Jesús Casquete reseña «El terrorismo en España»

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GFS: «50 año de terrorismo internacional», El Correo, 24-VIII-2021
A primera hora del 24 de agosto de 1971 el personal de pista del aeropuerto de Barajas se dio cuenta de que estaba saliendo humo de un avión que había aterrizado unas pocas horas antes: un Boeing 707 de la línea jordana Alia procedente de Amán. No se trataba de un incendio accidental, sino de una bomba. Por suerte, no había explotado en pleno vuelo: además de la tripulación, en el avión viajaron 42 pasajeros.
Aquel atentado inauguró la historia del terrorismo transfronterizo en España. Desde entonces, al igual que el resto de Europa occidental, nuestro país fue utilizado como escenario de las acciones de organizaciones nacionalistas de tendencia laicista e izquierdista originarias de Oriente Próximo. Buscaban dar publicidad a su causa, perjudicar a estados como Israel y Turquía, presionar a otros gobiernos y deshacerse de adversarios y disidentes.
Dos años después se produjo la primera víctima mortal. En enero de 1973 un pistolero de Septiembre Negro asesinó en Madrid a un agente del Mosad, Baruch Cohen. Los atentados se sucedieron. A consecuencia del contexto internacional, de la debilidad de la joven democracia española y de la reducida efectividad de las FCSE, el punto álgido de este tipo de violencia coincidió con la Transición. Pese a que la mayoría de los casos siguen sin resolver, sabemos que detrás había grupos palestinos como Fatah-Consejo Revolucionario. En marzo de 1980 uno sus integrantes, que sería arrestado, acabó con la vida del empresario de raíces vitorianas Adolfo Cotelo Villarreal, a quien había confundido con su vecino Max Mazin. En nuestro territorio también operaban bandas venidas de aún más lejos, como el Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia, responsable de tres muertes.
El balance del terrorismo internacional de corte preyihadista arroja un saldo en España de 13 asesinatos y varias decenas de heridos entre 1971 y 1985. Se trata de cifras considerables, pero que pasaron desapercibidas durante los “años de plomo” protagonizados por los GRAPO, la ultraderecha y, sobre todo, las distintas ramas de ETA.
Según avanzaba la década de los ochenta la actuación de estas organizaciones laicistas se fue haciendo más esporádica, pero el yihadismo recogió el testigo del terrorismo transfronterizo. Se diferenciaba de la anterior oleada por su inspiración religiosa y su preferencia por los atentados indiscriminados: España ya no era simplemente un campo de batallas ajenas, sino que se había colocado en la diana a sus ciudadanos. Es lo que sucedió en la hoy casi olvidada matanza del restaurante El Descanso (Madrid) en abril de 1985. Hubo 18 fallecidos y 84 heridos. Fue reivindicada tanto por la palestina Waad como por la libanesa Yihad Islámica, que ya había cometido varios crímenes. Esta última es la opción más probable.
Los yihadistas asesinaron a compatriotas fuera de nuestras fronteras en ciudades como Marrakech (agosto de 1994), Nueva York (11-S) o Casablanca (mayo de 2003), pero aparentemente solo utilizaban España para captar voluntarios y recaudar y blanquear fondos. El espejismo se esfumó en 2004. El 11-M una célula vinculada a Al Qaeda perpetró los atentados más brutales de la historia reciente, que dejaron 192 fallecidos y 1.841 heridos. Los ataques de Barcelona y Cambrils de agosto de 2017, obra de yihadistas ligados al Dáesh, acabaron con la vida de 16 personas y provocaron lesiones a otras 109. Desde El Descanso hasta este mismo año, en el que han sido asesinados dos periodistas españoles en Burkina Faso, el yihadismo ha causado un total de 290 víctimas mortales y 2.036 heridos. Solo ETA le supera en letalidad.
El terrorismo internacional continúa siendo la principal amenaza a nuestra seguridad. Gracias a los cambios estructurales, los ajustes legislativos y la experiencia adquirida en la lucha contra ETA, la labor de los servicios de inteligencia y las FCSE se ha ido perfeccionando con el tiempo. Según el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo, solamente en lo que llevamos de año se han efectuado 14 operaciones contra redes yihadistas, en las que se han detenido a 25 sospechosos.
El CNI y las FCSE han evitado que haya nuevos atentados. A su vez, las instituciones han puesto en marcha proyectos para concienciar a los más jóvenes e impedir los procesos de radicalización, como las unidades didácticas que ha elaborado el Centro Memorial para que se impartan en las aulas. No obstante, el problema nos incumbe a todos. Si como individuos desterramos los discursos del odio de nuestro entorno y de las redes sociales, donde ahora campan a sus anchas, dejaremos al terrorismo sin combustible. Ayudar a desactivarlo está en nuestras manos.
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UN COMPROMISO CON LA LIBERTAD. MIKEL UNZALU IN MEMORIAN
Esozi Leturiondo, Alberto Agirrezabal, Eduardo García…
(Mario Onaindia Fundazioa)

Ha fallecido Mikel Unzalu y estamos profundamente afectados. Existe en los humanos esa necesidad de agarrarse a la esperanza a pesar del maldito diagnóstico. Necesitábamos confiar en su fortaleza, en su coraje tantas veces demostrados a lo largo de su vida para esperar lo mejor: volver a encontrarnos, volver a debatir, volver a decidir, volver a poner en marcha algunos proyectos y volver, después del trabajo, a comer juntos, a discutir de nuevo, a cantar, a disfrutar de la vida.
Mikel, que venía desde su mas tierna juventud, bregado en la política, en la lucha antifranquista, fue de los primeros en subirse al carro de la defensa de la democracia y lo hizo tirando de él, como dirigente que era.
Había sido uno de los miembros destacados de aquella EIA, de aquel partido del que Mario decía que era un partido “joven y de jóvenes”. Había hecho, como otros tantos, ese recorrido que va desde la intransigencia a la tolerancia, desde el dogmatismo a la defensa de la pluralidad, de no ser un demócrata a serlo. Un tránsito que no resultaba nada fácil en aquellas circunstancias.
Se hizo liberal y socialista, era un republicano que defendía una comunidad de ciudadanos libres e iguales y por tanto un defensor del Estado de derecho y del Imperio de la Ley.
Ocupó diversos cargos públicos a lo largo de su dilatada vida política desde el Ayuntamiento de su ciudad, Vitoria-Gasteiz hasta el Gobierno Vasco pasando por el Parlamento y dejó constancia de su capacidad de gestión, de su firmeza y de su capacidad de diálogo y de entendimiento. Fue un muro de contención frente al acoso totalitario con el que le tocó vivir, con amenazas, con escoltas, con amigos/as y compañeros/as perseguidos y asesinados.
Desde EE tuvo un destacado papel en el proceso de Convergencia con el PSE-PSOE. Defensor, como su amigo Mario, de la unidad de la izquierda democrática fue un puntal decisivo para que aquel proyecto llegará a buen término.
Era otro paso difícil en su vida política, había que tener mucha determinación, había que soportar el reproche de muchos que habían sido compañeros y compañeras en batallas muy recientes. Mario comentaba que cuando llegó a la subida del Tourmalet, casi le dejan solo. Un símil ciclista muy propio de un eibarrés. Allí estaba Mikel con él junto con otros pocos.
Y fue impulsor y, por tanto, fundador de MARIO ONAINDIA FUNDAZIOA.
Activo miembro de la Ejecutiva desde el comienzo de nuestra andadura. Participó en la presentación que hicimos en el Ayuntamiento de Donostia, y en la que hicimos en el propio Senado en Madrid. Gracias a él se pusieron en marcha muchos proyectos, se gestionaron ayudas y se culminaron trabajos. Y se puede decir, por tanto, que el espíritu, el empuje y la mano de Mikel están detrás de muchos de ellos.
Mikel era una persona que se entusiasmaba y se creía lo que hacía. En estos tiempos de descreimiento, de nihilismo y de tanto cinismo, ese entusiasmo es uno de los grandes valores que precisa cualquier colectivo. Porque las organizaciones, como la Fundación MARIO ONAINDIA, tienen principios, tienen valores y se hacen gracias al trabajo y a la dedicación cotidiana de gente y de personas como Mikel.
Su dedicación y el estudio de los temas hicieron de él un competente profesional de la gestión pública y privada. Su cercanía con la gente, su empatía, su conocimiento de la ciudad le convirtieron -aunque nunca lo fue- en el mejor candidato al mejor alcalde que hubiera podido tener Vitoria-Gasteiz.
Su compromiso con su País, hizo de él un patriota, su compromiso contra la desigualdad un socialista y su compromiso con la defensa de la Ley un demócrata.
Y su compañerismo, su humor, sus artes culinarias, sus cánticos, hasta su fuerte carácter hacían de él el amigo ideal.
Nada será igual sin Mikel, echaremos de menos su voz arrolladora, su risa contagiosa, su vehemencia, sus fundados argumentos…su imponente presencia.
Agur Mikel, mila esker.

Fuente: Mario Onaiandia Fundazioa
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«Euskara. La lengua vasca». Libro de Iván Igartua y Xabier Zabaltza en descarga libre

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GFS: «Iraultza», El Correo, 17-VII-2021

En su último libro, En manos del tío Sam, David Mota analiza la documentación del Gobierno de EEUU acerca de ETA. La obra arroja nueva luz sobre episodios clave como el asesinato de Carrero Blanco, descartando definitivamente la participación de la CIA. Además, revela que, lejos de la imagen omnisciente que proyectan series y películas, el servicio de espionaje de EEUU tenía serios déficits de información sobre España en general y ETA en particular. Por un lado, apenas contaba con personal cualificado. Por otro, dado que no atacaba a intereses o ciudadanos norteamericanos, la organización distaba de ser su prioridad. Desde el punto de vista norteamericano, eran mucho más peligrosos grupúsculos como el Exèrcit Roig Català d’Alliberament, que en 1987 asesinó a un joven marinero estadounidense en Barcelona, e Iraultza (Revolución).
Esta banda surgió en los aledaños del EMK (Euskadiko Mugimendu Komunista), un partido maoísta cuyo origen se remonta a la primera escisión obrerista de ETA, ETA berri (1966). Durante la Transición el EMK no solo condenaba el terrorismo, sino que apostó por la vía democrática. Primero lo hizo dentro de Euskadiko Ezkerra, consiguiendo un diputado; luego en solitario, fracasando rotundamente. Aquel fiasco y la fascinación por los resultados de la coalición apadrinada por ETA militar, Herri Batasuna, radicalizaron al EMK, que acabó como un satélite de la “izquierda abertzale” y se dotó de su propio brazo armado.
La primera bomba de Iraultza explotó en julio de 1981 en el chalet del empresario Luis Olarra en Getxo. Según se leía en su boletín, la nueva organización no pretendía competir con ETA, sino complementarla ocupándose de “campos importantes que no se cubren”. Entre las “tareas político-militares” de Iraultza se citaban “luchar por la defensa del puesto de trabajo, contra la explotación patronal en las fábricas, contra la imposición de proyectos antipopulares, contra el expolio de nuestro entorno, contra los límites impuestos al desarrollo del euskera, contra las múltiples formas de represión sobre la juventud, contra las leyes machistas y las agresiones contra las mujeres… Se trata de enriquecer los efectos de la actividad armada, hoy centrada casi en exclusiva en los cuerpos represivos y Lemoiz”. Su horizonte final era una revolución socialista.
Iraultza cometió alrededor de doscientos atentados en el País Vasco y Navarra contra entidades bancarias, locales de la Administración, sedes de la patronal, intereses extranjeros, comercios y más de medio centenar de empresas que atravesaban conflictos laborales. Pese a que en teoría solo pretendían causar daños materiales, el resultado de sus acciones fueron varios heridos y una víctima mortal. El 27 de junio de 1986, a las 7:50 horas, José Miguel Moros Peña puso en marcha una máquina perforadora en una obra en Santurce. El calor y la vibración activaron un artefacto que, al explotar, le dejó gravemente herido. Moros falleció el 13 de agosto de aquel mismo año a consecuencia de sus lesiones. Natural de Portugalete, tenía 18 años y llevaba un par de meses trabajando en la empresa Constructora Urgandía. Era su primer empleo.
Iraultza justificó el atentado como una “protesta por la concesión de ayuda norteamericana a la contra nicaragüense”. Las 34 bombas que esta banda colocó en firmas como Ford, General Motors, Coca Cola o Firestone formaban parte de una “campaña de solidaridad contra los criminales planes del imperialismo yanqui”, en referencia a las intervenciones militares de EEUU en otros países. Hoy nos resulta chocante, pero el Gobierno de la superpotencia llegó a temer que Iraultza se transformase en una serie amenaza para su seguridad en Europa.
La organización desapareció en 1991, pero un sector contrario a la dirección del EMK, que estaba en plena convergencia con la LKI, otro partido de extrema izquierda, se escindió para crear Iraultza Aske. Durante la década de los noventa aquel grupúsculo colocó otros 25 artefactos explosivos contra sucursales bancarias, oficinas de la Administración y empresas de trabajo temporal. La consecuencia fue una docena de heridos.
Más allá de la infundada alarma que provocó en algunos funcionarios estadounidenses, Iraultza fue una chapuza que causó un inmenso dolor. Por una parte, siete de sus integrantes fallecieron al estallarles las bombas que estaban manipulando. Evidentemente, tampoco consiguió sus objetivos fundacionales. En vez de provocar una revolución y emancipar a la clase obrera, Iraultza arrebató la vida a un obrero. Hace unos días se cumplió el 35º aniversario de aquel crimen, que ha pasado casi desapercibido. Sin embargo, es nuestro deber recordar a José Miguel Moros Peña. Hoy tendría 53 años.
Fuente:
El Correo
Bibliografía recomendada
FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka (2021): El terrorismo en España. De ETA al Dáesh. Madrid: Cátedra.
MOTA, David (2021): En manos del tío Sam. ETA y los Estados Unidos. Granada: Comares.
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Nuevo podcast. Entrevista a David Mota sobre su último libro

Pueden escucharla aquí
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