Novedad editorial: “Fernando Buesa, una biografía política”

Fernando Buesa, una biografía política

Fernando Buesa, una biografía política

No vale la pena matar ni morir

Antonio RiveraEduardo Mateo Santamaría

El 22 de febrero del año 2000 ETA asesinó al político socialista Fernando Buesa Blanco y a su escolta, el ertzaina Jorge Díez Elorza. En el momento de su asesinato, Buesa era el líder parlamentario de la oposición cuando un gobierno nacionalista encabezado por Ibarretxe había pactado con la izquierda abertzale una estrategia de Frente Nacional. Aquello trajo consigo un acuerdo de fuerzas nacionalistas (el de Estella-Lizarra) que dividió por completo a la sociedad vasca, así como una tregua por parte de ETA que, sin embargo, no cesó la actividad de la kale borroka (violencia callejera).
En ese escenario de fractura social, Buesa se destacó defendiendo los valores del Estado de derecho y la pluralidad de la sociedad vasca, así como la necesidad de establecer acuerdos de consenso amplios entre diferentes, soportados sobre criterios democráticos. A la vez, se enfrentó radicalmente con la palabra tanto al giro soberanista que llevaban a cabo sus anteriores socios nacionalistas como al corolario de agresión terrorista y exclusión política contra quienes no lo eran.
Al final, su asesinato evidenció la fractura social que se venía produciendo y dio paso a dos años de violencia y de reacción ciudadana donde la comunidad vasca estuvo más cerca que nunca de romperse. Esta es, así, la biografía de un político singular que trascendió el marco de la política vasca y la historia de un país en unos meses en que todos vivimos peligrosamente.

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Presentación de “Bilbao, la gente”

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17 septiembre, 2020 · 8:41

Novedad editorial: “El culto a los mártires nazis”

Más información, aquí

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GFS: “Un “error” lo tiene cualquiera”, El Correo, 9-IX-2020

El 27 de marzo de 1969 los alumnos del colegio Virgen de Arrate de Éibar descubrieron una fiambrera de plástico durante el recreo. Jugaron con ella hasta que escucharon un ruido en su interior. Al abrir la tapa vieron un reloj despertador, explosivo plástico, medio cartucho de dinamita, detonador y una pila. Según un informe militar, “este artefacto no llegó a explosionar, siendo desmontado por los niños que lo encontraron, que extraviaron la pila que tenía conexionada”. ETA había confundido el colegio con el edificio contiguo, la sede del Frente de Juventudes.

José María Piris Carballo, de 13 años, no tuvo tanta suerte. El 29 de marzo de 1980, al regresar a Azcoitia después de jugar un partido de fútbol, él y un amigo vieron en el suelo un paquete cuadrado que tenía pegados unos imanes. Los dos chavales corrieron hacia allí, pero José María llegó antes. Se produjo una detonación y él murió en el acto. La noche anterior un comando de ETAm había adosado una bomba-lapa en el coche de un guardia civil, pero se había desprendido.

A pesar de que la dirección de ETApm ya había dado su campaña contra el turismo por concluida, el 29 de julio de 1979 un comando decidió colocar explosivos en el aeropuerto de Barajas y las estaciones de tren de Chamartín y Atocha. Al contrario que en ocasiones anteriores, los terroristasúnicamente llamaron al Gobierno Civil, que no les dio credibilidad. Los atentados acabaron con la vida de siete personas.

El 18 de noviembre de 1982 otra célula terrorista, esta de ETAm, se apostó dentro de un automóvil en Rentería. Se acercó un Seat 127, al que los pistoleros identificaron por error con un vehículo camuflado de la Guardia Civil. Lo acribillaron. Sus ocupantes, tres pintores, quedaron gravemente heridos. Uno de ellos, Carlos Manuel Patiño, falleció cinco días después.

El 19 junio 1987 un artefacto estalló en el centro comercial Hipercor de Barcelona. Estaba compuesto por 30 kilos de amonal, 100 litros de gasolina y, según la sentencia, “una cantidad no determinada de escamas de jabón y de pegamento adhesivo, representando el conjunto unos doscientos kilogramos”. Causó 21 víctimas mortales y 42 heridos. La cúpula de ETA había ordenado al comando Barcelona “atacar empresas de capital francés o mixto”. Y, a oídos de los terroristas, “Hipercor” sonaba a francés.

En noviembre de 1991 ETA puso una bomba-lapa en el automóvil particular que el guardia civil Antonio Moreno utilizaba en sus desplazamientos familiares. Explotó cuando llevaba a sus hijos gemelos de dos años. Uno de ellos, Fabio Moreno Asla, falleció en el acto. “Sin ánimo de ocultar o suavizar las dolorosas consecuencias de nuestras acciones”, se excusó la organización, “nuevamente tenemos que denunciar que la Guardia Civil y los miembros de dicho Cuerpo utilizan una y otra vez a sus familiares como escudos”.

La lista de “errores” de ETA es extensísima (la desaparición de tres trabajadores gallegos en 1973, a los que se había tomado por policías, la masacre de la cafetería Rolando en 1974, etc.), pero no es la única banda que los ha cometido. En junio de 1960 el DRIL inauguró la historia reciente del terrorismo en España matando a la niña Begoña Urroz “sin querer”. Los GRAPO se caracterizaron por sus “pifias”. En abril de 1979 asesinaron a Olegario Domingo Collazo al confundirlo con un vecino policía. En mayo de ese mismo año colocaron una bomba en la cafetería California para causar daños materiales, pero segó nueve vidas. Otra acabó con el chatarrero Pedro Gabarri cerca de la central hidroeléctrica de Castellón en septiembre de 1982. No obstante, el campeón de las “chapuzas” fue el terrorismo parapolicial. Si bien pretendían combatir a ETA con sus propias armas, 11 de las 27 víctimas mortales de los GAL no eran integrantes de la banda: desde Jean-Pierre Leiva a Juan Carlos García Goena. Un 40% de “yerros”, todo un récord.

Por descontado, solo fueron “errores” si aplicamos la perversa lógica de la violencia. Tras los atentados de ETApm en julio de 1979, el diputado de EE Juan Mari Bandrés declaró: “si no se quiere que una bomba explosione lo mejor es no ponerla”. Después de Hipercor, el secretario general de HASI, Txomin Ziluaga, sugirió a ETAm que se tomara “unos meses de vacaciones”. Aquellas críticas se quedaron allí, pero debemos llevarlas hasta las últimas consecuencias. Desde la perspectiva de los derechos humanos, el error del terrorismo no fue tal o cual acción, sino sencillamente haber existido. Se trató de un desatino desde el principio. Para que no se repitan los viejos “errores” hace falta no solo asumir esa simple verdad, sino también transmitírsela a los más jóvenes.

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Estreno en Portugal de “A Linha Invisível”

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2 septiembre, 2020 · 15:11

Novedad editorial: “Uma História Da ETA” 

Se acaba de publicar Uma História Da ETA de nuestro amigo Diogo Rolo Noivo. Se trata de una obra documentada y muy rigurosa sobre la historia de esta banda terrorista que, además, contiene información novedosa sobre su relación con Portugal. Además, el portugués se entiende perfectamente, así que no tienen excusa.

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Conferencia de apertura de nuestro curso de verano de Soria

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Artículo de José Luis de la Granja en El Correo

125 años del PNV. Entre el radicalismo y el pragmatismo, El Correo, 26-7-2020-1

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GFS: “Ecos de una masacre”, Ctxt, 5-VII-2020

<p>Monumento a los abogados de Atocha, en Madrid. </p>

Hoy me publican este artículo, que pueden leer aquí

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Sara Hidalgo: “El socialismo guipuzcoano y el terrorismo de ETA en los inicios de la democracia. Historia y Memoria. 1977-1984”, Pasado y Memoria, 2020

Resumen

El presente trabajo estudia la relación entre el terrorismo de ETA y el Partido Socialista de Euskadi en Guipúzcoa durante el periodo 1979-1984, prestando atención tanto a la historia como a la memoria de tal fenómeno. Por una parte, se describe el ambiente político de la transición y el fuerte impacto que el terrorismo etarra tuvo en el mismo. Asimismo, se analiza la navegación ideológica que ejerce el socialismo vasco, pasando de compartir cartel antifranquista con ETA a convertirse en 1979, tras el asesinato de Germán González, en objetivo de la banda. Se analizan algunos momentos de la vida municipal guipuzcoana previa a la autonomía, donde se percibe la retórica socialista sobre este asunto. Se hace especial hincapié en lo acontecido tras el citado asesinato, y lo que supone para el socialismo guipuzcoano. El estudio profundiza en la época previa al asesinato de Enrique Casas, en 1984, cuando la hostilidad al socialismo guipuzcoano cada vez es más alta y se tensionan las relaciones con el nacionalismo vasco radical. El análisis se lleva a cabo utilizando fuentes hemerográficas y también historia oral, la cual ayuda a reconstruir tanto el ambiente político como las subjetividades que lo jalonaron.
Pueden leerlo aquí

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