Vampirización de símbolos. ¿Cómo se apropió HB de la conmemoración del fusilamiento de “Txiki” y Otaegi?

Eia02Uniendo las mejores bazas simbólicas de ETA, sus mártires y sus presos, KAS escogió el 27 de septiembre de 1976, aniversario del fusilamiento de Txiki y Otaegi, para llamar a la huelga general en el País Vasco y Navarra a favor de «la amnistía total». La mayor parte de los grupos de la oposición secundaron la convocatoria. Así, toda la oposición del País Vasco y Navarra, excepto el PNV, firmó un «Manifiesto de Euskadi por la Amnistía Total». La extrema izquierda puso en marcha toda su infraestructura, lo que, según la Jefatura Superior de Policía de Bilbao, creó «un aire afectado de psicosis política y social». Según las mismas fuentes, la situación del País Vasco «estos días, no es la propia de un libre estado de derecho, sino de una “pre-dictadura roja”». Si unos meses antes Manuel Fraga había afirmado que la calle era suya, su sucesor al frente del ministerio de Gobernación, Rodolfo Martín Villa, ya no podía decir lo mismo.
La convocatoria del 27 de septiembre, que El País calificó como «la huelga más importante de su historia [de la de Euskadi]», fue secundada masivamente (el paro fue «casi total» en las provincias costeras y «menor, aunque considerable» en Álava y Navarra), lo que dejó «frecuentemente la calle en poder de la oposición más sistematizada». A raíz de la jornada, la Jefatura de Policía de Bilbao reconoció que se había perdido el control en Vizcaya y Guipúzcoa, ya que cuando las fuerzas de la oposición «pretenden paralizar la vida de esta región policial, lo consiguen fácilmente con solo buscar algún pretexto idóneo».
Era una muestra del formidable capital simbólico, social y político que ETA había amasado desde su fundación ETA: su narrativa del «conflicto vasco», sus históricas siglas, sus héroes, sus mártires, sus fechas emblemáticas, su capacidad de movilización popular, sus «organismos de masas», sus medios de comunicación afines, etc. Todos estos elementos conformaban los cimientos sobre los que el nacionalismo vasco radical estaba construyendo una religión política. Y, como tal, ETA contaba con la adhesión de un par de cientos de miles de ciudadanos vascos. Mas, si bien el legado etarra era impresionante, la «izquierda abertzale» al año siguiente, 1977, había devenido en una familia muy mal avenida. Y no había un testamento que regulase los derechos de cada uno de sus miembros. Por consiguiente, en palabras de la dirección de HASI, en 1977 los partidos políticos se enzarzaron en «una guerra de competencia por ver quién se hace con la influencia y los entornos sociales de ETA, disputándose su herencia». En un bando, el posibilista, EIA, con el respaldo de ETApm. En el otro, el intransigente, ETAm y sus testaferros HASI y HB.
En el contexto de esta disputa de familia, ¿qué ocurrió con la efeméride de la ejecución de los dos mártires por antonomasia de ETApm y, por extensión, de la «izquierda abertzale»: Txiki y Otaegi? Ya en la huelga general de 1976 habían demostrado su valor como símbolo, precipitante de la movilización y simiente de nuevos gudaris. Por este motivo, su fusilamiento fue conmemorado ritualmente cada 27 de septiembre. Durante algunos años, al igual que los polimilis habían hecho en 1976, EIA tomó parte en las convocatorias conjuntas que organizaban el nacionalismo radical y parte de la extrema izquierda. Las concentraciones de 1978, no obstante, fueron descaradamente instrumentalizadas por la facción maximalista de la «izquierda abertzale». Habían sido prohibidas por los cuatro Gobiernos civiles del País Vasco y Navarra, a pesar de lo cual fueron toleradas en ciertos lugares. Uno de ellos fue Bilbao, donde, sin mediar provocación alguna y antes de dar comienzo el acto, un grupo de simpatizantes de HB cruzó autobuses en la calle y lanzó cocteles molotov contra la policía al grito de «ETA, mátalos». EIA, atrapada en tierra de nadie, entre la gasolina y las porras, no tuvo más remedio que retirarse dejando el campo libre a los alborotadores.
Digital CameraEn 1978 apareció la obra de Javier Sánchez Erauskin Txiki-Otaegi. El viento y las raíces. Había sido publicada por la editorial Hordago. que pertenecía a Iñaki Mujika Arregi, exdirigente de ETApm y afiliado a EIA. Sin embargo, los euskadikos no obtuvieron réditos de aquella iniciativa. Ese año, en un ambiente enrarecido por el reciente asesinato de varios policías a manos de ETAm, HB y la izquierda «revolucionaria» llamaron a la huelga general indefinida. Como era de prever, su concentración, celebrada en Bilbao, desembocó en disturbios. EIA, que deseaba evitar la compañía de los violentos, organizó su propio mitin en Zarauz, el cual inauguraba su campaña a favor del Estatuto y la amnistía. El acto fue saboteado: los oradores y los militantes del partido sufrieron el acoso y los insultos de los partidarios de Herri Batasuna. Onaindia permitió a los radicales subir al estrado para explicar su punto de vista, pero esa generosidad no dio resultado. Cuando los afiliados a EIA marcharon en manifestación, fueron agredidos por los abertzales intransigentes. Asimismo, el hermano de Txiki procuró deslegitimar a la formación de Onaindia en la prensa afín a HB: «¿Cómo tenéis el valor de usar una fecha tan importante para el pueblo para conseguir lo contrario por lo que lucharon Txiki y Otaegi? Yo estoy convencido de que si mi hermano o cualquiera de nuestros muertos viviera, no lo permitirían». El diario Egin, que estaba dominado por KAS, no solo se negó a publicar las réplicas de los excompañeros de Txiki y Otaegi, sino que reinventó su pasado: su militancia en ETApm fue convenientemente olvidada, lo que se ha venido repitiendo desde entonces en la órbita mediática y cultural de ETA militar.
En 1980, por última vez en su historia, EE apoyó las concentraciones unitarias que, de nuevo, sirvieron de excusa a los ultranacionalistas para practicar lo que luego se ha llamado «kale borroka» (lucha callejera). En septiembre de 1981 la facción maximalista de la «izquierda abertzale» bautizó la convocatoria como Gudari Eguna (Día del Soldado Nacionalista Vasco), nombre que hasta ese momento había utilizado el PNV para su celebración anual en honor de los gudaris de la Guerra Civil. EIA prefirió pasar por alto la conmemoración, por lo que renunció de facto a los mártires de ETApm. La presión de los violentos había vencido al posibilismo cada vez más institucional del partido de Onaindia. Tiempo después, en 1983, un dirigente de EE señalaba que ya no existía «ningún tipo de seguimiento regular de aniversarios de acontecimientos, muertes, etc., hay veces que se nos pasan estas fechas de gran importancia sentimental para amplios sectores ciudadanos sensibles a estas efemérides». Se trataba de un ejemplo paradigmático de, en expresión de Jesús Casquete, la «vampirización de símbolos». Desde ese momento la celebración del 27 de septiembre y las figuras de Txiki y Otaegi fueron monopolizadas por HB y su entorno.

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