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José Antonio Lasa Aróstegui y José Ignacio Zabala Artano

El 5 de octubre de 1983, coincidiendo con el inicio del juicio a los polimilis detenidos por el asalto al cuartel de Berga (noviembre de 1980), lo que quedaba de ETApm VIII Asamblea secuestró al capitán de Farmacia Alberto Martín Barrios. Dos semanas después los terroristas acabaron con su vida. En el ínterin la Policía francesa se puso en contacto con un séptimo reinsertado para que pasase un mensaje a los octavos: si le ocurría algo al militar se iba a «dar carta blanca» para que actuaran los «barbouzes» (bandas parapoliciales) en el territorio galo. No parece casualidad que justo entonces apareciesen los GAL.
Según la sentencia que emitió la Audiencia Nacional, a lo largo de 1983 el comandante de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo y el gobernador civil de Guipúzcoa, Julen Elgorriaga, «al tener conocimiento de que en el Ministerio de Interior se iba abriendo camino la idea de aceptar la realización de acciones violentas contra miembros de ETA refugiados en el Sur de Francia, como una vía para acabar con la actividad terrorista de ese grupo, entonces tremendamente cruenta, decidieron que ellos debían intervenir, tratando de lograr la detención en Francia y el traslado a España de aquellos miembros de ETA que consiguiesen localizar, a fin de obtener información, aunque luego fuese preciso hacerlos desaparecer para evitar que los hechos fueran descubiertos».
El 15 de octubre de 1983 un atentado de ETA acabó con la vida de un guardia civil en Oñate (Guipúzcoa). Al día siguiente otros agentes secuestraron a José Antonio Lasa Aróstegui y José Ignacio Zabala Artano en Bayona. Eran miembros de ETA, pero estaban lejos de ser dirigentes. Simplemente eran fáciles de localizar. Nacidos en Tolosa en 1963 y solteros, los dos amigos formaban parte del comando Gorki. En noviembre de 1981 acababan de realizar un atraco cuando uno de los integrantes de la célula fue detenido «mientras que los demás, armados y encapuchados, tras enfrentarse a tiros con los miembros del Cuerpo Superior de Policía, lograban darse a la fuga». A raíz de aquel suceso, Lasa y Zabala huyeron a Francia. Y allí, cuando se disponían a ir a las fiestas de un pueblo cercano, les encontraron los GAL.
Los terroristas parapoliciales trasladaron a los rehenes a la semiabandonada villa La Cumbre en San Sebastián, propiedad del Estado. Se les torturó brutalmente. Más tarde los guardias civiles llevaron a Lasa y Zabala a Busot (Alicante). «Allí, con una pistola Browning, hicieron un disparo a José Antonio Lasa en la cabeza, y dos a José Ignacio Zabala, también en la cabeza, lo que les causó la muerte inmediata». Fueron enterrados bajo unos 50 kilogramos de cal viva.
Dos años después un cazador encontró los cadáveres. No había pistas sobre su identidad. Jesús García García, el comisario jefe de un grupo de la Policía Nacional contra la delincuencia, se interesó por el caso. El forense, que era su amigo, le contó detalles que hacían descartar un ajuste de cuentas o un crimen sexual: probablemente habían sido torturados para obtener información, pero no sabían por quién ni para qué. Los cuerpos cayeron en el olvido durante una década, aunque no para el comisario.
En 1995 Jesús García García, por entonces jefe de grupo de la Policía Judicial adscrita a los Juzgados de Alicante, escuchó acerca del plan de los GAL de enterrar a Segundo Marey en cal viva. «Me resultó llamativo, porque en la fosa de Busot habían aparecido unos 50 kilos de cal», explicaría durante el juicio el policía. Según El País, «García calificó de “aberrantes” y “actos vandálicos» los sufrimientos infligidos a Lasa y Zabala y dijo que pensó en el intento de secuestro del etarra Larretxea por esas fechas y que pudieron haberlo hecho para sacar información sobre el paradero del capitán de Farmacia Martín Barrios. Después inició las gestiones para confirmar las identidades y judicializar el caso, para lo que contactó con un fiscal».
Gracias a la investigación policial, los responsables del crimen fueron detenidos. En abril de 2000 la Audiencia Nacional dictó largas condenas de cárcel para quienes habían participado en el secuestro y asesinato de Lasa y Zabala, ya fuera como autores materiales o intelectuales. Entre los primeros había varios guardias civiles. Entre los segundos destacaban Julen Elgorriaga y el ya general de la Benemérita Enrique Rodríguez Galindo.
El comisario Jesús García García sufrió un infarto cuando declaraba como testigo en el juicio. Fue trasladado al Hospital Carlos III, donde falleció. Unas 500 personas acudieron al entierro de este policía nacional en el cementerio de San Idelfonso de Mula (Murcia), su localidad natal. El funeral se había celebrado en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, donde, de acuerdo con El País, el obispo de Cartagena Javier Ureña subrayó que Jesús García había muerto «en acto de servicio». Este mismo periódico publicó una breve carta de su hermana María Teresa para agradecer «a aquellos que han entendido que actuó guiado exclusivamente por su sentido de la dignidad y del respeto a su profesión y a la ley, a la que se debía, al margen de simpatías o antipatías personales, de filias y fobias, despreciando las consecuencias que para él mismo y para su familia pudiera acarrear su decisión; sin dudar en acudir a los llamamientos judiciales y a cuantas diligencias fue requerido, y ello aun conociendo el delicado estado de su corazón y siendo consciente de que -como así sucedió- le podía estallar. Sin embargo, nada de eso fue suficiente para doblegar su voluntad y su sentido del deber».

Este texto es un fragmento del libro El terrorismo en España

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Presentación de Grand Place en San Sebastián

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15 octubre, 2021 · 8:55

GFS: «El paradigma de Crenshaw», El Correo, 5-X-2021

Pese a que España fue uno de los países occidentales más golpeados por la tercera oleada internacional de terrorismo, el mundo universitario tardó en abordar el fenómeno. Inauguraron su estudio académico las obras sobre ETA de José María Garmendia (1979-1980) y Gurutz Jáuregui (1981). Solo un puñado de investigadores siguieron sus pasos a lo largo de la década de los ochenta, aunque se multiplicarían en la siguiente.

Como sucedía en bastantes campos del conocimiento, en EEUU iban por delante. Especialistas como David C. Rapoport y Paul Wilkinson empezaron a despuntar en los años setenta. Al igual que otras disciplinas, esta estaba muy masculinizada, pero precisamente fue una mujer quien le dio un giro decisivo. En octubre de 1981 la politóloga Martha Crenshaw, profesora en una universidad de Connecticut, publicó en la revista Comparative Politics un artículo que tituló “The Causes of Terrorism”. Se trata de uno de los trabajos sobre violencia política más influyentes y citados de la historia.

Crenshaw estableció el paradigma de la elección deliberada: en cuanto actores racionales, tanto la organización como los individuos que la componen escogen intencionadamente el terrorismo como estrategia para conseguir sus objetivos. Y lo hacen de manera consciente, tras desechar otras alternativas que creen más costosas o menos efectivas para sus propósitos. Tal decisión se toma bajo el influjo de unas circunstancias concretas, tanto materiales como emocionales, que en ningún caso se obvian, pero a la postre lo que más pesa es la voluntad humana. En definitiva, los terroristas extorsionan, amenazan secuestran, hieren y asesinan a otros seres humanos porque consideran que es el mejor medio para alcanzar sus metas, sean estas las que sean.

Por consiguiente, no están predestinados a hacerlo, ni han perdido el juicio, ni son autómatas, ni marionetas, ni víctimas del sistema. Por mucho que resulte una explicación atractivamente simple para nosotros o por mucho que ellos mismos se escondan detrás de una u otra excusa cuando producen daño, los terroristas son los únicos culpables de sus crímenes. No hay eximentes. El “Estado” no obligó al etarra Txabi Echebarrieta a matar a José Antonio Pardines en 1968 o a Henri Parot a imitarle 39 veces posteriormente. España no estaba a punto de romperse en la Transición cuando una parte de la extrema derecha empezó a asesinar. El proletariado nunca requirió a los GRAPO que dejasen más de noventa víctimas mortales. Las bombas de los GAL no fueron una reacción ineludible a ETA. Y la supuesta “Cruzada” de EEUU y Europa contra el islam no fue la razón de los atentados yihadistas de 2004 y 2017.

Tampoco se puede responsabilizar de los actos de los terroristas a las palabras de personajes históricos como Sabino Arana, Karl Marx o Mahoma. Los textos fundacionales de un movimiento no determinan la acción de sus seguidores, sino que permiten lecturas divergentes. Así, la que hicieron los primeros etarras del aranismo distaba de ser inevitable. El mejor mentís es la trayectoria institucional del PNV. Stalin interpretó el marxismo en clave totalitaria, pero la socialdemocracia lo hizo de manera democrática. La Biblia ha sido utilizada tanto para justificar la violencia (la Inquisición, las guerras de religión, la colonización, etc.) como para inspirar actos de generosidad y entrega a los demás. Lo mismo se puede decir del Corán.  

A mi parecer, el análisis del caso español avala el paradigma de Crenshaw. Durante la dictadura la mayoría del nacionalismo vasco descartó la vía de las armas, lo mismo que en el tardofranquismo y la Transición hicieron el grueso de los nacionalismos gallego y catalán, de la extrema izquierda y de la ultraderecha. Únicamente grupúsculos marginales decidieron realizar atentados terroristas. Pese a soportar idénticas condiciones, tener los mismos modelos internacionales, basarse en los mismos textos sacralizados y estar condicionados por similares parámetros ideológicos y emocionales, la mayoría de los individuos no optaron por la violencia.

Después de años escribiendo y recibiendo todo tipo de premios y distinciones, Martha Crenshaw ha terminado su carrera profesional como profesora emérita de la Universidad de Stanford. Puede que apenas haya sido leída fuera del círculo de expertos en la materia, pero su relevancia científica es indiscutible y su labor merece ser reconocida. No solo fue una mujer pionera en los estudios sobre el terrorismo, abriendo camino a muchas otras, sino que trabajos como el que publicó hace ya cuarenta años nos siguen ayudado a comprender algo tan básico y a la vez tan importante como las causas del terrorismo.  

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Sierra Delta Contra 1

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En este primer Sierra Delta Contra, Gaizka Fernández Soldevilla conversa con Carlos Igualada, director del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo, acerca de la situación del yihadismo tras la vuelta al poder de los talibán en Afganistán. Además, entrevistamos al historiador David Mota acerca de su último libro, En manos del tío Sam, ETA y Estados Unidos. Para terminar, el responsable de exposiciones del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Raúl López Romo, nos habla de este museo inaugurado recientemente en Vitoria, el primero de sus características en toda Europa,

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Curso de otoño «Memoria y prevención. El terrorismo y sus víctimas en las aulas»

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Más información, aquí

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Entrevista a Eduardo Mateo al hilo del libro «El movimiento de víctimas del terrorismo»

Pueden escucharlo aquí:

https://www.ivoox.com/relatos-memorial-vt-eduardo-mateo-movimiento-audios-mp3_rf_75992141_1.html

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Novedades en la web de la Mario Onaindia Fundazioa

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Durante este tiempo de pandemia, hemos querido aprovechar para renovar nuestra presencia
en medios digitales, tanto de la revista Grand Place como de la web de la Fundación.
Brevemente os informamos de las principales novedades, animándoos a que las comprobéis
por vosotros mismos conectándoos mediante los enlaces que os señalamos a pie de página.
El objetivo que hemos pretendido es permitir un mejor acceso a la revista Grand Place,
actividad clave de la Fundación, y ampliar su difusión. Y, además, englobar en una única y
nueva web toda la Mario Onaindia Fundazioa, incluyendo Grand Place.

  • la revista sigue siendo de edición impresa, y para recibirla en la dirección postal que nos
    indiquéis, os animamos a suscribiros a los dos números anuales que editamos.
    Además, y ésta es la novedad, va a estar consultable desde la web de la fundación. Cada nuevo
    número se incorporará a la consulta digital a los 6 meses de su publicación impresa.
  • La nueva web contiene la revista y toda la información sobre la Fundación. Os animamos a
    comprobarlo, hemos incorporado un buen buscador y cómodo formato de lectura a modo
    libro. Merece la pena que le dediquéis unos minutos para familiarizaros y acceder en cualquier
    momento a su contenido.

Para suscribirse a la revista Grand Place basta rellenar este impreso

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Un premio muy merecido

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22 septiembre, 2021 · 11:32

Este año me podrán escuchar en el podcast Sierra Delta

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Alberto Agirrezabal y Felipe Juaristi: «Al patriota Joseba»

Joseba Arregi, político e intelectual comprometido
Fotografía de El Correo

El 1 de Setiembre de 2003, el día siguiente de su fallecimiento, Joseba Arregi dedicaba a Mario Onaindia un artículo en El Correo con ese titular. “Al patriota Mario”. Era premeditado, quiso reivindicar desde el inicio su condición de ciudadano, amante de su patria, condición tan cuestionada en ambientes políticos y “culturales” que él tan bien conocía.

Así hemos querido comenzar hoy este IN MEMORIAM dedicado a Joseba, convencidos de que en muchos aspectos de su vida recorrieron caminos paralelos, caminos sin retorno que los llevaron a alejarse del nacionalismo, y ya no volvieron nunca más al hogar.

Joseba pudo optar por una vida más cómoda, mantenerse en el más alto nivel político e institucional donde había llegado por méritos propios, recibir el cariño y los halagos de los suyos, pero prefirió convertirse antes en un traidor que traicionarse a sí mismo.

Se dio cuenta de que el nacionalismo tradicional al que pertenecía empezaba a transcurrir por una deriva de difícil retorno, como poco más tarde se comprobó en el funeral de Fernando Buesa, en el Pacto de Lizarra con ETA, o en el Plan Ibarretxe, aquel proyecto de estatus de libre asociación. Y defendía que “para acabar con ETA hay que deslegitimar su discurso político y eso obliga también a reformular el propio nacionalismo” (El País, mayo de 2002).

Fue uno de los fundadores e impulsores de Aldaketa, con el objetivo de activar un movimiento ciudadano por el cambio. En una sociedad como la nuestra, tan dada a valorar y ensalzar el estancamiento de las ideas, Joseba reclamaba el valor del cambio, de la evolución, de la adaptación a los nuevos tiempos que operaban en el mundo. Reclamaba el diálogo y el entendimiento para lo cual era necesario, eso sí, que existiera lo que llamaba gramática compartida que, en democracia, decía, es la Constitución y son las Leyes.

Sabía que la sociedad vasca se había convertido en sujeto político gracias al pacto que supuso el Estatuto de Gernika y que era necesaria su defensa, su fortalecimiento ante quienes lo daban por muerto, ante quienes querían acabar con él y ante quienes se colocaban fuera de él.

Joseba se dio cuenta mejor que nadie de la soledad de las víctimas, de su inmenso dolor, de su soledad, del indispensable reconocimiento hacia ellas, que tanto tardó en llegar desde las instituciones, de su necesario protagonismo en el camino hacia un futuro en libertad. Y se convirtió en uno de sus mayores aliados, colaboró con ellas en multitud de iniciativas. Dedicó gran parte de su tiempo y de su talento a desmontar los argumentos de los terroristas, de sus aliados y de sus valedores, escribió innumerables artículos en innumerables medios, participó en debates y conferencias con distintas asociaciones y publicó el 2015 “El terror de ETA, la narrativa de las víctimas”, un alegato frente a los que querían olvidar la historia de terror de ETA, y pasar página sin leerla.

Joseba era miembro de Mario Onaindia Fundazioa, miembro destacado, colaborador habitual y desinteresado de los que han hecho posible nuestra existencia con su trabajo y ha prestigiado nuestra Fundación con su presencia. Colaborador habitual de nuestra revista Grand Place, hasta en el ultimo número dedicado al 50 aniversario del Consejo de Guerra de Burgos. Participó con nosotros en decenas de actos desde Madrid, Bilbao, Donostia, Vitoria-Gasteiz y sobre todo en nuestra sede de Zarautz, en el ZAZPI.

Allí le mostramos nuestro mayor agradecimiento al entregarle el 28 de octubre de 2017 el Premio Mario Onaindia Saria.

Zure lanean, zure saiakera intelektualean goi mailara iritsi zarelako, batetik, eta demokrazia, askatasuna defendatzeko erakutsi izan duzun konpromezu eta borondate tinkoagatik….

Gogoan izango zaitugu, Joseba. Esker mila adiskide. Izan dezazula atseden.

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