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Mención a «Sangre, votos, manifestaciones. ETA y el nacionalismo vasco radical» en la revista «Galde»
Conferencia de Reyes Mate en Bilbao sobre «La centralidad de las víctimas y su significado ético-político»
Al hilo del proyecto sobre extorsión de la Universidad de Deusto, sobre el que ha aparecido una noticia hoy mismo en El Correo, se ha organizado una interesante conferencia que tendrá lugar este martes, 3 de marzo de 2015, a las 19.30 en Deusto Forum, Universidad de Deusto.
Raúl López Romo: ‘La sociedad vasca creía que salir contra ETA era de ‘fachas’
Interesantísima entrevista al historiador Raúl López Romo en el diario El Mundo, que pueden leer aquí y aquí
Presentación del informe «Contextos históricos del terrorismo y consideración social de las víctimas, 1968-2010»
Esta mañana han intervenido en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco los historiadores José Antonio Pérez, José María Ortiz de Orruño y Raúl López Romo. Han presentado el Informe «Contextos históricos del terrorismo y consideración social de las víctimas, 1968-2010», que ha elaborado Raúl. Se trata de una muestra más del buen hacer del Instituto de Historia Social Valentín de Foronda (UPV/EHU) en general y de Raúl en particular. Por cierto, he tenido ocasión de consultar el trabajo de Raúl y es magnífico, por lo que espero que pronto sea accesible para todos los interesados. Merece la pena. Para abrir boca, pueden leer la noticia que da Eldiario.es y El Mundo
Antonio Rivera: «¿Y el propósito de la enmienda?»
Sugestivo artículo de Antonio Rivera en El Diario Norte, que pueden leer aquí
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Los corruptos en las filas de ETA
No se pierdan este interesantísimo artículo de la agencia Vasco Press. Pueden leerlo aquí.
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El largo agur de ETApm VIII Asamblea (1981-1992)
Como se ha descrito en un post anterior, a principios de 1982 ETApm se dividió en dos nuevas organizaciones. La facción partidaria de volver a la vía terrorista fue conocida como ETApm VIII Asamblea y sus componentes como octavos. Lo primero que hizo esta banda, en marzo de 1982, fue romper la tregua que se había declarado en 1981 mediante una bomba contra la empresa Suministros Eléctricos. A pesar de que ese atentado chocaba frontalmente con las directrices de EE, la organización terrorista mantuvo su «apoyo crítico» al partido durante un tiempo. No obstante, el verdadero propósito de los octavos consistía en utilizar a Nueva Izquierda para tomar el control de EE. Dicho plan infravaloraba al equipo de Mario Onaindia y la entrada de un gran parte del EPK de Roberto Lertxundi y sobrevaloraba la lealtad de Nueva Izquierda respecto a ETApm VIII. El golpe pretoriano se ensayó durante el Congreso constituyente de EE. Los octavos regaron el recinto de propaganda contra los dirigentes del partido e incluso consiguieron que se leyera una carta de los presos de la banda (gracias al apoyo de 384 delegados, frente a los 294 que votaron en contra y las 89 abstenciones). El texto era una dura invectiva contra los «arrepentimientos» y «quienes pretendieron aprovechar la tregua para liquidar a la Organización político-militar, en vez de aplicar sus energías en el sentido negociador (…). La desaparición de ETA ni es negociable, ni sería base objetiva de nada que pudiera llamarse normalización. Jamás aceptaremos tal “normalidad”, mientras nos quede un aliento de dignidad y de fuerza». Parafraseando a Mario Onaindia, los octavos declaraban que «para nosotros también la democracia es un medio, método y fin, de cara al pueblo y a los compañeros, e incluso de cara a los adversarios ocasionales; pero no lo es de cara a los txakurras y oligarcas, claro». Respecto a la reinserción, «no entramos en prisión ni vamos pasando aquí los años con la cabeza baja ni abrazados a los txakurras: No saldremos así». Ahora bien, la táctica de la banda terrorista no pudo evitar que la facción disidente de EE fuera derrotada por la alianza entre la línea de Onaindia y los antiguos comunistas, que sumaron sus votos para aprobar, entre otras cosas, la apuesta por las vías pacíficas y el mantenimiento de la tregua de los polimilis.
Teniendo en cuenta la relación de fuerzas en el seno de EE, ETApm VIII Asamblea no tuvo más remedio que renunciar a su proyecto pretoriano. La banda, por boca de sus presos, anunció en octubre de 1982 «la más clara denuncia y la retirada de cualquier tipo de apoyo» al partido, lo que debió ser todo un alivio para Mario Onaindia, quien un par de meses después, ante las continuas críticas de los octavos, advirtió que «no admitimos jueces, ni que ningún chaval armado con una pistola intente imponernos su línea política e ideológica. Por otra parte, está claro que la sociedad vasca está hasta los cojones de ellos». Sin embargo la organización no desistió de contar con un brazo político. Si no podía ser EE, sería «el sector más afín a nosotros (…) donde más madurado está el proyecto político-militar», esto es, Nueva Izquierda. Por consiguiente, los octavos vieron con muy buenos ojos la escisión de dicho colectivo, y luego lo animaron a unirse a los grupos desgajados de HB (principalmente LAIA) y las formaciones de extrema izquierda para conformar «un nuevo bloque histórico de izquierda abertzale». Años después los milikis declararían que Nueva Izquierda había intentado «aprovecharse oportunistamente» de ETApm VIII Asamblea. «A nosotros se nos ha querido involucrar en tal proyecto [Auzolan], teniendo que oír críticas a cada uno de los partidos en cuestión (NI-LKI-LAIA) por parte de quien se encontraban en el momento frente a nosotros»
Aunque también Nueva Izquierda apostó por esta alianza transversal, conviene no confundirse: no lo hizo por recomendación de ETApm VIII Asamblea, sino porque formaba parte de sus fines estratégicos. Pese a las acusaciones que la dirección de EE había lanzado en ese sentido, los portavoces de Nueva Izquierda advirtieron que no iban a ser el brazo político de ETApm VIII Asamblea. Iñaki Albistur, el exherrialdeburu de EIA en Guipúzcoa, e Iñaki Mujika Arregi (Ezkerra), el antiguo líder carismático de ETApm, hermano, para más señas, de un dirigente octavo, se declararon públicamente «en contra de la lucha armada, secuestros, impuestos revolucionarios… Hemos apostado por combatir políticamente».
El distanciamiento de Nueva Izquierda redujo las posibilidades de supervivencia de ETApm VIII Asamblea, ya que, como señala Ted Robert Gurr, «la reacción dentro del grupo que inicialmente apoyaba la causa terrorista es aún más devastadora para los militantes que la que se produce entre el público en general. En el momento en que desaparece el apoyo activo, al grupo le resulta cada vez más difícil atraer nuevos reclutas, obtener recursos materiales, encontrar refugio entre simpatizantes dignos de confianza y evitar la infiltración de informadores». Faltos de cobertura político-electoral, repudiados por el nacionalismo vasco radical, aislados socialmente, presionados por la policía, y desmoralizados por el proceso de reinserción que estaban protagonizando sus excompañeros, el horizonte de los octavos se había oscurecido mucho. Amenazaba tormenta. En palabras de Txutxo Abrisketa, «la mayoría de los líderes de lo que era Nueva Izquierda tomaron posturas meramente testimoniales cuando no de abierto acuerdo con los arrepentidos, por ejemplo celebraron o asistieron a cenas de bienvenidas de arrepentidos cuando por otro lado la organización armada proyectaba ejecuciones… La represión nos golpeó fuerte, los aliados políticos estaban apendejados y a pesar de todo ello lanzamos una fuerte ofensiva casi a la desesperada en 1983; en nuestra mira un objetivo fundamental: desacreditar, desmontar, acabar con la nefasta política de arrepentimiento».
Si esa era su meta, hay que decir que los octavos cosecharon un rotundo fiasco. No solo no consiguieron impedir la reinserción social de los séptimos, sino que buena parte de ellos mismos se vieron tentados por aquella «nefasta política». No se trató de la vía de Onaindia y Bandrés, aunque a veces ambas iniciativas se cruzaran, sino de un segundo proceso de reinserción impulsado a posteriori por el senador del PNV Joseba Azkarraga, al que se acogieron numerosos activistas de ETApm VIII Asamblea. No era el resultado de un acuerdo colectivo, como el que había negociado EE en nombre de los séptimos, sino de medidas de gracia aplicadas de manera estrictamente individual. Numerosos octavos se apuntaron a las listas de Azkarraga, con la consiguiente merma en las filas de la organización terrorista. A veces se dieron tanta prisa que, ironías de la vida, cuando algunos séptimos regresaron a sus localidades de origen comprobaron que los octavos que les habían estado amenazando de muerte por «arrepentidos» o «liquidacionistas»… se habían reinsertado antes que ellos. En España, a consecuencia de la combinación entre ambos procesos, las cárceles prácticamente se vaciaron de presos polimilis: si a mediados de 1983 había setenta y cinco, en 1985 únicamente quedaban quince irreductibles. Para desesperación de sus cabecillas, ETApm VIII Asamblea se estaba disolviendo lentamente, como un azucarillo.
Un sector de los octavos admitió que, sin cobertura política, la organización tenía los días contados. La única solución viable, se concluyó, era integrarse en ETAm. Empero, la fracción mayoritaria de la banda no estaba de acuerdo. ETApm VIII Asamblea debía continuar su propio camino. Solicitar el ingreso en la organización rival, en la que habían desembarcado los berezis en 1977, era un trago difícil. No solo significaba «darles la razón» a los milis, rememoraba una polimili, «sino que toda mi lucha, toda mi historia, no ha servido para nada». Según Arnaldo Otegi (el Gordo), «muchos decían que estaban de acuerdo con el planteamiento político, pero que ir con los milis se les hacía imposible. Demasiado cerca estaban, sobre todo en Iparralde, la situación de enfrentamientos físicos y verbales (…). Algunos nos decían “¿cómo es posible que ahora yo voy a estar con quien me ha agredido, me llamaba hijo de puta, arrepentido o traidor?”». Debido a sus insuperables divergencias estratégicas, las dos corrientes se separaron a principios de 1983. Los partidarios de mantenerse como una organización autónoma conservaron el mismo nombre, ETApm VIII Asamblea, pero aquellos que apostaban por un acercamiento a los milis, aproximadamente una veintena, pasaron a ser conocidos como ETApm VIII pro KAS o, sencillamente, milikis.
Los milikis pidieron fusionarse con ETAm, pero sus viejos competidores les exigieron tres condiciones. En primer lugar, estaban obligados a demostrar que tenían la capacidad de realizar atentados terroristas por sí mismos. En segundo término, debían renegar de la historia de ETApm. Tercero, al contrario de lo que había sucedido con lo berezis, esta vez no iba a haber una convergencia entre iguales: ETAm se arrogaba la potestad de juzgar cada caso particular para resolver si el expolimili en cuestión era admitido o no. Para explicar el rigor de este ultimátum hay que tener presente que los milikis no eran más que un pequeño colectivo que ni siquiera podía alegar ser la auténtica ETApm. Además, no cabe descartar que entre los dirigentes milis (no pocos de ellos provenientes de los comandos berezis) no hubiera ciertas ansias de revancha. En cualquier caso, siguiendo la hoja de ruta fijada por ETAm, ETApm VIII Asamblea pro KAS cometió siete atentados, el más conocido de los cuales, dirigido contra la casa-cuartel de la Guardia Civil de Laredo (Cantabria), causó cinco heridos, entre ellos dos niñas. En febrero de 1984 los milikis, «con el sabor amargo de 8 años de historia», anunciaron su autodisolución y se pusieron individualmente «a disposición de (…) ETA, asumiendo todas las consecuencias que ello conlleva». En sentido estricto, como apuntaron los portavoces de EE, los milikis fueron los únicos expolimilis «arrepentidos»: hicieron públicamente una «honesta y reflexionada autocrítica y práctica de nuestra errónea trayectoria política que finalmente nos ha conducido a la asunción de la alternativa táctico-estratégica de KAS y a nuestra reconducción dentro del proceso revolucionario vasco». En otras palabras, estaban admitiendo que ETAm había tenido razón desde el ya lejano año de 1974. Un par de aquellos arrepentidos milikis tuvieron ulteriormente un más que notable protagonismo dentro del nacionalismo vasco radical: Arnaldo Otegi en su rama civil y Francisco Javier López Peña (Thierry) en ETAm.
Lo que quedaba de ETApm VIII Asamblea, que no era demasiado, sobrevivió a duras penas unos años más. El 5 de octubre de 1983, coincidiendo con el inicio del juicio a los polimilis detenidos por el asalto al cuartel de Berga, los octavos secuestraron al capitán de farmacia Alberto Martín Barrios. Dos semanas después acabaron con su vida. En palabras de Juan Mari Bandrés, ETApm VIII Asamblea había «consumado su suicidio político con este asesinato». Estaba en lo cierto.
En el interin entre el secuestro y el asesinato de Martín Barrios, la Policía francesa se había puesto en contacto con un séptimo para que pasase un mensaje a sus excompañeros octavos: si le ocurría algo al militar se iba a «dar carta blanca» para que actuaran los «barbouzes» (bandas parapoliciales) en el territorio galo. No parece casualidad que justo entonces apareciesen los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación). Su primer acto fue secuestrar, torturar y asesinar a los milis José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala, de quienes se esperaba obtener información sobre el paradero del capitán Martín
A partir del asesinato de Barrios los octavos sufrieron continuas detenciones. A finales de 1984, según Ángeles Escrivá, la banda apenas contaba con dieciocho activistas. Los más señalados dirigentes de ETApm VIII Asamblea, como Txutxo Abrisketa, fueron deportados fuera de Francia en 1984. Con el tiempo, la mayoría de ellos acabó en Cuba, donde la dictadura castrista les ofreció refugio. El último comando activo de la organización terrorista cayó en marzo de 1985. Descabezada, desmoralizada y reducida a un grupúsculo marginal, la presencia de ETApm VIII Asamblea fue a partir de entonces meramente testimonial. En el verano de 1985, sirviéndose del eco mediático de la polémica entre Bandrés y Arzalluz, los octavos amenazaron de nuevo a los séptimos y al Comité Ejecutivo de EE. Kepa Aulestia, recién nombrado secretario general del partido, respondió que no se podía temer a una organización «que no dispara más que comunicados». Efectivamente, ETApm VIII Asamblea solo reapareció para pedir el voto para HB en junio del año siguiente. Era el comienzo de una aproximación estratégica al ultranacionalismo que culminó, tras un largo debate, en 1992, cuando los últimos octavos se integraron en ETAm.
La VIII Asamblea y el cisma de ETApm
A finales de diciembre de 1981, ante la falta de ingresos derivada del alto el fuego, ETApm pretendió repetir lo que había hecho con Luis Suñer el año anterior (en la jerga polimili, «autoabastecerse»). Así pues, un comando secuestró al doctor Julio Iglesias, padre del famoso cantante del mismo nombre. La operación fue un desastre. Por un lado, en enero las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado liberaron a Iglesias. Por otro lado, pese a que la banda intentó justificarse («el aprovisionamiento de medios financieros es una necesidad permanente de la organización, ello no implica ninguna alteración de nuestra decisión de alto el fuego»), la acción motivó la enérgica condena de EIA, que censuró con dureza a ETApm por lo que se consideraba de facto una ruptura de la tregua. Para colmo, ese mismo mes de enero la policía descubrió en un caserío de Erandio un gran arsenal de los polimilis: 356 armas de fuego y 50 kilogramos de explosivos. Su potencial mortífero había sido drásticamente reducido.
No es de extrañar que en ese ambiente tan problemático, durante la tensa espera a su VIII Asamblea, las relaciones entre los activistas de ETApm se deterioraran progresivamente. Era imposible no traer a la memoria justamente aquello que el Comité Ejecutivo de la banda había querido conjurar: la crisis, luego cisma, provocada por la disidencia de los berezis. Un veterano polimili describía así la enrarecida atmósfera de principios de 1982: «todos hemos derivado al cotilleo más vergonzoso y la suspicacia ha sentado sus reales en nuestro seno. Esto ya no es la organización que hasta hace poco creía conocer. Esto es un asco. Huele a cáncer». Aparecen «Torquemadas de la pureza doctrinal de ETA y se disponen a repartirse el pastel. Se crean camarillas y clubes privados». Asimismo, continuaba el texto, «la situación ha llegado a tal extremo que para muchos ya no interesa otra cosa que la definición en bandos. Se pregunta a una tercera persona el posicionamiento de un determinado militante, no lo que piensa o lo que tiene que decir. Se hacen listas de nombres, no de ideas». Los actores repetían un libreto ya muy viejo. Como había pasado en ETA en anteriores ocasiones, los activistas de la organización en vez de tener en cuenta las (más o menos complejas) elaboraciones teóricas de sus jefes, se decantaban por una u otra corriente por otro tipo de impulsos: el ejemplo de ETAm, que parecía demostrar la viabilidad de la «lucha armada», la dificultad psicológica que supone hacer autocrítica del pasado individual y colectivo, los argumentos que apelaban a las emociones (el peso de las acusaciones de «traición» y «liquidacionismo» o el hipotético apoyo de Arzalluz) y las filias y fobias particulares de cada cual. La amistad (o la enemistad) y la lealtad personal (o el rencor) se cotizaban mucho más alto que las diferencias estratégicas o doctrinales. Por poner un ilustrativo ejemplo, por regla general, las comunas polimilis de cada cárcel se posicionaron con una u otra línea (y lo solían hacer en bloque) siguiendo la indicación de su respectivo cabecilla local.
A esas alturas los miembros de la organización eran muy conscientes de que las posturas de duros y pragmáticos habían divergido tanto que se había abierto un abismo entre ellos: la escisión era prácticamente ineludible. Por consiguiente, y con vistas al futuro, cada corriente pensó en tomar ventaja sobre la otra. Así, aún antes de que se celebrase la asamblea, ambos sectores intentaron hacerse con las armas de ETApm. Los más posibilistas se adelantaron a sus rivales y vaciaron los zulos. Tras la asamblea los dos grupos negociaron pacíficamente el intercambio de material: mientras que los duros se quedaron con el armamento, que sería utilizado en los atentados que realizaron posteriormente, los pragmáticos prefirieron los coches, los pisos y el dinero con el fin, a decir de Fernando López Castillo, de «poder aguantar los años hasta vuelta a casa». Esta es la razón por la que los séptimos nunca entregaron las armas a la policía. No podían hacerlo, ya que carecían de ellas.
De cualquier manera, aquella tortuosa espera desembocó en la VIII Asamblea de ETApm, para la que las dos facciones prepararon sendas ponencias (a las que habría que sumar numerosas enmiendas, presentadas por los militantes de base, a favor o en contra de aquellos dos trabajos). El texto de los duros se denominó ponencia «A» u «Orreaga». El epígrafe era todo un símbolo de las intenciones de sus redactores, ya que Orreaga es el nombre eusquérico del municipio navarro de Roncesvalles, lugar en el que el ejército del emperador franco Carlomagno había sido derrotado en el año 778, probablemente a manos de los vascones. El episodio, en su versión más mitificada, formaba parte substancial de la narrativa bélica del nacionalismo vasco radical. Extremadamente crítico con las tesis de la VII Asamblea, la evolución de EIA, su unificación con el EPK, que «da pie a un peligroso grado de ambigüedad en su práctica política», la estrategia de la organización terrorista durante la Transición y el periodo de tregua, el documento se ha de considerar como una enmienda a la totalidad del plan de Pertur. El Bloque político-militar, tal y como se planteó en 1976/1977, no había funcionado. Se hacía necesario remplazarlo por otra estructura diferente, en la que quedaba patente la impronta del modelo de HB-ETAm. En pocas palabras, los polimilis tenían que emanciparse de la tutela del partido, reforzar en su seno «las posiciones P-M» (Nueva Izquierda) y, por último, transformar a la banda en la vanguardia dirigente del conjunto. «No cabe duda de que debemos ser nosotros, el conjunto de hombres y mujeres pm, los que debemos fijar la dirección estratégica pm». Se sobrentendía que EE sería relegado a ejercer de brazo político de ETA pm, el mismo papel que los milis reservaban a HASI-HB. Por otra parte, y tras el fracaso de la «salida negociada», los duros exigían el fin del alto el fuego. Pero ya no bastaba con retomar la vía armada. Era perentorio que la organización diera un giro metodológico: la nueva estrategia terrorista consistiría en la «acumulación de poder coactivo» en un nivel susceptible de «romper con los límites actuales a la resolución de los problemas pendientes y potenciar una alternativa progresista». A poco que se afinara el oído, era claramente perceptible el eco de la aparentemente exitosa «guerra de desgaste» de ETAm. Por descontado, se precisaba que «la lucha armada no se negocia».
Como premonitoriamente advertía una enmienda de los pragmáticos, «romper la tregua en una situación como la que vivimos hoy, representaría un suicidio para la organización. En una situación de cerco social a la lucha armada -y no solo ni mucho menos de cerco policial-, un enfrentamiento abierto con EE nos dejaría con tres alternativas: o echarnos en brazos de los milis, o convertirnos en una organización como los autónomos, o enzarzarnos con todas nuestras fuerzas en una batalla política frente a EE, con la pretensión de hacer variar sus posiciones para que coincidan con las nuestras».
La ponencia de los pragmáticos, escrita con el asesoramiento de destacados líderes de EIA, fue bautizada como ponencia «B». El texto tomaba como base teórica el plan de Pertur y lo desarrollaba con cierta coherencia, aunque hacía una de las múltiples lecturas posibles. Una vez que el pueblo vasco había conseguido el «salto cualitativo» del Estatuto de Guernica y la institucionalización autonómica de Euskadi, «es necesario otorgar protagonismo a las masas». Y estas habían demostrado que cada vez sentían menos simpatía por «la lucha armada». En consecuencia, ETApm no solo debía respetar escrupulosamente la tregua, sino que, acatando las directrices de EIA, tenía que asumir que continuar la práctica violenta, al menos tal y como se había ejercido hasta el momento, carecía de sentido. ¿Cuál era, entonces, el camino a tomar? No el que parecía más lógico, esto es, el desmantelamiento de la banda, sino su «reconversión»: transformar ETApm en una organización latente que se pusiese en acción únicamente en el «caso de que se produjera un golpe de las características del 23-F o similares» o «cuando se ataque desde los aparatos estatales la hegemonía de la izquierda». A raíz de la «reconversión» se abrirían nuevas perspectivas para ETApm, una de las cuales era la de «plantear incluso su disolución oficial a cambio de» presos, exiliados, y la «creación de condiciones de resolución de los temas pendientes». En realidad, como reconocen los líderes de los pragmáticos, nada estaba más lejos de su ánimo que «reconvertir» a ETApm en el embrión de un ejército en la sombra. Lo que deseaban era dar pie a su disolución. Sin embargo, lo plantearon de una manera amortiguada, como una eventualidad más entre un amplio abanico de ellas, con el propósito de atraerse a los polimilis indecisos.
No lo lograron. En la VIII Asamblea de ETApm, que tuvo lugar en Las Landas (Francia) en febrero de 1982, la ponencia «A» consiguió aproximadamente el 70-75% de los votos frente al 25-30% que obtuvo la «B». Si bien la victoria de los duros fue aplastante, lo cierto es la mayoría de los cuadros y dirigentes, esto es, quienes tenían más experiencia, habían apostado por la salida pragmática. Además, no ha de colegirse que las bases polimilis se dividieran en similares proporciones: muchos de los que habían apoyado a la ponencia «A» se unieron a los posibilistas cuando comenzó el proceso de reinserción social auspiciado por Onaindia y Rosón; y bastantes otros, como se verá más adelante, acabaron reinsertándose por otras vías alternativas. En cualquier caso, en la VIII Asamblea se escenificó la definitiva división de la banda. Las facciones se separaron y constituyeron organizaciones independientes: dos nuevas ETApm. Los pragmáticos, que se negaron a acatar los resultados de la asamblea (ya que debían lealtad a la dirección política que marcara EIA), fueron conocidos como ETApm VII Asamblea o séptimos. Los duros pasaron a denominarse ETApm VIII Asamblea u octavos.
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Nuevas secciones en Arovite, Archivo Online sobre la Violencia Terrorista en Euskadi.
El Instituto de Historia Social Valentín de Foronda (UPV/EHU) acaba de publicar dos nuevas secciones de Arovite, Archivo Online sobre la Violencia Terrorista en Euskadi. La primera recoge publicaciones de la extinta asociación Bakeaz. Son unos 40 textos descargables, que tratan sobre diferentes aspectos del terrorismo desde la historia, sociología, filosofía o ética. La segunda sección es una cronología del terrorismo en Euskadi, con una selección de fotografías. Estos materiales sólo están disponibles en Arovite.

