La segunda parte de la VI Asamblea de ETApm y sus consecuencias (1975)

En enero de 1975 ETApm celebró la segunda parte de la VI Asamblea, en la que se aprobó la reestructuración de la organización de acuerdo con el modelo político-militar y se asumió oficialmente que la situación de España, lejos de ser prerrevolucionaria, como se sostenía con anterioridad, era la antesala de una «democracia burguesa», que se suponía iba a ofrecer unas condiciones «infinitamente preferibles al fascismo». Siguiendo el ejemplo de los tupamaros, ETApm apostó por combinar dos líneas de actuación: «política de masas» y «lucha armada». Por un lado, el grupo debía incidir primordialmente en el movimiento obrero y promover la creación de «movimientos de masas» que fueran conformando un contrapoder popular al Gobierno. Aparecía así bosquejado el proyecto de un Estado vasco paralelo a la Administración española, con su propia recaudación, su justicia, etc. Así se explica el nuevo vocabulario que se introdujo: «impuesto revolucionario» (la extorsión económica a los empresarios vascos, que dio comienzo en 1975), «cárceles del pueblo», etc. Por otro lado, la dirección de ETApm consideró que «la concentración de las fuerzas enemigas» en Euskadi hacía inviable una «insurrección general». A corto plazo se descartaba el objetivo que se había propuesto la línea anticolonialista desde mediados de la década de 1960: derrotar militarmente al «Estado español». Los polimilis abandonaron oficialmente la estrategia de acción-reacción y adoptaron la de «la guerra de desgaste», que consistía en presionar al Gobierno por medio de atentados terroristas hasta forzar una negociación política. Únicamente después, desde una posición de fuerza, se pasaría a una segunda etapa: la guerra convencional .
No obstante, la dirección de ETApm no interiorizó el análisis político que había hecho en la asamblea (ni sus consecuencias). Por ejemplo, poco después se afirmaba que «la situación actual (…) es francamente pre-revolucionaria». Además, no consiguió avances ni en la «política de masas» ni en la «lucha armada». La organización era incapaz de tener una presencia significativa en el movimiento obrero, en el que compartían protagonismo el EPK y la extrema izquierda, que estaba pasando por una etapa de apogeo en Euskadi y contaba con una notable influencia en CCOO, los centros de enseñanza y las asociaciones de vecinos. Por ejemplo, en diciembre de 1974 se convocaron dos huelgas generales en el País Vasco, cuyos resultados sirven de radiografía de la diferente implantación de los polimilis y de los partidos leninistas: la primera convocatoria (los días 2 y 3), auspiciada por ETApm y secundada por LAIA, tuvo una respuesta tibia; sin embargo, la del 11 de diciembre, organizada por el MCE, la ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores) y otros grupos, pero sin el apoyo del EPK (ni del nacionalismo radical), alcanzó una gran trascendencia. Incluso el Gobierno Civil de Guipúzcoa tuvo que admitir que «desde un punto de vista realista» había resultado «un éxito» . También lo consideraron así algunos dirigentes de la «izquierda abertzale», como Pertur, que quedaron deslumbrados por la disciplina, la preparación política y la capacidad de movilización de la extrema izquierda. Se achacaron los buenos resultados de la huelga del 11 de diciembre a dos modelos organizativos ajenos a la tradición etarra: el de las CCOO y el del partido de corte bolchevique .
A ETApm tampoco le fue mejor en el campo de la «lucha armada». Incapaces de asumir el novedoso giro estratégico de «la guerra de desgaste», los polimilis se dejaron llevar por la inercia de la espiral de acción-reacción que habían heredado de ETA V. Siguiendo dicha lógica, la organización comenzó 1975 con ataques a la Guardia Civil. En abril fue detenido Goiburu, miembro del Comité Ejecutivo de la banda. El gabinete de Arias Navarro aprovechó tal circunstancia para declarar un estado de excepción en Vizcaya y Guipúzcoa. Abandonando toda cautela, los polimilis se marcaron el objetivo de llevar a cabo una intensa campaña terrorista en toda España. Reeditando la Triple Alianza (1923) en la que había participado Aberri, el 1 de mayo ETApm había firmado con otros dos grupos nacionalistas radicales de la periferia peninsular una declaración conjunta en la que se apostaba por una estrategia y una alternativa comunes. Sus socios eran el catalán PSAN-p, el Partit Socialista d’Alliberament Nacional-provisional (Partido Socialista de Liberación Nacional-provisional), una escisión extremista del PSAN, y la UPG, Unión do Povo Galego (Unión del Pueblo Gallego). Con todo, bajo la fachada de la solidaridad «internacionalista» contra el enemigo común, ETApm ocultaba el plan de extender su base de operaciones a otros puntos de España. Se trataba de fomentar focos insurreccionales alejados del País Vasco para descentralizar la represión policial, un proyecto inspirado en las teorías de Ernesto Ché Guevara. Con el fin de reproducir el «conflicto» la organización envió comandos a Madrid, Cataluña y Galicia, donde, con la colaboración del PSAN-p y de la UPG, se prepararon una serie de atentados terroristas. Sin embargo, de entre todas las acciones planeadas, únicamente se llevó a cabo la fuga de la cárcel de Segovia (la operación Pontxo) que, a la postre, resultó un estrepitoso fiasco. En el verano de 1975 el resto de la campaña de ETApm fue súbitamente abortada por un acontecimiento imprevisto, que explica por qué el año terminó con solamente dieciséis víctimas mortales del terrorismo abertzale (los polimilis causaron cuatro, los milis doce) .
A principios de 1974 el SECED (Servicio Central de Documentación) había conseguido infiltrar en ETA a uno de sus agentes, Mikel Lejarza (Gorka para sus compañeros etarras, Lobo para la agencia de espionaje). Cuando milis y polimilis se separaron, sus superiores decidieron que Lobo permaneciera en ETApm, ya que era la rama mayoritaria y con más potencial. En poco tiempo Lejarza logró ser nombrado responsable de la infraestructura de la organización. Por consiguiente, el servicio secreto estaba perfectamente informado de los planes y la ubicación de los comandos desplegados por ETApm para la campaña terrorista de 1975. A finales de julio las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado pusieron en marcha la operación Lobo y el 26 de agosto el Gobierno de Arias Navarro aprobó un nuevo Decreto-ley antiterrorista que concedía poderes excepcionales a la policía. El resultado global fue la casi total desarticulación de ETApm, así como de las fuerzas nacionalistas radicales de la periferia con las que se había aliado. Se detuvo a decenas de polimilis, entre los cuales destacaban los principales líderes de la organización, Mujika Arregi y Pérez Beotegui. Tocada y casi hundida, ETApm apenas mantenía operativo un comando. Al año siguiente tuvo que admitir que en 1975 «cometimos el error de intentar dar golpe por golpe y perdimos» .
ETApm necesitó sentir en su propia piel las dentelladas de la operación Lobo para comprender que Euskadi no era Uruguay. Importar esquemas revolucionarios de Latinoamérica a Europa llevaba al desastre. Sobre todo, como era el caso, cuando se elegía un modelo que ya había fracasado en su lugar de origen. Y es que, gracias a la labor del servicio secreto, la infiltración policial, la defección de algunos de sus miembros y la actuación del ejército uruguayo, la guerrilla urbana de los tupamaros había sido prácticamente aniquilada en 1972. (Tampoco Uruguay era Cuba. Es más, como había descubierto el Ché Guevara en 1967, ni siquiera Bolivia era Cuba).

Tres polimilis fueron sentenciados a muerte, aunque a uno de ellos, José Antonio Garmendia (Tupa), que sufría las graves secuelas de una herida en la cabeza, se le conmutó la pena capital por cadena perpetua. La oposición antifranquista orquestó una masiva campaña de movilizaciones para salvarles la vida. Las protestas se extendieron por toda Europa e incluso el Vaticano pidió clemencia para los condenados. Sin embargo, al contrario de lo que había ocurrido durante el proceso de Burgos, el tan ansiado indulto no llegó nunca. El crepúsculo del franquismo era un remedo de sus sangrientos orígenes: en acertada expresión de Pau Casanellas, la dictadura murió matando. Los polimilis Juan Paredes Manot (Txiki) y Ángel Otaegi (Azpeiti) fueron fusilados el 27 de septiembre junto a tres militantes del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota).

Según la Memoria del Gobierno Civil de Guipúzcoa de 1975, AHPG, c. 3680/0/1, durante el mes de septiembre se vio agitada por numerosos paros y huelgas auspiciadas por «la gran campaña propagandística desatada en esta Provincia por los diferentes partidos y organizaciones políticas de la oposición». La más numerosa fue la del día 29, en la que participaronn un total de 47.568 personas. Los asesinatos legales de septiembre fueron inmortalizados por el cantautor Luis Eduardo Aute, que se inspiró en los fusilamientos para componer «Al alba». Según un informe policial, ETApm estudió la posibilidad de liberar a los condenados, aunque el plan fue frustrado por la detención del comando.

Si bien la actuación policial casi había acabado con la rama más potente de ETA, la polimili, la falta de piedad de Franco había proporcionado una valiosa baza al nacionalismo radical, que recuperó el apoyo de las fuerzas de izquierda, reforzó su discurso victimista e incrementó su popularidad entre la juventud vasca2. Las balas del pelotón de fusilamiento transformaron a Txiki y Otaegi en símbolos extremadamente útiles para la «izquierda abertzale». Ya en septiembre una carta de la dirección etarra a la familia de Paredes Manot, parafraseando a Tertuliano, lo nombraba «un héroe del pueblo, cuya sangre será fértil simiente». Txiki era precisamente la figura más atractiva para la publicidad política. Había nacido en Zalamea de la Serena (Badajoz) y, por tanto, encarnaba al inmigrante comprometido con ETA, al «español» transformado en «vasco». Telesforo Monzón, su más ferviente propagandista, instrumentalizó su sacrificio como ejemplo a seguir para los otros muchos trabajadores provenientes del resto de España. La elevación de Txiki y Otaegi a la categoría de mártires de la patria dio comienzo en 1976, en el primer aniversario de los fusilamientos, cuando las fuerzas de oposición a la dictadura declararon una huelga general unitaria.

2 comentarios

Archivado bajo ETA, Historia, Nacionalismo

2 Respuestas a “La segunda parte de la VI Asamblea de ETApm y sus consecuencias (1975)

  1. El “lobo” hizo caer solamente a la gente desplazada a Barcelona y Madrid,porque el fue el encargado de alquilar los pisos donde se iban a alojar los comandos, mató a mi amigo Montxo que ya estaba sospechando, en un piso de Madrid y entre los detenidos en Barcelona estaba el posteriormente fusilado Jon Paredes Manot (Txiki) pero lo de que quedo sólo un comando, de eso nada, estábamos un montón que no tardamos en volver a coordinarnos…

  2. Estimado Josu:
    Gracias por tu aporte. Lo de que quedaba solo un comando activo lo he sacado del libro de Ángel Amigo sobre Pertur. En cuanto a las cifras concretas de detenidos en la Operación Lobo que he encontrado son muy variables: de 145 a 60. Probablemente se acerquen más a esta última. En cualquier caso, como señalas, ETApm tardó poco en recuperarse. Por cierto, me había olvidado de añadir lo de las ejecuciones de Txiki y Otaegi, que incluyo ahora.
    Un cordial saludo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s