Diario de un profesor detective: El asesino de Julio Verne I

Diario de un profesor detective: El asesino de Julio Verne I

Por la ventana, haciendo aún más deprimente aquel día gris en el que el invierno estaba intentando volver al Norte, la llovizna caía mansamente. Miré cómo una paloma se refugiaba bajo un árbol y luego, armándome de valor, intenté concentrar mi atención en el cadáver. Perdón, en aquel trozo de cadáver. Arrancado, cercenado, mutilado.
Fue a eso de las 9:00. Habíamos corregido una serie de ejercicios en el aula (soy de los que siempre mando deberes), pero a media clase decidí hacer algo un poco más dinámico, así que fuimos a la biblioteca del instituto a seguir con un trabajo que están haciendo sobre la Guerra Civil. Y allí estaba el cadáver. Una de mis alumnas lo encontró en el suelo y me lo entregó: un avión de papel. Le pedí que lo tirara a la papelera de reciclaje, pero ella, conociéndome como solo un estudiante aprende a conocer a su maestro, me advirtió que seguramente me interesaría verlo. Tenía razón. Al desplegar la hoja he comprobado que se trataba de la página 65-66 de “Veinte mil leguas de viaje submarino” de Julio Verne, uno de mis libros favoritos (de pequeño solía decir “lenguas” en vez de “leguas”). El capitán Nemo y el Nautilus destruidos. Qué inmenso horror. Mutatis mutandi, el mismo que se puede sentir al descubrir un brazo amputado en medio del bosque. Casi peor, pues el escenario del crimen era la biblioteca. Verne había sido asesinado frente a cientos de aterrorizados testigos, que quizá temían ser las próximas víctimas del psicópata. Me he jurado encontrar al culpable y entregarlo a la justicia. Ningún delito sin castigo, pero, ¿cuál es la pena por librocidio? ¿La horca, la silla eléctrica, el pelotón de fusilamiento? ¿Alguna sugerencia?
Las primeras pesquisas indican que el asesino de Verne no robó la obra de la biblioteca del instituto, sino de la municipal de Escalante, que, al parecer, está siendo impunemente desvalijada por determinados bárbaros locales. Eso indica claramente la procedencia del criminal, pero tal vez también la eventualidad de que tenga cómplices. Al parecer, el tipo jugó al “me quiere, no me quiere” con las hojas de “Veinte mil leguas de viaje submarino”. Es solo una hipótesis de trabajo, pero supongo que le salió “no me quiere nadie porque soy un maldito verdugo de libros”. Juro que caerá. Espero resolver el caso a lo largo de la mañana. No soy precisamente Marlowe, pero hay demasiadas pistas. Y un reguero de hojas cercenadas… No podrá escapar de la justicia. Y, si no hay justicia, no podrá escapar de mi ira.

Las primeras pesquisas indican que el asesino de Verne robó la obra de la biblioteca de Escalante. Al parecer, jugó al “me quiere, no me quiere” con las hojas del libro. Es solo una hipótesis de trabajo, pero supongo que le salió “no me quiere nadie porque soy un maldito librocida”. Espero resolver el caso a lo largo de la mañana. Seguiré informando.

2 comentarios

18 abril, 2013 · 7:43

2 Respuestas a “Diario de un profesor detective: El asesino de Julio Verne I

  1. Ral Lpez Romo

    Eso es claramente un ataque faxista-imperialista. Los cerebros no estn en remotas montaas ni en lluviosos desiertos.

    Date: Thu, 18 Apr 2013 07:43:25 +0000 To: raulhistoria@hotmail.com

  2. Mmmh, ¿no habrás sido tú, bribón?

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