Novedad editorial: “40 textos fundamentales en la Hª Contemporánea del País Vasco” de Virginia López de Maturana Diéguez

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Más información sobre la obra aquí

 

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Santiago de Pablo: “Reescribiendo la historia”

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GFS: “El nacionalismo radical contra el turismo”, El Correo, 26-VIII-2017

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Este verano jóvenes nacionalistas vascos radicales han impulsado una campaña contra el turismo, que ha recibido bastante atención política y mediática. Aunque a veces se ha señalado que solo se trata de una burda y fugaz imitación de la de sus homólogos catalanes, la cruzada de los aberzales desprende un vetusto aroma familiar. Para muestra, un botón.

En septiembre de 1895 el periódico Bizkaitarra, dirigido por Sabino Arana, publicó un artículo del entonces extremista Engracio Aranzadi titulado “La invasión maketa en Gipuzkoa”. Como recoge Santiago de Pablo en La patria soñada, en el texto se “denunciaba la periódica llegada en masa de veraneantes madrileños, incluyendo a la familia real, a San Sebastián, corrompiendo el sano ambiente de la capital guipuzcoana con sus costumbres depravadas”. Los turistas eran tildados, entre otras cosas, de “azote del diablo” y “monstruosas arañas, tan traidoras como repugnantes”.

Cabe preguntarse si hay algo nuevo bajo el sol estival. A fin de cuentas, uno de los rasgos característicos de la rama radical del nacionalismo vasco (en realidad, de casi cualquier nacionalismo) ha sido el rechazo a la figura de “el otro”: por lo general el inmigrante, pero también, puntualmente, el veraneante. Ahora bien, hasta la aparición de ETA hubo pocas muestras públicas de fobia a quienes pasaban las vacaciones en Euskadi. Y ningún ataque organizado.

La primera ofensiva tuvo el sello de Los Cabras, una escisión militarista de ETA. A pesar de sus ínfulas de guerrilla rural, no pasaron de marchar por el monte, hacer sabotajes y provocar incendios forestales. En el verano de 1967 Los Cabras se dedicaron a quemar coches y caravanas de viajeros europeos que pasaban por Vizcaya. En uno de sus pasquines se advertía: “Muerte a los turistas”. El cabecilla, Xabier Zumalde (El Cabra), reconoce en sus memorias que “abandonamos esta práctica porque al silenciarla la prensa (…), nuestro objetivo propagandístico quedaba totalmente anulado. Además, nos parecía una operación bastante fea”.

En 1972 ETA V atacó sendas oficinas turísticas en Vitoria y Zarauz, pero la cosa no pasó a mayores. Los genuinos continuadores de Los Cabras surgieron al otro lado de la frontera: muchos de los atentados cometidos por Iparretarrak tuvieron como blanco al sector turístico vascofrancés. Sus epígonos todavía realizan destrozos de vez en cuando.

Durante la Transición ETA político-militar protagonizó dos campañas contra el turismo para presionar al Gobierno de Adolfo Suárez. En el verano de 1979 esta banda colocó más de una decena de bombas con temporizador en diversas poblaciones de la costa mediterránea, resultando heridos dos ciudadanos belgas. Cuando la dirección de ETApm había dado la operación por concluida, un comando decidió poner artefactos en el aeropuerto de Barajas y las estaciones de tren de Chamartín y Atocha. Explotaron el 29 de julio de 1979, dejando decenas de personas heridas y siete muertas: José Manuel Amaya, Dorothy Fertig, José Manuel Juan, Juan Luna, Jesús Emilio Pérez, Guadalupe Redondo y Dionisio Rey. Pese a la masacre, en el verano de 1980 ETApm puso en marcha una segunda campaña. El ministro del Interior Juan José Rosón reaccionó con rapidez y contundencia, concentrando la acción policial sobre el partido EIA, vinculado a los polimilis. Ahí terminó.

Años después ETA militar copió la idea. Según los propios terroristas, pretendían hacer “el mayor daño posible”. Aterrorizando al turismo internacional, se perjudicaba a uno de los sectores estratégicos de “los intereses económicos españoles”. La banda esperaba que tal amenaza hiciera mella en el Gobierno, que no tendría más remedio que ceder a sus pretensiones. Así, ETAm ha colocado alrededor de dos centenares de bombas en paradores, hoteles, casinos, discotecas, restaurantes, auditorios, parques, centros comerciales, puertos deportivos, playas, ferris, oficinas de información, estaciones de autobús, aeropuertos, autopistas o vías de tren. Lo hizo en toda España, aunque especialmente en la costa y en ciudades emblemáticas. Veamos algunos ejemplos. En agosto de 1993 se produjo una explosión en Barcelona que provocó dos heridos. En abril de 1997 un atentado dejó otro herido en Sevilla. En marzo de 2001 un coche bomba situado frente a un hotel en Rosas (Gerona) mató a Santos Santamaría, agente de los Mossos d’Esquadra. El 22 julio de 2003 sendos artefactos estallaron en Alicante y Benidorm, causando heridas a cuatro personas.

El terrorismo fracasó en su empeño. No obstante, según los cálculos de Florencio Domínguez, entre las dos ramas de ETA realizaron 225 atentados contra el turismo, con un resultado de ocho víctimas mortales. Un saldo espeluznante que conviene recordar, especialmente al 44% de la sociedad vasca que tiene prisa por pasar página.

Por suerte, esa no ha sido la vía por la que ha transitado la campaña de la nueva generación de ultranacionalistas. Tampoco da la impresión de que cambiar el modelo turístico sea su auténtico objetivo. Si aspiran a algo, es a salvaguardar la pureza de la patria y, sobre todo, lograr publicidad gratuita. En este sentido, ya de buscarles un antecedente histórico, la actitud de los jóvenes abertzales radicales recuerda más bien a la de Los Cabras. Nunca mejor dicho.
PS: Algunos pasquines de Los Cabras aquí

 

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Curso “El mundo musulmánn y los islamismos en el tiempo presente” (Universidad de Cantabria)

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José Antonio Pérez y Gaizka Fernández Soldevilla: “La historia sin documentos”

Pueden leer el artículo que nos ha publicado El Español aquí

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El Ayuntamiento de Santoña acoge una exposición dedicada a las víctimas del terrorismo

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Del 7 al 31 de agosto, el Ayuntamiento de Santoña acogerá una exposición dedicada a las víctimas del terrorismo en Cantabria y en otros atentados

 EXPOSICIÓN “DE HIPERCOR A ERMUA” EN SANTOÑA

– La organización de la muestra está realizada por el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y la Fundación Víctimas del Terrorismo con la colaboración del Ayuntamiento de Santoña, la Agencia Efe y los diarios del Grupo Vocento, El Diario Montañés y El Correo.

– Las 27 fotografías han sido cedidas gratuitamente por la Agencia Efe, El Diario Montañés, El Correo y Fidel Raso, reportero gráfico del desaparecido Diario 16.

-La exposición incluye un panel con los nombres y apellidos de las 23 víctimas de ETA vinculadas a Cantabria, imágenes de atentados de la banda terrorista y un espacio de documentación con portadas de prensa de la época.

 

2017 es un año de aniversarios de atentados de ETA en Cantabria y en el resto de España. Se cumplen treinta años de los atentados más sangrientos de ETA, en el centro comercial Hipercor de Barcelona, donde se registraron 21 muertos y 45 heridos, y en la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, donde la banda terrorista dejó un siniestro balance de 11 muertos y 88 heridos. Una década más tarde, en 1997, se produjo el secuestro y asesinato de Miguel Angel Blanco, concejal del Partido Popular en la localidad vizcaína de Ermua.

Entretanto, Cantabria también sufrió los efectos de ETA, especialmente en 1992, en el atentado en el popular barrio santanderino de La Albericia, del que se cumplen 25 años. El 19 de febrero de 1992, la explosión de un coche-bomba al paso de una furgoneta de la Policía Nacional dejó como balance tres víctimas mortales y diecinueve heridos. Fue una acción sangrienta más con la que la banda terrorista intentó inútilmente doblegar al Estado para obligarle a negociar sus pretensiones.

La exposición “De Hipercor a Ermua” trata de recordar a las víctimas de aquellos salvajes atentados que estremecieron y conmocionaron a toda España produciendo reacciones sociales e institucionales sin precedentes en nuestra democracia. De la mano de 27 fotografías de la Agencia Efe, El Diario Montañés, Fidel Raso/Diario 16 y El Correo, la muestra busca que estos trágicos acontecimientos no caigan en el olvido y no vuelvan a repetirse. Además de esas imágenes, se exhibe un panel en un roll-up con los nombres de todas las víctimas de ETA en o de Cantabria, y un espacio de información, donde pueden consultarse las primeras páginas de diferentes periódicos de la época.

La lista negra de las 23 víctimas de ETA vinculadas a Cantabria se cierra con el brigada del Ejército de Tierra, Luis Conde de la Cruz, víctima mortal de la explosión de un coche-bomba de ETA, el 22 de septiembre de 2008, frente al Patronato Militar Virgen del Puerto de Santoña, localidad en la que pasaba sus vacaciones.

La inauguración oficial de la muestra tendrá lugar el lunes, día 14 de agosto, a las 12 del mediodía, con presencia del alcalde de Santoña, Sergio Abascal, y el director del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Florencio Domínguez.

Sin embargo, la exposición estará abierta desde el día 7 de agosto, hasta el próximo día 31, en horario de lunes a viernes de 08:00 a 15.00 horas. La entrada será gratuita.

 

DÍAS:     Del 7 al 31 de agosto de 2017.

LUGAR: Ayuntamiento de Santoña. Palacio de Manzanedo

Calle Manzanedo,27

SANTOÑA

 

 ENTRADA GRATUITA

 

 

 

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“Una lección incómoda”, El Correo, 28-VII-2017

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Una lección incómoda

Gaizka Fernández Soldevilla

Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo

Rafael Leonisio

Euskobarómetro (UPV/EHU)


 

Por encargo del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, el Euskobarómetro ha elaborado un informe acerca de la actitud de la sociedad vasca ante las víctimas de ETA. Una de las preguntas que se hace a los 1.200 encuestados es cómo abordar nuestro pasado reciente. Un 43% se decanta por cultivar la memoria de las víctimas del terrorismo. Sin embargo, un 44% quiere pasar página. Hacerlo supondría seguir mirando hacia otro lado, actuar como si aquí nunca hubiera ocurrido nada, como si la violencia de ETA no hubiese existido.

El olvido es un escarnio a las víctimas y una oportunidad para la propaganda ultranacionalista que pretende legitimar los crímenes de la banda. Cicerón dejó escrito que la historia es magistra vitae, maestra de la vida. Ignorarla significa negarse a aprender una lección incómoda pero esencial, sobre nuestro pasado y sobre nosotros mismos. En palabras de Primo Levi, “lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también”. Si no sabemos lo que ocurrió, corremos el riesgo de repetirlo.

Pasando página, la historia es sustituida por un recuerdo consolador y edulcorado, pero poco fiable. El trabajo del Euskobarómetro lo refleja con claridad. Cuando se pide a la ciudadanía que indique qué actores han contribuido al fin del terrorismo, estos resaltan el protagonismo de la movilización de la sociedad civil en general. Es el agente que más destacan (6,5 en una escala de 1 a 10 donde 10 es la máxima contribución), por delante de la evolución interna de la “izquierda abertzale” (6,1), los movimientos cívicos de resistencia (5,6) y muy por encima de, entre otros, la actuación de la Ertzaintza (4,9) o las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (4,7).

Ahora bien, siguiendo el propio informe, únicamente el 37% de los encuestados participaron alguna vez (30%) o en bastantes ocasiones (7%) en iniciativas contra la violencia de ETA. El 59% confiesa que no lo hizo nunca. Podría achacarse este último dato al hecho de que en la actualidad hay muchos jóvenes que no han vivido la etapa en la que los atentados terroristas eran cotidianos. No obstante, si eliminamos de la muestra a los menores de 35 años, los números son prácticamente los mismos: 9% de movilizados habituales, 33% de ocasionales y un 58% que dice que nunca se movilizó.

¿Esa minoría activa es una fiel representación del conjunto de la sociedad vasca? La respuesta es negativa: tiene unas características específicas en cuanto a ideas políticas e identidad. Así, si bien un 51% de la población se declara no nacionalista, ese porcentaje sube a un 64% en el caso de quienes participaron en iniciativas pacifistas. Correlativamente, un 41% de ellos se sienten tan vascos como españoles (frente a un 30% de toda la sociedad), un 13% solo españoles o más españoles que vascos (4 puntos más que el resto) y un 38% se consideran más vascos o solo vascos (cuando en el total esas dos opciones suman el 56%). En otras palabras, los ciudadanos movilizados, aquellos a los que se atribuye el final de ETA, tienen un perfil diferente al del conjunto de la población vasca. Poco mainstream, podríamos decir, ya que la ideología dominante, el nacionalismo, tiene una presencia minoritaria. Es algo que también se ve cruzando esta pregunta con el recuerdo de voto. Siendo la movilización minoritaria en todos los electorados, solo el 3% de quienes apoyaron a EH Bildu en las autonómicas de 2016 se movilizaron habitualmente contra ETA, porcentaje que sube en el electorado del PNV (8%) y Podemos (13%) pero, sobre todo, entre el del PP (17%) y el PSE-EE (18%).

Los datos cuestionan la complaciente imagen de una banda terrorista derrotada por el rechazo activo de la gran mayoría social. Es cierto que casi toda la población vasca estaba contra ETA, pero solo una minoría se atrevió a demostrarlo en la calle, movilizándose con cierta frecuencia. Fue el caso de quienes se pusieron el lazo azul en la solapa o acudieron a los actos organizados por las instituciones democráticas y los grupos pacifistas: Gesto por la Paz, Denon Artean, la Asociación Pro Derechos Humanos, Bakea Orain, etc. En Euskadi hubo miles de ciudadanos que tuvieron el valor de ejercer como tales frente al terror, pero fueron muchos más, una mayoría abrumadora, los que prefirieron quedarse en casa. Lo hicieron por diversas razones, la más poderosa de las cuales fue el miedo a ETA y sus cómplices: los radicales que señalaban, presionaban y atacaban a quienes se sumaban a iniciativas pacifistas.

Guste o no, esa es la cruda realidad acerca de nuestro pasado. ¿Y el futuro? Al respecto el informe arroja resultados esperanzadores. Por un lado, la absoluta mayoría de los encuestados se declaran en contra de los homenajes a presos de ETA excarcelados (74%) y de las pintadas que los enaltecen a ellos y a la banda (79%). Por otro, el 83% de nuestros conciudadanos creen que las víctimas del terrorismo merecen reconocimiento público y memoria. ¿Cómo materializarlos? Mediante programas educativos (62%), documentales y películas (57%), así como trabajos académicos (51%). Ya los está impulsando el Centro Memorial, que es considerado necesario por el 53% de la sociedad vasca.

Leamos la página. Aprendamos la lección.

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