GFS: «50 años de los sucesos de Montejurra», El Correo, 9-V-2026

Tras encadenar derrotas en las guerras civiles del siglo XIX, el carlismo resurgió durante la Segunda República como un activo movimiento de extrema derecha con especial implantación en el norte de España y Andalucía. Sus requetés participaron en la oleada de violencia que ensangrentó aquella etapa y en julio de 1936 se sumaron con entusiasmo a la sublevación contra el Gobierno democrático. Así, Navarra y Álava fueron dos de las provincias que mayor porcentaje de voluntarios aportaron a la “Cruzada”. Sin los tradicionalistas, la victoria de Franco habría sido imposible.

Por primera vez habían ganado la contienda. Navarra y Álava mantuvieron su convenio y su concierto económico respectivamente. A su vez los carlistas recibieron una porción del poder y puestos en la Administración a todos los niveles, incluyendo ministerios para Antonio Iturmendi, Esteban Bilbao, Antonio María de Oriol, Tomás Garicano, etc. No obstante, la dictadura unificó Comunión Tradicionalista con Falange, diluyendo sus señas de identidad, y dejó vacío el trono. Muchos carlistas se sintieron defraudados.

El definitivo punto de inflexión se produjo entre diciembre de 1968, cuando el régimen expulsó a la familia Borbón-Parma, y julio de 1969, cuando Franco designó al príncipe Juan Carlos como heredero de la Jefatura del Estado. A partir de entonces la corriente mayoritaria, que giraba en torno al pretendiente Javier de Borbón-Parma y su hijo Carlos Hugo, evolucionó desde la extrema derecha hasta una combinación entre tradicionalismo, legitimismo monárquico, catolicismo, antifranquismo, federalismo y socialismo autogestionario.

Otros carlistas se mantuvieron fieles a los principios reaccionarios. Acabaron reconociendo como pretendiente al hermano menor de Carlos Hugo, Sixto Enrique, un ultraderechista que tenía relación con neofascistas como el terrorista italiano Stefano Delle Chiaie.

Durante el tardofranquismo los choques entre ambas facciones fueron habituales, con episodios como la bomba de los izquierdistas Grupos de Acción Carlista (GAC) contra el diario El Pensamiento Navarro (1970) y el asalto a Radio Requeté (1971). También fue motivo de disputa la romería anual de Montejurra, escenario de tres batallas durante el siglo XIX, en la que se homenajeaba a los requetés “caídos” en la Guerra Civil. Al menos desde 1973 los involucionistas desistieron de acudir a la cita, dejando el campo libre a los partidarios de Carlos Hugo.

Tras el fallecimiento de Franco en 1975, las fuerzas políticas comenzaron a prepararse para la previsible competición electoral. Aunque debilitado, el carlismo todavía conservaba cierto peso en Navarra. Como primer paso para recuperar el control del movimiento, los reaccionarios decidieron arrebatar a sus rivales el protagonismo en la concentración de Montejurra del 9 de mayo de 1976. Sixto Enrique contó con el concurso de otros ultraderechistas, desde falangistas a neofascistas extranjeros como el citado Delle Chiaie y Jean-Pierre Cherid, así como con la tolerancia, como poco, de altos cargos de la Administración.

Con todo, fue incapaz de reunir a tantos simpatizantes como Carlos Hugo, quien fue respaldado por izquierdistas de distintas adscripciones. Ante la pasividad de la Guardia Civil, estallaron enfrentamientos entre los dos sectores, que no tardaron en escalar. Tal vez fue una «pelea entre hermanos», pero solo los ultras llevaban armas de fuego. El comandante retirado José Luis Marín García-Verde utilizó la suya para herir mortalmente al cántabro Aniano Jiménez Santos, miembro de la Hermandad Obrera de Acción Católica. Más tarde, ya en la cima de Montejurra, fue asesinado el navarro Ricardo García Pellejero.

Tres de los presuntos autores fueron arrestados. El sumario pasó por el Juzgado de Estella, el TOP y la Audiencia de Madrid. Sin embargo, nunca se celebró el juicio, ya que en noviembre de 1977 se aplicó la Ley de Amnistía a los procesados.

A las familias se les hurtó no solo la justicia, sino también la reparación. En 2000 y 2001 el Ministerio del Interior se negó a reconocer a Aniano y Ricardo como víctimas del terrorismo. Ahora bien, en noviembre de 2003 la Audiencia Nacional dio la razón a sus allegados, que fueron indemnizados.

Quedan aún deudas pendientes. Por un lado, con la verdad, para lo que resulta imprescindible que a los historiadores se nos permita acceder a toda la documentación que custodian los archivos públicos. Por otro, con la memoria. Como el resto de las víctimas del terrorismo, Aniano y Ricardo merecen ser recordados no como simples entradas en una lista, sino como seres humanos con familia, amigos, trabajo, militancia, aficiones, sueños… Tal es nuestra doble misión.

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Presentación de «Terrorismo y educación» en Madrid

Deja un comentario

4 mayo, 2026 · 10:37

Sierra Delta Contra 53: Una café con el comandante Ceciliano (1/2)

En el pódcast Sierra Delta Contra 53 entrevisto al comandante de la Guardia Civil David González Ceciliano acerca de los episodios que marcaron su carrera: a desarticulación del comando Donosti en 1984, la detención de Henri Parot en 1990, la operación contra la cúpula de ETA en Bidart en 1992, su traslado a París, las relaciones de la Guardia Civil y las fuerzas policiales francesas…

Al final del programa asistimos a una visita guiada a la exposición «Ausencias presentes: desaparecidos por terrorismo en España» que ha comisariado la profesora de la UPNA Marta Rodríguez Fouz y que se acaba de inaugurar en el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo.

Pueden escucharlo aquí

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

La exposición sobre el atentado de la cafetería Rolando en Leganés

Deja un comentario

30 abril, 2026 · 10:18

Curso: La violencia contra la Universidad

Descripción

Este Curso de Verano se acerca a la violencia política sufrida en la Universidad en las últimas décadas, con especial atención al País Vasco. Se abordará el contexto europeo desde mayo de 1968 hasta la actualidad, incluyendo ejemplos paradigmáticos como el italiano o la violencia de la extrema derecha contra la Universidad española en la Transición.

El núcleo del curso se centrará en el caso vasco, que desde el final del franquismo sufrió diversas formas de violencia, entre ellas -especialmente- el terrorismo de ETA. Diversas personas expertas en la materia abordarán la incidencia de esa violencia en la Universidad del País Vasco (EHU), en la Universidad de Deusto, en Mondragón Unibertsitatea, en la Universidad Pública de Navarra y en la Universidad de Navarra.

Además, otras personas que han sufrido esa violencia en estas y otras Universidades presentarán su testimonio, tratando así de acercar esa etapa, no solo académicamente, sino también empáticamente.

Para saber más

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

II Jornadas de la UNIR. 25º aniversario del 11-S

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Nueva exposición en el Memorial

Deja un comentario

20 abril, 2026 · 9:43

Conferencia de Raúl López Romo en Grenoble

Deja un comentario

17 abril, 2026 · 8:24

La exposición sobre el atentado de la cafetería Rolando llega a Grenoble

Deja un comentario

16 abril, 2026 · 9:46

GFS: «Pena capital en Israel», El Correo, 15-IV-2026

La historia demuestra que endurecer las condenas no sirve para disuadir a quienes cometen atentados terroristas ni otros delitos graves.

A pesar de que la condena a muerte era legal en Israel, solo se habían realizado dos ejecuciones tras sendos juicios: la de un espía en 1948 y la de Adolf Eichmann en 1962. Al aprobar ciertas modificaciones legales, el Parlamento ha acabado con esta moratoria de facto.
A partir de ahora los tribunales militares de la Cisjordania ocupada sentenciarán a muerte a los terroristas (sin ciudanía israelí) que hayan cometido asesinato. A los condenados incluso se les negará el derecho al indulto. Solo en casos excepcionales se permitirá la cadena perpetua.
A su vez, en Israel y en Jerusalén Oriental la jurisdicción ordinaria podrá imponer pena capital a quienes (con o sin ciudadanía israelí) hayan asesinado con la “intención de negar la existencia del Estado de Israel”. Es evidente que los destinatarios de tales medidas son los integrantes de organizaciones palestinas como Hamás.
Existe un poderoso argumento ético contra las ejecuciones: el derecho fundamental a la vida. Hay otro de índole práctica: lejos de disuadir que se cometan nuevos crímenes, pueden resultar contraproducentes. Fue el que utilizó en el Parlamento israelí el líder de la oposición, Yair Lapid, quien se opuso al proyecto con estas palabras: “es el sueño de Hamás. Esta ley es lo que Hamás buscaba cuando invadió Israel el 7 de octubre”.
No es la primera vez que un político hace una reflexión semejante. En diciembre de 1970 seis dirigentes de ETA fueron condenados a muerte en el proceso de Burgos. Al discutir si la sentencia se llevaba a la práctica, el entonces vicepresidente Luis Carrero Blanco razonó en el mismo sentido que Lapid: ejecutar a los etarras supondría “caer en la trampa tendida por el enemigo, orientada a crear ‘mártires’””. Para acabar con la banda “lo más útil (…) era conceder el indulto”. El almirante convenció al Consejo de Ministros y a Franco. Y las pena capitales fueron conmutadas.
La estrategia de acción-reacción-acción que guiaba a ETA buscaba provocar una represión brutal por parte de la dictadura que justificara nuevos atentados y represalias. Los indultos no la desactivaron, pero evitaron que esa espiral llegara hasta sus últimas consecuencias.
Aunque el Gobierno no lo reconoció, su clemencia también respondía a otro motivo: los ajusticiamientos hubieran aislado al régimen justo cuando estaba tendiendo puentes con Europa occidental. Eso explica, y no supuestos reparos morales, por qué en la década que va desde 1964 a 1973 no se ejecutó a ninguno de los integrantes de ETA y de otras organizaciones que habían sido condenados a muerte.
Irónicamente, el asesinato de Carrero Blanco terminó con el perdón. Su sucesor, el presidente Carlos Arias Navarro, optó por la mano dura. Pretendía detener el terrorismo, aplacar a la extrema derecha y afianzar su posición. El 2 de marzo de 1974 el franquismo ejecutó a un miembro del MIL y a un delincuente común sentenciados por la muerte de un policía y un guardia civil respectivamente. El 27 de septiembre de 1975 fueron fusilados tres militantes del FRAP y dos de ETApm condenaos por el asesinato de cuatro agentes de la ley.
Las ejecuciones de 1974 no originaron una gran campaña de protesta, pero las de 1975 sí, a nivel nacional e internacional. La imagen moderna que la dictadura había intentado proyectar se evaporó. Aquellos fusilamientos no trajeron a la ultraderecha de vuelta al redil, ni reforzaron a Arias Navarro, ni salvaron a un régimen moribundo. Y, lejos de neutralizar el terrorismo, le proporcionaron mártires y una excusa para acelerar la estrategia de acción-reacción: la semana posterior se cometieron 9 asesinatos.
Los sucesos del 75 tuvieron un eco tenebroso al otro lado del charco. Tras la inestabilidad marcada por los atentados de los Montoneros, el Ejército Revolucionario del Pueblo y la Alianza Anticomunista Argentina, un golpe de Estado instauró una dictadura militar en marzo de 1976. El general Jorge Rafael Videla reconoció al periodista Ceferino Reato que, con el fin de ahorrarse una campaña de descrédito como la que había sufrido el franquismo, la Junta decidió sustituir los ajusticiamientos judiciales por la desaparición de sus “enemigos internos”.
Según Amnistía Internacional, 113 países han abolido totalmente la pena capital. Todavía es legal en 86, pero solo 15 de ellos realizan ajusticiamientos judiciales. Los más punitivos son China, Irán y Arabia Saudí. Resulta chocante que Israel quiera pertenecer a tal club.
Desde un prisma ético y político, es un grave error. Las ejecuciones supondrán no solo vulnerar los derechos humanos y deteriorar la democracia israelí, sino echar más gasolina al fuego de organizaciones terroristas como Hamás. O incluso abrir las puertas a algo peor.

Para saber más

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría