Muy recomendable artículo de Rafael Leonisio
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Es el asesinato de Miguel Ángel Blanco por anunciado, el que marca un antes y un después en el tratamiento a las víctimas, presencié en una ocasión una explosión en un coche a escasos 30 metros de donde me encontraba, era en el barrio de Loyola cerca de los cuarteles de infantería, una persona joven con las piernas destrozadas chillaba de forma desgarradora, me quedé junto a el sin saber si era prudente moverlo o no, llegaron muy pronto los auxilios, y la gente pasaba de largo sin siquiera mirarlo…el miedo era evidente, la sociedad se había acostumbrado a mirar hacia otro lado, y se imponía el » algo habrá hecho» luego supe que el coche era parecido al de un sargento del cercano cuartel y que se habían equivocado…fueron muchos los casos parecidos, y se limitaban en ocasiones a un airoso » pedir perdón al pueblo vasco» desde Miguel Ángel Blanco, todo cambió y hoy con la irrupción en escena de unas asociaciones acompañadas de simbología de extrema derecha, desvirtúan el tema haciendo que parte de la ciudadanía se reafirme en su apoyo al fenómeno de la violencia nacionalista.
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Lo peor del miedo es el aspecto degradante del que lo experimenta. Creo que durante el caso Blanco fue muy importante que los medios de comunicación (también atemorizados) dieran un salto cualitativo, en especial la radio que hizo programas especiales «en vivo» durante la espera del desenlace. Eso hizo sentirse arropado al miserable gusano pisoteado que se sentía el ciudadano medio y le empujó a salir a la calle, a esperar, y a protestar con su espera. Una vez en la calle y sintiéndose masa pensó: «no nos pueden fichar-matar a tantos». Contra Franco las cosas estaban más claras, pero luego estaba también el chantaje moral, la cercanía físico-social de los victimarios.
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Pingback: Presos de ETA o víctimas. ¿En qué se han centrado los partidos políticos vascos cuando hablan de terrorismo? | Gaizka Fernández Soldevilla