Archivo del sitio

Una declaración…

Una declaración de principios no es un proyecto, como tampoco lo es el programa máximo de un partido. Un partido puede, por ejemplo, aprobar una resolución en la que se hable de abolir la propiedad, conquistar el Estado, instaurar una república federal, hacer la revolución o cualquier otro objetivo perfectamente inalcanzable en el momento en que se formula. Si no dispone de un plan, ni acopia recursos, ni actúa con miras a la ejecución de esta resolución, nada de eso forma parte de su proyecto; lo más probable es que forme parte de su ideología, de sus creencias o del mundo de sus valores, tal vez de sus metas lejanas, pero no de un proyecto de actuación.

JULIÁ, Santos (2006): «En torno a los proyectos de transición y sus imprevistos resultados», en MOLINERO, Carme (ed.): La Transición, treinta años después. Barcelona: Península, pp. 62-63.

PD 1: A veces, cuando veo a determinados dirigentes políticos hablando ante las cámaras, recuerdo esta cita de Santos Juliá, que en su momento me esclareció muchas cosas. Pero la cita no solo es válida para los partidos políticos (creo que los hemos convertido en cabezas de turco para ocultar que sus defectos son, en gran medida, reflejo de los nuestros como individuos y como sociedad), sino también para los ciudadanos de a pie, para todos nosotros, que muchas veces gastamos saliva en hacer promesas y declaraciones vacías a otras personas, palabras que no significan nada, que solo son fuegos artificiales. Cuesta diferenciar una cosa y otra, pero al final se aprende. Eso espero.

PD 2: Este historiador, por cierto, participa esta tarde en un interesante acto en Bilbao.

PD 3: Si hay alguien de Vitoria en la sala, debería pasarse mañana por el acto de presentación de Cómo pudo pasarnos esto de Idoia Estornes, cuya invitación adjunto.

2 comentarios

6 junio, 2013 · 8:56

1Q84

-Al fin y al cabo -dijo su novia mayor-, cuando pertenecemos al bando mayoritario de los que excluyen, todos estamos más tranquilos que cuando pertenecemos a la minoría de los excluidos. «¡Buf! Menos mal que ese no soy yo», pensamos. Básicamente, ocurre lo mismo en todas las épocas y en todas las sociedades; solo que, cuando se está en un bando con mucha gente, acaba por no dársele demasiada importancia.
-Cuando se está en el bando de la minoría, no se puede evitar darle importancia

Haruki Murakami: 1Q84

Deja un comentario

29 mayo, 2013 · 19:31

El conocimiento…

El conocimiento histórico o científico no son fardos inertes que estarán esperando a ser consultados en la Wikipedia, igual que un aparador inútil que acumula polvo en un guardamuebles. Lo que sabemos del pasado sucede en el presente, porque nos ayuda en la tarea imperiosa de intentar comprenderlo, y por lo tanto nos pone en guardia contra las manipulaciones y los groseros embustes a los que son tan aficionadas las castas políticas y los ideólogos. Sin una conciencia histórica informada y activa no hay manera de valorar lo que sucede ahora mismo, porque no hay términos de comparación con lo que sucedía hace muy poco o hace mucho; y tan necesaria como la conciencia histórica es un grado solvente de conciencia geográfica: la idea tribal de que el lugar de uno es el centro del mundo tendrá menos fervorosos adeptos si en la escuela y en el instituto se enseña la amplitud y la variedad de los paisajes y de las formas de vida.

Antonio Muñoz Molina: «Memoria crítica», El País, 26-III-2013.

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/03/26/actualidad/1364312572_805278.html

Deja un comentario

30 marzo, 2013 · 11:29

Año nuevo, blog nuevo

Comienzo 2013 con un objetivo cumplido (el dichoso doctorado), pero con ganas de nuevas aventuras intelectuales. Esta, si no desfallezco en el camino, será una de ellas.

Deja un comentario

2 enero, 2013 · 20:41