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GFS: «La Cuba de Europa», El Correo, 10-I-2026

Entre el 3 y el 15 de enero de 1966 se celebró en La Habana la Conferencia Tricontinental contra el colonialismo y el imperialismo estadounidense. Impulsado por el régimen castrista, el evento reunió a delegados de 82 países de África, Asia e Hispanoamérica. Entre ellos había políticos demócratas, como el chileno Salvador Allende, y otros que no lo eran: terroristas, guerrilleros, militares golpistas y dictadores, como el propio Fidel Castro. No acudieron, pero enviaron su adhesión homólogos de Castro como Houari Boumédiène (Argelia), Ho Chi Minh (Vietnam) y Kim Il-sung (Corea del Norte).

ETA también mandó un mensaje a la Tricontinental. Tras exponer un relato histórico un tanto estrambótico y presentarse como portavoz de “la sociedad vasca actual”, el grupo justificaba el empleo de la “lucha armada” para lograr “un Estado vasco socialista y federalista”. Terminaba anunciando que, gracias a su situación geográfica y al caudillaje etarra, “Euzkadi” (sic) estaba “llamada a ser la Cuba de Europa Occidental y el punto de partida de su revolución”.

ETA había nacido en 1959 como una organización ultranacionalista cuyos planteamientos tenían poco que ver con la izquierda. Su I Asamblea (1962) situó como meta crear un Estado independiente, democrático, aconfesional y monolingüe en euskera, rechazando “un régimen dictatorial (sea fascista o comunista)”. Ahora bien, el grupo no tardó en dar un giro ideológico. En 1965 sumó a los anteriores un nuevo objetivo: el socialismo.

Se trata de un término polisémico, así que conviene aclarar que ETA no aspiraba a un Estado del bienestar avanzado y democrático como el de los países escandinavos. Su modelo de país era una dictadura socialista de corte tercermundista al estilo de Cuba, Argelia y Vietnam: un sistema de partido único, con el poder reservado a una pequeña élite privilegiada y con la propiedad privada eliminada o al menos restringida, con vistas a una futura sociedad sin clases. Hasta que llegase ese día, el gobierno se cimentaría en el adoctrinamiento y la represión.

A pesar de que el lenguaje revolucionario estaba de moda en aquellos años, hubiera sido difícil convencer a la población, que llevaba décadas sufriendo al “Caudillo”, de que apoyase otra dictadura. Como hacían otras fuerzas, ETA tuvo que edulcorar su propaganda con eufemismos como “liberación social”, “antifascismo” y “democracia popular”. Pronto aprendió a hablar la “neolengua”, por usar la expresión de Orwell. Baste recordar que la barrera que se construyó para impedir la huida de los ciudadanos germanoorientales al oeste había sido bautizada como Muro de Contención Antifascista. El nombre oficial de la dictadura de aquel país era República Democrática Alemana; el de Corea del Norte era y continúa siendo República Popular Democrática de Corea. El franquismo también pretendió camuflar su naturaleza dictatorial al publicitarse como una “democracia orgánica”.

Autoubicados a la izquierda del binomio EH Bildu/Sortu, al que acusan de aburguesamiento y reformismo socialdemócrata, hoy GKS y EHKS proponen un proyecto explícitamente comunista. Como demuestran su actitud sectaria y recientes episodios de violencia, desde la perspectiva del autodenominado Movimiento Socialista, el utópico fin justifica cualquier medio; cualquiera menos las urnas, por lo que parece.

Mientras tanto EH Bildu/Sortu difunde un discurso más moderado y practica una política posibilista en las instituciones que incluso le ha llevado a votar a favor de los Presupuestos Generales del Estado. No obstante, la izquierda abertzale ortodoxa ha sido incapaz de cortar el cordón umbilical que le une al fantasma de ETA. Por un lado, su brazo juvenil actúa con una intolerancia similar a la que ejercía en el pasado. Por otro, se ha negado a hacer una revisión autocrítica de su trayectoria, como demuestra que continúen homenajeando a terroristas y humillando a las víctimas. Por último, al menos sobre el papel, Sortu sigue teniendo como meta final el mismo socialismo autoritario que cayó en Europa Central y del Este en 1989. Baste recordar que en junio de 2024 dicha formación firmó un “acuerdo de intercambio y cooperación” con el Partido Comunista de Cuba, la espina dorsal de la dictadura caribeña.

No sabemos qué opinan los cubanos del régimen que llevan soportando desde hace 67 años, porque carecen de derechos esenciales como la libertad de expresión. En cambio, resulta evidente que la mayoría de los ciudadanos vascos jamás quisieron ser la Cuba de Europa Occidental. Probablemente tampoco queramos serlo ahora. Nuestro pasado traumático nos ha enseñado una lección básica: la democracia es un medio, pero, sobre todo, es un fin en sí mismo.

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SDC 49: ETA, su representación cultural y su relación con Francia

En el primer #SierraDelta Contra #SDContra49 de este año que comienza hablo con David Crémaux-Bouche, profesor de la Universidad de Grenoble-Alpes, y Roncesvalles Labiano, de la Universidad de Navarra, acerca de la obra que han coordinado junto a Jesús Alonso Carballés: «La bataille pour le récit. Narrations et usages du paPAssé autour de la violence de l’ETA», que acaba de llegar a las librerías. Se trata de un trabajo académico sobre la historia del terrorismo de ETA, su represntación cultural y su relación con Francia, escrito por varios expertos desde una perspectiva multidisciplinar.

Pueden escucharlo aquí

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GFS: «Uno de los peores años», El Correo, 23-XII-2025

El último seminario de la Fundación Fernando Buesa y el Instituto Foronda de la UPV/EHU ha servido no solo para recordar uno de los años más letales de ETA, sino también para señalar sus ecos en el presente.

La “tregua indefinida” que ETA había declarado en 1998 fue una estratagema: aprovechó para rearmarse y recabar información sobre objetivos. La rompió el 21 de enero de 2000 con el asesinato del teniente coronel Pedro Antonio Blanco en Madrid. Empezaba así uno de los peores años de nuestra historia reciente.

De acuerdo con la Global Terrorism Database, en el 2000 los terroristas cometieron 4.002 asesinatos en el mundo. Europa fue el escenario de 420, de los cuales 383 se localizaron en Europa del Este. El grueso de los crímenes del oeste correspondía a España: tres víctimas mortales de los GRAPO y 23 de ETA. Mientras en el resto de Europa occidental el terrorismo doméstico cogía polvo en el museo de los horrores, en nuestro país todavía se mataba en nombre del maoísmo o de la patria.

Sobre todo, de la patria. La agencia VascoPress contabilizó 70 atentados de ETA, en su mayoría con armas de fuego y coches bomba, que costaron la vida a ocho políticos del PP y el PSOE (desde un exministro a concejales de pequeñas localidades), tres militares, dos guardias civiles, dos juristas, un policía nacional, un ertzaina, un policía local, un periodista, un empresario, un conductor de autobús, otro del parque móvil del Tribunal Supremo y un funcionario de prisiones. El grueso de estos crímenes tuvo lugar en Madrid (5), Guipúzcoa (4) y la provincia de Barcelona (4).

Asimismo, la violencia de la izquierda abertzale produjo 145 heridos, a 13 de los cuales se les reconoció la incapacidad absoluta, es decir, quedaron inhabilitados para desempeñar cualquier tipo de trabajo. Las heridas de 103 personas fueron consecuencia de atentados de ETA y las de las otras 42, de la kale borroka.

Y es que la organización no estaba sola. Jóvenes ultranacionalistas llevaron a cabo 478 acciones: ataques incendiarios, lanzamiento de piedras y explosión de artefactos contra oficinas bancarias, sedes de partidos constitucionalistas, medios de transporte público y las FCSE. Además, agredieron a 12 ciudadanos.

Con tal nivel de violencia, que se enmarca en la “socialización del sufrimiento”, ETA y su entorno pretendían extender el terror. Y lo lograron. Según el CIS, la banda se había convertido en una de las principales preocupaciones de la sociedad. En noviembre del 2000, su punto álgido, el miedo llegó a afectar al 80,1% de los españoles.

De igual manera, la izquierda abertzale buscaba acallar definitivamente a los vascos no nacionalistas, vengarse del fracaso del Pacto de Estella y disputar al PNV el protagonismo político. Quizá también se trató de la huida hacia delante de una ETA incapaz de lidiar con sus crecientes problemas.

Por un lado, las numerosas manifestaciones convocadas por los partidos democráticos, Gesto por la Paz, el Foro de Ermua y ¡Basta Ya!, asociación que recibió el Premio Sájarov, evidenciaban que la ciudadanía vasca y navarra estaba harta de la violencia.

Por otro, en diciembre de 2000 el PP y el PSOE firmaron el Acuerdo por las Libertades y Contra el Terrorismo, que condujo a la reforma de los delitos de terrorismo en el Código Penal y la introducción de otros nuevos. Gracias al pacto, dos años después se aprobó la Ley de Partidos con la que se ilegalizó al brazo político de ETA, lo que le obligó a elegir: “o bombas o votos”.

Por último, en el 2000 fueron arrestados 134 presuntos terroristas y se incautaron 450 kilogramos de explosivo, 38 armas de fuego, un mortero, un lanzagranadas y 27 granadas. Las FCSE desarticularon cuatro comandos de liberados y otros cuatro de legales. El desarme continuó en los años siguientes.

Derrotada, ETA se disolvió en 2018. Sin embargo, ha dejado un legado envenenado: más de 300 asesinatos sin resolver, terroristas huidos de la justicia, el irreparable dolor de las víctimas, a las que se humilla con constantes actos públicos de exaltación de ETA, discursos del odio, intolerancia, presión contra los agentes de las FCSE y sus familias y miedo a ejercer la libertad de expresión.

La maquinaria propagandística que se dedica a la adulteración del pasado de ETA es otra de sus herencias. Esas mentiras no solo suponen un reto para la historiografía académica, con menor capacidad de divulgación, sino que pueden llegar a afectar a la convivencia. En su momento los “mitos que matan” fueron el caldo de cultivo de la violencia. Como escribió el superviviente del Holocausto Primo Levi, “lo sucedido puede volver a ocurrir, las consciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también”. El auge del extremismo y del sectarismo en la Universidad del País Vasco y el rebrote de la kale borroka son síntomas que no deberíamos pasar por alto.

Preocupémonos y, sobre todo, ocupémonos del problema antes de que sea tarde.

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¡Feliz Navidad!

Los osos y yo les deseamos una buena cena.
¡Feliz Navidad! Gabon Zoriontsuak!

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Doblete de pódcast: hoy en la Biblioteca de la Historia y en Niebla de Guerra

La Biblioteca de la Historia

Niebla de Guerra

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SD Contra 48: Auge y ocaso de las guerrillas latinoamericanas

En #SierraDelta Contra #SDContra #SDContra48 Gaizka Fernández entrevista al profesor de la UCM Jerónimo Ríos acerca de la obra colectiva que acaba de coeditar: «Guerrillas en América Latina». Este experto nos habla sobre el origen y la naturaleza específica de este tipo de violencia política, la importancia de la revolución cubana y de personajes como el Ché Guevara, las influencias internacional en el ciclo guerrillero que se desarrolló hasta 1989, las respuestas estatales, su ocaso y las actuales políticas de memoria.

En la segunda parte del programa escucharemos el testimonio de una subinspectora de los Mossos d’Esquadra que resultó herida en el atentado yihadista que tuvo lugar en Barcelona el 17 de agosto de 2017.

Pueden escucharlo aquí

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En Bellum Artis

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La exposición «Rolando 2:15-2:45» llega a Ceuta

Más información:
https://extension.uned.es/actividad/48175&codigo=EFR5A

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«Muerte en Amara» podrá verse en Palencia

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24 noviembre, 2025 · 9:54

GFS: «Otro mundo peor es posible», El Correo, 22-XI-2025

El fallecimiento de Franco el 20 de noviembre de 1975 supuso el principio del fin de la dictadura. A pesar de la crisis económica y del embate combinado de la violencia de ciertos agentes de la ley, del golpismo de los oficiales del Ejército más nostálgicos y, en especial, del terrorismo de ETA y otras bandas, la ciudadanía y sus representantes consiguieron que la Transición llegara a buen puerto.

El cambio de régimen en España, precedido por el de Portugal y Grecia, marcó el comienzo de lo que Samuel P. Huntington denominó la tercera ola internacional de democratización. Más adelante se produjeron la caída de las dictaduras comunistas del Bloque del Este, la Primavera Árabe y otros fenómenos similares. Había motivos para la esperanza. Sin embargo, ni la historia es lineal, ni el progreso es inevitable.

De acuerdo con Freedom House, en 1975 únicamente 40 de los 158 países del planeta eran libres: el 25%. En 2007 había ya 90 de un total de 193: el 46,6%. La expansión de la democracia parecía imparable, pero la tendencia se ha ido invirtiendo. Ahora son libres 85 de los 195 estados: el 43,5%. Solo albergan al 20% de la población mundial. Eso significa que el 80% restante reside en territorios que o no son libres (59) o solo lo son parcialmente (51).

En 2024 la democracia disminuyó en todo el planeta por decimonovena vez consecutiva, según Freedom House. Debido los conflictos armados, a la violencia con y sin tintes políticos, a la represión gubernativa y a la extensión de prácticas autoritarias, el 42% de los seres humanos sufrió un deterioro de sus derechos políticos y libertades civiles.

Otros estudios confirman el declive. El primer informe del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA) data del año en el que murió Franco. En el último, centrado en 2024, se destaca que “la libertad de prensa disminuyó en una cuarta parte de los 173 países analizados, lo que marca el mayor descenso desde el inicio del conjunto de datos de IDEA Internacional en 1975”. También cayeron los indicadores de libertad de expresión (en el 22% de los estados), igualdad económica (21%) y acceso a la justicia (20%).

Por otra parte, en 1975 había 30 guerras en el mundo. Y la Global Terrorism Database calcula que los terroristas asesinaron a 511 personas. Siguiendo al Uppsala Conflict Data Program, en 2024 se registraron 61 conflictos armados, ya sean entre un estado y un grupo o guerras entre dos estados, que causaron 128.000 víctimas mortales. Si añadimos al cómputo otras formas de violencia organizada, el resultado sube hasta las 161.100. La cifra se debe, en gran medida, al incremento de la violencia de actores no estatales como el crimen organizado en Haití y, sobre todo, el terrorismo yihadista en África. Si en 2023 cometieron 11.000 asesinatos, en 2024 han sido 14.000.

Las perspectivas para la paz no son halagüeñas. El Global Peace Index 2025, publicado por el Institute for Economics & Peace, indica que actualmente hay en curso 59 conflictos armados con estados implicados. Nunca había habido tantos desde la Segunda Guerra Mundial. De igual manera, el documento advierte que las condiciones que suelen preceder a las grandes contiendas no habían sido tan altas desde 1945. Cada vez más gobiernos están militarizándose en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas, aumento de los conflictos, ruptura de las alianzas tradicionales e incertidumbre económica.

El mundo occidental no es una isla. En Europa también hay problemas internos que amenazan la salud de la democracia: el auge de los populismos, que cuestionan el sistema parlamentario, la radicalización de los discursos, el sectarismo, la polarización, la erosión institucional, los episodios de violencia…

Basta fijarse en un elemento: la desafección a la democracia. De acuerdo con un trabajo del CIS de abril de este mismo año, el 8,6% de nuestros conciudadanos cree que “en algunas circunstancias, un gobierno autoritario es preferible a un sistema democrático” y al 9,9% le resulta “igual un gobierno que otro”. El resultado es similar al que se registra en nuestro entorno, sobre todo en las nuevas generaciones. Según un sondeo de YouGov para la Fundación TUI de julio, el 37% de los europeos de entre 16 y 26 años está insatisfecho con la democracia de su país y un 21% aceptaría un régimen autoritario. Además, al 10% de los jóvenes no le importa si su gobierno es democrático o no

No estamos al borde de la Tercera Guerra Mundial, pero los datos reflejan que la humanidad está experimentando un descenso generalizado en los niveles de prosperidad, paz y democracia. Y eso es realmente grave. Si no hacemos nada para evitarlo, otro mundo peor es posible.

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