El 23-F en Euskadi

El 23 de febrero de 1981 un grupo de guardias civiles, encabezados por el teniente coronel Antonio Tejero, irrumpió en el Congreso cuando este se encontraba reunido para la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo (UCD) como nuevo presidente del Gobierno. En Valencia el capitán general de la III Región Militar, Jaime Milans del Bosch, proclamó el estado de excepción y sacó los tanques a la calle, ocupando la ciudad. Se trataba de un golpe de Estado. Durante unas horas, hasta que el rey Juan Carlos I logró hacer valer su autoridad, la democracia pendió de un hilo.

La noche del 23 de febrero en el País Vasco, con las salvedades del PCE-EPK, la LKI y alguna otra fuerza de extrema izquierda, que llamaron a la huelga general, las fuerzas políticas, la mayoría de las cuales carecían de planes de contingencia, se limitaron a esconder a sus dirigentes y deshacerse de los documentos comprometidos. Al día siguiente, según la crónica del semanario Ere, el río Urumea “parecía una papelera”. Tampoco se supo nada de las flamantes instituciones autonómicas. Asimismo, el nacionalismo radical y las distintas ramas de ETA desaparecieron de escena.

En los días siguientes al 23-F en toda España hubo multitudinarias manifestaciones en defensa de la democracia y la Constitución. La de Madrid congregó a más de un millón de personas. En Euskadi el Gobierno vasco se mostró pasivo, por lo que el PSE y EE tomaron la iniciativa. Hubo una serie de encuentros entre los partidos políticos para consensuar una convocatoria unitaria. Para no molestar a los nacionalistas, el PSE y el PCE-EPK accedieron a que se eliminara cualquier referencia a la Carta Magna, razón por la que la UCD y AP se descolgaron. Aun así, los jeltzales exigieron que EE condenase el secuestro de los cónsules por parte de ETApm y pidiese su libertad, la cual, por otro lado, no tardó en llegar. EE abandonó la reunión y el PNV, aduciendo que se había malogrado la unidad, hizo lo mismo. Finalmente, EE decidió cumplir las condiciones, pero el PNV puso nuevas trabas, por lo que se inhibió de manera definitiva. Así, en el País Vasco las manifestaciones en repulsa del golpe de estado solo contaron con el respaldo del PSE, EE, el PCE-EPK, UGT y CCOO. Aquellas marchas sufrieron la hostilidad de las contramanifestaciones convocadas por HB y el EMK, que provocaron sendas cargas policiales en Bilbao y San Sebastián. Ni las fuerzas políticas ni la sociedad vasca habían estado a la altura de las circunstancias. La democracia se había consolidado, pero en Euskadi todavía tenía graves carencias.

La violencia terrorista había alimentado las conspiraciones de quienes deseaban volver a la dictadura franquista. Así lo entendieron muchos miembros de EE y ETApm, para los cuales la intentona de Tejero fue definitiva. Juan Mari Bandrés declaró que “evidentemente, algo ha cambiado, yo he cambiado. Nos hemos dado cuenta de que lo primero es asentar la democracia y, luego, todo lo demás”. Los polimilis liberaron a sus tres rehenes y el día 27 anunciaron un “alto el fuego”. Se trató de la primera tregua oficial de una rama de ETA, preludio del abandono de las armas y del proceso de reinserción de buena parte de los miembros de ETApm (1982-1985).

 

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