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Raúl López Romo: “Protestar contra el terror”, El Correo, 20-VII-2017

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20 julio, 2017 · 7:39

Mesa redonda: “Las migraciones internas y su aportación al desarrollo de Gipuzkoa (1950-1975)”

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15 junio, 2017 · 11:44

Último número de “Saibigain”, la revista digital de la Asociación Sancho de Beurko

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15 junio, 2017 · 11:33

“Una amenaza para la historia”, El Correo, 2-VI-2017

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2 junio, 2017 · 8:27

Jornada de homenaje a López de Lacalle

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5 mayo, 2017 · 10:54

Curso de verano: “El movimiento yihadista global ante el declive del Califato en Orinte Medio” (El Escorial)

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4 mayo, 2017 · 14:25

Raúl López Romo: “¿Por qué un Memorial?”, El Correo, 3-III-2017

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¿Por qué un Memorial?

Raúl López Romo

Historiador, Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo

El “cese definitivo” del terrorismo de ETA en 2011 ha abierto nuevas posibilidades para conocer qué ha ocurrido y por qué. La creación de un Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo pretende abordar esa labor teniendo en cuenta la experiencia de las víctimas, que son la consecuencia más trágica del empleo de la violencia. La elección de Vitoria-Gasteiz como sede de esta entidad, que será un museo y también un archivo y un centro de investigación, no es fruto del azar. Con más de 800 asesinatos, ETA ha sido la principal amenaza terrorista a la que se ha enfrentado la democracia española. De modo que, en primer lugar, se trata de contribuir a su deslegitimación allí donde sigue concitando el apoyo o la comprensión de cierto sector de la sociedad. Valgan como ejemplo los recibimientos que todavía se prodigan a los etarras cuando salen de prisión: su entorno los recibe como si fueran héroes.

Este Memorial se ocupa de las víctimas de todos los terrorismos que han actuado en España entre 1960, fecha de la primera víctima reconocida como tal (la niña Begoña Urroz, asesinada por el DRIL), y la actualidad. Todas ellas son iguales: no merecieron el daño que les causaron. El terrorismo no es una violencia privada, sino que ataca al corazón de la convivencia de todos. En este sentido, como no se cansa de explicar Joseba Arregui, tiene un innegable componente político, pues trata de imponer un proyecto de parte al conjunto de la población.

La sociedad tiene una deuda con las víctimas del terrorismo. Solo desde hace relativamente poco, en España existe una atención institucional específica para ellas. La idea de construir un Memorial figura en la Ley 29/2011 de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo, que fue aprobada con un amplio consenso parlamentario. Votaron a favor 339 diputados de los grupos socialista, popular, nacionalistas catalanes (CiU), vascos (PNV), Esquerra Republicana-Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya-Verds y grupo mixto. Este acuerdo, alcanzado por encima de barreras partidistas, es clave para fundar un Memorial que sea la casa de todos los demócratas.

No se trata, por tanto, de crear una institución que avive una identidad o una ideología determinada, sino de buscar y difundir la verdad. Tony Judt advirtió que “el siglo XX que hemos elegido conmemorar tiene un carácter muy selectivo”, con representaciones a menudo “nostálgico-triunfalistas” y fragmentarias. Conviene tener presente este problema para construir un relato sobre el pasado, o mejor, unos relatos, que no estén fundados sobre criterios de oportunidad política, sino sobre principios sólidos. Así se refleja en el informe publicado por la comisión de expertos que definió los cimientos intelectuales del Memorial. Entre ellos figura la necesidad de contextualizar la historia del terrorismo, narrando los padecimientos de las víctimas, las características de los perpetradores y de sus entornos de apoyo, así como las diferentes actitudes sociales en relación con la violencia a lo largo del tiempo, y las respuestas políticas, judiciales y policiales a ese fenómeno, sin esquivar el caso del terrorismo parapolicial.

El patronato del Memorial cuenta con una representación plural: la Administración General del Estado, el Gobierno Vasco, el Gobierno de Navarra, los gobiernos de las demás comunidades autónomas, el ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz y las víctimas del terrorismo. El organigrama de la entidad se completa con un consejo asesor en el que estarán representadas las víctimas del terrorismo.

Lejos de ser una iniciativa local, nos sumamos a una tendencia internacional. La historiadora Coro Rubio contabiliza 40 museos dedicados a la Resistencia en Francia, 30 al Holocausto en Alemania, 16 a los campos de concentración y exterminio de Polonia… Muchos de ellos han sido impulsados desde la década de 1990. En cuanto al fenómeno específico del terrorismo, hay un centro señero, el Memorial del 11-S de Nueva York, en cuyo espejo nos miramos, también por lo que respecta al recuerdo de los atentados del 11-M, la mayor masacre terrorista cometida en España.

Para su futura exposición y su archivo, el Memorial de Vitoria-Gasteiz está recogiendo todas las fuentes sobre la historia del terrorismo en España: bibliografía, documentos de organizaciones pacifistas, del movimiento cívico, de ETA y otras organizaciones terroristas, informes policiales y judiciales, fondo de entrevistas, autobiografías, películas… Todo ello irá ayudando a reconstruir el pasado de forma fiel y rigurosa.

Las víctimas no son un resultado inevitable de la evolución de la historia. No son una fatalidad del destino, sino que se señala la responsabilidad de los perpetradores y se legisla para protegerlas, partiendo de una tríada tradicional de demandas: verdad, justicia y reparación, a la que se ha añadido un cuarto elemento que ha llegado para quedarse: la memoria. El terrorismo provoca consecuencias irreversibles que no debemos ignorar y de las que podemos extraer una lección moral útil para toda la sociedad. El Memorial de Vitoria-Gasteiz se guía por este propósito. Vale la pena emprender el esfuerzo.

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3 mayo, 2017 · 7:52