
En este artículo, propongo analizar cómo algunas (mini)series de ficción de la última década sobre el terrorismo de ETA –en especial El precio de la libertad y El asesinato de Carrero Blanco (2011), La línea invisible (2020) y, en menor medida, Patria (2020)– tratan el complejo legado antifranquista de la temprana ETA. Desde la mitificación de algunas figuras legitimadoras como el poeta Lauaxeta, de algunos momentos fundacionales en la lucha contra el franquismo y de algunos miembros convertidos en héroes de la causa bajo el franquismo (Txabi Etxebarrieta, Mario Onaindia, Argala), las tres primeras series ofrecen una lectura mediática de las raíces del terrorismo vasco y la cuarta se hace eco de esta herencia en el terrorismo de los años de plomo. Si bien en ocasiones beben del discurso memorialista de ETA sobre sus propias víctimas y mártires –la figura del gudari, la guerra civil como un episodio del conflicto ancestral– para mejor evidenciar su falacia, tienen el mérito de cuestionar algunos tópicos surgidos de la “batalla del relato” hasta el punto de poner en peligro la difusión o la recepción de dichas series.
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