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La exposición sobre el atentado de la cafetería Rolando llega a la UC3M
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Libro en acceso abierto: La bataille pour le récit. Narrations et usages du passé autour de la violence de l’eta

Acaba de publicarse la obra La bataille pour le récit. Narrations et usages du passé autour de la violence de l’eta, editada por Jesús Alonso Carballés, David Crémaux-Bouche y & Ronces Labiano
Participo con un capítulo introductorio sobre la historia de ETA
El libro en pdf puede descargarse en el siguiente enlace:
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Entrevista a Mario Calabresi
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GFS: «La Cuba de Europa», El Correo, 10-I-2026

Entre el 3 y el 15 de enero de 1966 se celebró en La Habana la Conferencia Tricontinental contra el colonialismo y el imperialismo estadounidense. Impulsado por el régimen castrista, el evento reunió a delegados de 82 países de África, Asia e Hispanoamérica. Entre ellos había políticos demócratas, como el chileno Salvador Allende, y otros que no lo eran: terroristas, guerrilleros, militares golpistas y dictadores, como el propio Fidel Castro. No acudieron, pero enviaron su adhesión homólogos de Castro como Houari Boumédiène (Argelia), Ho Chi Minh (Vietnam) y Kim Il-sung (Corea del Norte).
ETA también mandó un mensaje a la Tricontinental. Tras exponer un relato histórico un tanto estrambótico y presentarse como portavoz de “la sociedad vasca actual”, el grupo justificaba el empleo de la “lucha armada” para lograr “un Estado vasco socialista y federalista”. Terminaba anunciando que, gracias a su situación geográfica y al caudillaje etarra, “Euzkadi” (sic) estaba “llamada a ser la Cuba de Europa Occidental y el punto de partida de su revolución”.
ETA había nacido en 1959 como una organización ultranacionalista cuyos planteamientos tenían poco que ver con la izquierda. Su I Asamblea (1962) situó como meta crear un Estado independiente, democrático, aconfesional y monolingüe en euskera, rechazando “un régimen dictatorial (sea fascista o comunista)”. Ahora bien, el grupo no tardó en dar un giro ideológico. En 1965 sumó a los anteriores un nuevo objetivo: el socialismo.
Se trata de un término polisémico, así que conviene aclarar que ETA no aspiraba a un Estado del bienestar avanzado y democrático como el de los países escandinavos. Su modelo de país era una dictadura socialista de corte tercermundista al estilo de Cuba, Argelia y Vietnam: un sistema de partido único, con el poder reservado a una pequeña élite privilegiada y con la propiedad privada eliminada o al menos restringida, con vistas a una futura sociedad sin clases. Hasta que llegase ese día, el gobierno se cimentaría en el adoctrinamiento y la represión.
A pesar de que el lenguaje revolucionario estaba de moda en aquellos años, hubiera sido difícil convencer a la población, que llevaba décadas sufriendo al “Caudillo”, de que apoyase otra dictadura. Como hacían otras fuerzas, ETA tuvo que edulcorar su propaganda con eufemismos como “liberación social”, “antifascismo” y “democracia popular”. Pronto aprendió a hablar la “neolengua”, por usar la expresión de Orwell. Baste recordar que la barrera que se construyó para impedir la huida de los ciudadanos germanoorientales al oeste había sido bautizada como Muro de Contención Antifascista. El nombre oficial de la dictadura de aquel país era República Democrática Alemana; el de Corea del Norte era y continúa siendo República Popular Democrática de Corea. El franquismo también pretendió camuflar su naturaleza dictatorial al publicitarse como una “democracia orgánica”.
Autoubicados a la izquierda del binomio EH Bildu/Sortu, al que acusan de aburguesamiento y reformismo socialdemócrata, hoy GKS y EHKS proponen un proyecto explícitamente comunista. Como demuestran su actitud sectaria y recientes episodios de violencia, desde la perspectiva del autodenominado Movimiento Socialista, el utópico fin justifica cualquier medio; cualquiera menos las urnas, por lo que parece.
Mientras tanto EH Bildu/Sortu difunde un discurso más moderado y practica una política posibilista en las instituciones que incluso le ha llevado a votar a favor de los Presupuestos Generales del Estado. No obstante, la izquierda abertzale ortodoxa ha sido incapaz de cortar el cordón umbilical que le une al fantasma de ETA. Por un lado, su brazo juvenil actúa con una intolerancia similar a la que ejercía en el pasado. Por otro, se ha negado a hacer una revisión autocrítica de su trayectoria, como demuestra que continúen homenajeando a terroristas y humillando a las víctimas. Por último, al menos sobre el papel, Sortu sigue teniendo como meta final el mismo socialismo autoritario que cayó en Europa Central y del Este en 1989. Baste recordar que en junio de 2024 dicha formación firmó un “acuerdo de intercambio y cooperación” con el Partido Comunista de Cuba, la espina dorsal de la dictadura caribeña.
No sabemos qué opinan los cubanos del régimen que llevan soportando desde hace 67 años, porque carecen de derechos esenciales como la libertad de expresión. En cambio, resulta evidente que la mayoría de los ciudadanos vascos jamás quisieron ser la Cuba de Europa Occidental. Probablemente tampoco queramos serlo ahora. Nuestro pasado traumático nos ha enseñado una lección básica: la democracia es un medio, pero, sobre todo, es un fin en sí mismo.
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SDC 49: ETA, su representación cultural y su relación con Francia
En el primer #SierraDelta Contra #SDContra49 de este año que comienza hablo con David Crémaux-Bouche, profesor de la Universidad de Grenoble-Alpes, y Roncesvalles Labiano, de la Universidad de Navarra, acerca de la obra que han coordinado junto a Jesús Alonso Carballés: «La bataille pour le récit. Narrations et usages du paPAssé autour de la violence de l’ETA», que acaba de llegar a las librerías. Se trata de un trabajo académico sobre la historia del terrorismo de ETA, su represntación cultural y su relación con Francia, escrito por varios expertos desde una perspectiva multidisciplinar.
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GFS: «Uno de los peores años», El Correo, 23-XII-2025
El último seminario de la Fundación Fernando Buesa y el Instituto Foronda de la UPV/EHU ha servido no solo para recordar uno de los años más letales de ETA, sino también para señalar sus ecos en el presente.
La “tregua indefinida” que ETA había declarado en 1998 fue una estratagema: aprovechó para rearmarse y recabar información sobre objetivos. La rompió el 21 de enero de 2000 con el asesinato del teniente coronel Pedro Antonio Blanco en Madrid. Empezaba así uno de los peores años de nuestra historia reciente.
De acuerdo con la Global Terrorism Database, en el 2000 los terroristas cometieron 4.002 asesinatos en el mundo. Europa fue el escenario de 420, de los cuales 383 se localizaron en Europa del Este. El grueso de los crímenes del oeste correspondía a España: tres víctimas mortales de los GRAPO y 23 de ETA. Mientras en el resto de Europa occidental el terrorismo doméstico cogía polvo en el museo de los horrores, en nuestro país todavía se mataba en nombre del maoísmo o de la patria.
Sobre todo, de la patria. La agencia VascoPress contabilizó 70 atentados de ETA, en su mayoría con armas de fuego y coches bomba, que costaron la vida a ocho políticos del PP y el PSOE (desde un exministro a concejales de pequeñas localidades), tres militares, dos guardias civiles, dos juristas, un policía nacional, un ertzaina, un policía local, un periodista, un empresario, un conductor de autobús, otro del parque móvil del Tribunal Supremo y un funcionario de prisiones. El grueso de estos crímenes tuvo lugar en Madrid (5), Guipúzcoa (4) y la provincia de Barcelona (4).
Asimismo, la violencia de la izquierda abertzale produjo 145 heridos, a 13 de los cuales se les reconoció la incapacidad absoluta, es decir, quedaron inhabilitados para desempeñar cualquier tipo de trabajo. Las heridas de 103 personas fueron consecuencia de atentados de ETA y las de las otras 42, de la kale borroka.
Y es que la organización no estaba sola. Jóvenes ultranacionalistas llevaron a cabo 478 acciones: ataques incendiarios, lanzamiento de piedras y explosión de artefactos contra oficinas bancarias, sedes de partidos constitucionalistas, medios de transporte público y las FCSE. Además, agredieron a 12 ciudadanos.
Con tal nivel de violencia, que se enmarca en la “socialización del sufrimiento”, ETA y su entorno pretendían extender el terror. Y lo lograron. Según el CIS, la banda se había convertido en una de las principales preocupaciones de la sociedad. En noviembre del 2000, su punto álgido, el miedo llegó a afectar al 80,1% de los españoles.
De igual manera, la izquierda abertzale buscaba acallar definitivamente a los vascos no nacionalistas, vengarse del fracaso del Pacto de Estella y disputar al PNV el protagonismo político. Quizá también se trató de la huida hacia delante de una ETA incapaz de lidiar con sus crecientes problemas.
Por un lado, las numerosas manifestaciones convocadas por los partidos democráticos, Gesto por la Paz, el Foro de Ermua y ¡Basta Ya!, asociación que recibió el Premio Sájarov, evidenciaban que la ciudadanía vasca y navarra estaba harta de la violencia.
Por otro, en diciembre de 2000 el PP y el PSOE firmaron el Acuerdo por las Libertades y Contra el Terrorismo, que condujo a la reforma de los delitos de terrorismo en el Código Penal y la introducción de otros nuevos. Gracias al pacto, dos años después se aprobó la Ley de Partidos con la que se ilegalizó al brazo político de ETA, lo que le obligó a elegir: “o bombas o votos”.
Por último, en el 2000 fueron arrestados 134 presuntos terroristas y se incautaron 450 kilogramos de explosivo, 38 armas de fuego, un mortero, un lanzagranadas y 27 granadas. Las FCSE desarticularon cuatro comandos de liberados y otros cuatro de legales. El desarme continuó en los años siguientes.
Derrotada, ETA se disolvió en 2018. Sin embargo, ha dejado un legado envenenado: más de 300 asesinatos sin resolver, terroristas huidos de la justicia, el irreparable dolor de las víctimas, a las que se humilla con constantes actos públicos de exaltación de ETA, discursos del odio, intolerancia, presión contra los agentes de las FCSE y sus familias y miedo a ejercer la libertad de expresión.
La maquinaria propagandística que se dedica a la adulteración del pasado de ETA es otra de sus herencias. Esas mentiras no solo suponen un reto para la historiografía académica, con menor capacidad de divulgación, sino que pueden llegar a afectar a la convivencia. En su momento los “mitos que matan” fueron el caldo de cultivo de la violencia. Como escribió el superviviente del Holocausto Primo Levi, “lo sucedido puede volver a ocurrir, las consciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también”. El auge del extremismo y del sectarismo en la Universidad del País Vasco y el rebrote de la kale borroka son síntomas que no deberíamos pasar por alto.
Preocupémonos y, sobre todo, ocupémonos del problema antes de que sea tarde.
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¡Feliz Navidad!
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Doblete de pódcast: hoy en la Biblioteca de la Historia y en Niebla de Guerra
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SD Contra 48: Auge y ocaso de las guerrillas latinoamericanas
En #SierraDelta Contra #SDContra #SDContra48 Gaizka Fernández entrevista al profesor de la UCM Jerónimo Ríos acerca de la obra colectiva que acaba de coeditar: «Guerrillas en América Latina». Este experto nos habla sobre el origen y la naturaleza específica de este tipo de violencia política, la importancia de la revolución cubana y de personajes como el Ché Guevara, las influencias internacional en el ciclo guerrillero que se desarrolló hasta 1989, las respuestas estatales, su ocaso y las actuales políticas de memoria.
En la segunda parte del programa escucharemos el testimonio de una subinspectora de los Mossos d’Esquadra que resultó herida en el atentado yihadista que tuvo lugar en Barcelona el 17 de agosto de 2017.
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