La lección de un monumento

La lección de un monumento

En mayo se inauguró en el Paseo Marítimo de Santoña un monumento con motivo de la celebración del Bicentenario de la capitulación de la Plaza Napoleónica (entonces conocida como “la Gibraltar del norte”) a las tropas españolas tras la Guerra de Independnecia. La verdad es que, ya sea por los recortes o por la falta de imaginación, deja bastante que desear. Se trata de un sencillo bloque de hormigón con una placa y tres banderas. Yo mismo ironicé al respecto en su momento. No obstante, ayer me fijé mejor y comprendí que tan humilde lugar de memoria transmitía una lección valiosa y original, nada común en este tipo de símbolos. No sobre la Guerra de Independencia, ni sobre la importancia estratégica de las fortificaciones de Santoña, sino sobre el sectarismo y el revanchismo. O, mejor, sobre la ausencia de los mismos. Sobre el monumento ondean tres banderas: la de la invasora y perdedora Francia, la de la invadida y expoliada España y la de la vencedora Gran Bretaña. Las tres y no solo una. ¿En qué otro lugar sería esto posible? Hace doscientos años de aquella guerra y ya es pura y simpre historia. No un arma política, como tan habitual es en España. Siempre que se mira con los ojos adecuados, es posible aprender algo nuevo. A mí me ha costado un mes, lo confieso con rubor.

1 comentario

13 junio, 2014 · 10:04

Una respuesta a “La lección de un monumento

  1. hermosa lección, que me anoto. Salud.

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