Aberri y Jagi-Jagi. El nacionalismo vasco radical hasta la Guerra Civil

jagi_f02_039x060Después de la moderada, la extremista ha sido la segunda corriente en número e influencia de la cultura política del nacionalismo vasco. Y, no hay que olvidarlo, la inicial: el primer abertzale radical fue el propio Sabino Arana (hasta 1898). El ultranacionalismo ha estado históricamente representado por un buen número de grupos distintos: la tendencia extremista del PNV, desde 1898 hasta nuestros días, Aberrien los años 1920, los Jagi-Jagi (Arriba-Arriba) durante la II República, el colectivo Ekin (Hacer) en la década de los 50, luego ETA y, desde el tardofranquismo, los partidos que han girado en torno a su órbita (la «izquierda abertzale»), amén de algunas pequeñas y fugaces formaciones como ESB, Euskal Sozialista Biltzarrea (Partido Socialista Vasco).

Radical es un adjetivo que significa «extremista», pero que, por otra parte, etimológicamente nos remite a las raíces. En el caso del nacionalismo vasco radical considero que las dos dimensiones de la palabra son perfectamente adecuadas. Por una parte, es la versión más exaltada e intransigente del abertzalismo y, como tal, defiende el independentismo a ultranza, sin ambigüedades. Por otra parte, trata de regresar a los orígenes de dicha ideología, es decir, a la del fundador del PNV. En palabras de José María Lorenzo, historiador vinculado a la «izquierda abertzale», «es cierto que no todos los nacionalismos vascos son aranistas, pero también lo es que cualquier independentismo tiene su raíces ancladas en Sabino».

La progresiva moderación del PNV, así como su posibilismo autonomista y sus acercamientos a distintos partidos no nacionalistas provocaron que su facción más radical se escindiera en dos ocasiones durante el primer tercio del siglo XX. Ambas disidencias compartieron una serie de características comunes. En primer lugar, eran grupos ultranacionalistas ortodoxos, defensores de la pureza doctrinal del aranismo: acusaban a la dirección jeltzale de haber abandonado los dogmas de su fundador. En segundo lugar, las dos rupturas estuvieron lideradas por Elías Gallastegi (Gudari) y apoyadas por Luis Arana, del que el primero había sido secretario. En tercer lugar, nunca llegaron a amenazar seriamente la primacía del partido, que retuvo a la mayoría de la militancia jeltzale. En cuarto lugar, la base territorial de ambas escisiones se redujo básicamente a Vizcaya, siendo muy débiles en el resto del País Vasco.

La primera ruptura se produjo tras el retroceso electoral y el fracaso de la campaña autonomista de CNV, Comunión Nacionalista Vasca, que había crispado a la tendencia más radical del nacionalismo. Una polémica periodística provocó que la dirección de Comunión expulsara a buena parte de sus juventudes, abanderadas porGudari, que decidieron crear una nueva formación, el PNV (1921-1930), también conocida como Aberri por la cabecera de su órgano de expresión. En 1922 se les unió una pequeña escisión anterior dirigida por Luis Arana, quien fue nombrado presidente del nuevo partido. Gudari y Arana compartían su ideología nacionalista ortodoxa: tradicionalismo, independentismo a ultranza, rechazo a cualquier colaboración con los vascos no nacionalistas, antiespañolismo, integrismo, puritanismo moral y antimaketismo. No obstante, Aberri introdujo dos importantes novedades en el nacionalismo vasco. Por un lado, el grupo, muy influido por el movimiento republicano irlandés, creó organizaciones sectoriales (juvenil, de mujeres, etc.), con lo que se conformó como un partido-comunidad, que durante la II República daría paso a la «comunidad nacionalista vasca». Por otro lado, pactó una fugaz entente con los otros nacionalismos periféricos de España (Triple Alianza, 1923). La trayectoria histórica de la formación de Gudari fue truncada por el golpe militar del general Primo de Rivera, que prohibió su actividad, y la reunificación en 1930 con CNV.

Algunos de los antiguos aberrianos Gudari, Manuel de la Sota Aburto (Txanka), Lezo de Urreztieta, etc.- participaron en la segunda disidencia de la tendencia radical del nacionalismo en 1934: los Jagi-Jagi, que tomaron el nombre de su periódico. En este caso se trató de un  grupo mucho más pequeño que Aberri, formado por la Federación de Mendigoxales (montañeros) de Vizcaya. Aunque probablemente lo hubieran hecho de no estallar la Guerra Civil, los Jagi-Jagi no llegaron a formar un nuevo partido. En realidad, se asemejaban más a una organización paramilitar, fenómeno generalizado durante la II República (los requetés carlistas, las escuadras de Falange, los escamots de ERC, los grupos de autodefensa del PSOE y de ANV, etc.). Ya en unJagi-Jagi de 1932, se podía leer: «Te lo voy a decir en secreto, mendigoxale: tú no eres un deportista. Óyelo bien: tú eres un soldado de la Patria». Según José María Tápiz, mientras estuvieron bajo la órbita del PNV, los mendigoxales se dedicaron principalmente a la propaganda, pero también actuaron como el «servicio de orden» del partido en las concentraciones y en las elecciones. En estas últimas ocasiones era el propio PNV el que les proporcionaba las armas. Por otra parte, muchos de ellos iban habitualmente armados (su dirección así se lo había ordenado públicamente en 1932), realizaban ejercicios de tiro y protagonizaron enfrentamientos violentos con grupos de otras tendencias políticas, especialmente con los izquierdistas. Por último, los mendigoxales mantuvieron relaciones fluidas con las facciones más extremistas de otros movimientos nacionalistas, como el catalán. A decir de Anna Sallés y Enric Ucelay da Cal la Sûreté francesa creía que el grupo de Gallastegi había entrado en contacto con el partido de Hitler en diciembre de 1931. En ese sentido, Xosé Manoel Núñez Seixas ha analizado un memorándum que el catalanismo más radical envió en 1936 a los nacionalsocialistas ofreciéndose para una alianza internacional. En dicho texto se afirmaba que los Jagi-Jagis, que supuestamente se ponían al servicio de la Alemania nazi, contaban con una organización paramilitar preparada para empezar una insurrección armada. No hubo respuesta oficial.

Conocedores de su debilidad y con una visión de la democracia parlamentaria meramente instrumental, no pensaron en sustituir al PNV, como había intentado Aberri, sino que defendieron infructuosamente la firma de un frente abertzale entre los partidos nacionalistas para las elecciones generales de 1933 y 1936. Los diputados elegidos en dicha candidatura serían los legítimos representantes de toda la nación vasca e irían a las Cortes única y exclusivamente para exigir la independencia de Euskadi. El PNV y ANV se negaron siquiera a discutir la propuesta. A pesar de ese fiasco, a partir de entonces los sectores más extremistas del nacionalismo vasco han retomado intermitentemente el proyecto frentista.

Los más destacados referentes ideológicos de los mendigoxales, Gudari y Luis Arana, consideraron que la Guerra Civil era un problema entre «españoles», por lo que las fuerzas nacionalistas vascas debían declararse «neutrales». A pesar de todo, tras cierto debate interno, los Jagi-Jagiformaron dos batallones que lucharon en el bando republicano, aunque con vistas a aprovechar la contienda para organizar una intentona independentista. Cuando las tropas franquistas tomaron Bilbao, los mendigoxales consideraron acabada su guerra y se rindieron.

Los Jagi-Jagi, como antes había hecho Aberri, se autoerigieron en guardianes de la ortodoxia aranista. La verdad revelada por el profeta no podía modificarse. Así, Gudari advertía, tras la reproducción de uno de los artículos más racistas de Sabino Arana, que «desfigurar tan alto pensamiento es traicionarlo (…). Si sembramos, medrosos, pensamientos raquíticos y turbios, el fruto ha de ser turbio y raquítico también». Otra muestra significativa de la devoción hacia el fundador del PNV se puede encontrar en un texto de Pedro de Basaldua: «Los vascos hablan Sabino, escriben Sabino, piensan en Sabino y sueñan con él hasta el extremo que sería ridículo si no mereciera tal admiración». Por supuesto, la narrativa aranista fue asumida en su totalidad. TrifónEchebarría (Etarte), director de Jagi-Jagi, resumía el supuesto enfrentamiento secular entre la nación española y la nación vasca como una «lucha de razas (…). La lucha de siempre se ha convertido hoy en odio de razas, y quien de esta lucha desiste, por muy grandes que sean las razones, es un traidor a la patria». Contra estos «traidores», se anunciaba en un artículo anterior, había declarada una «franca guerra (…). Batamos en todos los rincones de nuestros pueblos, montes y valles de la patria al hermano traidor, capaz de vender su libertad y la nuestra por un plato de lentejas». Este odio, primero dirigido a los «vascos maketizados» (los no nacionalistas), se extendió, tras su negativa a formar un frente abertzale en 1936, a los «españolistas» líderes del PNV y de ANV.

Por otra parte, los Jagi-Jagi heredaron el «anticapitalismo» del primer Sabino Arana, lo que no hay que identificar con una posición de izquierdas (nada más opuesto a la «lucha de clases» que la «lucha de razas»), sino con la asunción de la doctrina social de la Iglesia Católica. En palabras de Etarte, «se nos ha achacado como de enemigos del capital, gran error; no odiamos al capital, no; lo que odiamos es el capitalismo, es decir, el abuso o mal uso del capital, y este odio al capitalismo, lo tenemos refrendado en las encíclicas de los Papas». Lezo de Urreztieta lo expresaba así: «éramos partidarios de una organización social avanzada, como la marcada por el sindicalismo de Utrech, avanzada pero siempre vasca y cristiana. No estábamos en la izquierda, pero se trataba de mantenernos en posiciones honestas».

Para movilizar a sus bases los artículos de Jagi-Jagi apelaban directamente a las emociones y, más concretamente, al «odio purificador», «sobrehumano», al «enemigo moral y material de nuestra patria, que vemos reflejado en cada uno de esa raza que nos domina y nos hiere». Como catalizador para provocar ese odio se recurrió a la mística del sufrimiento heroico: la glorificación de la figura de los presos y los mártires mendigoxales(un discurso victimista y maniqueo que encontraba el necesario enemigo en «el pistolerismo rojo»). Ya en el primer número de Jagi-Jagi Manuel de la Sota asumía que «solamente conseguiremos la libertad de nuestra Patria con nuestro sacrificio y nuestro sufrimiento, y que cuanto mayores sean estos, más rápidamente llegará aquélla». En el siguiente boletín se advertía al mendigoxale que «la cumbre que tú persigues [la independencia de Euzkadi] (…) sabes que termina en una Cruz». Los presos ocuparon un lugar destacado en las páginas de Jagi-Jagi hasta tal punto que Sota propuso la formación de una asociación elitista a la que «pertenecerían exclusivamente, todos aquellos que han tenido la honra de pisar la cárcel por causas patrióticas». Tampoco faltó la construcción de mártires seculares. Ya en octubre de 1932 apareció el primer «cuadro de honor» de «Nuestros muertos», a los que había que tener «grabados en la mente». Se pedía poner «una oración en tus labios por las almas de los que dieron sus vidas sin vacilar en holocausto de la Patria desgraciada y no vaciles en imitarles si llega el momento (…). De la tierra regada por la sangre de sus hijos brotará en un día no lejano, el fruto sazonado que la alimente». Presos y mártires mendigoxales, a través de su sacrificio, se convertían en símbolos de la causa nacionalista radical y en ejemplos que el resto de la militancia había de seguir.

En cierto sentido Aberri y los jagi-jagis pueden ser considerados los precedentes históricos de ETA y la «izquierda abertzale». Incluso algunos líderes ultranacionalistas de los años 20 y 30 del siglo XX actuaron como puente con la banda, en la que sus descendientes han llegado a militar (siendo el caso más conocido el de la saga de los Gallaestegi). No obstante, entre unos y otros hay sustanciales diferencias estratégicas (el terrorismo) y doctrinales (el racismo y el integrismo de los primeros o el autoproclamado socialismo de los segundos) que no conviene pasar por alto. Además, hubo un hecho crucial que separó a la generación de los mendigoxales de la de los etarras: la Guerra Civil (1936-1939).

 

BIBLIOGRAFÍA

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ELORZA, Antonio (2001): Un pueblo escogido. Génesis, definición y desarrollo del nacionalismo vasco. Barcelona: Crítica. Véanse también sus artículos en Berriak, nº 23, 23-II-1977, y nº 25, 9-III-1977,

FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka y LÓPEZ ROMO, Raúl (2012): Sangre, votos, manifestaciones. ETA y el nacionalismo vasco radical (1958-2011). Madrid: Tecnos.

GRANJA, José Luis de la (2007): El oasis vasco. El nacimiento de Euskadi en la República y la Guerra Civil. Madrid: Tecnos.

GRANJA, José Luis de la (2008): Nacionalismo y II República en el País Vasco. Estatutos de autonomía, partidos y elecciones. Historia de Acción Nacionalista Vasca: 1930-1936. Madrid: Siglo XXI. (1ª ed.: 1986).

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LORENZO, José María (1992a): Gudari, una pasión útil. Vida y obra de Eli Gallastegi (1892-1974). Tafalla: Txalaparta.

NÚÑEZ SEIXAS, Xosé M. (1992a): «Nacionalismos periféricos y fascismo. Acerca de un memorándum catalanista a la Alemania nazi (1936)», Historia Contemporánea, nº 7, pp. 311-333.

RENOBALES, Eduardo (2010): Jagi-Jagi. Historia del independentismo vasco. Bilbao: Ahaztuak 1936-1977.

SEBASTIÁN GARCÍA, Lorenzo (1995): «“EuzkadiMendigoxaleBatza” durante la guerra civil española», Cuadernos de Sección. Historia-Geografía, nº 23, pp. 335-357.

TÁPIZ, José María (2001): El PNV durante la II República (organización interna, implantación territorial y bases sociales). Bilbao: Fundación Sabino Arana.

SALLÉS, Anna y UCELAY DA CAL, Enric (1985): «L´analogia falsa: el nacionalismebascdavant de la república catalana i la Generalitat provisional, abril-juliol del 1931», en GONZÁLEZ PORTILLA, Manuel, MALUQUER DE MOTES, Jordi y RIQUER PERMANYER, Borja de (eds.): Industrialización y nacionalismo. Análisis comparativos. Barcelona: Universidad Autónoma de Barcelona, pp. 443-470.

UGALDE, Martín (1990): Lezo Urreiztieta (1907-1981). Biografia. San Sebastián: Elkar.

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Recensión de «Sangre, votos, manifestaciones» en la revista «Iberoamericana»

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Presentación del libro sobre Indalecio Prieto en La Coruña

Presentación del libro sobre Indalecio Prieto en La Coruña

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18 septiembre, 2013 · 16:25

El triángulo vasco III. El PNV hasta la Guerra Civil

ImagenTras la temprana muerte del máximo dirigente del PNV en 1903, la íntima vinculación entre nacionalismo y religión católica dio lugar a, en palabras de José Luis de la Granja, «un verdadero culto a Sabino Arana», quien llegó a ser considerado por sus discípulos como «un nuevo Jesucristo, elegido por la Providencia para redimir y salvar» a la nación vasca. En consecuencia, el aranismo derivó en una «doble religión: la de Cristo y la de Arana» (pero no en una religión política).

La sacralización de Sabino Arana no impidió que se cerraran las puertas que había abierto su «evolución españolista». Fue enterrada por su sucesor, Ángel Zabala. Sin embargo, el PNV había quedado irremediablemente dividido en dos corrientes enfrentadas. Por una parte, los moderados o euskalerriakos, encabezados por el naviero Ramón de la Sota, partidarios de la vía institucional, la moderación, el gradualismo y el autonomismo. Por otra parte, los radicales o aranistas, dirigidos por Zabala y Luis Arana, independentistas a ultranza y contrarios a cualquier variación en la doctrina del primer Sabino. Desde entonces ambos sectores han competido por conseguir la dirección del PNV y marcar su estrategia, lo que en la afortunada expresión de Santiado de Pablo, Ludger Mees y José Antonio Rodríguez Ranz, le ha hecho oscilar en un «péndulo patriótico».

Moderados y radicales llegaron a una solución de compromiso en 1906, estableciendo como objetivo final del PNV la restauración de los fueros vascos (lo que podía interpretarse tanto como alguna clase de autogobierno como la separación de España). En 1911, para competir con la socialista UGT (Unión General de Trabajadores), nació el primer sindicato abertzale: SOV (Sindicato de Obreros Vascos), posteriormente denominado ELA-STV, Eusko Langileen Alkartasuna – Solidaridad de Trabajadores Vascos.

Paralelamente a la expansión del partido, con una base social interclasista, la línea moderada de Sota fue ganando posiciones, lo que no se tradujo en una renuncia oficial al legado ideológico de Sabino Arana. Durante la I Guerra Mundial (1914-1918) la formación, denominada desde 1916 CNV (Comunión Nacionalista Vasca), gozó de una etapa de apogeo. En 1917 los jeltzales lograron la presidencia de la Diputación de Vizcaya y la alcaldía de Bilbao. En 1918 CNV obtuvo siete diputados y tres senadores, formando grupo parlamentario en las Cortes. Fue en esos años en los que el nacionalismo desarrolló la primera campaña autonomista en el País Vasco. No obstante, fracasó su apuesta por el autogobierno y en 1919 comenzó el declive electoral de CNV, lo que propició la escisión del sector radical en 1921, Aberri (Patria), capitaneado por Elías Gallastegi (Gudari). Durante todo este periodo, el nacionalismo se alió en diversas ocasiones con las derechas no nacionalistas (católicos, monárquicos o carlistas), a las que le unía su ideología conservadora, tradicionalista e integrista, pero nunca con las izquierdas.

Durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930) la actividad de CNV, al contrario que la de Aberri, fue tolerada, pero el nacionalismo permaneció estancado. Al finalizar esta, los dos partidos jeltzales se reunificaron en la Asamblea de Vergara (16 de noviembre de 1930), en la que se ratificó la doctrina aranista condensada en su lema JEL y se volvió a la tradicional denominación de PNV. En consecuencia, un pequeño grupo de abertzales moderados y no confesionales se escindió para crear una nueva formación, ANV (Acción Nacionalista Vasca).

Durante los primeros años de la II República (1931-1936), régimen en cuya gestación no quiso participar, el PNV se alió con los enemigos de la nueva democracia, el carlismo y el integrismo, con los que pretendía conseguir un estatuto de autonomía para el País Vasco. El carácter clerical y xenófobo del proyecto, denominado estatuto de Estella, además de su inadecuación al marco legal de la Constitución de 1931, hizo que se malograra por la oposición de las izquierdas vascas, que lo consideraban inaceptable. El PNV tampoco tuvo más suerte durante el bienio en el que gobernaron el Partido Radical de Alejandro Lerroux y la CEDA de José María Gil Robles, ya que estas fuerzas se negaron a avanzar en la descentralización territorial del Estado.

ImagenDe la mano de nuevos dirigentes como José Antonio Aguirre y Manuel Irujo, y siguiendo la estela de ANV, a partir de 1934 el PNV abandonó a las derechas no abertzales, cada vez más extremistas, para aproximarse a las izquierdas, más dispuestas a apoyar la vía autonomista. La nueva colaboración entre jeltzales y frentepopulistas, encarnados por sus líderes José Antonio Aguirre e Indalecio Prieto, dio como fruto el Estatuto de 1936, que definía al País Vasco como una región autónoma dentro de la República Española. Por dicho motivo, José Luis de la Granja considera a Aguirre y Prieto los «dos padres fundadores indiscutibles» del Estatuto vasco y, por consiguiente, del «nacimiento de Euskadi» como comunidad político-administrativa.

Ya iniciada la Guerra Civil se constituyó el Gobierno vasco, formado por una coalición entre el PNV, el PSOE, los partidos republicanos, ANV y el PCE. Estuvo hegemonizado por los jeltzales, que contaron con el lehendakari (presidente) Aguirre y las consejerías más importantes, como la de Justicia y Cultura, de Jesús María Leizaola, y Gobernación, de Telesforo Monzón. Por añadidura, entre 1936 y 1938 Manuel Irujo, dirigente navarro del PNV, fue ministro en el Gobierno republicano, puesto en el que le sustituyó Tomás Bilbao, de ANV.

Simultáneamente, a finales de la II República y especialmente durante el exilio, el PNV evolucionó ideológicamente desde el tradicionalismo de sus orígenes hasta la democracia cristiana, y desde el independentismo al gradualismo. Pero la suya fue una moderación sui generis, puesto que, si por una parte se instaló en una posición de centro-derecha y de política pragmática y autonomista, por otra no revisó ni cuestionó oficialmente los dogmas extremistas de Sabino Arana, figura que continuó siendo sagrada. Como explica José Luis de la Granja, «el aranismo sobrevivió como un sustrato ideológico, que impregnaba tanto al nacionalismo moderado como al radical, no solo durante la Dictadura de Franco sino también desde la Transición democrática (…). [El PNV] nunca ha cuestionado oficialmente el aranismo, porque nunca ha celebrado su Congreso de Bad Godesberg, es decir, no ha hecho con él lo que hicieron los partidos socialdemócratas y socialistas con el marxismo y los partidos eurocomunistas con el leninismo en las décadas de 1960 y 1970. Por ello, cabe hablar del eterno retorno del aranismo en la dilatada historia del PNV».

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

GRANJA, José Luis de la (2002): El nacionalismo vasco. Un siglo de historia. Madrid: Tecnos. (1ª ed.: 1995).

GRANJA, José Luis de la (2003): El siglo de Euskadi. El nacionalismo vasco en la España del siglo XX. Madrid: Tecnos.

GRANJA, José Luis de la (2007): El oasis vasco. El nacimiento de Euskadi en la República y la Guerra Civil. Madrid: Tecnos.

GRANJA, José Luis de la (2009): El nacionalismo vasco. Claves de su historia. Madrid: Anaya.

GRANJA, José Luis de la (2009): «La doctrina fundacional del nacionalismo vasco: el aranismo», en AVILÉS, Juan (coord.): Historia, política y cultura. Homenaje a Javier Tusell. Madrid: UNED, vol. I, pp. 147-181.

JUARISTI, Jon y PINO, María (2011): A cambio del olvido. Una indagación republicana (1872-1942). Barcelona: Tusquets.

PABLO, Santiago de (2003):«La guerra civil en el País Vasco: ¿un conflicto diferente?», Ayer, nº 50, pp. 115-141.

PABLO, Santiago de, GRANJA, José Luis de la y MEES, Ludger (eds.) (1998): Documentos para la historia del nacionalismo vasco. De los Fueros a nuestros días. Barcelona: Ariel.

PABLO, Santiago de, MEES, Ludger y RODRÍGUEZ RANZ, José Antonio (1999 y 2001): El péndulo patriótico. Historia del Partido Nacionalista Vasco. Barcelona: Crítica. 2 vols. (Reed. abreviada y actualizada: 2005).

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Una esvástica sobre el Bidasoa

Una esvástica sobre el Bidasoa

El sábado 21 de septiembre en el Festival de San Sebastián es el estreno mundial de «Una esvástica sobre el Bidasoa», un largometraje documental cinematográfico en el que han participado como asesores históricos los catedráticos (UPV-EHU) Santiago de Pablo y Ludger Mees.
Más información aquí.

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15 septiembre, 2013 · 9:10

El conde Mortadela

«El conde Mortadela gobernaba en nombre del rey con sabiduría y justicia. Cuando entre dos súbditos existía una querella por alguna cosa preciada, el conde los reconciliaba con una sentencia admirable tomando para sí el objeto en disputa, haciendo desaparecer de su vista aquello que les había despertado la pasión y el odio. Además no oprimía a sus súbditos y no los atormentaba con excesiva cantidad de tributos y pagos, pues aparte del impuesto sobre la tierra y los impuestos por el número de hijos, por el número de años vividos, por los caballos, vacas, cabras, perros, gatos, canarios, gallinas, patos, pavos, palomas y conejos, por el número de pantalones, por la cantidad de agua bebida, por los sueños, por las flores, por el viento del Sur, por las noches de luna llena, por los días soleados, por los bautizos, por las bodas, por los entierros, por los ataúdes, por las escaleras, por las chimeneas, por los paraguas, por los sombreros, por la sombra, por el cantar, por el tocar la trompeta, por el día del santo, por los ojos bizcos, por los pelirrojos, por la parálisis, por los dientes postizos, por los rubicundos y por las uñas, los felices habitantes de aquella ciudad no pagaban otros impuestos. Excepcionalmente, pagaba fuera de lo establecido un hombre que, por un extraño capricho de la naturaleza, tenía seis dedos en el pie izquierdo; durante mucho tiempo había logrado ocultarlo, pero cuando se descubrió esta rareza, tuvo que pagar una multa por fraude, y desde entonces pagaba impuesto de lujo».

Kornel Makuszynski: Los ladrones de la luna

Nota bene: Si el conde Mortadela hubiese sabido organizar una buena campaña propagandística que incitara el patriotismo de sus súbditos («¡Polonia nos roba!»), probablemente habría acabado coronándose como el rey Mortadela.

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12 septiembre, 2013 · 7:19

El País Vasco y la guerra de la Independencia

El País Vasco y la guerra de la Independencia

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11 septiembre, 2013 · 8:41

27 años del asesinato de «Yoyes»

Hoy hace 27 años que fue asesinada en la localidad de Ordizia María Dolores González Katarain, alias Yoyes. Más información aquí.

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10 septiembre, 2013 · 19:18

Errepublika Plaza

Recomendable blog sobre la historia de los republicanos vascos.

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10 septiembre, 2013 · 6:37

Reseña en «El Imparcial»

Luis de la Corte ha reseñado mi libro en El Imparcial. Pueden leer su texto aquí.

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8 septiembre, 2013 · 22:05