Me acaban de publicar esta reseña de “El Informe Foronda. Los efectos del terrorismo en la sociedad vasca” en la revista “Grand Place”

61p0-TalA9L._SX330_BO1,204,203,200_Raúl López Romo (2015): Informe Foronda. Los efectos del terrorismo en la sociedad vasca. Madrid: Los Libros de la Catarata.

Durante los últimos años ha aparecido en Euskadi una nueva generación de historiadores que han ido publicando trabajos de calidad sobre cuestiones muy diferentes y poco habituales hasta ese momento, aunque la mayoría de ellas se enmarcan en lo que se ha denominado historia reciente: la represión franquista, los engranajes de la dictadura, la Transición, los partidos políticos, el terrorismo y sus víctimas, etc. Además de la cronología que abarcan sus estudios, a los miembros de esta hornada les une su relativa juventud (la mayoría nacieron en la década de los ochenta), sus vínculos con el Departamento de Historia Contemporánea de la UPV/EHU y las dificultades a las que se enfrentan, ya sean propias del oficio (el acceso a ciertos archivos) o vitales, como el sombrío panorama laboral, que amenaza su carrera profesional como investigadores.

Entre los componentes de esta nueva generación de historiadores vascos destaca el nombre de Raúl López Romo. Lo hace por su prolífica producción científica, pero también por su oficio, su rigurosidad, la agudeza y profundidad de sus análisis, su estilo literario, su capacidad de divulgar y, lo que le honra en un lugar donde tan habitual fue mirar hacia otro lado, su compromiso cívico. Además, López Romo es uno de los raros casos en los que se combina un exhaustivo conocimiento de la historia local con una amplia y enriquecedora perspectiva teórica, que bebe de las corrientes más novedosas a nivel internacional. Como colega que ha colaborado con él en bastantes ocasiones, añadiré otro rasgo más a la lista: su generosidad.

Las primeras obras de Raúl López Romo estudiaban la trayectoria de los movimientos sociales durante el proceso de democratización en el País Vasco: Del gueto a la calle: el movimiento gay y lesbiano en el País Vasco y Navarra, 1975-1983 (Tercera Prensa, 2008) y Años en claroscuro: nuevos movimientos sociales y democratización en Euskadi, 1975-1980 (UPV/EHU, 2011). Al contrario que otros investigadores que han tratado ese sujeto colectivo, no daba una visión idealizaba de los movimientos sociales, sino que daba una visión total y sin complejos de los mismos. Dicho de otra manera, también indagaba en su lado oscuro con un encomiable y valeroso talante crítico. A pesar de situarse en el campo de la historia social, López Romo no tardó en explorar nuevas líneas de investigación. El estudio del movimiento antinuclear y del influjo que en este habían tenido los atentados de ETA contra la construcción nuclear de Lemóniz le sirvió de puente para atender también al análisis del fenómeno terrorista. De tal acercamiento provienen sus obras Sangre, votos, manifestaciones. ETA y el nacionalismo vasco radical (1958-2011) (Tecnos, 2012) y Euskadi en duelo: la central nuclear de Lemóniz como símbolo de la transición vasca (Fundación 2012, 2012). De igual manera, López Romo ha sido el artífice de AROVITE, el Archivo Online sobre la Violencia Terrorista en Euskadi[1]: un gestor de enlaces (asociaciones, archivos, bibliotecas, grupos de investigación, webs, etc.) y otro tipo de elementos (fotografías, cronología, gráficos, etc.), así como un catálogo de películas, artículos y libros, algunos de los cuales están colgados en la propia AROVITE, como, por ejemplo, una parte de los fondos de la extinta Bakeaz. Ahora bien, en la bibliografía de este investigador tampoco faltan las obras dedicadas a la historia política, como Rojo esperanza: los socialistas vascos contra el franquismo (Ikusiager, 2013), de la que es coautor junto a María Losada y Carlos Carnicero.

Antes de resumir el contenido del último trabajo de López Romo, el Informe Foronda, merece la pena mencionar cómo se gestó este. Tiene su origen en una enmienda del grupo del PSE-EE a los Presupuestos de la CAPV de 2014, que fue aprobada por el Parlamento vasco. En consecuencia, la Dirección de Promoción de la Cultura del Gobierno Vasco (PNV) encargó al Instituto de Historia Social Valentín de Foronda (UPV/EHU), del que forma parte el autor del libro, la elaboración de un informe sobre los contextos históricos del terrorismo en Euskadi y la significación social de sus víctimas. Raúl López Romo llevó a cabo dicho cometido, presentando los resultados del mismo ante la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco en febrero de 2015. La presente obra, publicada por la editorial Los Libros de la Catarata, recoge lo esencial de su trabajo, además de una valiosa selección de fotografías sobre la respuesta social a los atentados terroristas.

Desde una perspectiva histórica, López Romo indaga en el impacto del terrorismo en la sociedad vasca a lo largo de las últimas décadas aunque, dada la magnitud del fenómeno, imposible de abarcar en un libro tan breve, únicamente entra al detalle en algunos años (1973, 1975, 1979, 1984, 1992, 2000 y 2002), que son utilizados a modo de cata. Le sirven, sobre todo, para cuantificar la respuesta social al terrorismo, entendiendo como tal las movilizaciones convocadas tras cada atentado, cuando las hubo. Y es que la escasez o incluso la inexistencia de una protesta organizada después de los asesinatos de ETA y otras organizaciones fue una constante durante las primeras décadas que ha tratado este trabajo.

El primer capítulo del Informe Foronda está dedicado a los orígenes y al impacto del terrorismo durante la dictadura franquista (1968-1975). El segundo y el tercer apartado se centran en los efectos de este tipo de violencia durante la Transición (1976-1981) y la consolidación democrática (1982-1994) respectivamente. El cuarto versa sobre las repercusiones de la estrategia de “socialización del sufrimiento” de ETA y su entorno entre los años 1995 y 2010. El quinto capítulo es una aproximación a otras consecuencias del terrorismo como sus costos económicos, los atentados por año, los presos por este tipo de delito, los heridos, los amenazados y la opinión pública. El sexto reúne una serie de consideraciones finales orientadas a las instituciones: evitar la relativización de las víctimas, reivindicar a las víctimas de todos los terrorismos, atribuir responsabilidades a los victimarios, asentar una cultura democrática y la necesidad de un largo trabajo de investigación.

Al cuerpo de la obra se añaden, a modo de anexo, la bien contrastada y completa lista de todas las víctimas mortales del terrorismo, desde José Antonio Pardines (1968) a Jean-Serge Nérin (2010). Se incluye en ella información relevante como la fecha, la localidad y la provincia donde se cometió cada atentado, el grupo responsable y el estatus de la víctima, es decir, “la etiqueta que los victimarios utilizaron para justificar públicamente su asesinato (políticas, militares, personas acusadas de traficar con drogas, empresarios que se negaron a pagar la extorsión, militantes o exmilitantes de las organización terroristas, etc.)”, aunque en otras ocasiones se trata de “las circunstancias en las que se arrebató la vida a dichas personas” (p. 19). Asimismo, el censo de víctimas arroja luz sobre la existencia o no de una respuesta social específica tras el atentado mortal. Esta base arroja datos cuantitativos de gran importancia, como la cifra total de víctimas mortales del terrorismo relacionado con el País Vasco: 914. De igual manera, señala la cantidad de muertos que ha causado cada organización. Así, el terrorismo de extrema derecha y policial ha perpetrado 62 asesinatos mientras que ETA y sus grupos afines son responsables de 845 víctimas mortales, la mayor parte de las cuales corresponden a ETA militar, es decir, a la banda que ha durado hasta nuestros días. Dicho de otra manera, el 92% de los asesinatos políticos habidos en el pasado reciente de Euskadi han sido cometidos por las distintas ramas de ETA. Este porcentaje echa por tierra la tesis de un secular “conflicto” entre vascos y españoles que tan cara le es al nacionalismo vasco radical, pero también la ambigua equidistancia entre “todas las violencias” (la de ETA y la de “el Estado”) simétricas e igualmente responsables de la tragedia, teoría que ha promocionado el “tercer espacio” o “etnopacifismo”.

Raúl López Romo no pretende agotar la cuestión, sino presentar “un relato que anima a la realización de otros que obren desde el rigor metodológico y la honestidad intelectual. Nuestro objetivo no es agotar aquí las posibilidades de investigación de un tema vasto, sino realizar varias aportaciones originales concretas” (p. 13). Desde luego, lo consigue. Baste mencionar los datos que aporta y el manejo de fuentes inéditas como las de la Administración del Estado, que permiten al autor ofrecernos estadísticas acerca de los efectivos policiales destinados en el País Vasco, el número de amenazados por ETA, las cuantías pagadas por los seguros, etc. La profusión de datos acerca de los efectos del terrorismo es la mayor virtud del Informe Foronda, pues lo hace extraordinariamente útil para el público especializado (historiadores, científicos sociales, la Administración, asociaciones de víctimas, etc.), pero también resulta, en cierto modo, una barrera que dificulta la aproximación del público en general. No obstante, da la impresión de que este libro no es más que el primer adelanto de un trabajo de mayor magnitud, el cual, probablemente, recuperará el carácter divulgativo que ha sido una de las señas más características de la bibliografía de Raúl López Romo.

[1] http://www.arovite.com/

 

Fuente: Grand Place, nº 4, pp. 153-155.

1 comentario

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Una respuesta a “Me acaban de publicar esta reseña de “El Informe Foronda. Los efectos del terrorismo en la sociedad vasca” en la revista “Grand Place”

  1. Pilar Sánchez

    Buenas tardes.

    Me ha convencido tu reseña. Me lo voy a comprar. Me interesa el enfoque social. Ya sé que queda fatal que lo diga, pero no me interesa el punto de vista del etarra ni de la víctima, sino el de la gente anónima y corriente, y en cómo les afecta, si les da miedo, si les vuelve tristes, si les vuelve más fríos o les afecta en algo en la manera de ser (puede que sea un tanto prejuiciosa en ese sentido, por eso me gustaría leerme el Informe Foronda, a ver qué dice al respecto) . Soy Trabajadora Social, aunque no ejerzo como tal, no tengo vocación ni la tuve nunca, pero estudié esa carrera porque me gustaban la Sociología, la Psicología etc. El Derecho no tanto, así es que felicita a Raúl López Romo por el punto de vista sociológico que aporta a su libro, al fin y al cabo, tanto la Sociología como la Historia son Ciencias Sociales y están interrelacionadas, no concibo a una sin la otra, pero repito: no soy Historiadora, soy Trabajadora Social (para la gente de aquí, un@s perroflautas, pero no por ello menos intelectuales que l@s de otras carreras o facultades).

    Felices fiestas.

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