Reseña de “Dirigismo cultural y disidencia editorial en España (1962-1973)”

00102361Francisco ROJAS CLAROS: Dirigismo cultural y disidencia editorial en España (1962-1973), Alicante, Universidad de Alicante, 2013, 344 p.

El estudio de la oposición a la dictadura franquista, incluyendo tanto los supervivientes de la experiencia republicana como las nuevas fuerzas que surgieron en el interior de España (el FLP, CCOO, ETA, etc.), es una de las grandes líneas de investigación de los historiadores del pasado reciente. Por lo general, la atención de los especialistas se suele centrar en los actores cuya lucha contra el régimen tuvo mayor trascendencia e impacto público: sindicatos, partidos políticos, plataformas, movimientos sociales y organizaciones terroristas. Ahora bien, estos grupos no agotan la nómina del antifranquismo, sobre todo si entendemos este en un sentido amplio de la palabra. A pesar de que su papel no fue tan vistoso y de que los logros reales de su actividad, muy difusos, son difícilmente cuantificables, hubo otro tipo de oposición a la dictadura. Un buen ejemplo es la disidencia cultural, a la que la historiografía académica no ha prestado la suficiente atención, olvido que hasta cierto punto también ha sufrido su contraparte franquista: el dirigismo cultural.

Evidentemente hay excepciones. Uno de los investigadores que se han acercado a tal objeto de estudio es Francisco Rojas Claros, un joven historiador vinculado a la Universidad de Alicante, así como a la Cátedra Complutense «Memoria Histórica del siglo XX». Actualmente Rojas ejerce como asesor histórico del proyecto «Devuélveme la voz», con el que se busca recuperar los fondos sonoros radiofónicos de los años del régimen y la Transición de emisoras tales como la mítica Radio París. A su vez, es el investigador principal de otro proyecto derivado del anterior, que ha impulsado la Mario Onaindia Fundazioa: «Itzuli nire ahotsa. Los programas vascos emitidos por Radio París durante la dictadura franquista», en referencia, sobre todo, al trabajo del periodista donostiarra Julián Antonio Ramírez Hernando, militante del PCE.

Dirigismo cultural y disidencia editorial en España (1962-1973) es la versión abreviada de la tesis doctoral de Rojas Claros, dirigida por Glicerio Sánchez Recio. El autor ya había publicado diversos artículos sobre este tema en revistas como Historia del Presente, Pasado y Memoria, Represura, El profesional de la información y Hachetetepé. En la obra que aquí se reseña Rojas analiza la influencia de la industria editorial de vanguardia en el cambio cultural que el país experimentó durante los años sesenta y primeros setenta. No se trata, por tanto, ni de una colección de sentencias de la censura ni de una historia de la edición, aunque haya abundante información respecto a ambas cuestiones, sino de un estudio concienzudo, riguroso y bien escrito sobre la producción bibliográfica de sellos como Ciencia Nueva, Edicusa, Siglo XXI, Anagrama, Zero/Zyx, Ariel o Akal y su conflictiva interrelación con el Ministerio de Información y Turismo de la dictadura franquista.

En el primer capítulo de Dirigismo cultural y disidencia editorial en España se estudia la transformación del marco jurídico e institucional en la censura y control del libro desde el nombramiento de Manuel Fraga como ministro de Información y Turismo en 1962, lo que supuso una relativa permisividad con la edición de libros considerados «de minorías», estrategia que respondía a un propósito propagandístico de cara a Occidente, hasta la promulgación de la Ley de Prensa e Imprenta de 1966, enormemente restrictiva. El segundo, que discurre paralelo a este, está dedicado a la revolución del libro de masas en España y a la génesis de la industria editorial de vanguardia, partiendo de sus antecedentes, las editoriales de avanzada surgidas durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera. En el tercer apartado Rojas Claros indaga en las crecientes tensiones que aparecieron entre la disidencia cultural y el Gobierno desde 1962 a 1967. El cuarto se centra en el «boom» editorial de 1968 y el fin de la etapa relativamente liberal de Manuel Fraga al frente del Ministerio en 1969, fechas entre las que surgieron nuevas colecciones y editoriales, los libros tocaron nuevas temáticas y comenzó una radicalización de la disidencia, correspondida por los intentos de la dictadura por mantener el control editorial. El último capítulo se refiere al período que va desde octubre de 1969 hasta diciembre de 1973, durante el que Carrero Blanco se deshizo de cualquier veleidad aperturista. Se trató del momento culminante de la conflictividad entre el mundo editorial y el régimen. Cierra la obra un epílogo en el que el autor señala los elementos que caracterizaron al tardofranquismo, cuando la dictadura, buscando sobrevivir a toda costa, transformó lo que había sido dirigismo cultural en pura y simple represión. Pese a ya no ser realmente operativo, en teoría el sistema se mantuvo hasta 1979, bien entrada la Transición democrática.

Hay que subrayar la cantidad y variedad de las fuentes que ha manejado Rojas Claros: los libros publicados por las editoriales de vanguardia, la legislación, los fondos del Archivo General de la Administración, incluyendo unos 3.500 expedientes de censura, las fuentes hemerográficas y los testimonios personales en forma tanto de memorias como de entrevistas orales a editores de aquella época.

Dirigismo cultural y disidencia editorial en España (1962-1973) es una magnífica muestra de la labor de los historiadores del pasado reciente aplicado a un campo apenas explorado hasta ahora, lo que enriquece y amplía la imagen que teníamos de la oposición antifranquista. Rojas Claros ha conseguido esclarecer el papel que ejerció la publicación de libros en el progresivo debilitamiento de la dictadura, así como las diferentes estrategias (censura, secuestro, prohibición, silencio administrativo e incluso medidas extralegales) que esta empleó para intentar mantener el control de un ámbito, el cultural, que cada vez se le escapaba más, al igual que ocurrió en otros como el laboral, eclesiástico, etc. En síntesis, las editoriales de vanguardia actuaron a modo de lluvia fina, cuyas publicaciones fueron empapando la tierra seca y yerma en la que se había convertido el país, lo que a la larga favoreció el protagonismo de una nueva generación de ciudadanos, cuya formación se sustentaba en aquellas lecturas y, por consiguiente, la llegada de la democracia parlamentaria en 1977.

 

Gaizka FERNÁNDEZ SOLDEVILLA

(Esta reseña apareció en Grand Place, nº 5, 2016).

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