Aurore Ducellier: «El uso de la memoria antifranquista por ETA en series de ficción», Atlante, nº 19, 2023

En este artículo, propongo analizar cómo algunas (mini)series de ficción de la última década sobre el terrorismo de ETA –en especial El precio de la libertad y El asesinato de Carrero Blanco (2011), La línea invisible (2020) y, en menor medida, Patria (2020)– tratan el complejo legado antifranquista de la temprana ETA. Desde la mitificación de algunas figuras legitimadoras como el poeta Lauaxeta, de algunos momentos fundacionales en la lucha contra el franquismo y de algunos miembros convertidos en héroes de la causa bajo el franquismo (Txabi Etxebarrieta, Mario Onaindia, Argala), las tres primeras series ofrecen una lectura mediática de las raíces del terrorismo vasco y la cuarta se hace eco de esta herencia en el terrorismo de los años de plomo. Si bien en ocasiones beben del discurso memorialista de ETA sobre sus propias víctimas y mártires –la figura del gudari, la guerra civil como un episodio del conflicto ancestral– para mejor evidenciar su falacia, tienen el mérito de cuestionar algunos tópicos surgidos de la “batalla del relato” hasta el punto de poner en peligro la difusión o la recepción de dichas series.

Pueden leer el artículo aquí

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El león y yo les deseamos felices fiestas. Eguberri on!

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22 diciembre, 2023 · 10:17

GFS: «¿Quién mató a Carrero Blanco?», El Correo, 20-XII-2023

El 20 de diciembre de 1973 la explosión de una potente bomba acabó con las vidas del presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco, de su chófer, José Luis Pérez Mogena, y de su escolta, Juan Antonio Bueno Fernández. ETA reivindicó el atentado, pero pronto surgieron las dudas. Junto a la actividad del FRAP y los GRAPO, así como a la masacre del 11-M, se trata de una de las acciones terroristas que más relatos fantasiosos ha inspirado en nuestra historia reciente. Así, políticos, militares, periodistas, ensayistas, novelistas y cineastas han lanzado conjeturas sobre la participación en el magnicidio de la masonería, algún sector del régimen, el KGB, la CIA o varios de estos actores a la vez.
La teoría de la conspiración que más ha éxito ha tenido es la de que el Gobierno de Estados Unidos permitió o incluso estuvo detrás del atentado. Encaja tan bien con la imagen omnisciente y omnipotente que nos hemos formado sobre la CIA que, con el tiempo, la supuesta implicación de la agencia ha conseguido incrustarse en nuestra memoria colectiva. Se refleja en multitud de novelas, series televisivas y películas.
¿Qué indicios suelen esgrimir los defensores de dicha hipótesis? Uno es la cercanía de la Embajada de EE. UU. al lugar del crimen: sería imposible que la CIA no se hubiese dado cuenta de nada. Sin embargo, según Google Maps, entre las placas en recuerdo de las víctimas mortales y la legación hay 210 metros andando o 400 en automóvil. Como es comprensible, los agentes norteamericanos protegían su Embajada, no la seguridad de todo el barrio.
Otro argumento reside en el explosivo. Se ha dicho que el material utilizado fue C-4 de uso militar estadounidense, pero también que se trató de una mina o incluso que no sabemos cuál era composición, ya que una mano oscura se encargó de que jamás se realizase un análisis químico. No obstante, entre las más de 3.000 páginas de la causa judicial hay varios informes cuya conclusión fue unánime e inequívoca: ETA había utilizado detonadores eléctricos, mecha y goma 2E-C fabricados por la Unión de Explosivos Río Tinto para uso civil. La Policía sabía perfectamente en qué polvorines los había robado.
El resto se desmonta con idéntica facilidad. En resumen, ni en las diligencias policiales, ni en los informes periciales, ni en el resto del sumario, ni en los boletines del SECED, ni en la documentación de la Segunda Sección Bis del Ejército se advierte el mínimo indicio de que ETA hubiese contado con la ayuda de agentes extranjeros o de la propia dictadura. Las teorías de la conspiración han sido rechazadas por todos los historiadores profesionales que han estudiado el caso, como Javier Tusell, Charles J. Powell, Antonio Rivera, David Mota y José Antonio Castellanos.
Como confesó el comisario José Sainz, «la sorpresa» fue total. Por un lado, la única amenaza terrorista activa en Madrid era la del FRAP, cuyos integrantes utilizaban armas blancas. ETA era un problema menor y localizado en el País Vasco. Por otro, el sistema de seguridad de las élites franquistas estaba anticuado y falló. Los servicios secretos y las Fuerzas de Orden Público adolecían de escasez de medios, hombres y profesionalización. Además, su prioridad era vigilar a la Iglesia, el movimiento estudiantil, los sindicatos clandestinos y el comunismo. De acuerdo con un boletín del SECED, «Madrid resultaba plaza excéntrica a la acción de ETA; la atención de las Fuerzas de Seguridad fue atraída hacia el Norte con la cadena de atentados últimamente allí realizados; el día 20 presuponía mayores temores de agitación laboral y callejera que terrorista. Todo, en fin, contribuyó a multiplicar la sorpresa de la acción y el inicial escape de los autores».
Al asesinato de Carrero ha de aplicársele el principio de la navaja de Ockham: cuando hay varias explicaciones posibles a un fenómeno, la más simple suele ser la correcta. La única ayuda que ETA necesitó para aquella operación, más que suficiente, fue la red de apoyo local que había creado Eva Forest, la misma que posibilitaría la masacre de la cafetería Rolando en septiembre de 1974.
Aunque su propaganda lo presentó como una forma de impedir un franquismo sin Franco, ETA no perpetró el magnicidio por dicho motivo, sino que tenía sus propias razones. Una, el nombramiento de Carrero como presidente del Gobierno dificultaba su plan original de secuestrarlo. Otra, el puro oportunismo: la banda contaba con información, medios y voluntad para hacerlo. Y la última, el atentado respondía a la estrategia de acción-reacción-acción que guiaba a ETA: buscaba provocar la máxima represión posible por parte de la dictadura. Y lo consiguió.

Para saber más:

-Pódcast Sierra Delta sobre el magnicidio

-Artículo en Araucaria

El terrorismo en España

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GFS: «Carrero Blanco, 50 años del magnicidio de ETA», Diario Vasco, 17-XII-2023

A las 10:00 horas del 20 de diciembre de 1973 el Juzgado de Instrucción nº 8 de Madrid recibió una llamada: “sobre la esquina de las calles Claudio Coello y Maldonado de esta Capital se ha producido una explosión al parecer de gas” cuando pasaba el vehículo oficial de Luis Carrero Blanco, presidente del Gobierno de la dictadura franquista.

El Dodge Dart se había elevado entre 35 y 40 metros para caer en el interior de un edificio propiedad de la Compañía de Jesús. Hubo tres muertos: el almirante, su chófer, José Luis Pérez Mogena, y uno de sus escoltas, el inspector Juan Antonio Bueno Fernández. Estas dos últimas víctimas y los siete heridos fueron y continúan siendo los grandes olvidados.

El ingeniero jefe de Gas Madrid descartó la posibilidad de una fuga. Tampoco era un accidente. Las Fuerzas de Orden Público (FOP) descubrieron una galería subterránea de seis metros de longitud que iba desde el centro de la vía al sótano del número 104 de la calle Claudio Coello. Había sido un atentado. Ese mismo día ETA lo reivindicó mediante un comunicado. La organización confirmaría su autoría en una rueda de prensa.

Las FOP realizaron una investigación exhaustiva del caso, que permitió identificar a sus autores materiales. Sin embargo, no pudieron arrestarlos: los etarras pasaron un mes escondidos en Madrid y luego, huyeron a Francia. En enero de 1974 el juez envió una orden de detención al país vecino, pero el ministerio de Exteriores francés se negó. Solo tras la matanza de la cafetería Rolando en septiembre de 1974, se detuvo a algunos de los cómplices con los que ETA había contado en la capital de España. Más adelante cayeron algunos de los dirigentes de la banda que habían estado allí.

La acumulación de pruebas, informes y declaraciones dio lugar a una causa judicial de 3.009 folios, más dos piezas separadas, una de 128 folios y otra de siete. El sumario es un documento clave que, junto a otras fuentes, nos permite explicar lo que ocurrió sin necesidad de recurrir a teorías de la conspiración.

ETA llevaba en Madrid al menos desde 1971. Ese año José Miguel Beñarán (Argala) conoció a Eva Forest, una extremista que tejió a su alrededor una red de apoyo al terrorismo. Su labor fue crucial para llevar a cabo tanto el magnicidio como el atentado de Rolando, que costaría la vida a 13 personas. Otros proyectos fueron un fiasco, como el secuestro del presidente de Petronor y el asesinato de un periodista de ABC.

Según algunas versiones, en septiembre de 1972 un misterioso desconocido facilitó a ETA una nota manuscrita: el vicepresidente Carrero Blanco asistía diariamente a la misa de las 9:00 horas de la iglesia de san Francisco de Borja. No sabemos quién era aquel hombre y por qué colaboró con la organización. Como se cuenta en el último episodio del pódcast Sierra Delta, es probable que no se tratara más que de un truco narrativo para encubrir a Eva Forest. De cualquier manera, aquella información no era precisamente un secreto de Estado. Incluso el domicilio de Carrero aparecía en la guía telefónica

Tras realizar tareas de vigilancia, los miembros de ETA se dieron cuenta de que el almirante seguía la misma rutina diaria y que tenía poca protección. Se trataba de un blanco fácil. El frente militar decidió secuestrarlo. A cambio de su vida, la banda exigiría la libertad de sus presos, algo a lo que difícilmente accedería Franco. Distintos etarras fueron turnándose en Madrid. Estudiaron el itinerario de Carrero, las salidas de la iglesia y el tráfico. También adquirieron un piso en Alcorcón, en cuyo interior se construyó una “cárcel del pueblo”.

La fecha límite para el secuestro era el 18 de julio de 1973, pero en junio Franco nombró a Carrero Blanco presidente del Gobierno y el almirante dejó de acudir a la iglesia con la misma asiduidad. En julio los etarras se trasladaron a Francia para participar en una asamblea. A su regreso Carrero había retomado su rutina, pero se habían añadido más agentes y un vehículo a su escolta. Juzgando el secuestro demasiado arriesgado y sin consultar al resto de la dirección de ETA, el frente militar decidió matar al presidente.

En otoño la organización lanzó una ofensiva en el País Vasco para desviar la atención de las FOP. En septiembre una bomba voló la plaza de toros de Villarreal de Urrechua. En octubre se colocaron 75 kilogramos de explosivo bajo un puente a la salida de San Sebastián, pero fueron descubiertos por unos niños. También fracasó el comando que en noviembre intentó secuestrar al embajador de España ante las Comunidades Europeas en su domicilio de Bruselas.

Mientras tanto se trasladaron grandes cantidades de explosivo a la capital de España. A mediados de noviembre ETA adquirió un sótano en la calle Claudio Coello. Los terroristas excavaron una galería que atravesaba la cimentación y los muros de la fachada. Cuando los vecinos se quejaron por el ruido, uno de los etarras alegó que era escultor y que estaban reparando la vivienda. En la tarde del 19 de diciembre un miembro de la organización colocó un cable que salía del sótano. Dijo que estaba preparando una línea de teléfono.

El comando, formado por Argala, Javier Larreategui (Atxulo) y Jesús Zugarramurdi (Kiskur), colocó tres cargas de 25 kilogramos de explosivo cada una bajo el firme de la calle. Además, aparcaron en doble fila un automóvil con una bomba de 9,25 kilos, que no llegaría a detonar. El 20 de diciembre de 1973, cuando el vehículo de Carrero Blanco pasaba por encima del lugar señalado, Argala activó el artefacto.

La sorpresa de las FOP y los servicios secretos fue total. Por un lado, la única amenaza terrorista activa en Madrid era la del FRAP, cuyos integrantes utilizaban armas blancas. ETA era un problema menor y localizado en Euskadi. Por otro, el sistema de seguridad de las élites franquistas estaba anticuado y falló. Los servicios de información y las FOP no eran eficaces y carecían de medios humanos y materiales. Además, su prioridad era vigilar a la Iglesia, el movimiento estudiantil, los sindicatos clandestinos y el comunismo.

Como admitió el Gobierno Civil de Guipúzcoa, el magnicidio supuso “un motivo propagandístico excepcional”, que provocó “el alza de cara al exterior” de ETA. El mito le sería muy rentable. Pero, aunque la propaganda de la izquierda abertzale lo presentó (y lo presenta) como su contribución a impedir un franquismo sin Franco, la organización terrorista no perpetró el atentado por dicho motivo, sino que tenía sus propias razones. Una, el nombramiento de Carrero como presidente dificultaba su plan original de secuestrarlo. Otra, el puro oportunismo: la banda contaba con información, medios y voluntad para hacerlo. Y la última, la más importante, el atentado respondía a la estrategia de acción-reacción-acción que guiaba a ETA: buscaba provocar la máxima represión posible por parte de la dictadura. Y lo logró.

Caso cerrado. El 11 de abril de 1977 el Juzgado de Instrucción nº 21 de Madrid declaró concluso el sumario, que se cerró el 27 de mayo de ese mismo año. No era consecuencia de una conspiración, sino de una decisión política del Gobierno de Adolfo Suárez para facilitar que ETA y su entorno aceptasen las elecciones democráticas del 15 de junio de 1977 o, como poco, que cesasen los atentados durante la campaña electoral.

En octubre de 1977 las Cortes españolas aprobaron la Ley de Amnistía que sacó de la cárcel a todos los presos de ETA, incluyendo aquellos con delitos de sangre, y acabó definitivamente con la responsabilidad penal de los 66 asesinatos que hasta el 15 de junio había realizado la banda terrorista, incluyendo el magnicidio. Pese a aquella oportunidad histórica, ETA siguió matando y los tres autores materiales del asesinato de Carrero prefirieron continuar en las filas terroristas. La venganza cayó sobre uno de ellos. El 21 de diciembre de 1978 un atentado parapolicial acabó con la vida de Argala, que se había convertido en el máximo dirigente de ETA militar. Como Carrero Blanco, es uno de esos victimarios-víctimas cuya polémica memoria nos toca gestionar ahora.

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Monográfico sobre Carrero en La Aventura de la Historia

El último número de la revista La Aventura de la Historia incluye un monográfico sobre el asesinato del presidente franquista Luis Carrero Blanco y su asesinato en el que participamos historiadores como Antonio Rivera, Toño Castellanos y un servidor. Muy recomendable.

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SD Contra 26: El asesinato de Carrero Blanco

Pueden escucharlo aquí

https://www.ivoox.com/sd-contra-26-el-asesinato-carrero-blanco-audios-mp3_rf_120774906_1.html

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Vidéo complète du colloque «La voix des victimes du terrorisme et la construction de leur mémoire»

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Presentación de «Volver al mundo» en Bilbao

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28 noviembre, 2023 · 10:40

GFS: «Poner de su parte», El Correo, 16-XI-2023

En su reciente obra El tiempo del testimonio María Jiménez Ramos recoge los resultados de un interesante experimento con 225 jóvenes universitarios. Primero, se certificó su grado de conocimiento e interés acerca de ETA y sus víctimas. Posteriormente se les expuso las historias de cinco damnificados por la banda. Por último, se repitió el cuestionario. Así, se comprobó que estos testimonios habían tenido un considerable impacto en la mayoría de los alumnos, que mostraban más rechazo al terrorismo y mayor tristeza, compasión y empatía hacia las víctimas: ya no eran simples estadísticas, sino seres humanos con los que habían conectado.

No obstante, también se detectó un perfil minoritario de estudiantes que creían que el fin justifica los medios sangrientos y que estaban ideológicamente blindados ante el dolor ajeno: su opinión sobre los atentados de ETA no varió ni un ápice tras conocer a quienes los habían padecido. La ausencia de solidaridad revela que han sido o están siendo adoctrinados y que, si no se hace nada para evitarlo, pueden sufrir un proceso de radicalización de consecuencias nefastas.

Otras sociedades traumatizadas por la violencia política han tropezado con el mismo problema. Por distintos motivos, en Alemania muchos jóvenes autóctonos son incapaces de percibir a las víctimas de los neonazis como voces creíbles y autorizadas. Iniciativas como EXIT-Deutschland han encontrado una solución: difundir el testimonio de formers: victimarios que no solo reniegan de su pasado, sino que también quieren cumplir una función social. Su relato biográfico ha demostrado ser un poderoso antídoto contra el racismo y los discursos del odio.

Tal y como sugiere María Jiménez, quizá sea hora de probar esa herramienta y llevar a las aulas a aquellos exetarras que han hecho una genuina autocrítica de su trayectoria individual y colectiva. El testimonio de antiguos miembros de esta y otras bandas terroristas puede convertirse en una pieza clave para los planes de prevención de la radicalización violenta que se están implementando en la actualidad.

Un proyecto así ya dispondría de cobertura. Hay que recordar que en marzo de 2021 el Consejo Vasco de Participación de las Víctimas del Terrorismo pidió que se integrasen testimonios de miembros de ETA arrepentidos en los centros educativos. Por descontado, es indispensable contar con formers que se atrevan a dar un paso al frente.

Habrá quien objete que no tenemos derecho a demandar tal esfuerzo a los exintegrantes de ETA porque, cuando cumplen la condena que la justicia les ha impuesto por sus crímenes, su deuda con el Estado de Derecho desaparece. Es cierto, pero, como leemos en el libro de Mario Calabresi Salir de la noche, quien ha cometido (o ayudado a cometer) delitos de sangre no solo adquiere una responsabilidad penal, sino también otra de índole moral. Y ésta no se extingue cuando sale de la cárcel, sino que se mantiene mientras perduren los efectos del terrorismo.

Si de verdad quieren redimirse y resarcir a las víctimas y a la sociedad en la que viven, los exmiembros de ETA tienen la obligación cívica de hacer algo más que cumplir sus penas. Han de poner de su parte. Por supuesto, no es sencillo. Requiere coraje. Como escribió Fernando Aramburu, “pedir perdón exige más valentía que disparar un arma, que accionar una bomba”.

Pero no sería una novedad. En nuestra historia reciente sobran los ejemplos de antiguos militantes de ETA que pidieron perdón, más que de palabra, de obra: se reinsertaron, ingresaron en partidos democráticos, se colocaron en primera fila en las concentraciones pacifistas, ayudaron a gestar el Pacto de Ajuria Enea, impulsaron el movimiento cívico, escribieron sus memorias sin obviar las páginas oscuras, colaboraron con periodistas e historiadores para que pudieran elaborar sus textos, dieron charlas, participaron en tertulias y debates, o contaron sus errores ante la cámara, como se ve en los documentales Nacional I (Felipe Hernández Cava y Rafael Alcázar) y Traidores (Jon Viar). Muchos de ellos pagaron un alto precio: la incomprensión, la hostilidad, las amenazas e incluso la vida.

Hoy no les pedimos tanto. Bastaría con que los exetarras se nieguen a ser instrumentalizados por el nacionalismo radical; señalen el paradero de los cuerpos de los desaparecidos; ayuden a resolver más de 300 casos de asesinato, muchos de los cuales están amnistiados o han prescrito; y den su testimonio en las aulas para deslegitimar el uso de la violencia. Nadie puede revertir lo sucedido, pero está en sus manos prestar un valioso servicio a la sociedad en general y a las víctimas del terrorismo en particular.

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Jornada «Democracia, nacionalismos, izquierdas» en Bilbao

17 de noviembre de 2023. De 16.30 a 20.30 horas

Espacio Joker. Calle Euskalduna, 8 • 48008 Bilbao

Programa

16.30-16.45Presentación Josu Ugarte / exdirector de Bakeaz
16.45-17.30La izquierda española ante los nacionalismos
Una aproximación histórica Francisco Javier Merino / exprofesor de Historia, IES   La relación de la izquierda española con los movimientos nacionalistas ha estado caracterizada por la confusión, la ambigüedad, la ausencia de unas líneas claras y cierta incoherencia. Desde la aparición de los nacionalismos periféricos –sobre todo en el País Vasco y Cataluña–, a finales del siglo XIX, la posición de la izquierda ha oscilado entre la contradicción que implica apoyar movimientos que desmienten una de las esencias del socialismo, «La patria de los trabajadores es la humanidad», y la colaboración con ellos para enfrentar un nacionalismo español abanderado por las derechas, que en más de una ocasión mostró su cara más dictatorial y represiva. Si el franquismo proclamó que quienes no compartían su visión totalitaria conformaban la Antiespaña, buena parte de la izquierda respondió refugiándose en identidades alternativas, aceptando la modalidad de esa Antiespaña que encarnaban los nacionalismos periféricos. La inevitable alianza en un frente común ante la represión compartida ha derivado en más de una ocasión en la incorporación por las formaciones de izquierda de reivindicaciones nacionalistas muy poco compatibles, en principio, con el ideal igualitario que la define. Así, asistimos en la actualidad a la paradoja de que dos de los territorios más ricos del país lideran unas demandas dirigidas a la separación del resto de España, sin que la izquierda extraiga conclusiones sobre esta nueva versión de secesión de los ricos.
17.30-18.15La dialéctica de la emancipación y sus competidores
Posmodernismo, populismos y credos identitarios Martín Alonso / doctor en Ciencia Política   Melancolía de izquierda es una lúcida reflexión del historiador Enzo Traverso anclada en la significación histórica de 1989. Esa fecha simboliza la derrota de una visión que había inaugurado el siglo XX como una promesa de emancipación universal y salía de él como símbolo de despotismo y opresión. El naufragio del comunismo se manifestó en una triple crisis, en palabras de Daniel Bensaïd (Une lente impatience): crisis teórica del marxismo, crisis estratégica del proyecto revolucionario y crisis social del sujeto de emancipación. Con la emancipación como telón de fondo, el ponente compartirá sus reflexiones de carácter sociopolítico. De los escombros del comunismo han surgido dos reacciones de sentido contrario: Por un lado, han vuelto con fuerza los viejos ídolos caídos, los del pensamiento reaccionario que sirvieron tradicionalmente de sustento a la lógica de la dominación, antagonista de la de la emancipación. Por otro, han surgido ídolos nuevos, que con el aparente intento de ocupar el vacío desde el otro polo ideológico y tras un empeño deconstruccionista y socialmente atomizador, han dejado expedito el camino a los anteriores, que reivindican para sí, sin complejos, los lemas de la igualdad, la emancipación y el empeño de cambiar el mundo, precisamente el meollo del impulso emancipador. Después de unas pinceladas sobre el giro experimentado en la dialéctica de la emancipación se tratarán tres formaciones que amparan a los nuevos ídolos y que son responsables de ese descarrío: posmodernismo, populismos y credos identitarios, con especial referencia a los nacionalismos. La simultaneidad de ambas reacciones dificulta enormemente la tarea de construir una propuesta emancipadora asentada en los valores cívicos universalistas y ajena a las tentaciones polarizadoras.
18.15-18.45Coloquio
18.45-19.15Descanso
19.15-20.30La relación de la izquierda con los nacionalismos en la España actual Mesa redonda moderada por Josu Ugarte Xabier Aierdi / exprofesor de Sociología, UPV/EHU Jesús María Puente / exprofesor de Historia, IES Roberto Uriarte / profesor de Derecho Constitucional, UPV/EHU
Asistencia libre Si desea inscribirse (opcional), envíe su nombre, apellidos y correo a la atención de Josu Ugarte: j.ugar.gast@gmail.com

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