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Aquí he tratado…

Aquí he tratado de evocar, a partir de las más variadas épocas y regiones, algunos de esos momentos estelares -los he denominado así, porque, resplandecientes e inalterables como estrellas, brillan sobre la noche de lo efímero-. En ningún caso se ha procurado decolorar o intensificar la verdad de los acontecimientos externos o internos recurriendo a la propia invención, pues en esos instantes sublimes que la Historia configura a la perfección, no es necesario que ninguna mano acuda en su ayuda. Allí donde ella impera como poetisa, como dramaturga, ningún escritor tiene derecho a intentar superarla.

Stefan Zweig: Momentos estelares de la humanidad.

 

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18 febrero, 2014 · 18:12

“Primero se hiz…

“Primero se hizo compatible ser de izquierdas y ser nacionalista. Después se hizo obligatorio. A continuación declararse no nacionalista se convirtió en la prueba de que uno era de derechas. Y en el gradual abaratamiento y envilecimiento de las palabras bastó sugerir educadamente alguna objeción al nacionalismo ya hegemónico para que a uno lo llamaran facha o fascista”

Antonio Muñoz Molina: Todo lo que era sólido

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4 enero, 2014 · 23:29

Puede decirse, …

Puede decirse, por tanto, que al comienzo está el verbo. Lo que equivale a reconocer la paternidad de los legionarios de la palabra. Poetas, periodistas, historiadores y escritores son (…) heraldos del terror en cuanto artífices de los prolegómenos psicológicos de la violencia institucionalizada; son ellos los que ensalzan la identidad propia, fabrican al enemigo, lo rellenan de contenidos amenazadores y convencen a sus auditorios de que luchan por una causa tan justa que incorpora una clásula vitalicia de exoneración de conciencia.

ALONSO ZARZA, Martín (2006): «Relatos exclusivos, políticas excluyentes. El patrón de Oriente Próximo», Cuadernos Bakeaz, nº 74.

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15 diciembre, 2013 · 17:26

Como muchos vas…

Como muchos vascos de mi generación, creí ser un colonizado. Leí a Fanon, ingresé en ETA a mediados de los sesenta y rompí con el nacionalismo a fines de esa misma década. Con el tiempo, ostenté altos cargos en la Administración española, bajo gobiernos del Partido Popular. Hay quienes, empezando por los nacionalistas vascos, encuentran mucho de reprobable en dicha trayectoria, quizá porque piensan que nunca habría debido abandonar mi inicial militancia en ETA, organización en la que entré a mis deiciséis años, en pleno franquismo, y que dejé a mis dieciocho. Obviamente, yo no lo veo así, y no sólo por indulgencia conmigo mismo. Es bastante normal que las personas cambien, por lo que sea, por convicción o por oportunismo, y yo no pensaba lo mismo en 1967, en 1969 y en el 2000. Conozco a pocos que sigan manteniendo sus ideas de hace cuarenta y tantos años y los que conozco me parecen imbéciles o gente muy peligrosa. O ambas cosas a la vez.

Jon Juaristi: Espaciosa y triste. Ensayos sobre España.

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25 noviembre, 2013 · 23:11

Mi opinión es q…

Mi opinión es que desde la implantación de la democracia en 1977, la pauta en Euskadi fue la convivencia de la sociedad con esa persecución selectiva que ETA ejerció, que no afectaba más que a una parte de ella. Frente a ese acoso constante y cotidiano que ha ejercido ETA y su entorno, buena parte de la sociedad vasca miró hacia otro lado, exceptuando momentos puntuales. Hubo ciertamente algunas manifestaciones contra ETA tras determinados asesinatos (los de Ryan, febrero del 81; de Martínez Barrios, octubre del 83; de Blanco, julio de 1997, todos ellos precedidos por un secuestro…), pero lo que predominó fue la indiferencia social ante la actuación de la banda, a la par que el desamparo, cuando no el aislamiento, de las víctimas del terror etarra. Es la idea de los corazones helados (M. Pagaza), en un contexto general que, en cualquier caso y como elemento que también debe valorarse, el concepto de ciudadanía republicana, de una ciudadanía virtuosa y activa, no se sostiene en nuestra sociedad occidental.
No obstante, la soledad en la que vivieron las víctimas del terrorismo durante un buen periodo de tiempo, la ausencia de un reconocimiento institucional y social, la carencia de calor humano es una losa que debiera pesar sobre una parte sustantiva de la sociedad vasca y sobre el partido al que durante este periodo le correspondió la tarde de gobernar: el Partido Nacionalista Vasco. Hubo así una responsabilidad, una culpa moral, de un segmento importante de la comunidad vasca, que consistió con su silencio la extensión del terrorismo etarra y facilitó con su frialdad hacia las víctimas su marginación social.

Luis Castells (2013): “La historia del terrorismo en Euskadi: ¿Entre la necesidad y el apremio?”, en José María Ortiz de Orruño y José Antonio Pérez (coords.): Construyendo memorias. Relatos históricos para después del terrorismo.

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16 noviembre, 2013 · 17:51

El hecho de que…

El hecho de que yo estuviera dentro de ETA no me otorga ninguna capacidad especial para saber lo que pasó o lo que después ha ido pasando, las mulas del duque de Alba soportaron treinta años de guerra y no aprendieron nada de táctica ni estrategia militar. Con el tiempo, y una vez superados muchos recuerdos emotivos con cierta serenidad, sé del problema vasco por lo que he ido mirando, leído y reflexionando, no por haber estado allí, aunque alguna ventaja resulte de ello.

Eduardo Uriarte (Teo): Tiempo de canallas. La democracia ante el fin de ETA.

PS: Estoy escribiendo una recensión del magnífico y muy polémico libro de Teo Uriarte, que he devorado en unos días. Es la primera vez que en el tema del terrorismo alguien reparte (argumentada) estopa dialéctica a los “suyos” más que a los “otros”. Y a los sucesivos gobiernos. Su tesis central: “El primer instrumento de legitimación de ETA ha sido el Estado español”. Ahí es nada. No me extraña que intentasen censurar Tiempo de canallas. Pero han conseguido el efecto contrario: que se convierta en un éxito editorial. En mi opinión, el mejor motivo para leer una obra es que alguien no quiera que la leas.

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15 noviembre, 2013 · 7:06

En muy difícil …

En muy difícil llevar la contraria en España. Llevar la contraria no a los del partido o a los del bando contrario, sino a los que parecería que están en el lado de uno; llevar la contraria sin mirar a un lado y a otro antes de abrir la boca para asegurarse de que se cuenta con el apoyo de los que saben o creen que uno está a su favor; llevar la contraria a solas, a cuerpo limpio, diciendo educadamente lo que uno piensa que debe decir, l oque le apetece decir, lo que le parece indigno callar, sabiendo que se arriesga no a la reprobación segura de quienes no comparten sus ideas sino al rechazo ofendido de los que lo consideraban uno de los suyos; llevar la contraria no a visiones abstractas y totales del mundo sino a hechos particulares de la realidad.
Es muy difícil no pertenecer a un grupo, a una tribu, a una patria, a lo que sea, con tal de que sea seguro y colectivo, de que ofrezca una protección incondicional, si bien al precio de abdicar del derecho al libre pensamiento: a cambiar de opinión, a no ajustarse a lo que se exige o se espera, o se da por supuesto de uno, a no aprobar todas y cada una de las cosas que hacen aquellos de los que uno mismo se siente más cerca. A los que uno ha defendido, los que sin embargo no aceptarán que se aparten ni un milímetro de la ortodoxia que ellos mismos marcan.
En un país tan invadido de nacionalismos no cuesta casi nada que a uno lo llamen traidor; y aunque en él las iglesias estén cada vez más desiertas casi cualquier disidencia provoca el escándalo de la apostasía. El primer requisito público es una declaración de ortodoxia, sea en el interior de la causa que sea; el castigo del desvío es el sambenito y el anatema.

Antonio Muñoz Molina: Todo lo que era sólido

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10 noviembre, 2013 · 16:52