Presentación de «Los resistentes» en Bilbao

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23 enero, 2018 · 11:55

Novedad editorial: «La bolsa y la vida. La extorsión y la violencia de ETA contra el mundo empresarial» (Josu Ugarte, coord.)

https://i0.wp.com/www.esferalibros.com/uploads/imagenes/libros/principal/201711/principal-portada-la-bolsa-y-la-vida-es_med.jpgLa bolsa y la vida es una minuciosa investigación sobre la extorsión y la violencia que ETA ejerció contra empresarios y profesionales, gracias a las cuales logró recursos suficientes para financiar su actividad terrorista. Este libro, fiel a «una ética de la memoria que contribuya a establecer la verdad sobre el pasado, a enfrentarse a las diferentes formas de negación, tergiversación, manipulación, ocultación o impostura (…)» se orienta hacia «una memoria política al servicio de los valores democráticos, una memoria ética al servicio de la convivencia y una memoria profiláctica como barrera o tratamiento intelectual contra la intoxicación del fanatismo».

El 20 de octubre de 2011 ETA anunció el cese definitivo de su «actividad armada» tras sesgar muchas vidas, trastornar a las familias de los asesinados, victimizar a decenas de miles de personas y agrietar el tejido moral de la sociedad. Esta obra es una historia de la violencia de ETA contra empresarios y profesionales; violencia de naturaleza finalista pero, sobre todo, de carácter instrumental: conseguir dinero para matar más.

Lo que se cuenta en estas páginas son unos hechos objetivos, por qué y cómo sucedieron y qué efectos produjeron sobre la economía y su entorno empresarial. Se analiza el chantaje de ETA como un dilema para los chantajeados, que tenían que «elegir» entre sufrir el mal en su persona o contribuir a que lo sufrieran otros; es decir, comprar su vida pagando con la vida ajena.

La financiación de ETA es, pues, la historia de una victimización, pero también de los objetivos buscados con la violencia, de los medios puestos en juego para ejercerla eficazmente, de los resultados obtenidos, de su evolución en el tiempo, de los efectos directos e indirectos sobre la economía y la sociedad. Este estudio del fenómeno de la extorsión resulta por tanto decisivo para reinstaurar el imperio de la verdad.

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Antonio Rivera: «Del miedo a la resistencia», El Diario Norte, 21-I-2018

Fiscalía parisina impide la libertad condicional para el etarra Jean ParotEfe/J

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Luces en la Memoria

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18 enero, 2018 · 11:21

Presentación de «Los 40 RadikAles» en Bilbao

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17 enero, 2018 · 9:14

«30 aniversario del Pacto de Ajuria Enea», El Correo, 12-I-2018


En 1987 ETA asesinó a 52 personas: 21 de ellas en el atentado en el centro comercial de Hipercor (Barcelona) y otras 11 en el de la casa-cuartel de Zaragoza. Sin embargo, en vez de doblegar a la democracia, el terrorismo indiscriminado tuvo efectos que no esperaban ni ETA ni su brazo político.

El primero de ellos fue la desafección del independentismo catalán y de la extrema izquierda de toda España, que habían apoyado la campaña de la coalición Herri Batasuna en las elecciones europeas de aquel año. Tras la matanza de Hipercor, las relaciones entre los ultranacionalismos vasco y catalán se deterioraron, lo que se tradujo en una pérdida de votos en los siguientes comicios europeos.

Aquel atentado también fue criticado por un sector de la autodenominada “izquierda abertzale”. Txomin Ziluaga, secretario general de HASI, el partido que nucleaba HB, sugirió a los terroristas que se tomaran “unos meses de vacaciones”. Como castigo, ETA decretó la purga de Ziluaga y sus partidarios. Se hizo un silencio sepulcral: los disidentes permanecieron mudos. Todos recordaban a Dolores González Katarain (Yoyes), asesinada el año anterior.

La tercera y más importante consecuencia de las masacres de Barcelona y Zaragoza fue la gestación de los pactos contra la violencia de Madrid, Ajuria Enea y Navarra. De forma involuntaria, ETA había creado el clima propicio para la alianza de las formaciones democráticas, que hasta entonces habían dado muestras de constante división.

El 12 de enero de 1988 se materializó el “Acuerdo para la pacificación y normalización de Euskadi”, más conocido como Pacto de Ajuria Enea. Tras 110 días de arduas negociaciones, fue ratificado por los partidos vascos de índole democrática (PNV, PSE, EA, EE, AP y CDS), a los que posteriormente se adhirieron UA, EuE y EB/IU. El texto establecía la ilegitimidad del terrorismo para fijar la agenda política, revalorizaba el Estatuto de Guernica y admitía la posibilidad de un final dialogado de la violencia, respetando “el principio democrático irrenunciable de que las cuestiones políticas deben resolverse únicamente a través de los representantes legítimos de la voluntad popular”. Entonces, ¿de qué cabía hablar con ETA? Según el documento, de “las vías de reinserción”. Poco más. Como colofón, se solicitaba al lehendakari José Antonio Ardanza, uno de los principales artífices de aquel hito, que continuase “liderando el proceso en aras de la total normalización del país”. De ahí surgió la llamada Mesa de Ajuria Enea, un organismo para análisis conjuntos y consensuar una estrategia global.

El Pacto de Ajuria Enea supuso un punto de inflexión en la historia de Euskadi. Superando las tradicionales divisiones identitarias (nacionalistas/no nacionalistas) o de clase (izquierdas/derechas), el texto sirvió para unir a los demócratas, que por fin podían actuar de manera coordinada frente al proyecto totalitario que intentaban imponer los violentos. Se deshizo su coartada: el problema nunca había sido un supuesto “conflicto” étnico entre vascos y españoles, sino ETA, que impedía a los propios vascos vivir y convivir en libertad.

Dicha libertad ya estaba siendo ejercida por grupos como Denon Artean y Gesto por la Paz, que se manifestaban en silencio después de cada asesinato, así como para pedir la libertad de las personas secuestradas por la organización, como Julio Iglesias Zamora, José María Aldaia o Cosme Delclaux. El Pacto de Ajuria Enea sirvió de “paraguas” al incipiente movimiento pacifista.

El nuevo contexto propició el fin de la legislación antiterrorista extraordinaria, la aprobación de la política de dispersión de los presos de ETA, que buscaba alentar su desvinculación de la banda, y una estrategia policial mucho más selectiva y efectiva. El 29 de marzo de 1992 la cúpula de ETA fue detenida en un caserío de Bidart. Sus sustitutos corrieron la misma suerte. La banda entró, en palabras de Florencio Domínguez, en “la más grave crisis de su historia”. No solo había perdido a su equipo dirigente y sus comandos operativos, sino que se había desvanecido el mito de que la organización era indestructible. Tanto en el Gobierno como en la desmoralizada “izquierda abertzale” se abrió paso la idea de que era posible la derrota policial y judicial de ETA, como efectivamente ha ocurrido.

No es de extrañar que los terroristas y su entorno considerasen el Pacto de Ajuria Enea como una amenaza. Según un informe de HASI, se estaba asistiendo a “una potente ofensiva del enemigo, a su reagrupamiento y relanzamiento de sus baterías contra el MLNV”. ETA advirtió de que el acuerdo suponía “un peligroso deslizamiento hacia el enfrentamiento civil”. Desde luego, por medio de sus atentados, la banda se empeñó en que así sucediera.

Ahora bien, el Pacto no naufragó por culpa del ultranacionalismo, sino de sus propios promotores. Los partidos fueron incapaces de gestionarlo de una manera eficaz y consensuada, como se vio en el caso de la autovía de Leizarán (1992). Aparecieron las grietas y, tras el Pacto de Estella (1998), se abandonó la dicotomía entre demócratas y violentos para volver a la de nacionalistas contra no nacionalistas. Y en aquel momento, con esa división sectaria, se enterró el Pacto de Ajuria Enea y las esperanzas que había generado.

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Nazar Oliynyk: «Escuchando las voces ancestrales. La etapa patriótica de Jon Juaristi y su disidencia del nacionalismo vasco»

Escuchando las voces ancestrales. La etapa patriótica de Jon Juaristi y su disidencia del nacionalismo vasco

Nazar Oliynyk

 

Resumen

En este artículo vamos analizar la etapa patriótica vasca de Jon Juaristi. Nos va interesar su socialización y formación del ideario nacionalista, luego apuntaremos su alejamiento y disidencia del nacionalismo vasco. El foco de nuestro análisis se centrará en las autorepresentaciones del autor que encontraron su expresión no solo en Cambio de destinoMemorias, que es una autobiografía sensu stricto, sino igualmente en sus ensayos político-culturales, tales como El bucle melancólicoSacra Némesis o La tribu atribulada, donde el estudio del nacionalismo y la identidad vasca se imbrica con su experiencia personal. Nuestro héroe ha recorrido una trayectoria compleja y vertiginosa que tiene como punto de salida el vasquismo romántico, luego viene la militancia en el nacionalismo vasco radical de ETA, el trotskismo, el socialismo y su actual avatar ideológico: el neoconservadurismo y el españolismo.

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Entrevista en «El Mundo» (ed. del País Vasco)

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Xabier Zabaltza: “¿Vías paralelas?Anticatalanismo valenciano y antivasquismo navarro durante la Transición”, in Dictatorships and Democracies. Journal of History and Culture, 5, 2017, pp. 53-80

Pueden descargarlo aquí

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«Las derrotas de ETA», El Correo, 8-I-2018

2018-01-08-PHOTO-00000081.jpgLa trayectoria de ETApm VII Asamblea terminó en septiembre de 1982, cuando sus dirigentes dieron una rueda de prensa a cara descubierta para anunciar su autodisolución. Por supuesto, no se trata del único final posible para una banda terrorista. Con el tiempo, la otra facción en la que se habían dividido los polimilis, ETApm VIII Asamblea, se integró en ETAm (la ETA actual) o emitió irregulares comunicados hasta que un día dejó de hacerlo. Nadie se dio cuenta. Es exactamente lo mismo que les ocurrió a los GRAPO y a otras organizaciones de ese estilo: se fueron deshaciendo como un azucarillo hasta que, sencillamente, desaparecieron.

Todo parece indicar que ese va ser el destino de lo (poco) que queda de ETA. Cualquier otra opción equivaldría a asumir públicamente su fracaso histórico, algo que el grupo y su entorno pretenden evitar a toda costa. A los etarras y sus antiguos simpatizantes les resulta difícil reconocer que, después de casi sesenta años de asesinatos, heridos, secuestros, atracos, extorsión y amenazas, no han conseguido ninguno de sus objetivos fundacionales. Ni siquiera han sido capaces de asegurar su propia supervivencia orgánica: como banda criminal en activo, ETA está acabada. Es un hecho. Ha sido aniquilada por medio de las herramientas legislativas, judiciales y policiales del Estado de derecho. Baste como muestra un botón. Como revela un reciente informe de Florencio Domínguez, desde 1968 a 2016 las FCSE incautaron a ETA más de 4.000 armas de fuego, 41 toneladas de explosivo y 2.000 granadas, sin contar la munición u otro tipo de elementos. Ese es el auténtico desarme. Hay que agradecérselo a, entre otros, legisladores, jueces, fiscales, guardias civiles, policías nacionales, ertzainas, policías franceses y escoltas privados.

ETA se está yendo por el sumidero de la historia. Excepto algún nostálgico, nadie la echará de menos. ¿Qué va a pasar con su legado envenenado? Una parte es irreparable: el dolor causado a las víctimas del terrorismo. Otra puede ser mitigada por las instituciones, si se deciden a resolver los casos sin resolver, encontrar los cuerpos de los desaparecidos, facilitar el regreso de quienes se exiliaron por la presión de ETA, acabar con la espiral de silencio, evitar los homenajes a los etarras excarcelados, limpiar las calles de carteles y pintadas, etc.

¿Y el relato? La neutralización operativa de ETA todavía no se ha extendido a la narrativa. Se trata de un riesgo para la consolidación de una sociedad plenamente democrática y pluralista. Fernando Aramburu suele señalar que es necesaria la derrota literaria de ETA, a la que tanto ha contribuido su magnífica novela Patria, que sigue la estela de obras como las de Raúl Guerra Garrido. Tiene toda la razón. También está pendiente la derrota de la banda a nivel dramatúrgico, cinematográfico, artístico o educativo, aunque resulta esperanzador comprobar que cada vez aparecen (o están siendo planificadas) más iniciativas que apuntan en esa dirección: obras de teatro, documentales, series televisivas, exposiciones como las que organizará la Diputación guipuzcoana el próximo año, unidades didácticas o el insustituible testimonio de las víctimas en las aulas, por mencionar solo algunos.

También hay cabida para los buenos augurios en el ámbito académico, que a menudo pasa desapercibido por la ciudadanía. En 2018 se publicarán varias obras acerca de la historia de ETA y de sus víctimas, que se sumarán así a las novedosas Creadores de sombras de S. de Pablo, Promesas y mentiras de Luis M. Sordo o Los resistentes de Sara Hidalgo. Por otro lado, se han puesto en marcha diferentes proyectos de investigación, como la cuantificación de los heridos por el terrorismo en España o el que llevan a cabo el Instituto Valentín de Foronda y el Centro Memorial, emulando al que, bajo la dirección de Javier Marrodán, dio lugar a Relatos de plomo. Historia del terrorismo en Navarra. De igual manera, jóvenes universitarios están realizando trabajos de fin de máster y tesis doctorales acerca de distintos aspectos del fenómeno.

Si bien el propósito de los investigadores es, siguiendo una metodología científica, ofrecer un relato plausible, veraz y riguroso acerca de nuestro pasado, y no tanto conseguir la “derrota académica de ETA”, indirectamente hacen una valiosa aportación a la misma. A consecuencia del avance del conocimiento, los cimientos intelectuales del ultranacionalismo están siendo revisados de manera crítica: el mito de un milenario “conflicto” entre vascos y españoles, el de la Guerra Civil como una invasión extranjera, el de la represión solo contra Euskadi, el del caso Batarrita, el de la inevitabilidad de la violencia, el de la ETA antifranquista, el de los inmigrantes como “colonos” de Franco, el del “algo habrá hecho”, el de los etarras como héroes románticos, el de la dictadura encubierta desde 1977, el del fomento de la drogadicción por parte del Estado, etc.

Todavía hay quien cree que la música, la literatura, el teatro, el cine, el arte, la pedagogía, el periodismo, la historia o las ciencias sociales no sirven de nada. Se equivoca. La cultura no solo nos proporciona un ocio saludable y nos enriquece, sino que es la mejor vacuna contra el fanatismo, la intolerancia y el terror. Invirtamos en ella.

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