¿Qué había de izquierda en ETA y la “izquierda abertzale” durante el franquismo y la Transición?

(Es necesario comenzar con una advertencia. Lo que sigue no es una reflexión sobre el presente del nacionalismo vasco radical, sino sobre su pasado, concretamente sobre su devenir durante el franquismo y la Transición, que es uno de los temas que he estudiado a lo largo de estos últimos años).
La primera ETA, lejos de situarse en una posición de izquierdas, había heredado del PNV su rechazo al marxismo en general y al comunismo en particular. En palabras de Manuel Pagoaga (Peixoto), «éramos euskaldunes y eso ya bastaba (…). Entonces más que ideología se trataba de intuición. Era algo así como un dolor de tripas. Lo tenías y ya está. No te preguntabas por qué, lo tienes y vale» (Punto y Hora, 7 al 14-X-1982). Según el que fuera el primer jefe del frente militar, Xabier Zumalde (el Cabra), «la ETA que nosotros fundamos creía en un ideal y en una patria. Nuestra doctrina era Euskadi, pasábamos del marxismo» (20 minutos, 4-X-2007). Ahora bien, a partir de 1962 un sector importante de la organización se acercó al socialismo, lo que trajo consigo importantes consecuencias. La más visible fue que en la IV Asamblea se aprobó el objetivo de una Euskadi independiente… y socialista. Pero, ¿se ha luchado por las dos cosas con el mismo ímpetu?
En el tardofranquismo la subcultura política del nacionalismo radical vinculado a ETA se dio a sí misma el nombre de «izquierda abertzale» (patriota) por pretender que su nacionalismo se había conjugado con alguna variedad de marxismo. No obstante, su ideología, su retórica y su práctica respondían principalmente a dos vectores bien diferentes: el ultranacionalismo y la legitimización de la violencia terrorista. El socialismo de la «izquierda abertzale» fue siempre un elemento secundario y, en ocasiones, simple retórica. A pesar de sus declaraciones, como la propia banda reconocía, «dentro de ETA siempre ha cabido todo el que se ha sentido abertzale. Hemos tenido y seguiremos teniendo en ETA abertzales no socialistas (…). En la historia de ETA solo ha habido expulsiones por una causa: por españolismo. A nadie se le ha expulsado por no ser socialista» (Zutik, nº 47, 1967).
Durante la dictadura aquellos que habían intentado profundizar en el marxismo y habían cuestionado algunos de los dogmas nacionalistas acabaron escindiéndose (o siendo expulsadas) para formar nuevas organizaciones no abertzales de extrema izquierda: ETA berri, Células Rojas y ETA VI. De igual manera, los colectivos disidentes de otras fuerzas que ingresaron en ETA tenían su origen en el nacionalismo tradicional (EGI, las juventudes del PNV) y no en el movimiento obrero. En conclusión, ni se puede caer en el error de interpretar literalmente el discurso pseudomarxista elaborado por la «izquierda abertzale», ajeno en gran medida a su práctica política durante los años de estudio, ni se debe utilizar acríticamente una etiqueta que el nacionalismo vasco radical ligado a ETA ha inventado para definirse a sí mismo.
Ahora bien, no ha faltado quien destacara la esencia marxista de la «izquierda abertzale», señalando que lo superficial era su pretendido nacionalismo. Tal interpretación ha sido tradicionalmente defendida por la corriente Bultzagilleak (primero situada dentro del PNV, después en EA y en Hamaikabat), cuyo órgano de expresión ha sido la revista Goiz Argi. Bultzagilleak, el sector más anticomunista del nacionalismo vasco, ha mantenido que la «izquierda abertzale» es un movimiento revolucionario de ideología marxista-leninista no genuinamente nacionalista. Una idea similar, aunque desde una perspectiva académica, ha sido expuesta por Iñigo Bullain, que a mi entender, Bullain comete el error, sobre el que ya advertía Kepa Aulestia, de interpretar literalmente los textos de ETA y la «izquierda abertzale». Como señala Jesús Casquete, explicar un movimiento colectivo en función exclusivamente del análisis del discurso que este elabora y difunde no parece acertado, ya que, a menudo, sus movilizaciones y prácticas sociales resultan bastante más elocuentes. Según Francisco Llera, entre 1978 y 1988 el 34,6% de las consignas de las mayores marchas populares de la «izquierda abertzale» hacían referencia a ETA y los presos de la banda, un 32,7% al etnonacionalismo, el 17,3% a movimientos sociales y el 15,4% a antirrepresión. En los años de la Transición las consignas sobre la organización terrorista y sus miembros detenidos llegaban al 69,5%. Es un claro ejemplo de cómo el discurso oficial de un movimiento puede ocultar lo que importa realmente a ese movimiento, es decir, las consignas por las que se moviliza.
De cualquier manera, tampoco parecen consistentes las conclusiones quienes consideran que la «izquierda abertzale» responde a una mezcla de extrema derecha y extrema izquierda o a una especie de fascismo vasco (tesis esta que inauguró el PNV, por cierto). Así, Jorge Oteiza bautizó a la doctrina de HB como «carlismo-leninismo» (Muga, nº 18, 1981) y más adelante Jon Juaristi y Antonio Elorza han comparado directamente a este sector político con el nazismo, lo que a mi juicio resulta incorrecto. Abusamos tanto de este tipo de términos que acabaran perdiendo todo su sentido, si no lo han hecho ya.
Si no era el izquierdismo, ¿qué diferenciaba a la autodenominada «izquierda abertzale» del resto del nacionalismo vasco? Además de su independentismo a ultranza, en lo que no merece la pena detenerse, el nacionalismo radical se distinguía por su relación con ETA y, por consiguiente, con la violencia. No solo me refiero a los vínculos orgánicos, que existieron en el caso de EIA con ETApm y de HASI-HB con ETAm, sino también a los más difusos, los emocionales. En la narrativa de la «izquierda abertzale» el papel que ocupaba la organización terrorista no tenía discusión. ETA más que la vanguardia dirigente era el caudillo o el Mesías (armado) del movimiento: un líder colectivo carismático cuya misión histórica era conducir al Pueblo Trabajador Vasco a la victoria final sobre el «Estado opresor». Autoerigiéndose como la continuación de las partidas carlistas y de los gudaris de la Guerra Civil, ETA se convertía así en el ansiado héroe libertador de la patria oprimida: el último, dramático, pero inevitable episodio del «conflicto vasco». Pondré algunos ejemplos, uno de cada uno de los partidos que conformaban el nacionalismo radical durante la Transición. Una carta publicada en el boletín de EIA a mediados de 1977 definía a sus simpatizantes como «elementos que han sido en estos últimos años, simplemente incondicionales de ETA y carecíamos de una mayor formación política» (Boletín interno de EIA, nº 5, VI-1977). Para otra agrupación de EIA «entendemos por izquierda abertzale, todo un sector social que ha nacido en este periodo de lucha contra el fascismo alrededor de la dinámica creada por ETA» (Boletín interno de EIA, nº 10, I-1978). Algo similar a lo que se podía leer en un documento presentado por LAIA a una reunión de KAS: «durante la época de la dictadura la gente entendía que la Izquierda Abertzale era el sector del pueblo que se movía en torno a las coordenadas políticas que marcaba ETA» (Sugarra, nº 8, 1978). En sus Memorias del KAS (1981) Natxo Arregi, exlíder de EHAS y de HASI, describía al campo del nacionalismo radical como «apenas cultivado, ambiguo ideológicamente, inextructurado (sic) organizativamente, articulado en torno a símbolos exclusivistas abertzale-sozialistas y en virtud de una silenciosa sintonía con la lucha armada y los gudaris liberadores».

Bibliografía
ARANZADI, Juan (1994): «Violencia etarra y etnicidad», Ayer, nº 13, pp. 189-209.
ARREGI, Natxo (1981): Memorias del KAS (1975-1978). San Sebastián: Hordago.
AULESTIA, Kepa (1998): HB. Crónica de un delirio. Madrid: Temas de hoy.
BULLAIN, Iñigo (2011): Revolucionarismo patriótico. El Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV). Origen, ideología, estrategia y organización. Madrid: Tecnos.
CASQUETE, Jesús (2009): En el nombre de Euskal Herria. La religión política del nacionalismo vasco radical. Madrid: Tecnos.
CASQUETE, Jesús (2010): «Abertzale sí pero, ¿quién dijo que de izquierda», El Viejo Topo, nº 268, pp.
ELORZA, Antonio (2001): Un pueblo escogido. Génesis, definición y desarrollo del nacionalismo vasco. Barcelona: Crítica.
FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka y LÓPEZ ROMO, Raúl (2012): Sangre, votos, manifestaciones. ETA y el nacionalismo vasco radical (1958-2011). Madrid: Tecnos.
JÁUREGUI, Gurutz (1985): Ideología y estrategia política de ETA. Análisis de su evolución entre 1959 y 1968. Madrid: Siglo XXI. (1ª ed.: 1981).
JUARISTI, Jon (2001): «Prólogo», en VARELA, José: Contra la violencia. A propósito del Nacional-socialismo alemán y del vasco. Alegia: Hiria, pp. 9-13.
LLERA, Francisco José (1992): «ETA: Ejército secreto y movimiento social», Revista de Estudios Políticos, nº 78, pp. 161-193.
MATA, José Manuel (1993): El nacionalismo vasco radical. Discurso, organización y expresiones. Bilbao: UPV-EHU.
REINARES, Fernando (2001): Patriotas de la muerte. Quiénes han militado en ETA y por qué. Madrid. Taurus. (Reed. 2011).

3 comentarios

19 febrero, 2014 · 20:52

3 Respuestas a “¿Qué había de izquierda en ETA y la “izquierda abertzale” durante el franquismo y la Transición?

  1. anto33

    El izquierdismo de los abertzales es pura retórica.Defender unos privilegios (fuero o concierto) territoriales e imponer un proyecto nacional entra claramente en el terreno de la extrema derecha.

    • jose ig de guzmán

      Estimado Anto33:
      El analisis no es tan ligero.
      Aunque Gaizka deja en discusión el izquierdismo-derechismo de la izquierda abertzale, situa el foco principal de la definción de su espacio social en su identificación con la(s) organización(es) armada(s). Con la violencia como herramienta política.
      Como siempre, muy interesante.
      Un saludo

  2. Aizkora K

    O sea, que los discursos son de extrema izquierda, pero las consignas son abertzales; pero estas últimas son las “elocuentes”. Según dónde queramos poner el acento o ver la “elocuendia” la izquierda abertzale, o MLNV es “nacionalista” o “izquierdista”. El autor del blog y Casquete ponen, me parece ver por lo que he leido, el acento en el “nacionalismo”. Y yo pienso en Floren Aoiz, nieto de requeté, ese qué es: ¿nacionalista vasco o marxista internacionalista? ¿”Trono y altar” o “Fueros”? ¿Ignacio del Burgo o Manuel de Irujo?.
    Gustavo Bueno es “nacionalista” (de España como Imperio) o “izquierdista” (según el materialismo filosófico)?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s