GFS: “Begoña Urroz”, El Correo, 27-VI-2019

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La Ley de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo (2011) se aplica a las personas que sufrieron atentados desde el 1 de enero de 1960. Anteriormente la fecha límite había sido 1968. Con tal ampliación se reparaba a la familia de Begoña Urroz Ibarrola, fallecida hace 59 años tras una explosión en la donostiarra estación de Amara. El Congreso eligió esa fecha, 27 de junio, como Día de las Víctimas del Terrorismo.

Se pretendía corregir el desamparo institucional y recuperar la memoria de la que era considerada la primera víctima mortal de ETA. Su autoría era verosímil, ya que la banda había asesinado a 21 menores de edad y herido a otros 172. Además, el episodio encajaba con lo poco que se sabía acerca de su historia inicial: en 1959 ETA había colocado tres explosivos caseros. Sin embargo, no había pruebas sólidas. Obras como El terrorismo en España (1982) de Alejandro Muñoz y Pirates de la llibertat (2004) de Xavier Montanyà apuntaban en otra dirección, al igual que algún documento, como advirtió Santiago de Pablo (EL CORREO, 19/06/2010). Ahora bien, no había nada concluyente.

Para acabar con las dudas acerca del atentado de Amara el Centro Memorial impulsó una investigación exhaustiva. Durante dos años Manuel Aguilar, documentalista, y yo, historiador, examinamos todas las fuentes disponibles, en gran medida inéditas, lo que nos permitió elaborar un informe de más de 100 páginas.

Su conclusión es que la bomba que mató a Begoña Urroz llevaba la firma del Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación. Nacido a principios de 1960 al calor de la revolución cubana, era un grupo formado por españoles y portugueses que buscaban el derrocamiento de las dos dictaduras ibéricas, la de Franco y la de Salazar, y la instauración de sendas repúblicas, que podrían federarse entre sí. El método que emplearon fue la violencia. Sobre el papel, iban a ser una guerrilla al estilo castrista, pero en la práctica se conformaron con un sucedáneo: el terrorismo.

El 18 de febrero de 1960 el Directorio puso cuatro bombas en Madrid. La primera estalló en el Ayuntamiento. La segunda, en la calle Toledo. Cuando llegó la Policía, encontraron herido de muerte a uno de los miembros del DRIL, al que le había explotado su propio artefacto. Más tarde se desactivaron los otros dos. Fueron detenidos dos activistas del DRIL, uno de los cuales sería ejecutado tras un juicio sumarísimo.

Unos meses después se produjo una nueva campaña terrorista. El 26 de junio de 1960 una bomba explotó en un tren que hacía el trayecto Barcelona-Madrid. Al día siguiente, 27 de junio, se registraron explosiones e incendios en las consignas de equipaje de las estaciones del Norte de Barcelona, del Norte de San Sebastián, de Amara y del Norte de Madrid. El 29 de junio hubo otro atentado en la terminal de Achuri de Bilbao.

En Amara resultaron heridas seis personas. Una de ellas era la encargada de la consigna de equipajes. Su sobrina nieta, Begoña Urroz, de 20 meses, presentaba el peor pronóstico: quemaduras en todas sus extremidades y en la cara, así como heridas contusas en pierna y pie izquierdos. Se trataba de la primogénita de un matrimonio originario del pueblo navarro de Beinza-Labayen, que se había trasladado a Lasarte.

La madre había dejado a la pequeña al cargo de su tía mientras iba a comprarle unos zapatitos. Cuando volvió, se encontró el desastre. Begoña había sido rescatada de entre las llamas por un mozo de servicio exterior de la estación, que puso en riesgo su propia vida. La llevaron a la clínica del Perpetuo Socorro, donde ingresó en estado grave. Murió el 28 de junio.

Justo al día siguiente el diario venezolano El Nacional recogió las declaraciones de dos portavoces del DRIL reivindicando los atentados. Un par de semanas después uno de ellos advirtió en el mismo periódico que las revoluciones para derrocar a los tiranos no se hacen con té y simpatía ni con bombones. Hay que emplear la violencia para responder a la que ellos usan”. Posteriormente otros líderes del Directorio admitirían su responsabilidad. Eso sí, ninguno pidió perdón por la muerte de Begoña ni mostró arrepentimiento.

En julio de 1960 la Guardia Civil descubrió en Andorra a un sospechoso, quien habría confesado a un confidente ser el autor material del atentado de Amara. Cuando la Policía andorrana acudió al hotel en el que solía almorzar, el miembro del DRIL no apareció. Sabemos que posteriormente viajó a Lieja (Bélgica), donde en septiembre de 1960 participó en una reunión del Directorio que fue interrumpida por agentes de aquel país. Hubo catorce detenidos. La dictadura franquista solicitó la extradición de los españoles, pero su petición fue desechada. En un mes y medio salieron todos en libertad.

En enero de 1961 el Juzgado Especial Nacional de Actividades Extremistas requirió la comparecencia de los tres presuntos autores de los atentados de junio de 1960. Nunca fueron capturados. Tampoco podemos estar seguros de su culpabilidad. No hubo juicio y la Ley de Amnistía de 1977 borró la responsabilidad penal del crimen. De igual manera, el tiempo borró la memoria de lo sucedido e incluso las siglas del DRIL.

Pero la historia es imborrable: Begoña Urroz fue víctima del terrorismo. Como cada 27 de junio, hoy las recordaremos a ella y a todas las demás.

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