Llamada a comunicaciones: III Congreso Internacional Imagen y Reconocimiento “Imágenes como patrias”

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Temática: imagen y reconocimiento, desde una perspectiva interdisciplinar
Fechas: 4 y 5 de marzo de 2021
Lugar: Universidad Francisco de Vitoria · Universidade de Coimbra · Online
Contacto: simufv@ufv.es
Las ponencias y la asistencia al congreso podrán realizarse de forma presencial o en remoto, a voluntad del ponente y asistentes. En la modalidad presencial, se aplicarán la normas sanitaras vigentes en el momento de su realización y los protocolos de seguridad de la Universidad Francisco de Vitoria y la Universidad de Coimbra, respectivamente.
En esta edición, el congreso se estructura en cuatro áreas temáticas: 1) Patria: novela, serie, cómic y víctimas del terrorismo en el País Vasco; 2) Imágenes como patrias; 3) La imagen y el reconocimiento de uno mismo; 4) La imagen y la lucha por el reconocimiento del otro.

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Presentación en Bilbao de “ETA, yo te absuelvo”

Pueden reservar butaca aquí

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Nuevo seminario UPV/EHU-Centro Memorial: “ETA en los archivos nacionales de EEUU, Gran Bretaña y RDA”

Podrá seguirse en este enlace: https://eu.bbcollab.com/collab/ui/session/guest/f1d9916837c3421e8a679f972f1c2c72

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3 diciembre, 2020 · 9:39

GFS: “50 años del proceso de Burgos”, El Correo, 3-XII-2020

50 años del proceso de Burgos

La vista del sumarísimo 31/69 comenzó el 3 de diciembre de 1970. En el banquillo de los acusados se sentaban dieciséis miembros de ETA. Sobre seis de ellos pendía una condena de muerte; sobre el resto, cientos de años de cárcel. No se trataba de un juicio justo: se celebraba en el marco de una dictadura ilegítima, la defensa no gozó de las mínimas garantías y los testimonios de los imputados habían sido arrancados bajo tortura. No obstante, también había pruebas sólidas contra algunos de ellos.

Desde que puso su primera bomba en octubre de 1959, ETA había perpetrado más de un centenar de atentados, había asesinado a tres personas y había herido a otras veinte. Las víctimas mortales eran el guardia civil José Antonio Pardines, el inspector Melitón Manzanas y el taxista Fermín Monasterio. Aquel historial de violencia quedó eclipsado en Burgos por las declaraciones de los inculpados, encabezados por Mario Onaindia, que aprovecharon la presencia de corresponsales extranjeros para denunciar al régimen, dar a conocer el nacionalismo vasco radical y despertar las simpatías de un amplio sector de la ciudadanía, que los vio como héroes. Ya en democracia, bastantes de los imputados y sus abogados se dedicarían a la política. Los menos, en HB. Los más, en formaciones democráticas. Algunos, como el propio Onaindia, acabaron llevando escolta por la amenaza de ETA.

El proceso de Burgos no solo brindó a dicha organización una gran victoria propagandística, sino que también facilitó su resurrección operativa. Rota en dos, ETA estaba pasando por una de las mayores crisis de su historia. Gracias a la publicidad generada por el consejo de guerra y el secuestro del cónsul de la República Federal de Alemania en San Sebastián, la facción abertzale de ETA, ETA V, consiguió recuperarse y ganar la batalla por las siglas a su rival obrerista, ETA VI. Adaptándolo a su relato sobre un secular “conflicto” étnico, la banda presentó el sumarísimo 31/69 como un escarmiento contra la nación vasca por parte de su enemigo ancestral: España. Se trataba de una interpretación oportunista y parcial, pero tendría largo recorrido. ETA V se valdría de aquel capital simbólico para cometer nuevos atentados.

El 28 de diciembre se dictó la sentencia. La solicitud de 752 años de prisión se rebajó a 519 años y seis meses. Las penas de muerte aumentaron de seis a nueve, aunque para las mismas seis personas. Onaindia, Xabier Larena y Unai Dorronsoro recibieron una cada uno. Fueron dos en el caso de Eduardo Uriarte (Teo), Jokin Gorostidi y Xabier Izko de la Iglesia, a quien se consideró autor material del asesinato de Manzanas. El resto de los encausados recibieron penas de entre 70 y 12 años de prisión, excepto una, que fue absuelta.

El 30 de diciembre el dictador conmutó las condenas de muerte. Aquel decreto fue contemplado como una victoria por la oposición antifranquista, que había impulsado movilizaciones en toda España y en puntos de otros países. Las protestas deterioraron la imagen internacional del régimen, su relación con la Iglesia, como explica Pedro Ontoso en su obra ETA, yo te absuelvo, y a su estabilidad interna, lo que obligó al Gobierno a declarar un estado de excepción. No obstante, no está claro que fueran el motivo del indulto.

Una parte del franquismo, la más ultra, era partidaria de aplicar mano dura. Sin embargo, otros sectores apostaban por suavizar las penas lo máximo posible. Entre ellos estaba el Ejecutivo, dominado por los tecnócratas y cuyos hombres fuertes eran el vicepresidente Luis Carrero Blanco y el ministro Laureano López Rodó. Su postura favorable a la clemencia no respondía a un súbito compromiso con los derechos humanos, sino que buscaba evitar tensar las relaciones con los gobiernos occidentales a los que el régimen se estaba acercando.

Antes de la vista un alto funcionario del Ministerio de Información y Turismo intentó sobornar al vocal ponente, el capitán Antonio Troncoso, para que no se dictasen condenas de muerte. La negativa del militar obligó a esperar a que se emitiera la sentencia. El día 30, al tratar la cuestión ante el dictador, el consejo de ministros, con Carrero a la cabeza, se manifestó a favor del indulto. El titular de Justicia leyó una carta de la familia de Izko de la Iglesia, cuyo padre, requeté, había luchado (y resultado herido) en el “bando nacional” durante la Guerra Civil. No sabemos qué fue lo que convenció a Franco, pero lo cierto es que anuló las seis ejecuciones.

El gesto del dictador no borraba el hecho de que antes había arrebatado miles de vidas. De igual manera, el proceso de Burgos tampoco legitimaba los 850 asesinatos que ETA cometería después.

Fuente original: El Correo

PD: También hoy los periódicos del grupo Vocento han sacado este documental en el que participo.

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“1980” en Diario de Navarra

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GFS: “El pasado que no pasa”, El Correo, 21-XI-2020

Aurelio Prieto, natural de Llerena (Badajoz), y Conchi Fernández, de Alsasua, se conocieron en San Sebastián en septiembre de 1978. La joven pareja se casó en agosto del año siguiente. Casi toda la familia de la novia les hizo el vacío. Conchi había cometido un delito de lesa patria: enamorarse de un guardia civil. Con todo, el matrimonio lo superó. Ella cuenta que Aurelio era una persona muy alegre y, pese a la amenaza terrorista, había echado raíces en el País Vasco. No se quería ir. Tuvieron una hija en abril de 1980, el año en el que ETA llegó a la cúspide de su letalidad: 95 víctimas mortales, 73 heridos y 17 secuestros.

Aurelio solía tomar el café en el bar que estaba enfrente de la ermita de la Virgen de Izascun (Tolosa). En ese mismo lugar, a las 12:30 de un 21 de noviembre de hace cuatro décadas, él y otro par de guardias civiles vieron a dos hombres sospechosos. Cuando les pidieron la documentación, los individuos sacaron sus armas y dispararon contra los agentes: eran integrantes de los Comandos Autónomos Anticapitalistas. Aurelio recibió una herida de bala en el pecho y se desplomó. Uno de los terroristas lo remató de un tiro en la cabeza. Al segundo guardia civil se le encasquilló la pistola. El tercero, que había sido objeto de otro atentado cinco meses antes, sufrió lesiones en el brazo derecho y rodó por el suelo para alejarse. Consiguió montar su arma con la mano izquierda y hacer fuego, asustando a los dos pistoleros, que se dieron a la fuga. Quedó herido grave, pero sobrevivió.

Aurelio tenía 23 años cuando lo mataron. Su viuda, Conchi, tres menos. La subieron en el mismo avión de carga que transportaba el féretro de su marido. Llevaba en el regazo a su hija de seis meses y a su lado, a su hermana, que lo dejó todo por ella. Las tres se trasladaron a Mérida. Y tuvieron que empezar de cero.

Se identificó como presuntos autores del crimen a Eugenio Barrutiabengoa y Jesús Ricardo Urteaga Repullés (Txetxu), dos miembros de los CAA a los que se atribuían numerosas víctimas mortales. No obstante, como tantos otros terroristas, ambos estaban “refugiados” en Francia, a salvo de las FCSE. Si bien fueron detenidos en 1984, las autoridades galas se negaron a entregarlos a la justicia española. Se les deportó a Venezuela. Pese a las peticiones oficiales, tampoco el gobierno de aquel país aceptó extraditarlos a España. Nunca fueron juzgados.

Urteaga residió en Caracas hasta su fallecimiento en abril de 2020. El nacionalismo radical mostró a la familia de este “refugiado político” su afecto y solidaridad. En agosto se celebró un homenaje a Urteaga en Azkoitia. Un par de personas tocaron la txalaparta y, como es habitual en estos casos, se plantó un árbol. En una pancarta, colocada junto a la foto del difunto, se aludía a su vinculación a los CAA: “Kapitalismoaren aurka atzo, gaur eta beti! Agur eta ohore, Txetxu!”. ¡Contra el capitalismo ayer, hoy y siempre! ¡Adiós y honor, Txetxu!

Pintadas, murales, carteles, jornadas de “lucha”, manifestaciones, aniversarios como el Gudari Eguna, ongi etorri a los condenados por delitos de terrorismo cuando salen de la cárcel… Covite lleva un lustro contabilizando los actos públicos de enaltecimiento de la violencia que tienen lugar en las calles del País Vasco y Navarra. En 2016 fueron 3; en 2017, 76; en 2018, 198; en 2019, 110. En lo que llevamos de 2020 ya van 174. ¿Cuántos serán en 2021?

La “izquierda abertzale” no ha inventado nada. Distintos movimientos antidemocráticos han glorificado a sus héroes y “caídos por la patria” en el pasado. El mecanismo es tosco pero efectivo, como ha explicado Jesús Casquete en obras como En el nombre de Euskal Herria y la más reciente El culto a los mártires nazis. Alemania, 1920-1939. Aquí y ahora los homenajes a quienes tienen las manos manchadas de sangre y a sus cómplices buscan reforzar el mito del secular “conflicto” étnico, legitimar la historia criminal de ETA y continuar sacando réditos políticos del terrorismo.

Se trata de una estrategia no solo inmoral, sino también perniciosa para la convivencia. Por un lado, los organizadores de tales actos están causando un intenso e innecesario dolor a víctimas del terrorismo como Conchi. Por otro, al convertir en héroes y mártires a quienes asesinaron, hirieron, secuestraron, extorsionaron o ayudaron hacerlo, están enseñando un peligroso modelo de conducta a los menores de edad que asisten a dichas ceremonias. La lección es simple: el fin justifica los medios. Las consecuencias parecen previsibles: más violencia. En vez de hipotecar de nuevo el futuro de la sociedad vasca, ¿no sería mejor mirar con ojos críticos al pasado para enmendar los errores del presente?

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Aurelio Prieto: uno de los guardias civiles asesinados cada once días en 1980

Aurelio Prieto, uniformado

Ayer participé en este espacio de Ser-Euskadi

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Presentación de “1980” en Vitoria

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Víctims Support Europe Annual Conference

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Pueden seguirla aquí

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Un intento de soborno en el proceso de Burgos

Imagen de varios de los miembros de ETA que serían juzgados en el proceso de Burgos de diciembre de 1970, en una foto de 1968, en el Biltzar Ttipia De Dima (Vizcaya), cuando se encontraban en la clandestinidad. De  izquierda a derecha de pie: Xabier Izko de la Iglesia "Txikerra", Mikel Etxeberria "Makagüen", Mario Onaindia, Gregorio López Irasuegi "Javi", Eduardo Uriarte "Teo", y, agachado, Jon Etxabe.


Hoy El País publica este artículo acerca de una investigación que he desarrollado con José Francisco Briones sobre el proceso de Burgos y cuyo resultado completo pueden leer en la revista Araucaria. Entre otras cosas, descubrimos un intento de soborno al auditor del consejo de guerra que causó serios aprietos a un ministro franquista.

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