El Estatuto de Guernica y las primeras elecciones autonómicas

Con la excepción del entorno de ETAm y de AP, aunque lo hacían por motivos muy diferentes, todas las fuerzas políticas estaban de acuerdo en que Euskadi debía gozar de autogobierno por medio de un estatuto de autonomía, que acabó siendo conocido como Estatuto de Guernica. Los cargos electos en 1977 habían conformado la Asamblea de Parlamentarios Vascos, que negoció con el Gobierno Suárez. La cuestión más polémica era la eventual integración de Navarra en la futura comunidad autónoma vasca. El PSE, el PNV, EE y otras formaciones apoyaban una Euskadi cuatriprovincial, pero se encontraron con la oposición de la UCD navarra. La solución de compromiso fue establecer que la posible incorporación de Navarra a la Euskadi autónoma quedara en manos del órgano foral competente y debía ser luego sancionada en referéndum, como quedó recogido en la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución.

Gracias a ese acuerdo el Consejo de Ministros promulgó el Real Decreto-ley que creaba el régimen preautonómico de Euskadi a principios de enero de 1978. En febrero se constituyó el el Consejo General Vasco, órgano encargado de la gestión del periodo preautonómico, una especie de ejecutivo provisional presidido por el socialista Ramón Rubial. ETAm definió al “Consejo de las Provincias Vascongadas” como “un simple títere a las órdenes del Gobierno de Madrid”.

Una ponencia del CGV, compuesta por representantes del PNV, PSE, UCD, EE, ESEI, AP, el PCE-EPK y el Partido Carlista, se encargó de redactar el anteproyecto de estatuto de autonomía. A pesar de haber sido invitada, HB se negó a participar. El texto final se acordó el 24 de diciembre. Recibió el respaldo del PNV, PSE, UCD, EE, PCE-EPK, PTE y ESEI. El 29 de diciembre el CGV y la Asamblea de Parlamentarios Vascos aprobaron el Estatuto de Guernica. A pesar de que la negociación definitiva del Estatuto correspondía a una ponencia mixta del Congreso y de la Asamblea de Parlamentarios Vascos, fueron Carlos Garaikoetxea, presidente del nuevo CGV salido de las elecciones de 1979, y Adolfo Suarez los que se encargaron personalmente de ella. El texto solo necesitaba el respaldo de la ciudadanía vasca.

Considerando que la descentralización era una amenaza para la unidad de España, AP y la extrema derecha se posicionaron contra el Estatuto de Guernica. HB, el EMK y la LKI propugnaron la abstención en el referéndum. El resto de partidos políticos (el PNV, el PSE, EE, el PCE-EPK, el PTE, ESEI, etc.) apostaron por el sí y organizaron algunos actos conjuntos.

El referéndum sobre el Estatuto de autonomía de Euskadi se celebró el 25 de octubre de 1979. 831.000 vascos (90,27%), una aplastante mayoría, votaron a favor del Estatuto de Guernica. Únicamente hubo 47.000 papeletas negativas (5,18%). La abstención se elevó al 41,14%, lo que HB interpretó como una impugnación del proceso, pero eran cifras casi idénticas a las de los ciudadanos que no acudieron a las urnas en las elecciones municipales de 1979 (37,98%) o en las autonómicas de 1980 (40,24%). También es interesante constatar que el dato es prácticamente el mismo que el registrado en el referéndum sobre el estatuto de Cataluña, celebrado esa misma jornada, con un 40,3% de abstencionistas, y mucho menor que el del plebiscito autonómico en Galicia, de diciembre de 1980, en el que el 71,73% de los ciudadanos optaron por no votar, sin que pueda achacarse tal cifra al nacionalismo gallego radical, de carácter marginal.

El Estatuto de Guernica era un pacto de convivencia entre los ciudadanos vascos nacionalistas y no nacionalistas, con la impronta de los primeros, que establecía el nacimiento de una Euskadi autónoma en el seno de la España democrática. Se trataba de la primera vez que Vizcaya, Guipúzcoa y Álava contaban con una institución autonómica común, el Parlamento vasco, accediendo a unas cotas de autogobierno sin parangón en su historia.

El 9 de marzo de 1980 se celebraron las primeras elecciones autonómicas de la historia del País Vasco. Al contrario que en las anteriores citas con las urnas (1977 y 1979), la radiografía que aquel proceso arrojaba era la de la hegemonía del nacionalismo. La alta abstención (40,24%), que perjudicó claramente a las opciones no abertzales, demostraba que una parte de la ciudadanía vasca estaba bastante más interesada en la política nacional que en la regional.

El PNV vio confirmado su protagonismo político en las urnas, al obtener 349.000 votos y 25 parlamentarios (en una cámara entonces conformada por un total de 60). HB, que había sufrido la salida de dos de los cuatro partidos que lo conformaban (LAIA y ESB), se consolidó como la segunda fuerza en el País Vasco con 151.000 sufragios y 11 escaños. El PSE seguía sufriendo un paulatino descenso: 130.000 papeletas y 9 representantes. EE solo experimentó un modesto crecimiento: 89.000 votos, que le valieron 6 puestos en la cámara vasca. La UCD sumó 78.000 sufragios (6 parlamentarios), AP 43.000 (2) y, por último, el PCE-EPK, con 36.000 votos, ganó un diputado autonómico. La extrema izquierda volvió a ser extraparlamentaria.

A pesar de que el PNV solo había recogido el 37,57% de los sufragios emitidos (o, lo que es lo mismo, el 22,45% del censo), logró formar un Gobierno vasco monocolor con el lehendakari Carlos Garaikoetxea a la cabeza. El dominio de las diputaciones, la ausencia de los parlamentarios de HB y la dejación de otras opciones políticas, que esperaban que así se desactivase la violencia terrorista, permitieron al PNV gestionar las instituciones casi como si tuviese mayoría absoluta, rompiendo con la política de grandes consensos que había caracterizado a la Transición. En la práctica, también tuvo el monopolio de la puesta en marcha de la comunidad autonómica, plasmando su particular proyecto de país. Así, se creó la policía autónoma (Ertzaintza), el servicio vasco de salud (Osakidetza), la radiotelevisión pública (EiTB), un sistema educativo bilingüe, etc. Con todo, hubo que esperar a mediados de los ochenta, con los gobiernos de coalición PNV-PSE, para que la mayoría de tales organizaciones de servicio público cobraran forma.

La patrimonialización jeltzale del País Vasco se trasladó también al plano simbólico. Algunos de los distintivos que había inventado Sabino Arana eran ampliamente aceptados, como el nombre de la comunidad (Euskadi) y su bandera (la ikurriña), pero no ocurría lo mismo con otros. La toponimia, el callejero o los escudos municipales y provinciales fueron modificados por el PNV para que se ajustasen a sus particulares criterios, que no se correspondían con los históricos. Por ejemplo, los lobos fueron eliminados del escudo de Vizcaya y el de Guipúzcoa perdió su rey de Castilla y sus cañones. Otra buena muestra ocurrió con el himno. En los actos oficiales del Gobierno autonómico comenzó a interpretarse la canción aranista Eusko Abendaren Ereserkia, aun antes de ser ratificado por el Parlamento. Debido a sus connotaciones, el resto de partidos se opusieron a su oficialidad. El PSE y EE preferían el popular Gernikako Arbola de José María Iparraguirre. Sin embargo, en marzo de 1983 el PNV y CDS unieron sus votos en el Parlamento vasco para aprobar la melodía del Euzko Abendearen Ereserkija como himno de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Eso sí, sin la letra de Sabino Arana.

(Extracto de Mikel Toral (ed.): La calle es nuestra: la transición en el País Vasco (1973-1982). Bilbao, 2015. 242 pp.)

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