguna de 1968, Txabi Etxebarrieta incluyó en la nómina de los “dueños del Estado” y enemigos del “Pueblo Vasco” a los Ybarra. Entre todos ellos, Etxebarrieta destacó a Javier de Ybarra y Bergé, quien, como alcalde de Bilbao, había hecho que el Ayuntamiento “repudiara públicamente las actividades de ETA”.

Había algo más, que el dirigente etarra olvidó mencionar: Javier de Ybarra era el miembro más conocido no solo de su extensa familia, sino también de la alta burguesía de Neguri y de la derecha vasca. Durante la Guerra Civil había estado cautivo en la zona republicana. Sobrevivió al asalto a las cárceles de Bilbao en enero de 1937, en el que fueron asesinados 224 presos, una experiencia que relató en uno de sus libros. Historiador y arqueólogo, formó parte de la Real Academia de la Historia. Además, fue un renombrado jurista (presidente del Consejo Superior de Protección de Menores en España y del Tribunal Tutelar de Menores de Vizcaya) y empresario (consejero del Banco de Vizcaya e Iberduero, así como presidente de Babcock Wilcox, El Diario Vasco y El Correo Español). Durante la dictadura también ocupó cargos públicos: procurador en Cortes, presidente de la Diputación de Vizcaya, de la que fue cesado tras pedir a Franco la reintegración del concierto económico, y alcalde de Bilbao. Javier de Ybarra representaba una clase social, una identidad, unas ideas y una época. Y los etarras lo sabían.

Descontentos con el Comité Ejecutivo de ETA político-militar, que había creado al partido EIA para participar en la Transición, los comandos berezis se escindieron de la banda en 1977. Una facción se unió a los Comandos Autónomos Anticapitalistas. Otro sector se presentó públicamente el 18 de mayo de 1977 en San Sebastián asesinando a Manuel Orcera de la Cruz, agente de la Policía Armada. La historia de este grupúsculo fue efímera, ya que en septiembre se fusionó con ETA militar, la ETA que ha llegado a nuestros días, en la que alcanzaron una relevante posición antiguos berezis como Miguel Ángel Apalategi (Apala), Francisco Mujika Garmendia (Pakito) o Santiago Arróspide Sarasola (Santi Potros).

Antes de unificarse con sus antiguos rivales, aún tuvieron tiempo de acabar con otra vida. El 20 de mayo los berezis secuestraron a Javier de Ybarra, quien se había negado a someterse a la extorsión económica de ETA. Los terroristas reclamaron un rescate de 1.000 millones de pesetas (unos 45 millones de euros actuales), cifra que el entorno de la víctima fue incapaz de reunir. El 22 de junio, una semana después de las primeras elecciones democráticas, el cadáver de Ybarra fue encontrado en el Alto de Barázar. Tenía un tiro en la cabeza y signos de maltrato y desnutrición.

A pesar de que aquel asesinato se había cometido después de la fecha límite que marcó la Ley de Amnistía (el 15 de junio de 1977), la Audiencia Nacional entendió que el día que había que tener en cuenta era el del secuestro. Apala, que había sido detenido en Francia y esperaba a ser extraditado para ser procesado por el crimen, fue amnistiado. Así pues, nunca hubo juicio. Nadie pagó por aquella muerte. La memoria de Ybarra tampoco corrió mejor suerte. En agosto de 1983 el Ayuntamiento de Bilbao decidió que la avenida alcalde Javier de Ybarra, que tenía ese nombre desde noviembre de 1972, pasara a denominarse Jesús Galíndez.

Pese a lo que a veces se ha mantenido, el asesinato de Ybarra no provocó el ocaso de la alta burguesía de Neguri, que respondía a la crisis económica y a su pérdida de poder político-institucional durante la Transición democrática. Ahora bien, es evidente que esta muerte conmocionó a los empresarios vascos. Marcó el comienzo de una nueva diáspora. Los que se quedaron se vieron en la tesitura de pagar el denominado “impuesto revolucionario” o arriesgarse a acabar como Ybarra o el industrial Ángel Berazadi, al que ETApm había matado el año anterior. El miedo provocado por estos asesinatos ejemplarizantes fue utilizado por las distintas ramas de ETA para extorsionar a industriales y profesionales del País Vasco y Navarra, quienes, hasta ese momento, habían resistido las presiones. Ese dinero, junto al que los etarras obtuvieron de atracos y secuestros, sirvió para mantener en funcionamiento la maquinaria terrorista durante décadas. Una investigación iniciada por la extinta Bakeaz, que verá la luz en forma de libro a finales de año, ha analizado la financiación de ETA y otras facetas de su violencia contra el sector empresarial.

En Sin Perdón el pistolero encarnado por Clint Eastwood asume que, cuando matas a un hombre, “le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría tener”. Todo lo que podría hacer. Sabemos qué hizo Javier de Ybarra durante la dictadura, pero no qué hubiera hecho después. Como muchos expolíticos franquistas, tal vez se hubiese enrocado en la nostalgia. O tal vez hubiera evolucionado hacia posiciones diferentes. Hay que recordar que hubo excargos del régimen en los extremos del arco político, como Fuerza Nueva e incluso HB, pero también en AP, UCD, PNV y PSOE. Los primeros decidieron enfrentarse a la democracia, los segundos ayudar a construirla. Ybarra no tuvo la oportunidad de elegir. Se lo quitaron todo.

 

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Barbara van der Leeuw: “Regionalismo y nacionalismo en el siglo XIX: la batalla de los conceptos (País Vasco, Flandes y Frisia)”

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La revista Rubrica Contemporanea publica este artículo de la historiadora Barbara van der Leeuw, que les recomiendo. Pueden leerlo aquí.

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Mesa redonda: “Las migraciones internas y su aportación al desarrollo de Gipuzkoa (1950-1975)”

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15 junio, 2017 · 11:44

Último número de “Saibigain”, la revista digital de la Asociación Sancho de Beurko

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15 junio, 2017 · 11:33

Las elecciones del 15 de junio de 1977 en Euskadi

Las primeras elecciones democráticas desde la II República se celebraron el 15 de junio de 1977. Hubo alrededor de 50 candidaturas diferentes en toda España (24 a nivel regional). En Álava se presentaron 17, en Guipúzcoa 25 y en Vizcaya 23. El ciudadano de a pie desconocía el significado de la mayoría de las nuevas siglas, que conformaban una auténtica sopa de letras. Los principales partidos, tanto los conformados por sectores del régimen como los de la oposición, pudieron presentarse con su nombre, como fue el caso de UCD (Unión de Centro Democrático), AP (Alianza Popular), el PSOE, denominado en el País Vasco y Navarra PSE (Partido Socialista de Euskadi), el PNV y el PCE. No ocurrió lo mismo con las formaciones de extrema izquierda y del nacionalismo vasco radical, que no estaban legalizadas. Sin embargo, el Gobierno toleró su actividad pública y no puso impedimento a que acudieran a los comicios como agrupaciones de electores. A pesar de algunas iniciativas al respecto, este sector fue incapaz de unirse en una coalición, por lo que se presentó dividido. Por un lado, EIA y el EMK conformaron EE en las provincias vascas y UNAI en Navarra. Por otro, el PTE creó el Frente Democrático de Izquierdas, la ORT la Agrupación Electoral de los Trabajadores y la LCR, junto a otras fuerzas, como la OIC, el Frente por la Unidad de los Trabajadores. Por su parte, situándose frontalmente contra la reforma, ETA militar llamó al boicot a los comicios.

El resultado de las elecciones fue favorable a la UCD de Adolfo Suárez, que cosechó 6.300.000 votos. Le seguía el PSOE de Felipe González con 5.300.000 papeletas. Atrás quedaron el PCE de Santiago Carrillo (1.700.000) y AP (1.500.000), encabezada por Manuel Fraga. La ultraderecha y la extrema izquierda quedaban fuera de las Cortes. La sociedad española había apostado por la moderación y el respaldo a la Transición, dando la espalda tanto a quienes habían mostrado una oposición más activa a la dictadura como a quienes pretendían un franquismo sin Franco.

La ciudadanía vasca había hecho exactamente lo mismo. A pesar de su convulso pasado reciente y de las llamadas de ETAm a la abstención, los ciudadanos se decantaron en su mayoría por opciones posibilistas y, en su mayoría, no nacionalistas. En el País Vasco el PNV sumó 296.000 votos, el PSE 267.000, la UCD 145.000, AP 71.000 y EE 64.000. No consiguieron representación alguna el PCE-EPK (45.000 sufragios), las otras candidaturas abertzales ni la muy fragmentada extrema izquierda. Este campo entró en una profunda crisis y se fue diluyendo. El único sector que a la larga sobrevivió (EMK y LKI), haciendo una crítica radical al proceso de democratización, acabó gravitando en torno al nacionalismo radical. En Navarra UCD, con 75.000 papeletas, se convirtió en la principal formación, seguida por el PSE, con 54.000. UNAI se quedaba, con 24.000, a unos cientos de votos de lograr un acta para el Congreso. De haber arrebatado aquel crucial escaño a UCD la relación de fuerzas hubiera sido favorable a la integración de Navarra y del País Vasco en una misma comunidad autónoma.

La primera Legislatura de la etapa democrática estuvo centrada en la institucionalización de la recién restaurada Monarquía parlamentaria. Huyendo de la confrontación directa y renunciando a sus programas de máximos, los partidos políticos hicieron el esfuerzo de llegar a grandes consensos. Los más significativos fueron la Ley de Amnistía, la Constitución de 1978, los Pactos de la Moncloa y, en el País Vasco, el Estatuto de autonomía.

El ciclo de protesta de los años precedentes entró en declive: las instituciones, legitimadas por los votos, estaban tomando el relevo a la calle. Sin embargo, el sector más intransigente de la oposición no se resignó a la consolidación de la reforma democrática, sino que continuó apostando por la ruptura. Tal era la pretensión de las distintas ramas de ETA y de parte de la extrema izquierda. Por su parte, la resurrección del franquismo era el objetivo de las tramas golpistas de ultraderecha.

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Presentación de “El catalanismo, del éxito al éxtasis, III. Impostura, impunidad y desistimiento” en Barcelona

9788416995134-739x1024Intervendrán:

Martín Alonso, doctor en Ciencias Políticas y autor del libro

Isabel Fernández, profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona

Luis Roca Jusmet, catedrático de Filosofía en IES

Josu Ugarte, exdirector de Bakeaz

 

El acto tendrá lugar el miércoles, 21 de junio, a las 19:00 horas en el Centro Cívico Pati Llimona (Barcelona)

Más información sobre el libro aquí

 

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