
La amable reseña de Pablo Díaz Morlán aparece en el último número de la Revista de Estudios Políticos, de julio-septiembre de 2017. Pueden consultarla aquí.

La amable reseña de Pablo Díaz Morlán aparece en el último número de la Revista de Estudios Políticos, de julio-septiembre de 2017. Pueden consultarla aquí.
Archivado bajo Sin categoría
Rafael Leonisio ha coescrito un interesante trabajo acerca de esta materia que les rescomiendo encarecidamente. Si la web de la revista les da problemas, pueden descargarse una versión preliminar aquí
Archivado bajo Sin categoría
No se pierdan esta reseña de José María Ruiz Soroa
Archivado bajo Sin categoría

MANUEL TUÑÓN DE LARA (1915-1997) fue un intelectual con una biografía muy intensa, desde su juventud en la II República y la Guerra Civil hasta que pudo volver a España en 1973, después de varias décadas de exilio en Francia, donde empezó su obra de historiador y fue profesor en la Universidad de Pau. Durante los años del tardofranquismo y la transición a la democracia llegó a ser el historiador más influyente, hasta el punto de que encarnó una época de la historiografía española, siendo autor de numerosas y valiosas obras, tanto individuales como colectivas, pues fue un creador de encuentros con sus famosos Coloquios de Historia Contemporánea de España.
Este libro, cuyo título, La España del siglo XX a debate, rememora uno de los libros más emblemáticos de Tuñón de Lara, ha sido elaborado entre el centenario de su nacimiento y el vigésimo aniversario de su fallecimiento. Consta de dos partes. La primera analiza la historiografía de los dos últimos decenios sobre el candente problema de los nacionalismos y otras cuestiones controvertidas de la España del siglo XX en sus cinco etapas cronológicas. La segunda recuerda diversos temas de la obra polifacética y aspectos de la rica personalidad de Manuel Tuñón de Lara. Es un nuevo homenaje a este maestro de historiadores por parte de sus amigos y discípulos, tanto destacados hispanistas franceses como prestigiosos historiadores españoles.
Archivado bajo Sin categoría
Archivado bajo Sin categoría
Pueden leer este artículo aquí
Archivado bajo Sin categoría

Treinta años después de la masacre de Hipercor, en la que ETA asesinó a veintiuna personas, el terrorismo ha vuelto a golpear Cataluña. Esta vez Dáesh ha causado quince víctimas mortales y más de un centenar de heridos. Aprovechando tan dramáticas circunstancias, hay quien se ha apresurado a buscar un chivo expiatorio. Así, se ha señalado que la culpa de los atentados le corresponde al Islam, a Arabia Saudí, a Israel, a EEUU, a la pobreza, al capitalismo, al fascismo, al racismo, al multiculturalismo, a la inmigración, a la acogida de refugiados, a las FCSE, al Estado, a la Casa Real, al Gobierno español, a la Generalitat catalana, a la alcaldesa de Barcelona, al presidente Trump, a ciertos episodios del pasado… Sin pruebas, por supuesto. Más que de un análisis riguroso, tales acusaciones parecen ser fruto de los prejuicios y, sobre todo, del oportunismo.
Tampoco ha faltado quien presentara a los yihadistas como perturbados o psicópatas, a pesar de que sucesivos estudios han demostrado que los terroristas no tienden a padecer trastornos de este tipo. Es una muestra de la utilidad de la literatura académica: nos permite iluminar las sombras que en ocasiones oscurecen el presente. Hoy más que nunca hace falta divulgar sus resultados para desmontar mitos y bulos.
Los investigadores llevan décadas profundizando en el porqué del terrorismo. Como precondiciones del mismo se suelen nombrar los antecedentes históricos, la tecnología, los cambios socioeconómicos bruscos, el declinar de las autoridades tradicionales, una ruptura generacional, la falta de libertades, la represión, la colonización, la discriminación de una parte de la población, la ineficacia de los cuerpos policiales, la existencia de un modelo internacional, el desarraigo de los descendientes de inmigrantes… Y como causas directas, entre otras, se mencionan la dinámica interna de la banda y sus necesidades tácticas, el estado emocional de sus integrantes, su interpretación de los dogmas religiosos o políticos, su visión de la historia, etc.
En los terroristas influyen tanto el contexto como vectores totalmente subjetivos. Los yihadistas se consideran muyahidines combatiendo en una guerra santa, del mismo modo que los etarras se veían como gudaris luchando en un secular conflicto, los miembros de grupos de extrema izquierda como la vanguardia de la revolución o los de bandas parapoliciales como salvadores de un Estado incapaz de protegerse a sí mismo. Creen servir a un fin tan noble que justifica cualquier medio, por muy sanguinario que sea. Y perciben a sus “objetivos” como enemigos peligrosos, perversos e infrahumanos, a los que es necesario eliminar. Por supuesto, ni los terroristas son héroes ni sus víctimas son villanos, pero tan distorsionadas imágenes tienen consecuencias reales. Esa es la razón por la que es esencial localizar (y neutralizar) las fuentes del discurso del odio. Hay intelectuales que lo elaboran y adoctrinadores, del estilo del imán de Ripoll, que lo transmiten a los jóvenes a los que se pretende radicalizar e incitar a la violencia. También hubo propagandistas de la ira en el caso de ETA: bastantes de ellos anónimos, pero otros tan conocidos como Federico Krutwig o Telesforo Monzón.
Los agentes de radicalización juegan un papel clave en la génesis de la violencia, así como el resto de los factores enumerados en los párrafos precedentes. Todos ellos condicionan a los terroristas. Sin embargo, a la hora de la verdad hacen uso de su libre albedrío. Toman sus propias decisiones. Tal punto de vista no es novedoso. Tiene sus orígenes en el ya clásico artículo “The Causes of Terrorism”, publicado en 1981, en el que Martha Crenshaw defendía el paradigma de la elección deliberada. Siguiendo a dicha autora, en cuanto actores racionales, tanto la organización como los individuos que la componen escogen intencionadamente el terrorismo como estrategia para conseguir sus objetivos. Y lo hacen de manera consciente, tras desechar otras alternativas que creen más costosas o menos efectivas para sus propósitos. Tal decisión se toma bajo el influjo de unas circunstancias concretas, pero a la postre lo que pesa es la voluntad humana.
El determinismo histórico, la mera contextualización o las teorías monocausales no explican este tipo de violencia. Los terroristas no cumplen con un destino inevitable. No son locos, ni autómatas, ni marionetas, ni víctimas del sistema. Cuando cometen un crimen, suelen escudarse detrás de una u otra excusa. Mienten y se mienten. Ahora bien, por utilizar la expresión de Eric Hoffer, existen algunos fanáticos sinceros. Valga como muestra este fragmento de la carta de despedida que Abdennabi Kounjaa, uno de los terroristas que perpetraron la matanza del 11-M, escribió a sus familiares: “Os habéis puesto en contra de mis pensamientos y de mi deseo. Yo me he sacrificado partiendo de mi total convicción (…). Por ello, ha sido mi voluntad la que ha optado por el camino del yihad”.
Es un camino idéntico al de quienes cometieron los atentados de Barcelona y Cambrils. Por muy condicionados que estuviesen, podían haber tomado una vía diferente, pero no lo hicieron. Lo mismo que los etarras en su momento. Todos ellos son responsables de sus actos.
Los terroristas matan porque deciden matar.
Archivado bajo Sin categoría

La revista digital Anatomía de la Historia rescata este viejo relato, que escribí cuando era un jovencito con ínfulas literarias.
Archivado bajo Sin categoría