Archivo de la categoría: Opinión

Igeldoko independentzia eta sozialismoa!

Despues de cuarenta años haciendo sufrir a los demás (y sufriendo ellos mismos lo suyo) resulta que el gran objetivo del nacionalismo vasco radical, lo de la “Independentzia eta sozialismoa”, era esto: la “independentzia” de Igueldo, un barrio de San Sebastián, y el muy socialista sistema de recogida de basuras “puerta a puerta”. Monzón estaría orgulloso.
En otro orden de cosas, ha quedado demostrado que los homo sapiens somos producto del mestizaje. Así pues, si escuchan a algún racista dando la murga con “purezas”, tírenle un libro bien gordo a la cabeza. Luego, cuando despierte, que se lea esta noticia. Y, si no la entiende, no se enfaden: son sus genes neanderthales, que andan un poco lentos.

Deja un comentario

Archivado bajo Opinión

Artículo de Antonio Rivera sobre el relato del terrorismo

Artículo de Antonio Rivera sobre el relato del terrorismo

Pueden leerlo aquí.

Deja un comentario

13 diciembre, 2013 · 15:41

Clases sociales

Hoy ha aparecido un estudio que indica que la clase social tiende a heredarse. Se trata de una contradicción brutal de nuestro sistema capitalista: en vez de una meritocracia en la que cada cual asciende únicamente por su esfuerzo personal,… a veces recuerda demasiado a la sociedad estamental del Antiguo Régimen. Al hilo de esto el programa “Esto me suena” (RNE) ha realizado un espacio con testimonios de personas que, pese a provenir de familias humildes, han conseguido estudiar gracias al esfuerzo de sus padres y “progresar”. Esta tarde lo he escuchado en el coche y me he emocionado… porque es mi historia (y de miles de personas de mi generación, aunque también de bastantes de los alumnos a los que he dado clase): padres trabajadores que se vuelcan en sus hijos y que, pese a sus carencias, les dotan de una formación y de unas posibilidades de las que ellos carecieron. A partir del minuto 21:00.
PD: Los recortes en Educación dificultan muchísimo que dicho fenómeno se siga produciendo. Hay que ser conscientes de ello.

Deja un comentario

Archivado bajo Opinión

¿Una Navidad politicamente correcta?

En Holanda se ha abierto un debate porque algunos defensores de lo políticamente correcto consideran que el paje negro de la cabalgata de San Nicolás es un símbolo racista salido de la “colonización”. Supongo que el próximo año alguien hará lo propio por estos lares cuestionando el mensaje xenófobo, racista y eurocéntrico que se esconde detrás del rey Baltasar, a lo que los nacionalistas periféricos añadirán la acusación de ser un residuo imperialista, españolista y franquista. Espero que alguna feminista radical aumente la lista con el adjetivo “heteropatriarcal”, que me encanta. Al leer cosas como estas me siento absolutamente reaccionario. Es un lo bueno de tener una identidad múltiple y laxa: todo depende del día.

3 comentarios

Archivado bajo Opinión

Bulos

Bulos

Este lunes Miguel Ángel Revilla se hacía eco de una cita de las recientemente publicadas memorias del expresidente José María Aznar. Tres días después sus reflexiones habían recibido casi 17.000 “me gusta” y habían sido compartidas por casi 11.000 personas. La cita era apócrifa. Aznar nunca escribió tal cosa. Da igual. La mayor parte de la gente que leyó a Revilla (quizá también el propio Revilla) pensará que sí. Lo creerá. Y punto. Y el que diga lo contrario es un “facha”.
Hace tiempo mi admirado Arturo Pérez-Reverte cometió el mismo error: dio pábulo a uno compendio de disparates, divulgandolós en un artículo de opinión. En resumen, se venía a decir que en España hay 445.000 políticos que cobran de las arcas públicas. Es rigurosamente falso, pero el daño ya estaba hecho.
Por supuesto, no son los únicos casos. Aquí va otro, este referido a la Guerra Civil. En internet, y especialmente en las redes sociales, los hay a patadas. Lo que me asombra no es el hecho de que haya personas manipulando al personal, porque no es precisamente una novedad, sino nuestra patética credulidad. Se supone que tenemos acceso libre a información casi ilimitada, que somos la generación más preparada, que somos críticos, que no creemos en las grandes verdades reveladas, que no nos la dan con queso, pero la verdad es que nos encanta aceptar cualquier tontería, por absurda que sea, siempre que confirme nuestros prejuicios. Leemos solo aquello que nos da la razón y somos incapaces de ponerlo en cuestión, así como nos rebota todo lo que supone una crítica a nuestras ideas preconcebidas y normalmente en blanco y negro. Y lo peor es que da lo mismo la ideología: lo hacen los de izquierdas, los de derechas, los de centro, los patriotas de todas las banderas. Así, Rodríguez Zapatero tiene la culpa de absolutamente todo, Aznar cree que habla con Dios, Rosa Díez es falangista en la intimidad, en la Guerra Civil solo torturaron y asesinaron “ellos” (a elegir), los profesores solo trabajan 19 horas a la semana, todos los políticos tienen dinero en cuentas suizas, el resto de españoles odia a todos los vascos/catalanes/paisanos de Lepe (táchese lo que no proceda), ETA asesinó a la niña Begoña Urroz en 1960, la vecina del quinto tiene un amante en Alicante, etc.
Diría que es un defecto típico de los ciudadanos de España, pero resulta que esa afirmación también es un prejuicio como la copa de un pino. Un estudio realizado en los EEUU demuestra precisamente lo contrario: que el sectarismo y la propensión a pensar lo peor del “adversario” es una tendencia universal del ser humano.
Pero no estamos condenados por imperativo biológico a seguir este camino. Se pude luchar contra los prejuicios, contra las leyendas, contra los dogmas carentes de base. No tenemos por qué tragarnos falacia tras falacia solo porque las propaguen los “nuestros” ni porque sean un arma contra los “suyos”. Es más, ni siquiera es necesario pensar así, en términios maniqueos, “nosotros” Vs. “ellos”. Para conseguirlo hace falta valor y autocrítica; y empezar a desmontar los mitos propios antes de poner en cuestión los ajenos. No es tan sencillo. Al contrario, resulta incómodo y peligroso, cuesta muchísimo y puede traer aparejados, como advertía Muñoz Molina en su último ensayo, muchos disgustos. No es de extrañar que pocas personas se atrevan a hacerlo. Verbigracia, muchos de los que pasaron por aquella escuela de democracia que fue Euskadiko Ezkerra.

2 comentarios

13 noviembre, 2013 · 18:33

El populismo según Julio Caro Baroja

“(…) vamos a enumerar cuáles son los elementos que constituyen toda actitud populista, sin referirnos a éste o aquel caso.
1. El populista, en su programa político, quiere hallar la base en una identidad primitiva o en un pasado remoto.
2. Este pasado se caracteriza por unas cuantas notas homogéneas, acordes y positivas; claro es que no excluyen rasgos “anticivilizados”.
3. Para ello tiene que ocultar, seleccionar o deformar si es precio, la realidad histórica.
4. Idealiza al “pueblo” sin fijar demasiado bien sus caracteres, aunque da como fundamentales las ideas de “raza”, “lengua” y “clase social” (campesinado, etc.), unida a características anímicas.
5. Menosprecia a los elementos foráneos, caracterizándolos de modo peyorativo, y atribuye todo mal a influencias exteriores: incluso a la “civilización”.
6. Pretende –por otro lado- actuar revolucionariamente, destruyendo las instituciones que rigen en el momento porque las considera impuestas por un poder tiránico y advenedizo.
7. Pretende crear un Estado nuevo frente a otro anterior, que es malo en conjunto”.

Julio Caro Baroja: El laberinto vasco

Deja un comentario

2 noviembre, 2013 · 8:13

“Tal como descr…

“Tal como describió Milton Rokeach, las personas que obtienen una puntación alta en los test sobre prejuicios étnicos presentan un comportamiento rígido a la hora de resolver problemas, tienen un pensamiento inflexible y su comprensión sobre temas de vital interés para ellos es muy reducida. También son propensos a hacer juicios rápidos, a mostrar desagrado ante situaciones ambiguas y a deformar los recuerdos de hechos significativos. Su resistencia activa a modificar en algo sus creencias es de suma importancia. Rokeach señala: “La aceptación de aquellos que están de acuerdo conmigo (aceptación dogmática) es una manifestación tan clara de intolerancia como el rechazo de aquellos que no lo están (rechazo dogmático)”. La aceptación dogmática de la visión que el grupo tiene de sus adversarios forma parte del prejuicio. Por el contrario, la tolerancia es aceptar a los demás sin reparar en si están o no de acuerdo con nosotros.
La mente cerrada es impermeable a la información contraria a sus creencias tan cargadas emocionalmente y encerradas dentro de un marco rígido”.

Aaron T. Beck: Prisioneros del odio.

Deja un comentario

26 septiembre, 2013 · 8:11

¿Nuevos tiempos? Pasado y presente del nacionalismo vasco radical

¿Nuevos tiempos? Pasado y presente del nacionalismo vasco radical

El jueves 3 de octubre a las 16:30 imparto una charla en la sala de conferencias de la Casa del Estudiante de la Universidad de Cantabria (Santander) con el título: “¿Nuevos tiempos? Pasado y presente del nacionalismo vasco radical”

Deja un comentario

25 septiembre, 2013 · 12:06

“El Roto” hoy

2 comentarios

9 julio, 2013 · 9:18

Hacer patria o hacer historia. Algunos apuntes sobre la literatura histórica de la “izquierda abertzale”

La calidad de las obras sobre la historia del pasado reciente del País Vasco es muy heterogénea. Aunque su número no es tan elevado como nos gustaría, contamos con trabajos notables, escritos con método, rigor y profesionalidad. Pero la escasez de obras historiográficas propiamente dichas se ve agravada porque en el ámbito vasco les ha surgido una seria competidora: la literatura histórica. José Luis de la Granja lo explica mejor que yo: «una cosa es la historiografía militante y partidista, sea laudatoria o denigratoria del nacionalismo, y otra muy distinta es la historiografía sustentada en una investigación objetiva de las fuentes y una metodología científica a cargo de historiadores profesionales, en su mayoría profesores universitarios. En puridad, el nombre de historiografía se debería reservar en exclusiva para esta última, mientras que a aquélla la denominamos literatura histórica».

El uso partidista de la historia, su instrumentalización y manipulación, no es monopolio de ninguna ideología concreta. En el caso vasco encontramos ejemplos tanto de literatura histórica antinacionalista, que ha tenido un claro resurgir en los últimos años, sobre todo de mano de periodistas, como ultranacionalista, que es en la que me centro aquí. Ha sido certeramente descrita por Santiago de Pablo como «historiografía nacional-revolucionaria, muy parcial y preñada de lugares comunes, en las que ETA aparece siempre como un movimiento salvador de una Euskadi oprimida no solo por la dictadura, sino también por España y por el capitalismo». En ese sentido, cada libro es un nuevo capítulo que añadir a la saga narrativa del «conflicto vasco». A pesar de su escasísima calidad y de su evidente propósito publicitario, lo cierto es que la literatura ultranacionalista cuenta con bastante difusión social gracias a la compleja y eficiente industria cultural que ha construido la «izquierda abertzale»: asociaciones «por la memoria histórica» (Euskal Memoria, Ahaztuak 1936-1977, etc.), editoriales (Txalaparta), medios de comunicación (Gara, etc.), una red de librerías, etc. Y, por supuesto, un público lector entregado y dispuesto a leer (y asumir) cualquier cosa que confirme sus creencias y prejuicios, que legitime su apuesta por una opción determinada: el nacionalismo vasco radical. Da igual que la obra carezca de fuentes, esté claramente sesgada o no resista un mínimo análisis crítico. No estamos en el universo de la razón, sino en el de los sentimientos y emociones.

Dentro de la larga lista de escritores de literatura histórica ultranacionalista hay que distinguir dos categorías. En primer lugar hay una mayoría de propagandistas, entre los que cabe citar a Iñaki Egaña Sevilla, José Antonio Egido, Iker Casanova, Luis Núñez, Eduardo Renobales o Txema Urrutia. Se distinguen no solo por desconocer la metodología básica del historiador, sino también por despreciar abiertamente a la historia como disciplina y más cuando tiene alguna relación con la universidad. Por descontado, eso no obsta para que se aprovechen de sus avances, plagiando (literalmente) a los historiadores profesionales, a los que, sin embargo, raramente citan (en realidad, casi nunca citan a nadie ajeno a su minúsculo e intelectualmente autárquico círculo). Lo suyo es apuntalar (o inventar o incluso reinventar) los mitos abertzales. La verdad, a su modo de ver, no tiene que ver con la ciencia, sino con la fe… en Euskal Herria, una patria que es inmemorial y que lleva siglos sojuzgada por el «Estado español». Y, si los documentos dicen lo contrario, qué les zurzan a los documentos. Quien dude de las máximas patrióticas sencillamente se coloca en el bando de los opresores, o sea, es un «fascista». Evidentemente con los propagandistas, que nunca escuchan ni tienen dudas, no cabe ningún debate historiográfico.

Pero no es justo clasificar a todos los productores de literatura histórica ultranacionalista como simples apologetas. Hay una minoría de historiadores y/o cronistas que dominan los rudimentos del oficio. Me refiero, entre otros, a Francisco Letamendia (Ortzi), Emilio Majuelo y José María Lorenzo Espinosa. Gracias a su aparente corrección formal y metodológica, sus obras han de inscribirse en una categoría superior a la de los propagandistas. Desde luego, tienen más calidad. Resultan útiles y son de obligada lectura para quien pretende tratar en serio la historia de ETA y el nacionalismo vasco radical. Mas hay que tener cuidado y comprobar detenidamente algunas de sus afirmaciones antes de darlas por válidas, ya que los cronistas escriben con la misma parcialidad que los panfletos de sus primos: el impulso que en el fondo les guía es hacer patria, no hacer historia. No hay que olvidarlo nunca.

PS: Al César lo que es del César. Por un lado, Letamendia se avino a concederme una (eso sí) breve entrevista para realizar mi tesis doctoral. Sus obras, aunque hay que tomarlas con precaución, me han sido provechosas en mis investigaciones, sobre todo para hacerme una idea general al principio, cuando estaba un tanto perdido. Por otro lado, Lorenzo Espinosa, que fue mi profesor en la Universidad de Deusto, ha escrito algunos libros rigurosos, además de literatura histórica, y sería injusto meter a todas sus publicaciones en el mismo saco. Guardo buen recuerdo suyo como persona. Quizá algún día podamos tomarnos unas cañas y tener un debate historiográfico de verdad. Ojalá.

BIBLIOGRAFÍA
GRANJA, José Luis de la (1992): «El nacionalismo vasco: de la literatura histórica a la historiografía», Historia Contemporánea, nº 7, pp. 209-236.
MOLINA, Fernando (2010): «La eterna “cuestión vasca”. ¡Y vuelta la burra al trigo!», Claves de Razón Práctica, nº 199, pp. 64-71.
MONTERO, Manuel (2011): La forja de una nación. Estudios sobre el nacionalismo y el País Vasco durante la II República, la Transición y la democracia. Granada: Universidad de Granada.
PABLO, Santiago de (2005): «Silencio roto (solo en parte). El franquismo y la transición en la historiografía vasco-navarra», Vasconia, nº 34, pp. 383-406.
RIVERA, Antonio (2004): «Cuando la mala historia es peor que la desmemoria (acerca de los mitos de la Historia contemporánea vasca)», El valor de la palabra, nº 4, pp. 41-72.

2 comentarios

18 junio, 2013 · 19:16