Presentación del segundo número de la revista «Grand Place» (Mario Onaindia Fundazioa)
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José Luis de la Granja: «Sabino Arana, historia y símbolo», El Correo, 25-1-2015
Sabino Arana, historia y símbolo
JOSÉ LUIS DE LA GRANJA SAINZ
CATEDRÁTICO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA UPV/EHU
El lunes 26 de enero se cumple el 150 aniversario del nacimiento de Sabino Arana (1865-1903). Es indudable su importancia histórica no solo por ser el único padre fundador del nacionalismo vasco, sino también por haber creado los símbolos oficiales del País Vasco: el nombre Euzkadi, la bandera o ikurriña y el himno “Gora ta gora”. Por ello, Arana es el político decimonónico que está más presente en la Euskadi del siglo XXI e incluso me atrevo a afirmar que en la España actual, superando al conservador Antonio Canovas y al socialista Pablo Iglesias. Estos son referentes históricos para el PP y el PSOE, respectivamente, pero no tienen incidencia en la política de nuestros días, a diferencia de Arana, cuyo proyecto de un Estado vasco independiente sigue siendo la meta del movimiento fundado por él en 1895.
Sabino Arana fue muy controvertido en vida y continúa siendo objeto de polémica hoy en día, más de un siglo después de su muerte. Ello se debe a que, más que como personaje histórico, cuya biografía es muy bien conocida gracias a los estudios de los historiadores, pervive como símbolo, que es ensalzado por sus seguidores, los jeltzales, mientras que es rechazado por los no nacionalistas vascos.
Sin embargo, Arana no fue una personalidad monolítica, pues en su breve vida política evolucionó desde el ideólogo nacionalista radical y católico integrista de su primera etapa (1893-1898) hasta el político pragmático que fue diputado provincial de Bizkaia (1898-1902): su primera moción a la Diputación proponía crear un “Consejo Regional” vasco, que era una simple Mancomunidad de Diputaciones. La culminación de esa moderación fue su “evolución españolista” (1902-1903), que suponía la renuncia a la independencia y la asunción de la autonomía “dentro de la unidad del Estado español”, siguiendo el modelo de la Lliga Regionalista de Cataluña, apoyado por el grupo de Ramón de la Sota. Dicho proyecto se frustró por la prematura muerte de Arana en 1903.
Desde entonces el PNV se caracterizó por la dualidad de una ideología independentista (el aranismo) y una práctica política autonomista, y también por el movimiento pendular entre un sector radical y otro moderado, que acabó prevaleciendo. A ambos les unía la religión católica, la reivindicación de la restauración foral y la mitificación sacralizada del fundador o “el culto a Sabino Arana” (título de un artículo del semanario Euskalduna), culto que perduró a lo largo del siglo XX.
Arana, que había creado los símbolos de la nación vasca, se convirtió en un símbolo del nacionalismo vasco desde el momento de su muerte a los 38 años. Se trató de un culto funerario (necrolatría) al líder carismático, que había fallecido joven en su casa de Sukarrieta debido a la enfermedad de Addison. Sus seguidores han sostenido que la contrajo en la cárcel de Bilbao en 1902, pero no existe ninguna prueba documental que lo demuestre, siendo una mera suposición, como reconoció el último confesor de Arana en una carta: “La enfermedad adquirida en la cárcel, o venida por otras causas”.
Su muerte natural no fue obstáculo para que sus discípulos le considerasen no solo “héroe nacional” sino también “mártir cristiano”, sacralizándole e incluso santificándole en la prensa con artículos titulados “La muerte del santo” o “Arana-Goiri, santo”. A ello contribuyó una parte del clero, propagandista de su doctrina político-religiosa, como el capuchino Evangelista de Ibero, que le denominó “mártir de Jaungoikua y de Euzkadi” en su catecismo político Ami vasco. A menudo se le comparaba con Cristo, llamándole “Mesías”, “Jesús vasco” y “el Maestro”.
Por ello, no es extraño que su sencilla tumba en el cementerio de Sukarrieta llegase a ser un lugar de peregrinación para los jeltzales, que le llevaban flores en grupos reducidos o en concentraciones de masas, como en 1907 y 1922. Diez años después, en la II República, el PNV transformó la casa natal de Arana en su sede central, denominada Sabin Etxea y convertida en otro lugar de peregrinación desde la multitudinaria manifestación del primer Aberri Eguna en Bilbao. Esta fiesta fue la culminación del culto a Sabino Arana, al hacer de su descubrimiento del nacionalismo, en una conversación con su hermano Luis un día indeterminado de 1882, el Día de la Patria Vasca, y situarlo ex profeso el domingo de Resurrección para remarcar el paralelismo entre Cristo y Sabino, según resaltó la revista Aberri Eguna en 1932.
Todo esto quedó proscrito durante la Dictadura de Franco, que destruyó Sabin Etxea, mientras que la tumba de Arana en Sukarrieta permaneció vacía durante más de medio siglo, al ser escondido su cadáver en la Guerra Civil para evitar su profanación. El culto a él se mantuvo en el exilio, donde el PNV fundó Sabindiar Batza, que publicó sus “Obras completas” en 1965, centenario de su nacimiento.
Desde la Transición el PNV volvió a homenajearle en Sukarrieta, creó la Fundación Sabino Arana, edificó la nueva Sabin Etxea como su sede principal y le erigió una estatua en 2003, centenario de su muerte. Aunque ya no le rinde un culto casi religioso como hace un siglo, la veneración del PNV por la figura de Arana continúa siendo muy grande, como prueba el hecho de que le honra cada año en tres efemérides del calendario sabiniano: la Fundación entrega los Premios Sabino Arana el último domingo de enero, coincidiendo con el aniversario de su nacimiento; sus máximos dirigentes hacen sendas ofrendas florales: una ante su estatua en Bilbao el 31 de julio, fecha de creación del PNV, y otra en su tumba de Sukarrieta el último fin de semana de noviembre por el aniversario de su defunción.
Por tanto, al cumplirse el sesquicentenario de su nacimiento, Sabino Arana perdura como símbolo emblemático del PNV, que sigue siendo aranista, tal y como refleja su nombre en euskera: Eusko Alderdi Jeltzalea, al conservar el lema JEL (Dios y Ley Vieja) de su fundador.
Fuente: El Correo, 25-1-2015
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Entrevista a la responsable del proyecto de investigación «Memoria, ética, justicia. La extorsión y la violencia de ETA contra el mundo empresarial», en el que participo.
Pueden leerla aquí.
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Video-sinopsis: «Héroes, Heterodoxos Y Traidores» («La sinopsis de su libro favorito»)
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José Antonio Pérez publica una reseña de mi «Historia de Euskadiko Ezkerra» en el último número de «Segle XX. Revista catalana d’història»
Pueden leerla aquí.
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What makes Basque Country different?
The Basque Country (Euskadi) has been presented by other countries as a completely different being from the rest of Spain too many times, even as opposed to it. They have even tried to make Basque people look as a homogeneous and monolithic ‘nation’: one single ethnic group, one single national identity, one single language, one single culture and one single political ideology. However, there is nothing further from the truth. If there is one thing that has characterized the Basque Country along history, that has precisely been its internal diversity. In 1984 two of the most important Basque intellectuals, the historian Juan Pablo Fusi and the anthropologist Julio Caro Baroja, published separate works in which they coined the word ‘pluralism’ to define Basque society. Fusi, for example, claimed that ‘the Basque Country is characterized by a wide cultural and political pluralism, a linguistic duality and a variety of mentalities and habits of social behavior. The Basque Country would be a modern and complex society defined by a sharpened cultural, political, social and economical variety’1.
There is a great heterogeneity among men and women living in the Basque Country, not to mention in Navarra, another autonomous region that nationalists want to annex to Euskadi. Basques have different origins (natives, immigrants from the rest of Spain and descendants of immigrants or mixed), different territorial identities (only Basque, only Spanish, although the majority feels both Basque and Spanish in different degrees), they speak two languages (Basque and, mainly, Spanish), its European culture comes from the mixture of many others and, at last, they either integrate with or feel close to three great political movements: nationalism, right wing and left wing.
But, is all that internal diversity what makes Basque society different? No, it is not. One of the characteristic features of a modern society is precisely its internal plurality. As Emilio Lamo recalls, homogeneous societies are the unusual ones. First of all, most countries have inside them four or more ethnic groups. In second place almost 6.912 languages are spoken in the planet, although there are only 228 estates. Each one has an average of 30,3 languages. Only less than 15% of those estates can be considered to be linguistically homogeneous. In third place, in America, Europe and other parts of the world democratic regimes are the usual system. In fourth place, the presence of one or several regionalist or nationalist movements in a country is not surprising. In fifth place it is common to have territories where there are people who feel part of different nations (and people who do not believe in the existence of something called ‘nation’). In sixth and final place, some citizens have a multiple territorial identity2. In that sense, the Basque Country (and Spain as a whole) follows the rule. Then, what is the difference? Or, in other words, why did it seem so necessary to remark the plurality of Basque society in 1984? And, why is it still so important to remember that diversity now in the 21st century? The answer is fairly simple: terror. Then and now, ETA (Euskadi ta Askatasuna, Basque Country and Freedom) not only questions Basque pluralism but also tries to remove it through terroristic violence3.
1 Juan Pablo Fusi. El País Vasco. Pluralismo y nacionalidad (Madrid: Alianza, 1984); Julio Caro Baroja. El laberinto vasco (San Sebastián: Txertoa, 1984).
2 Emilio Lamo de Espinosa, ‘¿Importa ser nación? Lenguas, naciones y Estados’, Revista de Occidente, nº 301 (2006), pp. 118-139.
3 Gurutz Jáuregui, Ideología y estrategia política de ETA. Análisis de su evolución entre 1959 y 1968 (Madrid: Siglo XXI, 1981); John Sullivan, ETA and Basque Nationalism: the Fight for Euskadi, 1890-1986 (New York/London: Routledge, 1988); Antonio Elorza (coord.), La historia de ETA (Madrid: Temas de hoy, 2006); Diego Muro, Ethnicity and violence: the case of radical Basque nationalism (New York: Routledge, 2007); Rogelio Alonso, Florencio Domínguez and Marcos García, Vidas rotas. Historia de los hombres, mujeres y niños víctimas de ETA (Madrid: Espasa, 2010).
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Recensión de «La secesión de España. Bases para un debate desde el País Vasco»
En el último número de la revista Sancho el Sabio aparece esta recesión que he escrito sobre la obra:
-ARREGI, Joseba (2014): La secesión de España. Bases para un debate desde el País Vasco, Tecnos, Madrid, 2014. ISBN: 978-84-309-6145-0, 233 págs.
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