Horacio Echevarrieta (1870-1963), el capitalista republicano.
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La efímera Euskadiko Herrikoi Batzarra (Asamblea Popular de Euskadi) de 1975
A finales de la dictadura la oposición antifranquista puso en marcha varias plataformas unitarias: la Junta Democrática, promovida por el PCE, en julio de 1974 y la Plataforma de Convergencia Democrática, auspiciada por el PSOE y en la que también participaba el PNV, en junio de 1975. Ambas se unificaron en marzo de 1976 en la «Platajunta» (Coordinación Democrática). Los organismos de este tipo se multiplicaron a nivel regional (por ejemplo, la Asamblea de Cataluña). En ese contexto, apremiado por el creciente aislamiento de los polimilis, que consideraba fatal, Eduardo Moreno Bergaretxe (Pertur) rediseñó la política de alianzas de la organización. Suya fue la propuesta de que ETApm nuclease dos ejes complementarios. Por un lado, «un compromiso estratégico, un acuerdo a largo plazo» entre los diversos grupos que conformaban la «izquierda abertzale», una atomizada constelación que Pertur consideraba «corroída por las divisiones internas y por el sectarismo». Por otro lado, una alianza táctica transversal, a corto plazo, entre dicho movimiento y la extrema izquierda (los hasta entonces aborrecidos «españolistas»), para la cual Moreno Bergaretxe adelantó un programa común de ocho puntos, el «Herrikoi Batasuna» (Unidad Popular): establecimiento de un gobierno provisional en Euskadi, disolución de las Fuerzas de Orden Público, medidas de castigo contra los responsables de estas, bilingüismo oficial, nacionalización de las industrias básicas, la transformación de España en una confederación, libertades democráticas, amnistía, y, por último, la integración de los inmigrantes en el País Vasco.
Días atrás hemos hablado en este mismo blog de la dificultosa gestación de la alianza estratégica del disperso entorno de ETA, que cristalizó en KAS, así como de sus limitaciones. Tampoco fue sencillo lograr que el nacionalismo radical y la extrema izquierda se asociaran. Pertur decidió iniciar una relación más fluida con la izquierda «revolucionaria», especialmente con el MCE, en el que militaba uno de sus hermanos. Para los líderes de este partido, acostumbrados a los prejuicios de ETA y su entorno, resultó ser una grata sorpresa. Josetxo Fagoaga y Juan Zubillaga, con los que se entrevistaba periódicamente, describen a Moreno Bergaretxe como una persona abierta, tolerante, interesada en buscar puntos en común y receptiva a colaborar con ellos. Pero, tal y como temían, el líder polimili era una rara avis: el acercamiento entre ambos mundos fue observado con desconfianza por amplios sectores del la «izquierda abertzale», ya que suponía violar uno de los tradicionales tabús de ETA (y abandonar la apuesta por un frente abertzale con el PNV). La extrema izquierda, en cambio, sí compartía el interés de Pertur, aunque sus motivos basculasen entre lo programático y lo instrumental. Hay que tener en cuenta que entre las fuerzas «revolucionarias» imperaba cierta fascinación por la violencia (emular a ETA fue una de las causas por las que determinados partidos leninistas crearon sus propias organizaciones terroristas, como fueron el FRAP y los GRAPO), el discurso filoabertzale se había puesto de moda y, tras el proceso de Burgos, se constató que el capital simbólico que ETA había atesorado (sus mártires y sus presos, por ejemplo) era un poderoso incentivo para las movilizaciones populares. Además, el Movimiento Comunista, según sus dirigentes, tenía como idea fundacional la unidad de la clase obrera vasca por encima de sus orígenes y las identidades territoriales.
El primero de los varios intentos fallidos de formalizar una plataforma transversal entre el nacionalismo radical y la extrema izquierda se denominó EHB, Euskadiko Herrikoi Batzarra (Asamblea Popular de Euskadi). Si bien la idea original (el «Herrikoi Batasuna») había partido de Pertur, el arranque del EHB data de septiembre de 1975, fecha en la que, tras la constitución de la Asamblea Democrática de Euskadi del EPK (y para competir con ella), el Partido Carlista lanzó la propuesta de formar un «Organismo Unitario de la Oposición Vasca». El día 16 de octubre en Biarritz (Francia) se desarrolló la primera reunión, a la que acudieron la mayoría de las formaciones políticas y sindicales del País Vasco y Navarra, con la notable excepción del PNV. El PSOE y el EPK, presentes entonces, declinaron asistir a la segunda cita, ya que consideraban al EHB incompatible con el Gobierno vasco. La presencia de los grupos abertzales, tachados de «pequeñoburgueses», provocó que la Liga Comunista se negara a participar en una «plataforma de colaboración de clases contraria a los intereses del pueblo de Euskadi».
De acuerdo con una sugerencia de la ORT, el EHB estableció una comisión técnica para la redacción de un programa común. ETApm intentó que KAS consensuase un borrador para presentarlo a dicha junta. Sin embargo, el plan de Pertur chocó frontalmente con la negativa a colaborar de ETAm, LAIA y EHAS, que recelaban de la que consideraban antinatural relación entre los polimilis y los «españolistas». Las disensiones internas de la «izquierda abertzale» obligaron a que, con el fin de dar tiempo a KAS para unificar sus posturas, el segundo pleno del EHB pospusiese durante quince días la cuestión de la alternativa unitaria. Entretanto, el 20 de noviembre de 1975 el dictador Francisco Franco murió en la cama y, dos días después, Juan Carlos de Borbón fue proclamado rey de España por las Cortes. El relevo en la Jefatura del Estado abría un nuevo y esperanzador horizonte, pero la oposición radical, varada en discusiones bizantinas, estaba demasiado ocupada para sacar provecho de las circunstancias. En la tercera reunión del EHB, celebrada a finales de diciembre, se logró aprobar un texto consensuado, inspirado en el «Herrikoi Batasuna» de ETApm. Pertur obtuvo una victoria pírrica, ya que inmediatamente ETAm, EHAS y LAIA salieron del EHB. Con el fin de evitar dar la imagen de ser excesivamente dependiente de ETApm, el sindicato LAB siguió el mismo camino. El sistema de alianzas que había planteado Moreno Bergaretxe se resquebrajaba: los polimilis no tenían más opción que elegir uno de los dos ejes, KAS o el EHB. Optaron por salvaguardar la unidad estratégica de la «izquierda abertzale» y abandonar el Euskadiko Herrikoi Batzarra. Falto de uno de sus cimientos, el nacionalista, el organismo unitario se derrumbó.
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José Manuel Roca sobre su libro «La oxidada Transición»
Hace poco publiqué en el blog la reseña del último libro de José Manuel Roca, La oxidada Transición (La Linterna Sorda, 2013), que pueden leer aquí. Al hilo de mi texto, el propio autor ha hecho algunas puntualizaciones que considero importante dar a conocer. Están sacadas de una conversación informal en la red social facebook, pero las dejo así, a no ser que él me diga lo contrario:
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La “Marcha por la Libertad” y la ruptura de la primera KAS en agosto de 1977
En julio de 1977 las gestoras pro amnistía convocaron la «Marcha por la libertad»: cuatro columnas que, tras recorrer el País Vasco y Navarra, desembocaron en Pamplona. Se trataba de una iniciativa unitaria y transversal, apoyada por numerosos partidos nacionalistas y de izquierdas (pero no por el PNV ni el PSE), cuyo objetivo oficial era exigir un estatuto de autonomía para Euskadi y la amnistía general para los «presos políticos». No obstante, la concentración de miles de jóvenes entusiastas, receptivos e impresionables en una coyuntura de exaltación patriótica, fue aprovechada por la «izquierda abertzale» para difundir su discurso. Siguiendo a Florencio Domínguez, hasta ETAm se dedicó a reclutar nuevos activistas. Durante la Marcha afloró la rivalidad entre EIA, por un lado, y HASI, LAIA y ETAm, por el otro. El precipitante de la querella fue el papel de los extrañados, que, tras regresar clandestinamente a España, se habían convertido en las fulgurantes estrellas del nacionalismo radical, un inestimable capital simbólico. Mas, como comprobó HASI, «no eran personas neutrales sino mayoritariamente pertenecientes a la tendencia EIA». Equilibrando la balanza, Telesforo Monzón, que ejerció motu proprio como patriarca de la Marcha, se inclinaba hacia ETAm. Los extrañados reaparecieron públicamente en un acto conjunto en el colegio de los jesuitas de Durango. Luego, acudieron en peregrinaje a las tumbas de los mártires de ETA (Txabi, Txiki, Otaegi, etc.), ante las que cantaron el Eusko Gudariak. Tampoco faltaron al homenaje a Pertur en el velódromo de Anoeta que organizó EIA, y en el que, según la prensa, hubo entre quince y veinte mil asistentes, prueba del atractivo popular que habían adquirido los héroes de ETA. A finales de agosto, tuvo lugar el acto de clausura de la marcha a las afueras de Pamplona. A pesar de la irregular situación de los extrañados, el Gobierno Suárez se abstuvo de intervenir.
La Marcha había sido una prueba de los progresos de la «izquierda abertzale», pero también había demostrado su irreparable descomposición. KAS había fallecido con las elecciones de junio, solo restaba oficiar su funeral. ETAm ya había advertido en un Zutik de julio que EIA «camina hacia la ruptura de la unidad del sector abertzale». El 16 de agosto se convocó un encuentro con el pretexto de discutir, entre otras cuestiones, una propuesta sobre los futuros comicios municipales. Pero el orden del día fue alterado, ya que la reunión era, en realidad, una encerrona contra EIA y ETApm. Acaudillados por ETAm, el resto de miembros de la coordinadora (HASI, LAIA, ASK, los berezis, etc.) dieron un ultimátum a EIA: o se sometía a KAS y acababa con sus relaciones con las «organizaciones españolistas» o iba a ser expulsado. Al partido se le concedió un plazo de quince días para tomar una decisión. No obstante, la decisión ya estaba tomada: la dirección de HASI, como queda reflejado en Barnekoa, decidió «suspenderlos, no echarlos (no crear mártires)». En el siguiente boletín legitimaba ante sus bases la suspensión de relaciones con EIA con el apoyo de ETAm y los berezis y planteaba una estrategia conjunta con LAIA contra EIA.
El día 30 tuvo lugar la última reunión de KAS en la iglesia de Sokoa (País Vasco francés). Los berezis atacaron a EIA y ETAm exigió su inmediata salida. Según Uriarte, Dolores González Katarain (Yoyes), la entonces mano derecha de Argala, afirmó que «si [los de EIA] se quieren marchar, que se marchen. No son más que unos traidores». Los delegados del partido, con el respaldo de ETApm y la mayoría de LAB, se aferraron a su autonomía: «EIA está de acuerdo con la política realizada hasta el momento y no se va a echar para atrás de nada y no admitiremos que se nos fiscalice (…). No estamos dispuestos a renunciar a Euskadiko Ezkerra de ninguna forma». Tras un receso, los representantes de LAIA y HASI leyeron un comunicado preparado de antemano. «Suspendían» sus relaciones con EIA. En otras palabras, la formación había sido desalojada de la coordinadora, que quedó bajo control de ETAm. Unos meses después, Mario Onaindia zanjaba el asunto: no estar en KAS «es algo que no nos preocupa en absoluto. Creemos que la iniciativa de la Koordinadora (…) acabó el 15 de junio».
Dentro de EIA la ruptura de KAS no supuso ningún trauma. Por ejemplo, la sección vizcaína del partido aprobó positivamente la salida de KAS, ya que «es hoy inoperante y fiscalizador (…). El KAS es hoy un chantaje al pueblo, ya no sirve para la unidad». Unos meses después delegados de EIA y ETAm tuvieron una entrevista. Los milis acusaron al partido de hacer una política «cada día más reformista». Los representantes de EIA explicaron que intentaban llegar «a otros sectores sociales» y que «aceptar el programa y volver a KAS les encerraría de nuevo en un marco muy estrecho para actuar y además esto último lo ven casi imposible por todo lo que ha sucedido, pero sobre todo porque les encerraría». LAIA también se reunió con el partido de Onaindia. Su acertada conclusión fue que «no vimos ni la menor intención por parte de EIA de cambiar de postura respecto al KAS, sino que se reafirmarán en romper con tal organismo e intentar ser ellos el epicentro de todas las alianzas y no el KAS.
Bibliografía básica
APALATEGI, Jokin (dir.) (1978): Marcha de la Libertad. Zarauz: Elkar.
DOMÍNGUEZ IRIBARREN, Florencio (1998): ETA: Estrategia organizativa y actuaciones, 1978-1992. Bilbao: UPV-EHU.
FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka y LÓPEZ ROMO, Raúl (2012): Sangre, votos, manifestaciones. ETA y el nacionalismo vasco radical (1958-2011). Madrid: Tecnos.
FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka (2013): Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994). Madrid: Tecnos.
LETAMENDIA, Francisco (1994): Historia del nacionalismo vasco y de ETA. San Sebastián: R&B. 3 vols.
ONAINDIA, Mario (2004): El aventurero cuerdo. Memorias (1977-1981). Madrid: Espasa.
URIARTE, Eduardo (2005): Mirando atrás. Del proceso de Burgos a la amenaza permanente. Barcelona: Ediciones B.
Documentación básica sobre la ruptura de KAS
La versión de la facción maximalista de la «izquierda abertzale» en «HASI y LAIA informan sobre KAS», X-1977, y en Punto y Hora, nº 53, 15 al 21-IX-1977. Los cuatro miembros de LAB que acudieron a la reunión de KAS defendieron a EIA y cuestionaron las actas que había tomado el otro sector de la «izquierda abertzale» («Correcciones al acta del KAS de la reunión del 30 de agosto de 1977»). La versión de ETApm en Kemen, nº 16, 1977. La versión de EIA en Boletín interno de EIA, nº 6, 1977, e «Informe de la reunión de KAS del 30 de agosto», 1-IX-1977.
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Los responsables de la Gran Guerra
Interesante artículo de Borja de Riquer i Permanyer en La Vanguardia
PS: La web de la Federación Estatal de Foros por la Memoria reproduce esta reseña que escribí en «Historia del Presente» sobre la última obra de José M. Roca
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«Historia y nación», por Fernando Molina
Les recomiendo este inteligente artículo
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Los orígenes de KAS, la Koordinadora Abertzale Sozialista
KAS, Koordinadora Abertzale Sozialista (Coordinadora Patriota Socialista), procedía de un «comité coyuntural» creado en el verano de 1975 por ELI, Eusko Langile Indarra (Fuerza Trabajadora Vasca), un efímero grupúsculo de Rentería, para organizar la campaña contra las ejecuciones de Txiki y Otaegi. Tras constatar las posibilidades que brindaban esos encuentros, se decidió consolidar la relación. KAS estaba formado por tres miembros de pleno derecho: LAIA, Langile Abertzale Iraultzaileen Alderdia (Partido de los Trabajadores Patriotas Revolucionarios), EHAS, Euskal Herriko Alderdi Sozialista (Partido Socialista de Euskal Herria), y ETA político-militar. Además, contaba con algunos miembros consultivos (con voz, pero sin voto): los sindicatos LAB y LAK. Posteriormente EIA, Euskal Iraultzarako Alderdia (Partido para la Revolución Vasca), se unió a los primeros y a los segundos se sumó ASK, Abertzale Sozialista Komiteak (Comités Patriotas Socialistas). El estatus de ETA militar no estaba tan claro. Aunque, en consonancia con la marginación de la actividad política que había anunciado en 1974, oficialmente se conformaba con dar su apoyo externo, lo cierto es que los delegados milis participaban activamente en muchas de las reuniones de KAS y su influencia, como queda bien reflejado en las actas, era más que notable. Al fin y al cabo, todos coincidían en que el liderazgo carismático de la «izquierda abertzale» correspondía legítimamente a ETA. Bien es cierto que esta se hallaba dividida en dos ramas, pero para LAIA y EHAS sus preferencias estaban bastante claras: mientras que ETAm les cedía la arena política, ETApm no hacía lo propio. En cualquier caso, ni unos ni otros fueron capaces de consensuar las funciones de KAS. Para LAIA y ETAm la coordinadora debía convertirse en un órgano soberano con la atribución de marcar la estrategia de todo el nacionalismo radical. En cambio para ETApm únicamente se trataba de un foro de discusión cuyas decisiones no eran vinculantes. Reflejando la correlación de fuerzas del momento, la propuesta de los polimilis acabó imponiéndose: KAS se definió en agosto de 1975 como una «coordinadora consultiva preferente para la acción» y una «mesa permanente de debate1.
Un año después, el 18 de agosto de 1976, se formalizó con la firma de un manifiesto, basado en un borrador que había presentado ETApm. Se expuso por primera vez un documento que posteriormente iba a tener un largo recorrido, muy ligado a la trayectoria de ETAm, aunque por aquel entonces no se le dio excesiva importancia. Se trataba de la denominada «Alternativa KAS», el programa táctico de la coordinadora para «Euskadi sur», que recogía las condiciones mínimas que se exigían al Gobierno para dar por válida la Transición: libertades democráticas, amnistía, disolución de los «cuerpos represivos», reconocimiento del derecho de autodeterminación, autonomía provisional, bilingüismo y mejora de condiciones laborales y de vida de los trabajadores2.
Antes, en diciembre de 1975, cuando las críticas del resto de grupos a algunos de sus últimos atentados se hicieron públicas, ETApm había hecho una primera valoración de KAS: «Ya es hora», se quejaban los polimilis, «de decir claramente que la izquierda abertzale no está a la altura de sus responsabilidades frente a Euskadi», porque «constituye un mosaico de tendencias», que son «tan diferentes» que «resulta imposible aglutinarlas tras unos objetivos comunes». La desilusión de ETApm estaba justificada. En palabras de Jon Idigoras, «el trauma de las escisiones y las diferencias personales brotaban muchas veces en las reuniones, hasta el punto de que las discusiones terminaban en un monumental escándalo de gritos». Según Natxo Arregi, líder de EHAS, los encuentros consistían en «eternas y estériles discusiones entre ETAm, ETApm y LAIA, no precisamente sobre la política a seguir, pues se derivaba así como casi siempre a culpas pasadas que unos y otros se imputaban y echaban a la cara». Durante sus tormentosos dos primeros años de vida, lejos de convertirse en la alianza estratégica del nacionalismo radical, KAS consistió en una serie de tormentosos encuentros entre organizaciones y partidos enfrentados por las heridas del pasado, las rivalidades del presente y los divergentes proyectos para el futuro. De hecho, KAS no funcionó con efectividad hasta que, tras la expulsión de ETApm y EIA en 1977 y de LAIA en 1979, ETAm consiguió tomar el control absoluto3.
Bibliografía
ARREGI, Natxo (1981): Memorias del KAS (1975-1978). San Sebastián: Hordago.
CASANELLAS, Pau (2014): Morir matando. El franquismo ante la práctica armada, 1968-1977. Madrid: Los Libros de la Catarata.
CASTRO, Raúl (1998): Juan María Bandrés. Memorias para la paz. Madrid: Hijos de Muley-Rubio.
FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka (2013): Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994). Madrid: Tecnos.
FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka y LÓPEZ ROMO, Raúl (2012): Sangre, votos, manifestaciones. ETA y el nacionalismo vasco radical (1958-2011). Madrid: Tecnos.
IDIGORAS, Jon (2000): El hijo de Juanita Gerrikabeitia. Tafalla: Txalaparta.
JIMÉNEZ DE ABERASTURI, Juan Carlos y LÓPEZ ADAN, Emilio (1989): Organizaciones, sindicatos y partidos políticos ante la Transición: Euskadi 1976. San Sebastián: Eusko Ikaskuntza.
LETAMENDIA, Francisco (1994): Historia del nacionalismo vasco y de ETA. San Sebastián: R&B. 3 vols.
SULLIVAN, John (1988): El nacionalismo vasco radical, 1959-1986. Madrid: Alianza.
1 «Nota a KAS» y «Comunicado de fundación del KAS», 1-VIII-1975, en Hordago (1979, vol. XVII: 482 y 483). Las distintas propuestas sobre KAS en Hordago (1979, vol. XVII: 507-515) y Sugarra, nº 3, IV-1976. Hay constancia de que dos pequeños colectivos no vinculados a ETA pidieron la entrada en KAS: EKAB como miembro y ESEI como observador. Ambos fueron rechazados, como se puede ver en Arregi, las actas de la dirección de EHAS, XI-1976, y Asteroko, nº 2, 1977. Por otra parte, a pesar de la victoria inicial de ETApm, se mantuvieron las diferentes concepciones de la función de KAS, lo que salió a la luz en la primera mitad de 1977. Así, para EIA, KAS era «una coordinadora y nada más que una coordinadora de partidos de la Izquierda Abertzale (…) que quedan totalmente libres para tomar las decisiones que mejor crean que se ajustan a las necesidades del pueblo» («EIA ante las elecciones», 1977). Pero, para el resto de esa misma «izquierda abertzale» KAS era un órgano decisorio al que, por tanto, EIA debía someterse («Acta de KAS», 12-XI-1976).
2 «Manifiesto y alternativa del KAS», 18-VIII-1976. Según Juan Mari Bandrés, el documento fue improvisado por algunos polimilis (ebrios) el día anterior a su aprobación. La alternativa provocó la ruptura de LAIA. Un sector la firmó y pasó a denominarse LAIA bai (LAIA sí), luego simplemente LAIA, mientras que el otro, LAIA ez (LAIA no), se negó a hacerlo por considerar que era un programa asumible por la burguesía y abandonó la coordinadora. Algunos de sus miembros acabaron en los CAA.
3 Hautsi, nº 8, XII-1975.
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Entrevista a los autores de «La política como pasión» en la SER
Pueden escucharla aquí
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