GFS: «Lecciones españolas para una Transición venezolana», El Correo, 12-II-2026
Tras la caída de Nicolás Maduro, la República Bolivariana se encuentra en una encrucijada. Una amnistía, como las que se aprobaron en España entre 1975 y 1977, podría impulsar su tránsito hacia la democracia.
A pesar de que EEUU ha descartado respaldar a María Corina Machado y de que no se ha producido un relevo en la cúpula del régimen, Venezuela parece encaminarse a una transición democrática. La presidenta Delcy Rodríguez aparenta estar dando pasos en esa dirección, como el diálogo con la oposición y la liberación de centenares de presos políticos.
Rodríguez ha anunciado una amnistía general para los que quedan en la cárcel o pendientes de juicio. A la espera de conocer los detalles de la ley, cabe especular que podría suponer un fuerte impulso al proceso de cambio. Es cierto que no se trata de una cesión del poder, sino de un gesto, pero los gestos son cruciales, como demostró la Transición española.
El 22 de noviembre de 1975, dos días después de la muerte de Franco, Juan Carlos I fue proclamado Rey. Aunque confirmó al ya presidente Carlos Arias Navarro, le impuso como ministros a políticos franquistas favorables a la apertura. Se concedió un indulto, gracias al cual fueron liberados 5.226 presos comunes y 429 presos políticos. De igual manera, se conmutaron las condenas a muerte ya dictadas y se redujeron las penas de cárcel del resto de los reclusos.
El decreto había excluido delitos de diversa naturaleza, como los de terrorismo. Además, tanto los atentados como el ciclo de protestas laborales, sociales y políticas de aquellos meses hicieron que hubiese más arrestos, enjuiciamientos y condenas. No es de extrañar que la amnistía general continuara siendo una de las principales exigencias de la oposición, que consideraba que sin ella no podría construirse la democracia.
Y ese no era el horizonte de Arias. El presidente temía que las reformas pusieran en peligro la esencia del régimen, por lo que su política resultó vacilante y contradictoria. Después de un año y medio, ni siquiera había legalizado a los partidos políticos y los sindicatos. El 1 de julio de 1976 los desacuerdos con el Rey Juan Carlos I provocaron su dimisión.
El monarca lo sustituyó por Adolfo Suárez, el hasta entonces ministro-secretario del Movimiento. El nuevo presidente tenía la voluntad de liderar una Transición hacia la democracia, pero no fue un proceso fácil. Por un lado, se enfrentó a duras resistencias internas mientras que, por el otro, era espoleado por las movilizaciones pidiendo libertades y amnistía.
El Gobierno aprobó un perdón más generoso, aunque no incluía algunos delitos, como los de sangre. En diciembre el referéndum para la reforma política demostró que la mayoría de los ciudadanos estaba a favor de una democracia avanzada en la que todos tuvieran cabida. En marzo de 1977 se concedió otro indulto que abarcaba a buena parte de quienes no habían sido perdonados con anterioridad y, poco después, se extrañó al extranjero a los más importantes presos de ETA.
Aquellos gestos permitieron que las fuerzas de la oposición aceptaran la legitimidad de las elecciones del 15 de junio de 1977. La práctica totalidad del arco parlamentario emanado de dichos comicios aprobó la Ley de Amnistía cuatro meses después. Se trataba de desactivar el terrorismo y de sellar la definitiva reconciliación entre las «dos Españas». Por consiguiente, el olvido legal afectó tanto a los atentados (con la excepción de algunos de los GRAPO y de la ultraderecha) como a la Guerra Civil y a la represión de la dictadura. El precio, la impunidad de los victimarios, lo pagaron las víctimas: las del franquismo y las del terrorismo.
ETA, los GRAPO y la ultraderecha no vieron la amnistía como una oportunidad para dejar las armas, sino como una muestra de debilidad del Estado. Para imponer su proyecto totalitario, asesinaron a 498 personas durante la Transición. Sin embargo, la ley consiguió su segundo objetivo: evitar un nuevo enfrentamiento fratricida. Terroristas y golpistas fracasaron en su propósito desestabilizador y la democracia acabó consolidándose.
De la Transición española (y otras similares, como la caída de las dictaduras del Bloque del Este) pueden extraerse varias lecciones que quizá sean útiles para Venezuela. Una, que las reformas pactadas suelen ser más exitosas que las rupturas. Dos, que las concesiones mutuas y los consensos son positivos. Tres, que es necesario amnistiar a los opositores para que se sumen al cambio. Cuatro, que a menudo un sector de las élites del régimen tiene un papel protagonista en el proceso. Cinco, que garantizarles también a ellos el perdón facilita que posteriormente abandonen el poder sin resistencias.
Ahora bien, conviene hacer una lectura cauta de estas lecciones. Tendemos a olvidar que, cuando únicamente nos fijamos en el interés general, perdemos de vista a quienes son aplastados por los engranajes de la historia: las víctimas
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Sierra Delta Contra 50: Terrorismo y educación
n el segundo #SierraDelta Contra #SDContra50 de este año hablo con Raúl López Romo, responsable de Educación y Exposición del Centro Memorial, acerca de cómo se está enseñando el terrorismo en las aulas españolas, de la opinión de los profesores al respecto, de los recursos pedagógicos con los que cuentan y de qué pueden hacer la sociedad y las instituciones para avanzar en este campo tan importante.
Además, los historiadores Antonio Rivera y Eider Nafarrate nos presentan la exposición “Socializar el sufrimiento (1995-2010)”, que se puede visitar en el Memorial hasta el 12 de abril de este año.
https://www.ivoox.com/sd-contra-50-terrorismo-educacion-audios-mp3_rf_167928833_1.html
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La exposición sobre el atentado de la cafetería Rolando llega a la UC3M
Más información aquí
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Libro en acceso abierto: La bataille pour le récit. Narrations et usages du passé autour de la violence de l’eta

Acaba de publicarse la obra La bataille pour le récit. Narrations et usages du passé autour de la violence de l’eta, editada por Jesús Alonso Carballés, David Crémaux-Bouche y & Ronces Labiano
Participo con un capítulo introductorio sobre la historia de ETA
El libro en pdf puede descargarse en el siguiente enlace:
Pueden descargarlo aquí
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Entrevista a Mario Calabresi
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GFS: «La Cuba de Europa», El Correo, 10-I-2026

Entre el 3 y el 15 de enero de 1966 se celebró en La Habana la Conferencia Tricontinental contra el colonialismo y el imperialismo estadounidense. Impulsado por el régimen castrista, el evento reunió a delegados de 82 países de África, Asia e Hispanoamérica. Entre ellos había políticos demócratas, como el chileno Salvador Allende, y otros que no lo eran: terroristas, guerrilleros, militares golpistas y dictadores, como el propio Fidel Castro. No acudieron, pero enviaron su adhesión homólogos de Castro como Houari Boumédiène (Argelia), Ho Chi Minh (Vietnam) y Kim Il-sung (Corea del Norte).
ETA también mandó un mensaje a la Tricontinental. Tras exponer un relato histórico un tanto estrambótico y presentarse como portavoz de “la sociedad vasca actual”, el grupo justificaba el empleo de la “lucha armada” para lograr “un Estado vasco socialista y federalista”. Terminaba anunciando que, gracias a su situación geográfica y al caudillaje etarra, “Euzkadi” (sic) estaba “llamada a ser la Cuba de Europa Occidental y el punto de partida de su revolución”.
ETA había nacido en 1959 como una organización ultranacionalista cuyos planteamientos tenían poco que ver con la izquierda. Su I Asamblea (1962) situó como meta crear un Estado independiente, democrático, aconfesional y monolingüe en euskera, rechazando “un régimen dictatorial (sea fascista o comunista)”. Ahora bien, el grupo no tardó en dar un giro ideológico. En 1965 sumó a los anteriores un nuevo objetivo: el socialismo.
Se trata de un término polisémico, así que conviene aclarar que ETA no aspiraba a un Estado del bienestar avanzado y democrático como el de los países escandinavos. Su modelo de país era una dictadura socialista de corte tercermundista al estilo de Cuba, Argelia y Vietnam: un sistema de partido único, con el poder reservado a una pequeña élite privilegiada y con la propiedad privada eliminada o al menos restringida, con vistas a una futura sociedad sin clases. Hasta que llegase ese día, el gobierno se cimentaría en el adoctrinamiento y la represión.
A pesar de que el lenguaje revolucionario estaba de moda en aquellos años, hubiera sido difícil convencer a la población, que llevaba décadas sufriendo al “Caudillo”, de que apoyase otra dictadura. Como hacían otras fuerzas, ETA tuvo que edulcorar su propaganda con eufemismos como “liberación social”, “antifascismo” y “democracia popular”. Pronto aprendió a hablar la “neolengua”, por usar la expresión de Orwell. Baste recordar que la barrera que se construyó para impedir la huida de los ciudadanos germanoorientales al oeste había sido bautizada como Muro de Contención Antifascista. El nombre oficial de la dictadura de aquel país era República Democrática Alemana; el de Corea del Norte era y continúa siendo República Popular Democrática de Corea. El franquismo también pretendió camuflar su naturaleza dictatorial al publicitarse como una “democracia orgánica”.
Autoubicados a la izquierda del binomio EH Bildu/Sortu, al que acusan de aburguesamiento y reformismo socialdemócrata, hoy GKS y EHKS proponen un proyecto explícitamente comunista. Como demuestran su actitud sectaria y recientes episodios de violencia, desde la perspectiva del autodenominado Movimiento Socialista, el utópico fin justifica cualquier medio; cualquiera menos las urnas, por lo que parece.
Mientras tanto EH Bildu/Sortu difunde un discurso más moderado y practica una política posibilista en las instituciones que incluso le ha llevado a votar a favor de los Presupuestos Generales del Estado. No obstante, la izquierda abertzale ortodoxa ha sido incapaz de cortar el cordón umbilical que le une al fantasma de ETA. Por un lado, su brazo juvenil actúa con una intolerancia similar a la que ejercía en el pasado. Por otro, se ha negado a hacer una revisión autocrítica de su trayectoria, como demuestra que continúen homenajeando a terroristas y humillando a las víctimas. Por último, al menos sobre el papel, Sortu sigue teniendo como meta final el mismo socialismo autoritario que cayó en Europa Central y del Este en 1989. Baste recordar que en junio de 2024 dicha formación firmó un “acuerdo de intercambio y cooperación” con el Partido Comunista de Cuba, la espina dorsal de la dictadura caribeña.
No sabemos qué opinan los cubanos del régimen que llevan soportando desde hace 67 años, porque carecen de derechos esenciales como la libertad de expresión. En cambio, resulta evidente que la mayoría de los ciudadanos vascos jamás quisieron ser la Cuba de Europa Occidental. Probablemente tampoco queramos serlo ahora. Nuestro pasado traumático nos ha enseñado una lección básica: la democracia es un medio, pero, sobre todo, es un fin en sí mismo.
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SDC 49: ETA, su representación cultural y su relación con Francia
En el primer #SierraDelta Contra #SDContra49 de este año que comienza hablo con David Crémaux-Bouche, profesor de la Universidad de Grenoble-Alpes, y Roncesvalles Labiano, de la Universidad de Navarra, acerca de la obra que han coordinado junto a Jesús Alonso Carballés: «La bataille pour le récit. Narrations et usages du paPAssé autour de la violence de l’ETA», que acaba de llegar a las librerías. Se trata de un trabajo académico sobre la historia del terrorismo de ETA, su represntación cultural y su relación con Francia, escrito por varios expertos desde una perspectiva multidisciplinar.
Pueden escucharlo aquí
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