Libros contra el olvido. ETA, las víctimas del terrorismo y Gesto por la Paz

-José María Ortiz de Orruño y José Antonio Pérez (coords.) (2013): Construyendo memorias. Relatos históricos para Euskadi después del terrorismo. Madrid: Los Libros de la Catarata.

-Eduardo Mateo y José Antonio Pérez (coords.) (2014): Políticas de memoria. Qué, cómo y para qué recordar. Vitoria: Fundación Fernando Buesa e Instituto de Historia Social Valentín de Foronda.

-Martín Alonso (coord.) (2012): El lugar de la memoria. La huella del mal como pedagogía democrática. Bilbao: Bakeaz.

-Galo Bilbao, Francisco Javier Merino e Izaskun Sáez de la Fuente (2013): Gesto por la Paz. Una historia de coraje y coherencia ética. Bilbao: Bakeaz.

-José Ángel Etxaniz (2014): Rompiendo el silencio: 25 urte bakegintzan (1988-2013). Bilbao: Gesto por la Paz (Gernika-Lumo) – Bakearen Arbola.

-Javier Marrodán (dir.) (2013): Relatos de plomo. Historia del terrorismo en Navarra, 1960-1986. Pamplona: Gobierno de Navarra.

Ignorada por un creciente sector de la ciudadanía vasca, aislada internacionalmente, cercada por las fuerzas policiales y con su brazo político estrangulado por la Ley de Partidos, el 20 de octubre de 2011 ETA anunció el “cese definitivo de su actividad armada”: desistía de continuar protagonizando la tragedia que durante 52 años ha asolado España y cuya consecuencia más visible han sido sus alrededor de 850 víctimas mortales. La disolución de la banda todavía no se ha materializado, mas todo parece indicar que se trata de un paso irreversible. Tarde o temprano este tipo de terrorismo desaparecerá definitivamente de escena, dejando de ocupar las portadas de los diarios y el discurso de los políticos. Entonces ETA no será más que un recuerdo, pero ¿qué tipo de recuerdo exactamente?

En un escenario adverso para la democracia parlamentaria (crisis económica, alto índice de paro, descrédito de los partidos y las instituciones, etc.), el fin de la violencia etarra ha colocado a la ciudadanía vasca y navarra ante una compleja disyuntiva, la de qué hacer con su pasado. Se distinguen, como poco, cuatro salidas a tal encrucijada. En primer lugar, ligar el terrorismo etarra con el nacionalismo vasco en su conjunto, como si uno fuera consecuencia directa del otro. En segundo término, una tentadora amnesia colectiva, que se resume en una conocida metáfora: pasar página cuanto antes, sin haberla leído primero. El olvido supone repetir aquel gesto cobarde que caracterizó a una parte de los vascos y navarros mientras algunos de sus conciudadanos eran perseguidos y asesinados durante los “años de plomo”: mirar hacia otro lado, como si no hubiera ocurrido absolutamente nada.

El tercer camino pasa por la asunción acrítica de la narrativa del “conflicto vasco”, cuyo argumento central consiste en que los (invasores) españoles y los (invadidos) vascos llevan siglos sosteniendo una intermitente guerra étnica de la que ETA sería la última manifestación. Tal relato se presenta en dos variantes. Por un lado, la versión dura, que está en los cimientos intelectuales del terrorismo etarra y que lleva años propagándose desde el entorno cultural de la “izquierda abertzale” (patriota). Por otro lado, la versión blanda: la ambigua equidistancia entre “todas las violencias” (la de ETA y la del Estado) simétricas e igualmente responsables del drama, teoría que, utilizando el término de Martín Alonso, han promocionado organizaciones “etnopacifistas”1 como Elkarri, Lokarri y Baketik.

La cuarta alternativa es hacer un (eventualmente doloroso, pero cauterizador) examen crítico de nuestro pasado reciente. Para lograrlo, entre otras cosas, es indispensable divulgar lo máximo posible los trabajos que al respecto elaboran los historiadores y otros científicos sociales. Gracias a su seriedad, rigor y método, están entre los mejor capacitados profesionalmente para contar a la sociedad vasca las verdades incómodas, evitando que estas queden sepultadas por una visión del pasado sesgada y parcial: la ya mencionada narrativa del “conflicto vasco”. En tal sentido, durante el último lustro se han publicado bastantes obras de calidad referentes a ETA y sus secuelas, aunque la mayoría no han tenido la repercusión mediática que merecían. En esta recensión nos centraremos en seis de las últimas y más interesantes novedades editoriales.

Construyendo memorias. Relatos históricos para Euskadi después del terrorismo (2013) es una obra coordinada por José María Ortiz de Orruño y José Antonio Pérez que recoge las actas de un simposio organizado por el Instituto de Historia Social Valentín de Foronda en junio de 2012. La introducción se abre con interrogantes sobre el futuro del País Vasco como los que siguen: “¿Se hablará de terrorismo, de su retórica y del sufrimiento de las víctimas o se vindicará el nombre de los victimarios y se les exculpará del daño causado en aras de la construcción nacional”. Por otra parte, “¿de qué lado se pondrá la historia? Es más, ¿se recurrirá a la historia para dar cuenta del pasado reciente?” (p. 7) Este libro no pretende resolver tales dudas, pues únicamente el tiempo lo hará, pero sí nos brinda una valiosa orientación basada en experiencias relativamente similares a la de Euskadi, lugares que, a lo largo de todo el planeta, también han sufrido los traumas provocados por la violencia armada y el cambiante recuerdo a ella asociado. La finalidad de Construyendo memorias es, pues, dar a conocer desde una perspectiva multidiscplinar (sociología, ciencias políticas, filosofía e historia) “cómo han sido los combates por la memoria librados en otras partes. En concreto, (…) los contextos, los promotores, las estrategias y los resultados con la intención de trasladas las enseñanzas obtenidas a la realidad vasca” (p. 9). De tal manera, en sus páginas se realiza un estudio comparado de casos que arroja luz sobre lo que ocurre y puede llegar a ocurrir en un futuro cercano con la memoria y la historia del terrorismo en el País Vasco y Navarra.

En el primero de los capítulos de Construyendo memorias Reyes Mate indaga en la relación entre la brutalidad y la deshumanización durante el siglo XX, apostando por la centralidad de las víctimas sobre las que se ha construido la historia. Más adelante Elisabeth Jelin reflexiona sobre la conflictividad y las dictaduras militares que ha sufrido América Latina y las disputas por la memoria que se han entablado en las posteriores etapas democráticas. En el tercer epígrafe José María Faraldo analiza los diferentes y divergentes relatos que tras el final de la II Guerra Mundial se han ido imponiendo desde el poder en Polonia, uno de los países de Europa con un pasado reciente más convulso. En el cuarto, Carmen Magallón se centra en las mujeres como sujeto colectivo, así como en su experiencia como objeto de abusos contrarios a los derechos humanos. El quinto apartado, escrito por Eduardo González Calleja, trata sobre la Lost Cause, la nostalgia por la derrota sudista en la Guerra de secesión de los EEUU, su mutación y su instrumentalización política. Rogelio Alonso nos muestra las consecuencias del fin del terrorismo en Irlanda del Norte: la impunidad (jurídica, pero también moral) de los victimarios, la amnesia para con las víctimas, la perpetuación de una subcultura del odio sectario… De este caso extrae dicho autor una lección para el País Vasco: si se quieren evitar los errores cometidos en el Ulster, deslegitimar el terrorismo debe ser una prioridad absoluta. En el séptimo capítulo Santos Juliá examina la incompatibilidad entre memoria, historia y política en referencia al pasado reciente de España, destacando los usos espurios de las dos primeras por parte de la tercera. Luis Castells dedica el octavo epígrafe a deliberar acerca de la escritura de la historia del terrorismo en el País Vasco, haciendo una serie de propuestas metodológicas: disociar la investigación de la gestión pública de la memoria, sustituir el recuerdo del pasado por la de su examen y priorizar la búsqueda de la verdad sin que de ello se colija esquivar el compromiso cívico. Ander Gurrutxaga escribe sobre los lugares de memoria insertos en las particulares circunstancias de Euskadi. El último apartado consiste en un breve epílogo de Juan Pablo Fusi en el que enfoca a ETA como problema histórico pero también moral que exige “una historiografía plenamente independiente, una historiografía crítica, ajena a las exigencias emocionales del nacionalismo” (pp. 276-277).

Políticas de memoria. Qué, cómo y para qué recordar recoge las actas del XI Seminario Fernando Buesa, organizado por la Fundación Fernando Buesa y el Instituto de Historia Social Valentín de Foronda, que se celebró en Vitoria en noviembre de 2013. Su objetivo, como se advierte en sus primeras páginas consistía en empezar a “dedicar todos los esfuerzos posibles a construir el relato de lo que ha sucedido y elaborar una memoria colectiva plural, compartida y no manipulada. La memoria es el reconocimiento social y político de las injusticias y sufrimientos padecidos por las víctimas del terrorismo”. Como tal, la memoria servirá tanto para “ayudar una convivencia democrática plena” como para “la deslegitimización ética, social y política del terrorismo”, así como para reforzar “los principios y valores de un Estado de Derecho” (p. 6).

En la obra, coordinada por Eduardo Mateo y José Antonio Pérez, se transcriben las conferencias y los debates generados en torno a las cuatro mesas en las que se dividió el XI Seminario Fernando Buesa. En la primera Eduardo González Calleja y Martín Alonso, moderados por Raúl López Romo, dialogaron en torno a las políticas de memoria. En la segunda Jesús Loza y José Antonio Pérez, ejerciendo de moderador Antonio Rivera, lo hicieron sobre cómo abordar la memoria en el País Vasco. La mesa 3, presidida por José Ángel González, estuvo centrada en la reflexión sobre el largo y dificultoso camino del terrorismo a la convivencia. Participaron en ella Adriana Faranda y Manlio Milani. En la última mesa, la dedicada a las víctimas y los victimarios en la construcción de la memoria, Iñaki García Arrizabalaa e Iñaki Rekarte Ibarra expusieron sus recuerdos más personales, siendo acompañados por Gorka Landáburu. La invitación a Iñaki Rekarte, quien ha pasado una larga temporada en la cárcel por su pertenencia al comando Mugarri de ETA, puede resultar un tanto chocante, pero, a pesar de breve, se trata de un testimonio muy esclarecedor: acogido a la vía Nanclares, Rekarte es uno de los pocos etarras que se han arrepentido públicamente de su pasada militancia terrorista.

Al compartir hasta cierto punto temática y enfoque, Construyendo memorias y Políticas de memoria encuentran su complemento natural en El lugar de la memoria. La huella del mal como pedagogía democrática, obra colectiva coordinada por Martín Alonso. Al igual que las anteriores, recoge las actas de un seminario celebrado en 2012, organizado esta vez por la Fundación Fernando Buesa, la Fundación de Víctimas del Terrorismo y Bakeaz. Esta última, que también editó el libro, era una ONG que desde 1992 venía ejerciendo una excelente labor en el campo de la investigación y reflexión sobre pacifismo, derechos humanos y medio ambiente en el País Vasco. La falta de financiación ha obligado a cerrar Bakeaz en 2013, todo un (preocupante) síntoma de las prioridades de las instituciones públicas.

Volviendo a las páginas de El lugar de la memoria, hay que señalar dos bloques temáticos. Por un lado, los capítulos iniciales y finales del libro, que constituyen profundas y lúcidas reflexiones teóricas. En el primero, el prólogo, Martín Alonso aborda las nociones esenciales para adentrarnos en el complejo y controvertido debate sobre violencia, memoria y víctimas, al que regresa en el anteúltimo apartado, dedicado a las “Controversias en torno a la pedagogía política de le memoria democrática”. En el segundo, Xabier Etxeberria delimita el marco de referencia ético-filosófico de la construcción de un centro de memoria desde la perspectiva de la centralidad de las víctimas. Dado que, al igual que en Construyendo memorias, se han escogido situaciones con cierto grado de paralelismo con el fenómeno terrorista que ha sufrido el País Vasco, de las conclusiones de esta obra, recogidas por el propio Alonso, se derivan enseñanzas muy útiles para el asunto que nos ocupa. Los poderes públicos deberían tomarlas muy en cuenta si, atendiendo a las demandas de verdad, justicia y reparación, se plantean la creación de alguna especie de memorial sobre el drama acontecido en Euskadi.

La segunda parte del libro es un análisis comparado de diferentes lugares de memoria erigidos para dar testimonio de lo ocurrido, reconocer a las víctimas de la violencia política y, por medio de una metodología pedagógica, evitar la repetición de la barbarie. Pese a los muy diferentes contextos y formatos, las experiencias que se compendian en la presente obra no son más que las respuestas que distintas sociedades han dado a las mismas preguntas. ¿Cómo enfrentarse a un pasado oscuro? ¿Qué recordar? ¿Qué olvidar? ¿Quién lo debe hacer? ¿Cómo materializar esa memoria? ¿Para qué? ¿Para quiénes? ¿Qué escollos se han de evitar? No hay espacio para profundizar en ellos, pero merece la pena nombrar lo estudios de caso y sus autores. Eduardo Jozami escribe sobre el Centro Cultural de la Memoria Haraldo Conti de Buenos Aires. Ekaterina Abzalova nos guía por el Centro Conmemorativo de la Historia de la Represión Política “Perm-36”, un gulag soviético cerca de los Urales. Ricardo Brodsky relata la experiencia del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago de Chile. Con Nataša Joviĉić nos adentramos en el Museo Conmemorativo de Jasenovac, un campo de exterminio nazi que funcionó en Croacia durante la Segunda Guerra Mundial. Guido Vaglio nos acerca al Museo Extendido de la Resistencia, la Deportación, la Guerra, los Derechos y la Libertad de Turín. Y, por último, Montserrat Iniesta da cuenta de la configuración del Memorial Democrático de Cataluña.

Como El lugar de la memoria, nuestro siguiente libro fue editado de forma póstuma por Bakeaz. Se trata de Gesto por la Paz. Una historia de coraje y coherencia ética, cuya autoría corresponde a Francisco Javier Merino, Izaskun Sáez de la Fuente y Galo Bilbao, con Josu Ugarte como prologuista. Al contrario que las otras dos obras, esta no versa sobre la memoria de la violencia, sino sobre una importante asociación que durante más de dos décadas y media ha impulsado en las calles del País Vasco las protestas populares contra los atentados terroristas de ETA, así como contra cualquier otra forma de violencia política: Gesto por la Paz de Euskal Herria2. Nacido en 1986 gracias a la inquietud de un sector de la ciudadanía que se movía en ciertos ambientes cristianos y/o de izquierdas, Gesto se disolvió en 2013 al considerar sus promotores que había terminado la razón de su existencia, o sea, que estaba próximo el fin de la banda etarra.

Francisco Javier Merino se ha ocupado de indagar en las líneas maestras de la historia de Gesto por la Paz: sus antecedentes (como las pioneras movilizaciones pacifistas del Partido Comunista de Euskadi en 1977), el contexto histórico en el que se generó este movimiento, su progresiva consolidación hasta 1992, su eclosión a partir de tal fecha, con las movilizaciones de masas contra los secuestros llevados a cabo por ETA, la pérdida de visibilidad que sufrió en la crispada etapa del lehendakari Juan José Ibarretxe, etc. Izaskun Sáez de la Fuente, responsable del proyecto de investigación que dio pie a Gesto por la Paz. Una historia de coraje y coherencia ética, firma dos capítulos. En uno de ellos analiza el discurso ético-político de Gesto por la Paz, su evolución y adaptación, así como sus límites y ambigüedades. En el otro estudia el papel protagonista que ha jugado esta organización para sensibilizar a la ciudadanía sobre la existencia de la violencia de persecución que el nacionalismo radical ha ejercido contra sus adversarios políticos y determinados colectivos profesionales en el País Vasco. Se trataba de un drama que, a pesar de estar extendido y ser un fenómeno cotidiano, se mantenía oculto, siendo sus víctimas ignoradas. Por último, Galo Bilbao medita sobre el particular universo conceptual y moral de Gesto por la Paz, lo que nos permite comprender las actuaciones de sus miembros, su posicionamiento y su compromiso.

Si Una historia de coraje y coherencia ética era un acercamiento general, macro, a lo que ha supuesto Gesto por la Paz en el País Vasco, en Rompiendo el silencio: 25 urte bakegintzan (1988-2013) se hace un recorrido a pequeña escala por sus veinticinco años de actividad en Guernica-Lumo, donde adoptó el inequívoco nombre de Bakearen Arbola (Árbol de la Paz). José Ángel Etxaniz (Txato) se ha encargado del texto de este cuidado libro de 190 páginas y edición bilingüe, que destaca visualmente por sus numerosas fotografías e ilustraciones, lo que es de agradecer. Rompiendo el silencio trata, sobre todo, de la larga historia del grupo local de Gesto, desde su fundación en 1988 a su disolución oficial en 2013, aunque este trabajo es prueba patente de que sus antiguos miembros siguen militando por la paz. En sus páginas se describen los actos y campañas del movimiento pacifista guerniqués, como la denuncia de los secuestros de ETA mediante el lazo azul, sus relaciones con las instituciones, sus cuentas, etc. También hay espacio para un riguroso recuento de la violencia de persecución que sufrieron numerosos ciudadanos, entre ellos los que impulsaban Gesto, en un lugar tan emblemático como Guernica: la kale borroka, las pintadas, los insultos, las amenazas, etc. Por descontado, también se recuerdan los atentados mortales cometidos por la banda terrorista entre 1975 y 1987: nueve personas con nombre y apellidos.

A la obra le acompaña un cd-room en el que, además de la versión digital del libro, podemos encontrar diversas publicaciones de Gesto por la Paz, así como material documental y gráfico. Es, sin duda, una herramienta útil para los investigadores que pretendan estudiar este convulso periodo de nuestro pasado reciente, pero también para que, si tiene curiosidad, cualquier ciudadano conozca la intrahistoria de ese puñado de hombres (y mujeres) buenos que formaron Gesto por la Paz.

El lector de esta obra comprobará, si afina el oído, que los ecos de los atentados terroristas todavía no se han apagado. En ese sentido, es sintomático que, ignorando lo que es habitual cuando se trata del aniversario de otros grupos y asociaciones guerniqueses, la alcaldía de Guernica-Lumo, en manos de EH Bildu desde 2011, se haya negado a otorgar una subvención para publicar Rompiendo el silencio: 25 urte bakegintzan (1988-2013). Que el ayuntamiento de la “Ciudad de la Paz y la Cultura” desprecie hasta tal punto al movimiento pacifista es, por desgracia, reflejo fiel del sectarismo y la intolerancia que todavía anida en una parte de la sociedad vasca. Finalmente la obra pudo ser sufragada con una ayuda del Gobierno Vasco, la aportación desinteresada de antiguos socios y diversos donativos.

Relatos de plomo. Historia del terrorismo en Navarra, 1960-1986, es el primer fruto del trabajo de un equipo de investigación de la Universidad de Navarra dirigido por Javier Marrodán y compuesto por Gonzalo Araluce, Rocío García de Leániz y María Jiménez. Se trata de una obra realmente magnífica. Por un lado, por su visual, atractivo y imaginativamente diseñado continente, en el que destacan el uso de diferentes colores en cada página, la completísima selección de fotografías, las cronologías de cada fase histórica y los mapas de atentados. Por otro lado, por el estilo tan ágil y ameno con el que están escritas las crónicas, que es muy de agradecer en un tema como el que nos ocupa. Por último, por su contenido, en el que se hace un retrato al natural de la violencia etarra que ha sufrido la ciudadanía navarra.

Gracias al uso de abundantes fuentes bibliográficas, hemerográficas, judiciales y policiales (muchas veces inéditas), en Relatos de plomo se ha plasmado una relación pormenorizada de los atentados terroristas perpetrados en la comunidad foral desde 1960 a 1986, pasando por el primero de índole mortal: el que acabó con la vida del comandante de la Policía Armada Joaquín Imaz (26 de noviembre de 1977). Además, siguiendo la estela de la ya indispensable Vidas rotas (2010)3, el presente libro también enfoca su atención en las grandes olvidadas, las víctimas y muy especialmente en las familias de las cuarenta y dos personas asesinadas por ETA en la comunidad foral. En ese sentido, uno de los puntos fuertes del estudio es la inclusión de numerosas entrevistas personales que nos dibujan la dura realidad, pasada y presente, de las víctimas del terrorismo.

Con el mismo espíritu multidisciplinar, idéntica rigurosidad y un único hilo conductor, el de la memoria y la desmemoria de la violencia terrorista que ha infectado el País Vasco y Navarra, los títulos reseñados son una muestra de lo que la historiografía, las ciencias sociales y el periodismo de investigación son capaces de aportar a la sociedad en un momento en el que, como ahora, se debate en la disyuntiva de cómo cerrar las heridas y qué hacer con su espinoso pasado. Todos estos libros resultan útiles: nos dan pistas sobre el camino más idóneo y nos advierten sobre aquellos que deberíamos evitar. Escucharlos o no es una decisión que queda en manos de los ciudadanos y sus representantes políticos.

Gaizka Fernández Soldevilla

Fuente: Grande Place, nº 2, 2014.

1 Martín Alonso (2009): “La razón desposeída de la víctima. La violencia en el País Vasco al hilo de Jean Améry”, Escuela de Paz, nº 18.

2 Sobre esta asociación existe otra obra reciente: Ana Rosa Gómez Moral (2013): Un gesto que hizo sonar el silencio. Bilbao: Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria. Además, la doctoranda de la UPV Irene Moreno está actualmente realizando una tesis doctoral sobre el mismo tema.

3 Rogelio Alonso, Florencio Domínguez y Marcos García (2010): Vidas rotas. Historia de los hombres, mujeres y niños víctimas de ETA. Madrid: Espasa.

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