Recensión de “Tiempo de canallas. La democracia ante el fin de ETA”

-URIARTE, Eduardo: Tiempo de canallas. La democracia ante el fin de ETA, Ikusager, Vitoria, 2013, 389 pp. Prólogo de Jorge Martínez Reverte.

No resulta sencillo clasificar la obra Tiempo de canallas, ya que transita entre los géneros de las memorias, el ensayo político y la historiografía. También es problemático hacer lo propio con su autor, Eduardo Uriarte (Teo), dada su compleja biografía. Fue miembro de la dirección de ETA cuando esta adoptó el nacionalismo revolucionario (1967) y puso en marcha la espiral de acción-reacción-acción, asesinando al guardia civil José Antonio Pardines y al comisario Melitón Manzanas (1968). Su militancia le costó dos penas de muerte en el proceso de Burgos (1970), que finalmente fueron conmutadas por cadena perpetua en prisión. Compartió cárcel y extrañamiento (destierro al extranjero) con su amigo Mario Onaindia, junto a quien regresó a España tras las primeras elecciones democráticas (1977). A su vuelta, desde su posición en el Comité Ejecutivo de EIA y el grupo de Euskadiko Ezkerra (EE) en el Parlamento vasco, Uriarte jugó un papel destacado en procesos como la disolución de un sector de ETA político-militar (1982) y la evolución de los euskadikos desde el independentismo y el leninismo de sus orígenes al autonomismo y el socialismo democrático. En 1990, marcando el camino que tres años después iban a seguir una parte de sus compañeros con Onaindia a la cabeza, abandonó EE para unirse al PSE-PSOE, a cuyos usos, estructura y jerarquía el heterodoxo Uriarte nunca ha conseguido amoldarse.
Su condición de ilustre ex (consecutivamente exetarra, expreso, exparlamentario vasco, exconcejal y examenazado por ETA) aparece intermitentemente reflejada en las páginas de Tiempo de canallas, en las que no faltan las anécdotas personales. Pero lo cierto es que Uriarte ya ha descrito gran parte de su vida en sus memorias, complemento indispensable de las de Mario Onaindia y valiosa fuente de información para el estudio del pasado reciente del País Vasco . Por añadidura, como demuestran obras de otros políticos retirados, especialmente expresidentes y exlehendakaris, una experiencia tan rica como la suya no garantiza la calidad de la información ni la agudeza de los análisis. El autor lo confiesa con su franqueza habitual: “El hecho de que yo estuviera dentro de ETA no me otorga ninguna capacidad especial para saber lo que pasó o lo que después ha ido pasando (…). Sé del problema vasco por lo que ido mirando, leído y reflexionando, no por haber estado allí, aunque alguna ventaja resulte de ello” (p. 48).
El mayor incentivo para sumergirse en Tiempo de canallas es que Uriarte, aparte de la de ex, aúna otras dos categorías. Por un lado, ha desarrollado un notable trabajo intelectual como historiador de las guerras carlistas, doctor en periodismo, conferenciante y articulista. Por otro lado, ha colaborado activamente en el movimiento cívico a favor de la democracia y contra el terrorismo en una etapa especialmente dura, la de finales de los noventa y la primera década del siglo XXI. En su condición de director gerente de la Fundación para la Libertad, además, ha participado en distintos foros, se ha adentrado en los entresijos de la ONU y ha mantenido encuentros con autoridades de diferentes países, como Estados Unidos y Sudáfrica, todo lo cual le ha permitido conocer de primera mano la opinión internacional sobre ETA, muy distorsionada por la propaganda del nacionalismo radical y, en menor medida, del nacionalismo moderado. Tiempo de canallas, es la síntesis de su experiencia vital, sus lecturas, su tesis doctoral y su reflexión personal. Casi nada.
Otro de los atractivos del presente libro es que huye del sectarismo tan habitual en los ensayos sobre ETA. Al contrario, esta es una de las rarísimas ocasiones en las que un autor carga las tintas contra los “suyos” más que contra los “otros”. A pesar de continuar afiliado al PSOE, Uriarte valora muy negativamente la política antiterrorista de los sucesivos gobiernos socialistas, sus relaciones con los nacionalismos periféricos y sus rupturas con el PP en momentos en los que hubiera sido preferible mostrar un frente común ante la banda. Así, en Tiempo de canallas salen muy mal paradas cabezas visibles del PSOE como el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, descrito como un ingenuo sin memoria, y el presidente del PSE-EE Jesús Eguiguren, tachado de temerario.
Uriarte se ha ganado unos cuantos adversarios en el seno de su partido, mas los socialistas no son, en absoluto, los únicos a quienes pone en la picota en Tiempo de canallas, ya que el autor critica globalmente la política antiterrorista de la dictadura y de casi todos los gobiernos de la democracia parlamentaria. La tesis de esta poco complaciente y políticamente incorrecta obra puede sintetizarse en pocas palabras: “El primer instrumento de legitimación de ETA ha sido el Estado español” (p. 181). “En gran medida, ETA ha sido consecuencia de lo que sus adversarios han hecho frente a ella (…). ETA ha sobrevivido en gran parte gracias a los errores de los que detentan el poder, el político y el mediático” (p. 48).
A decir de Uriarte, los yerros comenzaron cuando el sector más reaccionario e inmovilista del franquismo, buscando construir un enemigo lo suficientemente peligroso como para que despertase la alarma social y justificase la supervivencia del régimen, orquestó fantasiosas campañas de prensa sobre la banda que devinieron en propaganda gratuita para el nacionalismo radical, cuya popularidad no hizo sino crecer. La ayuda inconsciente de los periódicos del Movimiento confirió a ETA un crucial protagonismo mediático del que hasta entonces había carecido.
La democracia parlamentaria no lo habría hecho mucho mejor. Entre sus equivocaciones se mencionan la desunión de los partidos demócratas, la errática política exterior de los sucesivos gobiernos, manifiestamente incapaz de contrarrestar la propaganda internacional de la autodenominada “izquierda abertzale”, o los GAL, que no solo fueron un crimen, sino también un gravísimo error político.
Tiempo de canallas incide fundamentalmente en las dos (malogradas) negociaciones que los Gobiernos del PSOE han entablado con la organización terrorista. Primero, las del gabinete de Felipe González en Argelia (1987-1989) en las que, al “aceptar un debate político con los representantes de ETA, introdujo a esta en el espacio político, convirtiéndola en un referente con el que relacionarse, pues ya lo había hecho el propio Estado” (p. 210). Para Uriarte, “en Argelia el Estado pasa el Rubicón tratando temas políticos con ETA”, lo que a partir de entonces facilitó poner “en entredicho el marco democrático” (p. 220). Segundo, las negociaciones del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2006 y 2007, que mostraron, según Uriarte, que el PSOE no había aprendido nada de sus fracasos anteriores, rompieron el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo que había firmado con el PP y en las que, además, se ofrecieron a ETA “concesiones (…) fuera del cauce legal (…) por el hecho de haber ejercido una violencia” (p. 246). A decir de Uriarte, “habían conseguido, realmente, darle la razón a ETA entrando en su perversa lógica. Lo ofrecido era excesivo. Y, sin embargo, ETA no lo aceptó” (p. 247).
La polémica está servida. No es de extrañar que las ideas de Uriarte hayan resultado, como poco, incómodas. El escritor Jorge Martínez Reverte cuenta en el prólogo que la editorial catalana que había encargado Tiempo de canallas se negó luego a publicarlo porque podía “molestar”. No queda muy claro a quién, pero, desde luego, no faltan candidatos. Precisamente tal tentativa de censura es otra de las muchas razones que invitan a la lectura del libro de Uriarte. Algo tendrá.
Ahora bien, también se echan en falta algunas cosas. Como poco, mayor atención a la Transición democrática, los GAL y la presidencia de José María Aznar. Aunque se nombran, estos temas son ventilados demasiado rápidamente cuando hubieran merecido cada uno de ellos un capítulo específico como mínimo. Pese a tal carencia y a que algunas de sus ideas son discutibles (¿cómo no, tratándose de un ensayo?), hay que remarcar que Tiempo de canallas es un libro bien escrito y argumentado, con abundancia de citas, original, poco complaciente, políticamente incorrecto y, sobre todo, controvertido. Merece la pena.

Fuente: Historia Contemporánea, nº 48, 2014, pp. 381-384

2 comentarios

16 junio, 2014 · 11:03

2 Respuestas a “Recensión de “Tiempo de canallas. La democracia ante el fin de ETA”

  1. Josu

    No lo he leído, pero hay algo en el resumen que llama la atención, y es el poder mediático, no es un sector del franquismo “buscando construir un enemigo, que justificase la supervivencia del régimen” quién está dando publicidad a ETA, es todo el poder mediático, que no tiene la más remota inocencia, ni se suele equivocar, quién les dedica dos páginas diarias, durante 50 años ( para bien o para mal) pero es publicidad, y en definitiva el nacionalismo irrumpió a principios del siglo pasado, para distorsionar el movimiento obrero, la lucha de clases y a día de hoy lo han conseguido, no sé de donde saca “leninismos” lo cierto es que siempre han mandado en ETA y en toda organización de su entorno, el nacionalismo puro y duro, que ha sido, es y será de derechas, también yo tengo muchas anécdotas, voy a contar sólo una: hace más de 30 años, en Venezuela mi compañero de trabajo y refugiado como yo, Tomás Pérez Revilla tan histórico como Teo Uriarte o más, muerto posteriormente en un atentado del GAL, me contaba como en los primeros años 60, el comando al que pertenecía, se alojaba en una casa, de la alta burguesía vasca, con servicio, criada…

  2. Pingback: Participo en el XVI Ciclo de Cine para la Tolerancia y contra el Terrorismo | Blog de Gaizka Fernández Soldevilla

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