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Presentación virtual de “Propaganda totalitaria” de Siegfried Kracauer.

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2 marzo, 2021 · 20:07

Entrevista a Julián Casanova en Canaleuropa

Julián Casanova: "Bajar al barro siempre es un error"

Pueden verla aquí

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#ExpoElTerrorAPortada en Vitoria

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Centro Cultural Montehermoso (Fray Zacarías Martínez, 2)

Del 5 al 28 de marzo

ORGANIZAN: Vocento, Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo y Fundación de las Víctimas del Terrorismo. COLABORAN: Fundación Fernando Buesa y Ayuntamiento de Vitoria

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GFS: “El antifranquismo de ETA”, El Correo, 22-II-2021

En enero de 1967 ETA anunció que, cuando llegase la hora de su victoria, “estudiaremos nuestra verdadera Historia, dejando a un lado las enciclopedias de burgueses y españoles”. Pese a los 853 asesinatos, 2.600 heridos y 86 secuestros que cometió, la banda se tuvo que disolver sin alcanzar sus objetivos fundacionales. Tampoco pudo reemplazar los libros de historia por otros patrióticamente correctos.

Sin embargo, el nacionalismo radical no ha renunciado a reescribir el pasado, tarea a la que dedica fundaciones, asociaciones, editoriales, medios de comunicación, seudohistoriadores y activistas digitales. Aunque a veces cuentan con el apoyo o el altavoz de ciertos entes públicos, por lo general se trata de iniciativas privadas cuyo mensaje ni llega al mundo académico ni convence a la ciudadanía vasca. No obstante, como demostró el asalto al Capitolio de los EEUU, sería un error desdeñar el poder de las denominadas fake news. Siguiendo a Martín Alonso, “las historias ficticias producen emociones reales y las emociones tienen consecuencias”. Aquí sabemos perfectamente a dónde llevan las mentiras, la ira y el odio.

En tal empeño la “izquierda abertzale” vampiriza términos, fechas, hitos y símbolos de culturas políticas ajenas a la suya. Así, se apropia e instrumentaliza (¡a la vez!) la monarquía navarra, el carlismo, el movimiento obrero, la II República, ANV, Jagi-Jagi, los milicianos y los gudaris de la Guerra Civil o los nuevos movimientos sociales.

También pretende hacer pasar a ETA por la punta de lanza del antifranquismo. ¿Lo fue? Es irónico, pero hace mucho que la propia organización respondió a esa pregunta. En sus palabras, “todo sistema español en Euzkadi es una opresión extranjera, sea este sistema monarquía, república, dictadura, ‘democracia’ capitalista o república ‘democrática’” (1964). Una vez que adoptó la estrategia de acción-reacción-acción (realizar atentados terroristas para provocar una represión brutal que desencadenase una “guerra revolucionaria”), ETA se convenció de que “la dictadura del General Franco está siendo para nuestro pueblo infinitamente más positiva que una República democrático-burguesa” (1965).

El año anterior ya había advertido de que el “antifranquismo lucha contra Franco, como si no hubiera opresión española sobre Euzkadi. Nosotros luchamos contra la opresión española en Euzkadi como si no hubiera Franco”. Y es que veían al dictador como un “mero accidente histórico”: España y Francia eran “nuestros auténticos enemigos”. Por eso ETA jamás reivindicó la II República. “La bandera rojo-amarillo-morada (…) es para nosotros tan símbolo extranjero como la rojo-amarilla… y la destruiremos (en Euzkadi naturalmente; ¡allá los españoles con sus banderas en España!) si llega el caso”. Así, la organización se negaba a colaborar con las instituciones republicanas y las fuerzas antifranquistas no nacionalistas, algo que sí hacían el PNV, ANV y ELA, lo que les costó continuos reproches.

ETA tampoco era demócrata. Que perpetrase atentados durante el final del régimen no significa que quisiese sustituirlo por un sistema representativo como los de Europa occidental. Por ejemplo, en 1965, temiendo que el dictador muriese repentinamente y se instaurase “un gobierno democrático burgués que ahogaría nuestras posibilidades”, el grupo se preparó para “intentar un golpe de Estado al amparo de los primeros momentos de confusión”. ETA seguía el modelo de la toma del poder en países como Argelia, Cuba, Vietnam, China o los satélites de la URSS, así como de su sistema político. La organización no aspiraba a una democracia parlamentaria, sino a un “Estado Socialista Vasco”, es decir, a una dictadura de partido único.

Además de por sus documentos históricos, el supuesto antifranquismo de ETA también queda desmentido por sus actos. Como calculó Raúl López Romo, hasta el fallecimiento de Franco en noviembre de 1975 la banda causó el 5% de sus víctimas mortales. El resto de los asesinatos, el 95%, tuvieron lugar después de esa fecha. Y es que, desde la perspectiva del ultranacionalismo, la restauración de la democracia, la Ley de Amnistía o el Estatuto de Autonomía de Euskadi no supusieron un cambio real. Únicamente eran “accidentes históricos”. Como Franco.

Zuri guztiak ez dira elurrak: no todas las cosas blancas son nieve. Antiespañola e independentista, ETA solo fue una organización antifranquista de forma coyuntural. Excepto cuando le interesaba por motivos propagandísticos, siempre rechazó ser definida como tal. Ponerle ahora esa etiqueta supondría un insulto a la memoria de los antifranquistas que, pagando un alto precio, se enfrentaron a la dictadura y contribuyeron a traer la democracia.

Fuente: El Correo

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Matteo Re: “La curiosa desaparición del populismo de la política italiana”, The Conversation

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La investidura de Mario Draghi ha provocado dos cambios copernicanos en la política italiana. La Liga de Matteo Salvini y el Movimiento 5 Estrellas (M5S), con apabullante entusiasmo, han optado por el apoyo al nuevo ejecutivo (…)

Pueden leer el artículo completo aquí

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Novedad editorial: “Telesforo Monzón. Realidad y mito de un nacionalista vasco”

TELESFORO MONZÓN. REALIDAD Y MITO DE UN NACIONALISTA VASCO

Este es un libro sobre el nacionalismo vasco y su evolución durante las décadas centrales del siglo xx, entre 1930 y 1980 aproximadamente, a través del análisis de la figura de Telesforo Monzón, uno de sus políticos más influyentes, primero en las filas del PNV y después en Herri Batasuna.

Más información, aquí

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Exposición “Un largo camino a la igualdad” en Portugalete

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17 febrero, 2021 · 19:04

Nuevo informe del Centro Memorial: Nueve testimonios sobre la radicalización yihadista. La perspectiva del núcleo familiar

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Pueden descargarlo aquí

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Presentación del Glosario Audiovisual de las Víctimas del Terrorismo

El Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y la Fundación Fernando Buesa acaban de presentar el Glosario Audiovisual de las Víctimas del Terrorismo, proyecto que he coordinado con Eduardo Mateo Santamaría. Se trata de una herramienta audiovisual en la que 22 expertos (historiadores, juristas, politólogos, etc.) explican ante la cámara 66 términos relacionados con el terrorismo, sus víctimas y la memoria de las mismas.

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GFS: “Cuando estuvimos al borde del abismo”, El Correo, 22-I-2020

Apenas había pasado un lustro desde la muerte del dictador y la Transición ya estaba haciendo aguas. Las grietas que habían aparecido después de la euforia de las elecciones de 1977 no hicieron sino ensancharse. En 1980 la joven democracia española se enfrentó a una crisis generalizada: había enormes dificultades económicas, se alcanzó la cifra récord de un millón de desempleados, la delincuencia y el consumo de drogas comenzó a crecer, el Gobierno y la UCD se descomponían y el presidente Adolfo Suárez estaba en entredicho. Parte sustancial de la sociedad se sumió en el pesimismo y el “desencanto”.

Aquella inestabilidad alentó a los enemigos de la democracia: el golpismo, un sector de las FCSE y el terrorismo. Potenciado por los atentados de ETA y los GRAPO contra oficiales, en 1980 el “ruido de sables” era cada vez más audible: militares “nostálgicos” estaban urdiendo las tramas que culminarían en el 23-F. Otro factor negativo fueron los excesos y delitos que cometieron ciertos agentes de “gatillo fácil” que habían protagonizado hechos como la matanza de cinco obreros el 3 de marzo de 1976 en Vitoria. Aunque no llegaron a desaparecer, en los años posteriores se redujeron notablemente. Si bien 15 personas fallecieron en incidentes policiales en 1980, la absoluta mayoría de los casos carecía de connotaciones ideológicas.

Sin desestimar el peso de las anteriores, la mayor amenaza para el proceso de democratización fue el terrorismo, que entre 1976 y 1982 segó 498 vidas y causó 450 heridos. No por casualidad, el año en que se acumularon más damnificados fue 1980: se trató no solo del más cruento de la Transición, sino también del segundo de toda nuestra historia reciente: en las seis décadas que van desde 1960 a 2020 únicamente le superó en número de víctimas mortales 2004, a consecuencia de la masacre yihadista del 11-M. Como se indica en la obra 1980. El terrorismo contra la Transición, a lo largo de esos 366 días (era bisiesto) se perpetraron 395 atentados, que arrojaron un saldo de 132 asesinatos, 100 heridos y 20 secuestros. No es de extrañar que, de acuerdo con una encuesta de la empresa ICSA-Gallup, la ciudadanía considerara que el terrorismo era el mayor problema de España detrás del paro.

Numerosas bandas operaban en el país durante 1980, pero el grueso de los actos de violencia llevaba la firma del brazo armado del nacionalismo vasco radical: ETA causó 95 víctimas mortales (el 71,9% del total), 73 heridos (el 73%) y 17 secuestros (el 85%). La más letal de sus ramas fue ETA militar, que acabó con 81 vidas. Le seguían los Comandos Autónomos Anticapitalistas, que cometieron nueve asesinatos, y ETA político-militar, cinco. La segunda posición en este macabro ranking la ocupó el terrorismo ultraderechista y parapolicial. Escondiéndose bajo marcas como la Triple A o el BVE, dejó 28 víctimas mortales (el 21,2%). Las siglas de extrema izquierda, como los GRAPO, mataron a seis personas (el 4,5%). El palestino Fatah-Consejo Revolucionario perpetró un asesinato. Hay otros dos crímenes sobre cuya autoría existen dudas.

Las tensiones acumuladas durante 1980 estallaron a principios de 1981, hace ahora cuatro décadas. El 29 de enero el presidente Suárez dimitió: “Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la Historia de España”. El mismo día ETAm había secuestrado a José María Ryan, el ingeniero jefe del proyecto de la central de Lemóniz, que sería asesinado el 6 de febrero. El 13 de ese mes el miembro de ETAm Joseba Arregi falleció a consecuencia de las torturas sufridas a manos de la Policía. Una semana después ETApm secuestró a los cónsules de Austria, Uruguay y El Salvador. El 23 de febrero el teniente coronel Antonio Tejero irrumpió en el Congreso de los diputados mientras que en Valencia el capitán general Jaime Milans del Bosch sacaba los tanques a la calle.

Podría haber sido el fin. Durante unas horas la democracia pendió de un hilo. No se rompió porque aquel día el rey Juan Carlos I hizo valer su autoridad y porque posteriormente las manifestaciones y el voto de la ciudadanía española dejaron claro que no estaba dispuesta a volver al pasado.

Irónicamente, el 23-F supuso un punto de inflexión. El golpe de Estado no solo fracasó, sino que permitió acallar el “ruido de sables”. ETApm liberó a sus rehenes y declaró una tregua. Tras su autodisolución en 1982, los expolimilis volvieron a casa. Ni ETAm ni los CAA aceptaron acogerse a aquella amnistía encubierta, pero, gracias a las FCSE, tampoco consiguieron mantener el nivel de violencia. Pese al embate combinado de golpismo y terrorismo, la democracia no fue un paréntesis en la historia de España.

Fuente: El Correo

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