GFS: “El legado de la herida del terrorismo en España”, El País, 4-VI-2021

El 13 de septiembre de 1974, ETA colocó una bomba en la cafetería Rolando de la madrileña calle Correo, cercana a la Dirección General de Seguridad (DGS). Fueron asesinadas 12 personas y otras 73 sufrieron heridas. El objetivo era la policía, pero solo pertenecía a dicho cuerpo la decimotercera víctima mortal, el inspector Félix Ayuso Pinel, que falleció en enero de 1977 a consecuencia de las secuelas de la explosión. En vez de asumir la autoría, ETA culpó a “núcleos ultrafascistas”.

El 26 de mayo de 1979, un atentado de los GRAPO en la cafetería California 47 (Madrid) acabó con la vida de 9 camareros y clientes y causó lesiones a otros 56. El comando lo había tomado por un local frecuentado por militantes de la formación neofranquista Fuerza Nueva, pero no era verdad: simplemente solían poner un puesto fuera de California 47. Los únicos damnificados fueron quienes trabajaban o merendaban en el establecimiento. Asustados por la dimensión de la masacre, los GRAPO negaron su responsabilidad.

El 23 de noviembre de 1980, dos terroristas ametrallaron el bar Hendayais (Hendaya). Aquel ataque parapolicial dejó nueve heridos y dos fallecidos: el obrero José Camio, natural de Urnieta aunque nacionalizado francés, y el jubilado Jean Pierre Haramendi, de Hendaya. Los pistoleros sospechaban que en aquel momento el local estaba concurrido por etarras, pero se equivocaban. Ninguno de los damnificados tenía vinculación con ETA.

El 12 de abril de 1985, una bomba explotó en el restaurante El Descanso (Madrid). Hubo 18 víctimas mortales y 84 supervivientes con lesiones. El blanco de aquel atentado eran los soldados estadounidenses de la Base Aérea de Torrejón de Ardoz, pero no hubo ni uno entre los fallecidos, ya que cenaban a una hora más temprana. La matanza fue reivindicada por la palestina Waad y la libanesa Yihad Islámica, siendo esta última la opción más probable.

Aunque se escuden en justificaciones distintas, los terroristas, sus acciones y las consecuencias de las mismas se parecen mucho. El aire de familia es inconfundible. Al fin y al cabo, los perpetradores están guiados por el mismo principio inmoral: el fin justifica los medios sangrientos. Desde su perspectiva, las víctimas no importan. Son meros instrumentos para atemorizar a la población y presionar al Gobierno con el fin de conseguir sus objetivos, sean estos los que sean.

España ha sido uno de los Estados europeos más golpeados por la violencia política. Desde la bomba del Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL) que mató a la pequeña Begoña Urroz en 1960, fecha de inicio que marca la Ley de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo, 1.453 personas han sido asesinadas en atentados y 4.983 heridas. Habría que sumarles un número indeterminado de secuestrados, transterrados, extorsionados, damnificados económicamente, amenazados, etc.

Hoy estamos en condiciones de cuantificar los crímenes de las organizaciones terroristas que han operado en nuestro país. Para facilitar la comprensión del fenómeno las agruparemos en cuatro grandes conjuntos: nacionalista radical, extrema izquierda, ultraderechista/parapolicial e internacional/yihadista.

Euskadi Ta Askatasuna (1959-2018) ha sido la banda más longeva y letal, además de la única que ha contado con un entorno civil sólido. El balance de su actividad arroja un saldo de más de 3.500 atentados, 853 asesinatos, 2.632 heridos y 86 secuestrados. Como es manifiesto, ETA condicionó negativamente nuestro pasado reciente, especialmente la Transición democrática. Por añadidura, sus imitadores en Cataluña, Galicia y las Islas Canarias ocasionaron otras nueve víctimas mortales.

Las organizaciones terroristas de extrema izquierda mataron a 110 personas. La mayoría de sus acciones llevaban la firma de los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO), responsables de 92 asesinatos, el último en 2006. Muy lejos en este macabro ranking quedaban el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) y grupúsculos como los GAA, el Colectivo Hoz y Martillo, el FRAVA o Iraultza.

Los terroristas de índole neofascista o parapolicial causaron 91 víctimas mortales. Aunque durante la Transición se camuflaron con siglas como las de ATE, Triple A o Batallón Vasco Español, etc., una simple pantalla, las más conocidas fueron las de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), autores de 27 asesinatos entre 1983 y 1987.

El terrorismo transfronterizo de carácter nacionalista y laico, preyihadista, segó 13 vidas entre 1973 y 1985. Desde la masacre de El Descanso a los dos periodistas asesinados en Burkina Faso recientemente, el de corte yihadista ha dejado 290 víctimas mortales y 2.036 heridos. 192 de los fallecidos corresponden a los atentados del 11 de marzo de 2004, los más brutales de nuestra historia.

El terrorismo no solo provocó un inmenso daño, sino que desembocó en un fracaso sangriento. Los atentados no consiguieron dibujar nuevas fronteras en la península para crear Estados etnolingüisticamente homogéneos, ni imponer una dictadura estalinista, ni resucitar la dictadura franquista ni implantar la sharía en un neocalifato de Al Ándalus. La cada vez más evidente certeza de que sus ataques eran inútiles fue desmoralizando al terrorismo doméstico. La eficaz actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el CNI lo neutralizó definitivamente.

Por desgracia, eso no significa que este tipo de violencia sea cosa del pasado. De acuerdo con la Global Terrorism Database, entre los años 2000 y 2018 los perpetradores asesinaron a 231.870 personas en todo el planeta. Aun reduciendo el foco, las cifras siguen siendo escalofriantes. El Libro blanco y negro del terrorismo en Europa, cuyos datos han sido actualizados por el Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, indica que desde 2000 a 2020 los atentados han costado la vida de 1.944 ciudadanos de la UE.

En su mayoría tales crímenes fueron cometidos por grupos o individuos yihadistas y, en menor medida, ultraderechistas. Son las principales amenazas terroristas a las que nos enfrentamos en la actualidad. Mas no debemos ignorar otras, tal vez menos visibles, pero peligrosas a largo plazo. En ciertos ámbitos se han perpetuado el blanqueamiento del terrorismo, el fanatismo y los discursos del odio. Precisamente ese fue el caldo de cultivo del que surgieron ETA, los GRAPO y las siglas neofranquistas, por lo que nadie nos garantiza que la violencia de uno u otro signo no pueda reactivarse en el futuro.

Mejor prevenir que curar. Por eso es útil la labor de instituciones como el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, que dirige Florencio Domínguez y ha sido inaugurado esta semana. Por un lado, sirve para homenajear y recordar a todos los damnificados. Por otro, elabora y difunde un relato veraz acerca de las páginas más oscuras de nuestra historia. Por último, impulsa proyectos que buscan concienciar a los más jóvenes e impedir los procesos de radicalización. El centro es una fundación pública al servicio de la sociedad, pero la tarea de prevención nos incumbe a todos. Como escribió el superviviente del Holocausto Primo Levi, “lo sucedido puede volver a suceder, las consciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también. Por ello, meditar sobre lo que pasó es deber de todos”.

Fuente original: El País

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Ignacio Echeverría Miralles de Imperial

El monopatín de Ignacio Echeverría expuesto en el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. Fuente: Casa Real

Nació en 1978 en El Ferrol, se crio en As Pontes de García Rodríguez y pasó el resto de su infancia y juventud en Las Rozas. Se licenció en Derecho Hispano Francés e hizo un máster en La Sorbona. Tras pasar por varias entidades financieras buscó fortuna en Londres, donde le contrató el banco HSBC como analista en prevención de blanqueo de capitales.​

Era católico practicante y había padecido acoso laboral, lo que reforzó su predisposición a salir en defensa de cualquiera que sufriera maltrato. En palabras de una amiga, «ante situaciones injustas, no se podía contener». También destacaba por su carácter solidario, al que su padre, Joaquín, da el hermoso nombre de «bondad». En su biografía sobran los ejemplos. En una ocasión, cuando estaba haciendo surf, rescató a un matrimonio que se había quedado atrapado por la corriente en la playa de Oyambre (Cantabria). Otra muestra: a menudo Ignacio visitaba a un joven marroquí que pasaba una larga convalecencia en un hospital londinense y estaba solo. Se habían conocido compartiendo su afición al monopatín.

Ignacio era un hombre bueno con una vida normal que tuvo que enfrentarse a una situación inesperada y excepcional. La noche del sábado 3 de junio de 2017 un automóvil atropelló a varios peatones en la acera del puente de Londres. Tres hombres bajaron del vehículo y empezaron a apuñalar a los viandantes tanto allí como en un mercado cercano. Causaron ocho víctimas mortales y 48 heridos. Aunque al principio hubo dudas acerca de la autoría, el Dáesh no tardó en reivindicar el atentado terrorista.

Alrededor de las 23:00 horas Ignacio y unos amigos estaban yendo en bicicleta cuando vieron a un individuo atacando a una chica. No sabían lo que estaba ocurriendo, pero fue suficiente para Ignacio: tiró la bici, cogió su monopatín y arremetió contra el yihadista. Lo golpeó, evitando que rematara a su víctima. Inmediatamente entró en escena un policía, pero fue herido. Ignacio se había quedado solo frente a tres terroristas. Superado numéricamente, fue acuchillado. En el suelo aún intentó utilizar el monopatín como escudo, pero ellos eran más. Lo mataron. Tanto la muchacha como el agente sobrevivieron.

La Policía británica encontró el DNI de Ignacio entre sus ropas, por lo que lo identificaron esa misma noche. Sin embargo, tardaron cuatro días en confirmar su muerte a la familia. Demasiados. Esta frialdad institucional contrasta, según su padre, con la atención más humana que se dispensa en España a los damnificados, gracias a la labor de organismos como la Dirección General de Apoyo a Víctimas del Terrorismo y las diversas asociaciones de víctimas.

En el Génesis, cuando Dios anuncia que va a destruir Sodoma y Gomorra, Abraham intercede. Yahveh accede a perdonarlas, siempre que encuentre a diez hombres justos. Pese a sus esfuerzos, no lo consigue y ambas ciudades son borradas de la faz de la tierra. Quizá a Abraham no le hubiera costado tanto hallar justos en Londres en junio de 2017.

No es de extrañar que la prensa haya convertido a Ignacio en «el héroe del monopatín». Encaja perfectamente en la definición que da el Diccionario de la RAE: una «persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble». Y no hay causa más noble que proteger a otro ser humano. Como leemos en el Talmud, «quien salva una vida salva al mundo entero».

El heroísmo de Ignacio ha sido reconocido a título póstumo con condecoraciones como la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo y la Medalla de Jorge que entregó a sus padres la reina Isabel II de Reino Unido. También ha recibido distinciones como el Premio Internacional COVITE. Además, el instituto donde cursó bachillerato ha sido rebautizado con su nombre. A estos reconocimientos se suma el del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo: el monopatín de Ignacio ocupa un lugar especial en su sede de Vitoria, que ha abierto sus puertas en 2021.

Este texto es un fragmento del libro El terrorismo en España. De ETA al Dáesh

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Novedad editorial. David Mota publica “En manos del tío Sam. ETA y los Estados Unidos”

EN MANOS DEL TÍO SAM

En las últimas décadas la historia de ETA ha sido estudiada de manera exhaustiva por diferentes investigadores de disciplinas muy dispares: antropología, sociología, politología, historia y periodismo. En muchos casos, las fuentes utilizadas han procedido de las publicaciones de la propia ETA, de la prensa de su entorno y de las obras realizadas por sus exmilitantes. También de archivos públicos, privados, locales, regionales y nacionales, si bien contando con limitaciones cronológicas de consulta. Esto ha obligado a que los investigadores hayan optado por mirar hacia otros archivos de Europa y América para estudiar la historia de ETA y obtener nueva documentación que ayude a arrojar algo más de luz a los claroscuros que ésta aún contiene. En manos del tío Sam. ETA y Estados Unidos es, en este sentido, una obra pionera al fundamentarse en documentación estadounidense y reconstruir sobre esta base la historia de la organización terrorista. Se aborda, además, la narrativa de Estados Unidos sobre ETA; es decir, cómo el Departamento de Estado y sus agencias, entre ellas la CIA, interpretaron sus estrategias y acciones terroristas en el contexto, primero, del franquismo, y, posteriormente, de la Transición y la democracia. Para realizar este análisis, esta obra se nutre de cientos de documentos obtenidos en los National Archives and Records Administration de College Park (Maryland, Estados Unidos) y presta especial atención tanto a la correspondencia de los consulados y embajadas de Madrid, Bilbao, Paris y Burdeos como a los informes de la citada agencia de inteligencia norteamericana. A través de esta obra se trata de que el lector se ponga en la piel de los funcionarios y agentes estadounidenses que analizaron el fenómeno terrorista para entender su perspectiva de acuerdo con sus intereses sobre la península ibérica.

Esta obra de David Mota Zurdo es producto de un proyecto conjunto de la UPV/EHU y el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo.

Más información, aquí

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Presentación de “El terrorismo en España” en el KM de San Sebastián

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27 mayo, 2021 · 13:33

Nuevo podcast.

Relatos Memorial VT. Testimonios sobre radicalización yihadista en el núcleo familiar

Relatos Memorial VT. Testimonios sobre radicalización yihadista en el núcleo familiar

Pueden escucharlo aquí

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Presentación en Pamplona de “El terrorismo en España. De ETA al Dáesh”

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13 mayo, 2021 · 9:41

Vídeo de la presentación en Vitoria

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Curso de verano en Soria: “Los retos del relato. Terrorismo, universidad y divulgación”

15 de julio / jueves

Mañana

La universidad ante el terror

10:00 h. Apertura

Florencio Domínguez (CMVT) y J. Á. González Sainz (CIAM)

10:30 h. Mesa redonda: La academia en la diana

Modera Gaizka Fernández Soldevilla (CMVT)

María Jiménez Ramos (UNAV), Raúl López Romo (CMVT) y Ana Escauriaza (UPV/EHU)

12:15 h. Mesa redonda: El acoso a los profesores en primera persona

Modera María Jiménez (UNAV)

Txema Portillo (UPV/EHU), Javier Fernández Sebastián (UPV/EHU) y Ofa Bezunartea (Universidad de Sevilla)

17: 00 h. Comunicaciones

Presenta J. Á. González Sainz (CIAM)

19:00 h. Félix Ovejero  (Universidad de Barcelona)

El compromiso intelectual en las guerras digitales

16 de julio / viernes

Nuevos formatos para la construcción del relato

10:00 h. Las contra/narrativas del terror

Modera María Jiménez (UNAV)

Martín Alonso, Matteo Re (URJC) y Eleonora Esposito (UNAV)

11:30 h. Nuevos formatos: el periodismo al servicio de la Historia

Óscar Beltrán de Otálora (Vocento)

12:15 h. Mesa redonda: Podcast y divulgación histórica

Modera Gaizka Fernández Soldevilla (CMVT)

Francisco J. Girao (Sierra Delta), Gerión de Contestania (La Biblioteca de la Historia) y Fernando Díaz Villanueva (La ContraHistoria)

17:00 h. Mesa redonda de víctimas

Modera Florencio Domínguez (CMVT)

Maite Araluce (AVT), F. Javier López Ruiz (ACFSE) y José Ignacio Toca (ANVITE)

Organizadores

Más información y matrícula aquí

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Presentación en Vitoria de “El terrorismo en España”

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7 mayo, 2021 · 6:08

Vídeo del acto de presentación de Bilbao

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