Transferencia de culpabilidad

Hoy Antonio Elorza ha tenido la amabilidad de citar mi último libro en un artículo de opinión publicado en El Correo y otros diarios del grupo Vocento. Concretamente menciona el concepto de «transferencia de culpabilidad», mecanismo propagandístico que permitó a ETA desviar la responsabilidad de su primer asesinato (1968): Txabi Etxebarrieta, en vez de como el victimario del guardia civil José Antonio Pardines, fue ensalzado como la víctima sacrificada por la Guardia Civil, cuerpo que en la narrativa etarra ejercía el papel de supervillano: «la fuerza principal de represión imperialista en Euskadi sur». De esta manera, Etxebarrieta fue representado como un héroe que se había inmolado por la patria. Haciendo un paralelismo con el Ché Guevara, asesinado el año anterior por el Ejército boliviano y la CIA, se le nombró el «Primer Mártir de la Revolución». Dos años después un Zutik de Caracas unía simbólicamente su muerte con la de Zumalacárregui y Arana. Por el contrario, Pardines fue presentado como víctima de un accidente de tráfico, un agresor contra el que Txabi hubo de defenderse o, más comúnmente, se le borró de la historia. La propaganda etarra convenció con cierta facilidad a la oposición antifranquista y a un importante sector de la ciudadanía vasca, a la que le resultaba difícil creer la descripción del suceso que había hecho la habitualmente poco veraz prensa del Movimiento.

Maurice A. J. Tugwell, en quien me baso, define la «transferencia de culpabilidad» como «una desviación de la atención pública, la cual se aparta de los actos comprometedores del que inició el conflicto para dirigirse hacia los del adversario, de manera que puedan ser olvidados o perdonados, mientras que los últimos desgasten la confianza y la legitimidad de la otra parte». Ahora bien, en su máximo grado, la transferencia «justifica el acto original transformándolo desde ser una responsabilidad psicológica hasta convertirse en un triunfo, mientras simultáneamente se despoja a las acciones del oponente de su contenido de rectitud moral y de utilidad práctica». A ojos de una parte significativa de la sociedad vasca, la reacción del régimen no hizo sino confirmar las tesis de ETA.

Por cierto, contra toda evidencia, el nacionalismo radical ha seguido manteniendo una versión adulterada del asesinato de Pardines. Así, según Jose Mari Lorenzo, el guardia civil «mandó al conductor que se detuviera y después de comprobar los datos falsos de la documentación intentó sacar su arma. Los ocupantes del coupé se adelantaron y el guardia de tráfico José Pardines Arcay quedaba tendido en el suelo». En el 40º aniversario de aquella jornada, apareció en el diario Gara, 7-VI-2008, un artículo conmemorativo en el que se repetía la escena: «Pardines intenta sacar su arma, pero Etxebarrieta dispara primero. El guardia civil cae muerto».

Para saber más sobre este mecanismo:

TUGWELL, Maurice A. J. (1985): «Transferencia de culpabilidad», en RAPOPORT, David C. (ed.): La moral del terrorismo. Barcelona: Ariel. pp. 73-93.

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