GFS: «Pena capital en Israel», El Correo, 15-IV-2026

La historia demuestra que endurecer las condenas no sirve para disuadir a quienes cometen atentados terroristas ni otros delitos graves.

A pesar de que la condena a muerte era legal en Israel, solo se habían realizado dos ejecuciones tras sendos juicios: la de un espía en 1948 y la de Adolf Eichmann en 1962. Al aprobar ciertas modificaciones legales, el Parlamento ha acabado con esta moratoria de facto.
A partir de ahora los tribunales militares de la Cisjordania ocupada sentenciarán a muerte a los terroristas (sin ciudanía israelí) que hayan cometido asesinato. A los condenados incluso se les negará el derecho al indulto. Solo en casos excepcionales se permitirá la cadena perpetua.
A su vez, en Israel y en Jerusalén Oriental la jurisdicción ordinaria podrá imponer pena capital a quienes (con o sin ciudadanía israelí) hayan asesinado con la “intención de negar la existencia del Estado de Israel”. Es evidente que los destinatarios de tales medidas son los integrantes de organizaciones palestinas como Hamás.
Existe un poderoso argumento ético contra las ejecuciones: el derecho fundamental a la vida. Hay otro de índole práctica: lejos de disuadir que se cometan nuevos crímenes, pueden resultar contraproducentes. Fue el que utilizó en el Parlamento israelí el líder de la oposición, Yair Lapid, quien se opuso al proyecto con estas palabras: “es el sueño de Hamás. Esta ley es lo que Hamás buscaba cuando invadió Israel el 7 de octubre”.
No es la primera vez que un político hace una reflexión semejante. En diciembre de 1970 seis dirigentes de ETA fueron condenados a muerte en el proceso de Burgos. Al discutir si la sentencia se llevaba a la práctica, el entonces vicepresidente Luis Carrero Blanco razonó en el mismo sentido que Lapid: ejecutar a los etarras supondría “caer en la trampa tendida por el enemigo, orientada a crear ‘mártires’””. Para acabar con la banda “lo más útil (…) era conceder el indulto”. El almirante convenció al Consejo de Ministros y a Franco. Y las pena capitales fueron conmutadas.
La estrategia de acción-reacción-acción que guiaba a ETA buscaba provocar una represión brutal por parte de la dictadura que justificara nuevos atentados y represalias. Los indultos no la desactivaron, pero evitaron que esa espiral llegara hasta sus últimas consecuencias.
Aunque el Gobierno no lo reconoció, su clemencia también respondía a otro motivo: los ajusticiamientos hubieran aislado al régimen justo cuando estaba tendiendo puentes con Europa occidental. Eso explica, y no supuestos reparos morales, por qué en la década que va desde 1964 a 1973 no se ejecutó a ninguno de los integrantes de ETA y de otras organizaciones que habían sido condenados a muerte.
Irónicamente, el asesinato de Carrero Blanco terminó con el perdón. Su sucesor, el presidente Carlos Arias Navarro, optó por la mano dura. Pretendía detener el terrorismo, aplacar a la extrema derecha y afianzar su posición. El 2 de marzo de 1974 el franquismo ejecutó a un miembro del MIL y a un delincuente común sentenciados por la muerte de un policía y un guardia civil respectivamente. El 27 de septiembre de 1975 fueron fusilados tres militantes del FRAP y dos de ETApm condenaos por el asesinato de cuatro agentes de la ley.
Las ejecuciones de 1974 no originaron una gran campaña de protesta, pero las de 1975 sí, a nivel nacional e internacional. La imagen moderna que la dictadura había intentado proyectar se evaporó. Aquellos fusilamientos no trajeron a la ultraderecha de vuelta al redil, ni reforzaron a Arias Navarro, ni salvaron a un régimen moribundo. Y, lejos de neutralizar el terrorismo, le proporcionaron mártires y una excusa para acelerar la estrategia de acción-reacción: la semana posterior se cometieron 9 asesinatos.
Los sucesos del 75 tuvieron un eco tenebroso al otro lado del charco. Tras la inestabilidad marcada por los atentados de los Montoneros, el Ejército Revolucionario del Pueblo y la Alianza Anticomunista Argentina, un golpe de Estado instauró una dictadura militar en marzo de 1976. El general Jorge Rafael Videla reconoció al periodista Ceferino Reato que, con el fin de ahorrarse una campaña de descrédito como la que había sufrido el franquismo, la Junta decidió sustituir los ajusticiamientos judiciales por la desaparición de sus “enemigos internos”.
Según Amnistía Internacional, 113 países han abolido totalmente la pena capital. Todavía es legal en 86, pero solo 15 de ellos realizan ajusticiamientos judiciales. Los más punitivos son China, Irán y Arabia Saudí. Resulta chocante que Israel quiera pertenecer a tal club.
Desde un prisma ético y político, es un grave error. Las ejecuciones supondrán no solo vulnerar los derechos humanos y deteriorar la democracia israelí, sino echar más gasolina al fuego de organizaciones terroristas como Hamás. O incluso abrir las puertas a algo peor.

Para saber más

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#SierraDelta Contra 52: Marcial Píriz, trayectoria de un comisario contra ETA

En #SierraDelta Contra 52 #SDContra52 entrevisto al recientemente jubilado comisario principal de Policía Nacional Marcial Píriz nos relata su larga trayectoria en la lucha contra el terrorismo de la extrema derecha, de Terra Lliure y de ETA.

Además, Sergio Altuna Galan, investigador del Programa de Extremismo de la Universidad George Washington (EEUU), presenta el proyecto TITAN sobre análisis de la propaganda yihadista y cómo nos puede ayudar a comprender y enfrentar el terrorismo de esta índole.

https://www.ivoox.com/sd-contra-52-el-comisario-marcial-piriz-y-audios-mp3_rf_171672564_1.html

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Congreso Internacional «Terrorismes, contre-terrorismes et antiterrorismes dans l’Europe actuelle (des années 1960 à nos jours) : internationalisation, circulations et représentations»

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GFS: «Los muertos de nadie», El Correo, 25-III-2026

Acumulando casi el 90% de los 10.000 asesinatos yihadistas cometidos en el mundo, África vuelve a ser el continente más castigado por el terrorismo.

El Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET) acaba de publicar su Anuario, en el que se dan a conocer las cifras globales de actividad yihadista en el último año. De acuerdo con el informe, a lo largo de 2025 el terrorismo de esta índole sumó 2.018 atentados en el planeta, un 1,9% más que en 2024. Al igual que el año pasado, el país que sufrió más ataques fue Burkina Faso: 443.
Por primera vez desde que existen registros, África ha concentrado las diez masacres con mayor número de fallecidos. La mitad consistieron en emboscadas contra soldados y policías y la otra mitad en incursiones contra poblados. Las localidades donde tuvieron lugar llevan nombres como Djibo (200 víctimas mortales), Boulkessi (100), Koubel-Alpha (90), Manda (71), North Kivu (70 y 65), Ituri (66), Diapaga (64), Dar el Jamal (63) y Solle (60). Si es que alguno de esos topónimos apareció en los medios de comunicación occidentales, lo hizo de manera fugaz y fue rápidamente olvidado.
En 2025 los yihadistas acabaron con la vida de 9.901 personas en el mundo, un 5,2% menos que en el año anterior. El 88% de los asesinatos se localizaron en África. Los países peor parados fueron Burkina Faso (2.853 fallecidos), Mali (1.397), Nigeria (1.373), Níger (1.142), Pakistán (741), Somalia (735), República Democrática del Congo (731), Camerún (235), Siria (138) y Benín (119).
Como ocurre desde hace más de un lustro, África subsahariana continúa siendo el principal foco del yihadismo y, por ende, el principal objetivo de sus acciones violentas. La novedad es que, a consecuencia del agotamiento de las estructuras centrales de Al Qaeda y de Dáesh, cada vez más organizaciones priorizan una agenda local o regional con el objetivo controlar un territorio concreto, sustituyendo a los estados. Por ejemplo, Jama’at Nasr al-Islam wal Muslimin (Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes) en el Sahel.
En otras zonas determinados gobiernos han instrumentalizado el terrorismo con el fin de debilitar a sus vecinos. No se trata de que cometan atentados de falsa bandera, sino que alientan y patrocinan grupos yihadistas con los que comparten ciertos intereses. Su acción ha creado graves problemas en Afganistán, Pakistán e India.
No obstante, no todo son malas noticias. Por un lado, Irak ha alcanzado un grado apreciable de estabilidad política y seguridad, lo que ha permitido prácticamente erradicar al Dáesh. Por otro, la lucha antiterrorista ha sido capaz de contener la creciente amenaza para la seguridad global que suponía el Estado Islámico del Jorasán (IS-K). Con todo, la organización sigue siendo la que tiene mayor potencial, por lo que intentará aprovechar la ventana de oportunidad que se ha abierto en Siria. Aunque Hayat Tahrir al-Sham ostenta el poder, todavía no ha logrado imponerse en el conjunto del país.
Otro dato positivo es la relativa calma de Europa occidental. En 2025 únicamente fue escenario de nueve atentados de escasa sofisticación por parte de actores solitarios que se habían autorradicalizado. La cifra de asesinatos se ha reducido ligeramente: 10 en 2021, dos en 2022, seis en 2023, cinco en 2024 y cuatro en 2025.
El factor clave de la actual baja letalidad del terrorismo en nuestro continente reside en la eficacia de los servicios de inteligencia y de las fuerzas policiales. España es el mejor ejemplo. De acuerdo con los datos del Ministerio del Interior, en 2025 se llevaron a cabo 64 operaciones contra el yihadismo en las que se arrestó a un total de 100 sospechosos. Desde el 11-M hasta el 31 de diciembre de 2025 se han realizado 1216 detenciones.
El yihadismo es la principal amenaza violenta no estatal a la que se enfrentan las democracias occidentales, pero no se trata de la única. Le siguen en importancia el crimen organizado y la actividad de ciertos grupos de corte nacionalista radical, ultraderechista y de extrema izquierda. En 2025 los discursos del odio tuvieron consecuencias como el asesinato del activista Charlie Kirk en Estados Unidos o los ataques racistas registrados en Países Bajos y Reino Unido. También hubo altercados de diverso signo en España.
El 2026 ha comenzado mal. En enero se produjeron disturbios en Turín, con una treintena de heridos, y en febrero el estudiante católico y derechista Quentin Deranque falleció tras recibir una paliza a manos de izquierdistas en Lyon. Tales episodios son incomparables con las matanzas que están desangrando África. Sin embargo, parecemos incapaces de evitar el auge de la polarización, el fanatismo y los discursos del odio en Europa. Quizá ha llegado el momento de repensar las políticas de prevención de la radicalización violenta que hemos estado aplicando aquí y allí.

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Presentación del nuevo número de la revista «Grand Place» en Bilbao

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18 marzo, 2026 · 18:19

SD Contra 51: el terrorismo yihadista en 2025

^Pueden escucharlo aquí:

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Mireya Toribio Medina: «Lesa majestad. Un estudio comparado de los delitos de difamación de la Jefatura del Estado en España y la Europa contemporánea», Informe REMCO


Pueden descargarlo aquí

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GFS: «Vitoria, 3 de marzo de 1976: la matanza que aceleró la Transición», The Conversation, 1-III-2026

Pueden leer el artículo aquí

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El jueves 26 en la Universidad de Cantabria

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Años de plomo. Los terroristas contra la Transición democrática

He contribuido con un capítulo sobre la violencia terrorista en los años de plomo a la obra Alía, Francisco, Buitrago, Juan Carlos y Castellanos, José Antonio (coords.): De la dictadura a la democracia. La Transición en Castilla-La Mancha (1976-1983).

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