Pueden descargarlo aquí
Nuevo informe del Centro Memorial: «Notas sobre una investigación (para escribir Una tumba en el aire)»
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Cosas que hacer durante el confinamiento
-Leer las publicaciones en pdf que pueden descargarse de manera libre en la web del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo.
-Disfrutar de las descargas gratuitas que han puesto en la web de Desperta Ferro.
-Echarle un ojo a los artículos de opinión que he ido recopilando en este mismo blog.
-Leer la novela Noche y océano, de Raquel Taranilla, que ha ganado el Premio Biblioteca Breve 2020.
-Ver el documental Nacional I.
-Apuntarse a clases online de inglés con una profesora de confianza.
-Esperar al 8 de abril para ver en abierto los primeros dos capítulos de La línea invisible.
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GFS: «La última víctima de ETA», El Correo, 16-III-2020
El círculo se cerraba. La historia criminal de ETA terminó como había comenzado: con el asesinato de un agente de la ley en un encuentro fortuito. Su primera víctima mortal había sido el guardia civil José Antonio Pardines el 7 de junio de 1968. La última fue el brigadier de la Police Nationale Jean-Serge Nérin, al que arrebataron la vida hace ya una década.
Según Florencio Domínguez, desde 2000 a 2011 las FCSE arrestaron a 1.415 presuntos miembros o colaboradores de ETA, a los que se incautaron 1.545 armas de fuego, 811 granadas y 23.881 kilogramos de explosivo. La organización quedó débil, desorientada y sin líderes experimentados. Su letalidad entró en un imparable declive. Además, la Ley de Partidos dejó fuera de las instituciones a su brazo político, decisión que fue ratificada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, lo que comprometía su supervivencia.
ETA había perdido sus apoyos internacionales, su “santuario”, sus comandos, sus cabecillas y su moral de resistencia. Por añadidura, su anteriormente servil entorno civil estaba dejando de serlo. Si bien la banda seguía apostando por el terrorismo, el sector mayoritario de la “izquierda abertzale” deseaba volver a la arena pública. Y la condición sine qua non era el fin de la violencia. En 2009 se inició una sorda lucha por el poder interno en el ultranacionalismo.
En enero de 2010 ETA intentó paralizar el debate sobre su continuidad con un atentado en las torres Kio de Madrid, pero fue frustrado por la Guardia Civil. Tras aquel fiasco, los terroristas entraron en un “parón técnico” que al año siguiente se convertiría en definitivo. Sin embargo, antes de anunciar el “cese definitivo de su actividad armada”, la organización volvió a matar.
El 16 de marzo de 2010 una decena de terroristas robaron varios vehículos de lujo en un concesionario de Dammarie-les-Lys. La Police Nationale recibió el aviso, aunque no se sabía que era un comando de ETA. Una patrulla compuesta por tres agentes y un brigadier interceptó uno de esos BMW en Villiers en Bière, una localidad a unos 50 kilómetros al sur de París. Ahora bien, los policías no habían detectado a los otros automóviles, que no tardaron en aparecer. Superándoles en número, los etarras abrieron fuego contra los agentes y mataron al brigadier Jean-Serge Nérin. Luego huyeron de allí. En un comunicado la banda responsabilizó a los policías franceses de haber iniciado el tiroteo. Una vez más los terroristas pretendían transferir la culpa a la propia víctima.
Jean-Serge Nérin había nacido en Cayenne (Guayana) en 1958. Estaba casado y tenía cuatro hijos. Le quedaban solo dos años para jubilarse. Fue enterrado en su región de origen, adonde se trasladó su viuda. Floryan Nérin, uno de los hijos, contó a El Correo que lo había hecho “para estar a su lado. Todos los días va al cementerio”.
El 5 de septiembre de 2010 ETA decretó un alto el fuego, pero el anuncio había llegado tarde para Nérin. En diciembre de 2017, durante el juicio de apelación contra los cuatro acusados de haber participado en el asesinato, una de ellas, Izaskun Lesaka, leyó un comunicado en nombre de la organización terrorista: “queremos manifestar públicamente que lamentamos sinceramente aquella muerte, y queremos mostrar nuestro pésame a sus familiares. Lo hacemos con todo respeto, pues sabemos que no existen palabras que apacigüen ese dolor”.
Cuando el periodista de El Correo Fernando Iturribarría preguntó a Floryan Nérin si aceptaba la petición de perdón de ETA, declaró que “no, no lo acepto. Porque una parte de nosotros se ha ido con nuestro padre. Intentamos sobrevivir, pero es muy duro soportar ese peso todos los días y no es fácil sostenerse. Llega muy tarde”. Más adelante añadía que “quitar la vida a alguien no es un ‘daño colateral’. Detrás de una vida hay personas. Mi padre era muy querido y apreciado como policía y como persona por sus jefes, colegas, amigos y familia. Una vida no es un ‘daño colateral’ y cuando se pierde es irreversible”. Jean-Serge Nérin había sido la última víctima mortal de la banda, pero “que sea la última, la primera o la 50ª no cambia nada. Evidentemente, habría preferido que depusieran las armas mucho antes. Mejor que no las hubieran cogido y que todo pasara pacíficamente”.
En marzo de 2010 ETA ya era consciente de su derrota operativa. El robo de los coches no era más que un intento desesperado de maquillarla de cara a su público afín. Como todos sus empeños, acabó en una tragedia inútil. Los terroristas podrían haber evitado ese asesinato, al igual que todos los anteriores. No quisieron. ETA es la única responsable de sus más de 850 víctimas mortales y casi 2.600 heridos. Ese es su legado.
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Bilbao, la gente.
Cultura Abierta - Kultura Irekia
Durante más de un año desde la asociación Cultura Abierta y el grupo de investigación de la UPV/EHU Civersity hemos estado trabajando para sacar adelante una publicación que hiciese balance de los cuarenta años transcurridos desde las primeras elecciones municipales democráticas (marzo de 1979) en Bilbao.
El fruto de este trabajo es el libro que presentaremos el 30 de marzo a las 7 de la tarde en Bilborock.
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Convocado el X Premio Antonio Beristain al mejor trabajo de investigación (2020)
Pueden leer la convocatoria aquí
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José Luis de la Granja Sainz: «Max Aub y Manuel Tuñón de Lara: dos experiencias antagónicas en su retorno a España»

Pueden interesante este interesante capítulo aquí
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GFS: «10 años (y pico) de Mario Onaindia Fundazioa», Eldiario.es
En la fotografía que nos hicimos en Zarautz el sábado 20 de junio de 2009, el día en que se constituyó la fundación, hay políticos, abogados, médicos, poetas, novelistas, periodistas, profesores universitarios, editores, filólogos, historiadores… Personas excepcionales en todos los sentidos. Yo estoy sentado en la fila de abajo, entre Patxi Elola y Luis Castells. Sonrío con entusiasmo juvenil: aún no me creía que me hubiesen invitado a participar en aquella fascinante aventura. Carecía de méritos y creo que era el único que no había conocido a Mario. Supongo que fue cuestión de suerte: había entrevistado a algunos de los promotores de la fundación para mi tesis doctoral sobre la historia de Euskadiko Ezkerra y ellos, abiertos y generosos, sin saber que iba a escribir sobre su antiguo partido, me habían adoptado.

Le tengo mucho cariño a la fotografía, pero no refleja toda la realidad. Recuerdo que justo al lado, atentos a lo que ocurría en la calle, había un grupo de hombres casi tan numeroso como el nuestro. Llevaban riñoneras y demasiada ropa para esa calurosa jornada de junio. Se trataba de los escoltas de algunos de mis nuevos compañeros. ETA seguía matando. Justo el día anterior una bomba lapa había acabado con la vida del inspector de la Policía Nacional Eduardo Puelles. Después del acto de constitución y la comida, los miembros del Patronato acudimos a la manifestación que el Gobierno Vasco de Patxi López había convocado en Bilbao. Resulta sintomático que esa fuese nuestra primera acción conjunta.
Presidida por Esozi Leturiondo y dirigida por Alberto Agirrezabal, la fundación se había fijado como fines promover la conservación, el estudio y la difusión del legado político e intelectual de Mario Onaindia; promocionar la investigación y la divulgación de la historia de las izquierdas en Euskadi y Navarra; favorecer la recuperación y la actualización de la cultura política vasca de carácter progresista, autonomista y democrático; y fomentar la pluralidad de la cultura vasca y el euskera. Éramos ambiciosos, tal vez en exceso, pero nos pusimos manos a la obra.
Pese a contar con un presupuesto muy ajustado, que a veces nos ha colocado al borde del precipicio, desde 2009 Mario Onaindia Fundazioa ha organizado 119 actos públicos: conferencias, presentaciones de libros, debates, etc. Destacan las jornadas anuales que se celebran en el Zazpi de Zarautz en memoria de Mario, en las que se entrega un premio que ya va por su novena edición y que han recibido, entre otros, Elías Querejeta, Arantza Urretabizkaia, Agustín Ibarrola, Rafael Aguirre, la Librería Lagun, Joseba Arregi, Juan Pablo Fusi, Jesús Eguiguren o Carmen Iglesias. También han sido muy exitosas las exposiciones “Ibarrola. El bosque de Oma” y “Un largo camino hacia la igualdad: las mujeres en Euskadi en el siglo XX”, que hasta hace poco se podía visitar en el Museo Vasco de Bilbao. En total, más de 10.000 personas nos han acompañado en estas actividades.
La fundación ha impulsado diversos proyectos de investigación: la historia de los comunistas y los socialistas vascos, la memoria de los presos por razones políticas durante el franquismo, “Itzuli nire ahotsa. Los programas vascos emitidos por Radio París durante la dictadura franquista”, una unidad didáctica sobre memoria histórica, etc. Paralelamente se han recogido, ordenado y catalogado fondos documentales muy valiosos: de Mario Onaindia, de ETA, de EIA, de Euskadiko Ezkerra, de otras formaciones de izquierdas, etc. En un futuro serán cedidos al Archivo Histórico de Euskadi, donde podrán ser consultados por la ciudadanía.
Mario Onaindia Fundazioa ha editado o coeditado siete libros. Por citar los más significativos: Rojo esperanza. Los socialistas vascos contra el franquismo, de Raúl López Romo, María Losada y Carlos Carnicero; Biografía patria. Mario Onaindia (1948-2003), de Fernando Molina; La secesión de España. Bases para un debate desde el País vasco, coordinado por Joseba Arregi; y Gestos frente al miedo. Manifestaciones contra el terrorismo en el País Vasco (1975-2013), de Irene Moreno.
En 2014 creamos la revista bianual Grand Place, dirigida por Felipe Juaristi con imaginación y espíritu ácrata. Se trata un oasis de cultura y pensamiento libre en un panorama vasco que algunos quieren reducir a un monótono desierto folclórico-patriótico. El euskera, la creación literaria en nuestras dos lenguas y los grandes debates que atraviesan Euskadi (como el nuevo Estatuto) tienen cabida en sus páginas, desde luego, como también otros temas universales de actualidad que demasiado a menudo perdemos de vista. Por ejemplo, el último número de Grand Place incluye un sugestivo dosier sobre mujer, género e igualdad que ha coordinado Luisa Etxenike.
Si hacemos balance de la andadura de Mario Onaindia Fundazioa, el resultado no puede ser más positivo. Con poco dinero, y a menudo frente a la desconfianza o la hostilidad de determinados sectores, se ha hecho muchísimo. El mérito les corresponde a Esozi, a Alberto, al resto de la comisión ejecutiva, a las administrativas Enara y Lurdes y a nuestros abnegados amigos. Como era inevitable, algunos se han ido, pero cada vez se nos unen más caras nuevas. Y siempre traen ideas originales.
Diez años (y pico) no son nada. Se nos han hecho cortos. Vamos a por la siguiente década.
Fuente: Eldiario.es
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