
Curso de verano 10/09/2025. Didáctica del terrorismo. Investigación y aplicaciones en el aula
Este curso de la UPV/EHU se centra en una de las principales cuestiones tras el fin de ETA: la enseñanza. Hace apenas dos décadas este campo permanecía yermo. A fecha de hoy ya existen tanto grandes aproximaciones teóricas como recursos didácticos concretos para abordar el fenómeno del terrorismo en las aulas de secundaria y universitarias.
No obstante, faltaba un escalón intermedio: más investigación educativa. En las diferentes ponencias, se presentarán los resultados de estudios de caso que permitirán avanzar en varias direcciones. Por un lado, la comparación del tratamiento de la dictadura franquista y la época del terrorismo en los manuales escolares. Por otra parte, el análisis de la legislación educativa a nivel nacional y autonómico, sus avances y carencias en relación al abordaje del fenómeno del terrorismo. Asimismo, se tratará sobre la perspectiva del personal docente, la necesaria formación del profesorado, veremos ejemplos concretos de aplicaciones en el aula, etc.
Matrícula gratuita. Formatos presencial (en San Sebastián) y online en directo. Más información e inscripciones:
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GFS: «Txiki y Otaegi», El Correo, 18-VIII-2025
En 1975 la dictadura ejecutó a los dos miembros de ETA político-militar. Son victimarios del terrorismo-víctimas del franquismo. ¿Qué hacemos con su memoria?

La propaganda y las celebraciones rituales los convirtieron en mártires de ETA. Cada año la izquierda abertzale conmemoraba la fecha de su fusilamiento con la jornada del Gudari Eguna. Le ha servido para premiar simbólicamente el compromiso de los terroristas, consolar a sus familias, mantener la fidelidad de los militantes, atraer a los inmigrantes (Txiki era extremeño), ofrecer un modelo de conducta heroica a los jóvenes y humillar a las víctimas.
Al hilo del 50º aniversario de las ejecuciones, el nacionalismo radical se ha embarcado en una nueva, intensa y larga campaña de homenaje a ambos, que ahora son presentados como antifranquistas que dieron su vida por la democracia. Se trata de reivindicar la herencia de ETA, pero tergiversando su historia.
La campaña ha dado un acelerón durante el verano, con profusión de actos y cartelería, pero hemos mirado hacia otro lado. Hasta que el gobierno municipal de Zarautz (PNV/PSE-EE) ha quitado una lona con las fotografías de Txiki y Otaegi de un espacio protegido y simbólico: estuvo decorado por una gigantesca pintada a favor de los presos de ETA hasta 2011.
Zarautz ha provocado la airada reacción de una izquierda abertzale acostumbrada a enaltecer el terrorismo con impunidad. También ha molestado que Alberto Alonso, director de Gogora, y entidades de víctimas como COVITE y la Fundación Buesa hayan subrayado lo evidente: que Paredes y Otaegi fueron víctimas del franquismo, pero no mártires de la libertad.
Por un lado, como repetía una y otra vez en sus publicaciones, la ETA en la que ellos militaron no luchaba por la denostada “democracia burguesa”, sino que pretendía sustituir la dictadura franquista por otra de corte comunista, al estilo de Cuba o Vietnam. Eso sí, más pequeña: solo para Euskadi y sus territorios limítrofes.
Por otro, los consejos de guerra del régimen franquista, un sistema ilegítimo, no pueden ser considerados juicios justos desde la perspectiva de un Estado de Derecho como el actual. Sin embargo, eso no significa que los dos etarras fueran inocentes de los cargos que se les imputaban. Hay pruebas de que Otaegi fue cooperador necesario en el asesinato del guardia civil Gregorio Posada Zurrón y de que Paredes participó en el del subinspector José Díaz Linares, así como en el atraco en el que perdió la vida el cabo Ovidio Díaz López. Su memoria y sus familias merecen respeto.
Txiki y Otaegi fueron asesinos y asesinados. Entran dentro de la categoría de los victimarios-víctimas: autores materiales o intelectuales de violencia política que fallecieron en actos de violencia ilegítimos. Su caso resulta controvertido porque se entrecruzan la política de memoria histórica/democrática y la de las víctimas del terrorismo. Ocurre lo mismo con el dirigente de ETAm José Miguel Beñarán (Argala) y con los etarras asesinados en atentados del primer terrorismo parapolicial y de los GAL, que a menudo son homenajeados públicamente.
Pero también hay victimarios del franquismo-víctimas del terrorismo como el presidente Luis Carrero Blanco y Melitón Manzanas, inspector jefe de la Brigada de Investigación Social de San Sebastián. El primero cuenta con una calle y un monumento en su localidad natal, Santoña. Respecto al segundo, más allá de los bulos abertzales (el más bizarro: que se le honra en el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo), hay que recordar que fue condecorado por el Gobierno en 2001 y que su nombre aparece en el monumento de Portal de Foronda (Vitoria).
En vez de enzarzarnos en una estéril polémica y en el “y tú más”, quizá esta sea una buena oportunidad para afrontar de una vez el debate público acerca de los victimarios-victimas que Galo Bilbao planteó en 2009 y que hemos estado esquivando desde entonces.
Pretendo contribuir a él con tres propuestas. La primera puede servir como base: aplicar la misma norma a todos los victimarios-víctimas. Partiendo de la universalidad del derecho a la vida, creo que es un error distinguir entre unos y otros dependiendo de en qué filas militaban o de quién los mató.
La siguiente idea es investigar con rigor la historia de los victimarios-víctimas con el fin de divulgarla en libros, documentales, unidades didácticas, exposiciones o redes sociales. Y es importante dejar constancia tanto del daño que sufrieron como del que infligieron. Ambas facetas son inseparables.
No obstante, informar no es lo mismo que homenajear. Hacerlo produce resultados muy negativos. Uno, falsear su currículo y, por ende, el pasado. Dos, revictimizar a sus víctimas. Y, tres, transmitir un mensaje antipedagógico a los más jóvenes: que cierta violencia estuvo bien. Por consiguiente, es imprescindible que se evite cualquier tipo de homenaje a los victimarios-víctimas.
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Call for Papers: coloquio «Terrorismos, contraterrorismos y antiterrorismos en la Europa actual»
Terrorismos, contraterrorismos y antiterrorismos en la Europa actual (desde los años sesenta hasta hoy): internacionalización, circulaciones y representaciones
23-24 de abril de 2026
Universidad Grenoble-Alpes – Campus de Saint-Martin-d’Hères
Organización:
David Crémaux-Bouche (Universidad Grenoble-Alpes, ILCEA4-CERHIS)
Mariana Dominguez Villaverde (Universidad Grenoble-Alpes, ILCEA4-CERHIS)
Marie Mianowski (Universidad Grenoble-Alpes, ILCEA4-LISCA)
Matteo Re (Universidad Rey Juan Carlos)
Más información:
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IV Premio de Divulgación en Historia Contemporánea “Manuel Pérez Ledesma”

Ana Escauriaza y yo hemos recibido el IV Premio de Divulgación en Historia Contemporánea “Manuel Pérez Ledesma” de la Asociación de Historia Contemporánea como comisarios de la exposición “Rolando 2:15-2:45” del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo.
Para saber más, aquí
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SDContra44
En #SDContra44, pódcast de Seguridad y Defensa y Fundación Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Carlos Igualada habla acerca de la prevención de la radicalización yihadista.
E Inés Gaviria Sastre, Eduardo Mateo y Mireya Toribio Medina sobre los actos de enaltecimiento a ETA.
https://www.ivoox.com/sd-contra-44-prevencion-radicalizacion-yihadista-audios-mp3_rf_151734627_1.html
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Curso de verano de la UPV/EHU: «Los epistolarios de Indalecio Prieto»

Ya está abierta la matrícula del curso de verano «Los epistolarios de Indalecio Prieto». Será en Bilbao (Bizkaia Aretoa), los días 2 y 3 de septiembre de 2025.
También puedes seguirlo online.
Haz tu matrícula en: https://www.uik.eus/es/curso/epistolarios-indalecio-prieto
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GFS: «El día de todas las víctimas del terrorismo», El Correo, 27-VI-2025

El sábado 25 de junio de 1960 Guillermo Santoro Sánchez y otro joven, seguramente Reyes Marín Novoa, disfrutaron de una noche de fiesta en San Sebastián. No les faltaba dinero. Estuvieron bebiendo en locales como Mónaco, La Espiga, Capri, Vitorio y Trinquete, donde entablaron conversación con viejos y nuevos conocidos. Incluso intentaron intimar con una chica donostiarra y, según las diligencias policiales, con “señoritas extranjeras”.
Al día siguiente Santoro se presentó en la estación de Amara con un billete de primera clase para el tren con destino a Bilbao. Aunque había pasado la hora límite, la generosidad de los trabajadores le permitió facturar una maleta y dejar otra en la consigna de equipajes. La encargada, Soledad Arruti, lo describió como un hombre de unos 28 años “de tez pálida, aspecto desenvuelto, de persona correcta”. Le pareció un “niño mimado”.
La maleta-bomba de la consigna explotó a las 19:10 horas del lunes 27. Provocó un incendio en el que resultaron heridas seis personas. Una de ellas era Arruti. Otra, su sobrina nieta María Begoña Urroz Ibarrola, de 20 meses, que sufrió graves quemaduras. La niña era la primogénita de un matrimonio del pueblo navarro de Beinza-Labayen que había emigrado a Lasarte. El padre, Juan, trabajaba en la fábrica Moulinex. La madre, Jesusa, solía ayudar a su tía Soledad en la estación. Aquel día había dejado a Begoña a su cuidado mientras iba a comprarle unos zapatitos.
La chiquilla ingresó en la clínica del Perpetuo Socorro, pero los médicos no fueron capaces de salvarle la vida. Falleció a las 23:00 del martes.
La Policía descubrió dónde se había alojado el terrorista, la tienda en la que había comprado las maletas, las personas con las que se había cruzado y las mentiras que contó. Los agentes reconstruyeron sus pasos, le pusieron nombre y apellidos, pero no dieron con él: Santoro ya había huido.
Todo señalaba al DRIL. Por si quedaba alguna duda, los portavoces de aquella organización, compuesta por portugueses antisalazaristas y españoles antifranquistas de diversas ideologías, reivindicaron sus atentados en la prensa venezolana. Unos días después insistieron: “las revoluciones para derrocar a los tiranos no se hacen con té y simpatía ni con bombones”. Nunca mencionaron a su víctima.
Urroz fue la tercera de las cuatro muertes asociadas a aquellas siglas. En marzo de 1960 a uno de los miembros del DRIL le estalló su propio artefacto y otro había sido fusilado por la dictadura franquista. En enero de 1961 un comando asesinó al marino portugués João José do Nascimento Costa durante el asalto al trasatlántico Santa María.
Ese mismo mes el juzgado requirió la comparecencia de Santoro y otros dos integrantes del DRIL. Ni comparecieron ni fueron detenidos. En 1964 el grupo desapareció en el sumidero de la historia. La Ley de Amnistía de octubre de 1977 borró la responsabilidad penal de sus crímenes.
Probablemente Santoro no quería matar a nadie, pero sabía que poner bombas de relojería en lugares repletos de gente suponía correr ese riesgo. Y no le importó. Que lo hiciera después de gozar de una noche de farra dice algo más sobre él. Pero lo peor fue que jamás pidió perdón por la muerte de Begoña Urroz. Y tuvo 52 años para hacerlo: falleció en 2012.
En marzo de 2010 el Congreso declaró el 27 de junio como el Día de recuerdo y homenaje a las víctimas del terrorismo. Prácticamente por unanimidad, en septiembre de 2011 las Cortes aprobaron la Ley de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo, que introdujo una gran novedad: se indemnizaría a quienes habían sufrido atentados producidos desde el 1 de enero de 1960, cuando el límite de la legislación previa había sido 1968. Así se trataba de reparar a familias como los Urroz, que hasta entonces habían quedado fuera del amparo institucional.
Aquellos acuerdos han tenido consecuencias muy positivas para las víctimas, pero la elección de la fecha se inspiró en una tesis errónea: que la bomba de Amara la había puesto ETA. Trabajos como el informe que el Centro Memorial publicó en 2019, el documental Muerte en Amara (Aitor González de Langarica, 2024) o el libro Las raíces de un cáncer (Tecnos, 2024) han permitido corregir aquella equivocación. Centrémonos, pues, en lo primordial.
Según Reyes Mate, si alguien reconoce a una víctima, tiene que reconocerlas a todas. Por supuesto, existen visiones distintas sobre la violencia política, pero no puede haber juicios morales distintos: ningún fin justifica los medios sangrientos. Parafraseando a Sebastián Castellio, matar a una niña no es defender una doctrina, es matar a una niña. Recordar a Begoña Urroz nos ayuda a comprender esa lección universal.
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