Archivo de la categoría: Política

A la hora, en el lugar

Ayer tuve el honor de participar en las jornadas que COVITE ha celebrado en San Sebastián, en las que se entregó un merecido premio al blog In Memoriam. Tuve ocasión de conocer al profesor Henry Patterson Su descripción de la situación en la que se encuentra Irlanda del Norte tras el fin del terrorismo fue impactante: el IRA y su narrativa parecen haber ganado la paz. Incluso la palabra “terrorista” ha sido proscrita. A uno le queda la sensación de que el País Vasco también se está encaminando en esa dirección.
No obstante, todavía estamos a tiempo de evitar caer en esa trampa. Ayer también se presentó el libro A la hora, en el lugar del prestigioso fotógrafo Eduardo Nave: “‘A la hora, en el lugar’ nos muestra aquellos lugares anodinos que quedaron marcados por la muerte consumada en atentados terroristas perpetrados por ETA en el territorio español y francés desde la década de los sesenta hasta la actualidad. Son lugares ordinarios, lugares sin interés, sin especificidad, escenarios no de la memoria sino del olvido. Lugares donde hoy no queda nada, sólo el vacío”.
Eduardo tuvo la amabilidad de regarlarme un ejemplar. Es un trabajo magnífico que merecería la atención de la prensa y de las instituciones. Es doloroso comprobar que en la absoluta mayoría de los casos no hay absolutamente nada que recuerde el atentado mortal que cometió ETA.

3 comentarios

30 noviembre, 2013 · 15:42

Doble presentación en Vitoria el 27 de junio

Desde que empecé mi tesis doctoral, hace ya unos ocho años, he sido un abnegado siervo de la (celosa) musa Clio. Fue una etapa de mi vida larga, estresada, interesante y agridulce, en la que he aprendido mucho, pero en la que también he perdido unas cuantas cosas. Y personas. No me quejo: buena, mala o regular, fue mi elección. Pero es hora de dar por concluido el ciclo y buscar nuevas aventuras, sean estas las que sean. Ya de hacerlo, pardiez, que sea a lo grande.
Gracias a la generosidad de la Fundación Fernando Buesa y la Mario Onaindia Fundazioa, pondré el punto final el día 27 de junio en Vitoria en un acto de presentación doble: mi colega Raúl López Romo y un servidor hablaremos de “Sangre, votos, manifestaciones”, el libro que escribimos al alimón y que apareció el año pasado, y de “Héroes, heterodoxos y traidores”, que ya conocen de sobra por mi tendencia al autobombo. Nos presenta el catedrático de la UPV/EHU Antonio Rivera. Y luego habrá tiempo para el debate, si les place.

DÍA: jueves, 27 de junio
HORA: 19.00 h.
LUGAR: Sala Luis de Ajuria. C/ General Álava, 7. Vitoria.

  Imagen

1 comentario

Archivado bajo ETA, Euskadiko Ezkerra, Historia, Opinión, Personal, Política

La historiografía del pasado reciente en Euskadi. Algunos apuntes I

Desde finales del siglo XX el estudio de la historia del pasado reciente es uno de los ámbitos de la historiografía en expansión. En España diversos departamentos universitarios de Historia Contemporánea están dando un mayor protagonismo a los análisis sobre dicha época, con congresos periódicos, asociaciones profesionales y revistas especializadas, como Historia del Presente e Historia Actual. De ahí que se haya escrito una amplia bibliografía sobre la historia política del último tercio de la centuria, tanto desde la historiografía como desde otras ciencias sociales. El objeto principal de estas obras ha sido el proceso de Transición en sí, sobre el que se ha abierto un largo e interesante debate sobre, entre otras cosas, si el protagonismo de la democratización debe recaer en las estructuras socio-económicas, en los líderes políticos (incluido el Rey) o en la movilización ciudadana. Otro de los temas de interés que ha tratado la historia del pasado reciente ha sido el de las grandes culturas políticas de España, las izquierdas y las derechas, especialmente las primeras. Pero también se ha investigado en profundidad la trayectoria de otras fuerzas minoritarias. Aun sin entrar en la literatura en torno al golpe de estado del 23 de febrero de 1981, una buena muestra es la atención académica que ha recibido la extrema derecha, una subcultura política electoralmente marginal cuyo mayor éxito fue la elección de Blas Piñar como diputado en 1979.

En el caso concreto de Euskadi, por el contrario, la historia del pasado reciente todavía no se ha experimentado un auge similar. La historiografía vasca, centrada en el siglo XIX y la primera mitad del XX, ha tardado en acercarse a esta época. El hueco dejado por los profesionales de la historia ha sido ocupado, en el mejor de los casos, por el periodismo y por las ciencias sociales, como la sociología y la ciencia política. Pero también, en el peor de los casos, por la literatura histórica (sesgada, militante y panfletaria). En conclusión, coincido con Santiago de Pablo en que «la historiografía vasco-navarra sobre este período se encuentra por debajo de la media española».

Es importante señalar algunas cuestiones al respecto. En primer lugar, a los problemas que normalmente ha de enfrentarse cualquier investigación enmarcada en la historia del pasado reciente hay que sumar el siempre tenso panorama vasco. No se puede olvidar que la Transición, lejos de ser un simple objeto de estudio, todavía se utiliza como arma arrojadiza en el debate político y que el nacionalismo vasco radical incluso llega a negar que hubiera un cambio de régimen tras la muerte de Franco. En segundo lugar, hay demasiadas lagunas historiográficas sobre el pasado reciente de Euskadi y sigue siendo muy escaso el número de monografías sobre la época.

En tercer lugar, los investigadores que se han acercado a este periodo se han centrado preferentemente en una de las tres culturas políticas del País Vasco. Únicamente la abertzale ha recibido la suficiente atención. La historia del pasado reciente del nacionalismo moderado (el PNV) cuenta con monografías muy sólidas como El péndulo patriótico. El caso del nacionalismo radical es diferente. Los mejores estudios sobre dicha comunidad han provenido de enfoques sociológicos como los de José Manuel Mata y Jesús Casquete. La historiografía política sobre la «izquierda abertzale» está representada por escasas monografías, como la ya clásica de John Sullivan, y algunos artículos recientes en revistas científicas. Aparte de lo referido a Euskadiko Ezkerra, no hay prácticamente nada en torno al nacionalismo vasco heterodoxo del último tercio del siglo XX.

            Probablemente a consecuencia de sus más de 800 víctimas mortales,ETA es el grupo que más atención mediática, política y académica ha acaparado desde su fundación. No es de extrañar, por tanto, que sobre ETA se haya escrito una abundante pero muy desigual bibliografía. Por desgracia, bajo esta riqueza se esconde una monotonía temática. La mayor parte de la literatura científica se ha centrado en una de las varias ramas de ETA, mientras que el resto ha sido olvidado o tratado de pasada. En consecuencia, nuestro conocimiento sobre la historia de Euskadi Ta Askatasuna está distorsionado. Cuando se estudia la ETA anterior a 1974 solo se tocan las facciones nacionalistas (ETA zarra y ETA V) y no las izquierdistas (ETA berri y ETA VI); cuando se avanza más allá de 1974, la principal protagonista es ETAm, quedando los otros grupos como meros actores secundarios. Eso es lo que les ha ocurrido a los CAA (Comandos Autónomos Anticapitalistas) o, en menor medida, a ETApm. No obstante, hay que destacar que han aparecido nuevos y originales enfoques sobre la historia de ETA, como los que han puesto el centro de interés en la relación entre la organización y el cine o en las víctimas del terrorismo.

Las otras dos culturas políticas del País Vasco, es decir, las no abertzales, no han sido objeto de tantos estudios. Las derechas  vascas (las élites franquistas, la extrema derecha, UCD, CDS o AP-PP) no han tenido quién les escriba. Permanecen prácticamente olvidadas, aunque han aparecido algunos trabajos dispersos sobre el tema. Pero tampoco las izquierdas (PSE, EPK y extrema izquierda) han corrido mucha mejor suerte. El desequilibrio historiográfico no corresponde con el peso político real de las tres culturas políticas. En consecuencia, se da una imagen distorsionada de la historia política de Euskadi. Es tal la sobreabundancia de estudios sobre el nacionalismo vasco y tal la escasez de los mismos sobre la derecha y la izquierda que un lector poco avisado podría llegar a pensar que durante las últimas décadas el País Vasco, lejos de estar caracterizado por su diversidad, ha sido homogéneamente abertzale.

 

BIBLIOGRAFÍA

GRANJA, José Luis de la (1992): «El nacionalismo vasco: de la literatura histórica a la historiografía», Historia Contemporánea, nº 7, pp. 209-236.

MOLINA, Fernando (2010): «La eterna “cuestión vasca”. ¡Y vuelta la burra al trigo!», Claves de Razón Práctica, nº 199, pp. 64-71.

MONTERO, Manuel (2011): La forja de una nación. Estudios sobre el nacionalismo y el País Vasco durante la II República, la Transición y la democracia. Granada: Universidad de Granada.

PABLO, Santiago de (2005):«Silencio roto (solo en parte). El franquismo y la transición en la historiografía vasco-navarra», Vasconia, nº 34, pp. 383-406.

RIVERA, Antonio (2004):«Cuando la mala historia es peor que la desmemoria (acerca de los mitos de la Historia contemporánea vasca)», El valor de la palabra, nº 4, pp. 41-72.

5 comentarios

Archivado bajo Historia, Opinión, Política

La oxidada Transición

La oxidada Transición

El historiador José Manuel Roca acaba de publicar el libro La oxidada Transición en la editorial La linterna sorda. Más información aquí.

El Índice:
Prólogo. Pensar la Transición. Luís García Montero 09
Se acabó el viaje, pero no hemos llegado 13
El relato más difundido sobre la Transición 20
La Constitución y sus sombras 28
El discurso dominante sobre la Constitución 28
Las sombras de la Constitución 32
Misión histórica de una losa de granito 35
El valor simbólico de un adoquín 35
Los grandes consensos 37
La Corona 37
La Iglesia católica 39
La OTAN 40
La dictadura 40
La oligarquía 41
Los guardianes políticos 42
Desmemoria y reinvención del franquismo 44
Lo que la izquierda perdió en el camino 46
La Constitución, mutilada pero irreformable 52
El lienzo de Penélope 56
Unas instituciones deslegitimadas 61
Un modelo económico fracasado 64
La clase económica. Oligarquía y lumpenburguesía 72
La representación política 78
Los partidos políticos: opacas y costosas máquinas electorales 78
La clase política: autismo, incompetencia y corrupción 81
La Monarquía. El deterioro de palacio no va despacio 87
La justicia: lenta, anticuada y compleja 91
La Iglesia católica. El bastión más firme de la reacción 97
El rompecabezas autonómico 100
Una ciudadanía engañada, expoliada e indignada 101
Sobran motivos 101
Muchos, juntos y en la calle 106
El círculo se cierra. Volvemos al origen 112

Deja un comentario

28 mayo, 2013 · 19:19

Presentación de “Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994)”

Invitación para el acto de presentación de Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994), que tendrá lugar el 7 de mayo a las 19:00 en la Sala Baroja de Bizkaia Aretoa de la UPV/EHU (Bilbao).

Intervendrán:
-Esozi Leturiondo, presidenta de la Mario Onaindia Fundazioa
-José Luis de la Granja, catedrático de Historia Contemporánea de la UPV/EHU
-Gaizka Fernández Soldevilla, autor

Si no ocurre nada imprevisto, habrá otra presentación (en formato debate) en el “Zazpi” de Zarauz (Guipúzcoa) el viernes 14 de junio a las 19:30. Y otra más en Vitoria, probablemente en septiembre u octubre.

2 comentarios

26 abril, 2013 · 14:32

Entrevista en Radio Exterior

A partir del minuto 22.

Y aquí una entrevista en El Mundo, al hilo del mismo asunto: el Congreso de Sortu.

Deja un comentario

25 febrero, 2013 · 14:32

“Derechos humanos” y el Pacto de Ajuria Enea

Imagen

Nada nuevo bajo la lluvia. Basta echar un vistazo a las fotografías de la manifestación de ayer para comprobar que no fue sino la enésima puesta en escena de la tan manida obra de siempre. Por supuesto, el nacionalismo vasco radical había organizado un acto muy visual y espectacular, que buscaba llamar la atención de la prensa. Ni siquiera el itinerario del desfile es inocente, ya que está estudiado para permitir a los reporteros gráficos situarse en puntos estratégicos desde los que sacar instantáneas de toda la marea humana que se había congregado en las calles de Bilbao. Hoy esas fotografías ocupan las páginas de los periódicos. A primera vista la manifestación impresiona, es cierto: esos paraguas de los familiares de los presos etarras marchando en ordenada formación militar encarnan lo que el propio Gara, con acierto, ha definido como “una ocupación del centro” de Bilbao. En mi caso, permítanme la ironía, me ha traído a la memoria cierta escena de la película “El libro de la selva”.

Se trata, sencillamente, de una repetición ritual con idénticos actores y libreto que los de anteriores ocasiones. “Derechos humanos, resolución, paz. Presos vascos a Euskal Herria”. Ni siquiera el lema es original. Por un lado, la libertad de los presos por delitos de terrorismo (o sea, por asesinar o ayudar a que otros asesinen, lo de “presos políticos” es un viejo eufemismo) continúa siendo una de las principales reivindicaciones del movimiento, que los considera héroes y “gudaris de la Resistencia” (así, literalmente, se los denominaba en las publicaciones de ETA de los años 60). Por otro lado, los ultranacionalistas, tras décadas de manipular el (tan odiado) idioma castellano o español, dando la vuelta al significado real de las palabras, han construido una auténtica “neolengua”, como en la novela 1984 de George Orwell. Por consiguiente, ni siquiera llama la atención que se apropien de términos como “Derechos humanos” o “paz”, conceptos que ETA y su entorno civil nunca han respetado. Lo insólito, lo que hubiera demostrado que el nacionalismo radical ha cambiado es que en el lema de la marcha hubiese sido “ETA disolución ya. Presos vascos a Euskal Herria”. Entonces sí que hubiera habido sitio para una razonable esperanza en la evolución de la autodenominada “izquierda abertzale” hacia posiciones cívicas y democráticas. Todavía no la hay.

Imagen

Que HB se desmarcara del terrorismo era precisamente lo que se buscaba hace 25 años. Aunque probablemente muchos de los que participaron en la manifestación de Bilbao lo ignoraran, ayer se cumplió el aniversario de un hecho crucial (este sí que fue original) en la historia reciente del País Vasco: la firma del Pacto de Ajuria Enea. A lo largo de 1987 ETA había asesinado a 52 personas: 21 de ellas en la masacre de Hipercor (Barcelona), en junio, y otras 11 en la de la casa-cuartel de Zaragoza en diciembre. Ambos atentados, ejemplos de terrorismo indiscriminado, tuvieron un enorme impacto en la clase política y propiciaron un acercamiento estratégico entre las distintas fuerzas democráticas. Su primer hito fue el acuerdo de Madrid (noviembre de 1987). Se trató de un precedente directo del “Acuerdo para la pacificación y normalización de Euskadi” o Pacto de Ajuria Enea firmado el 12 de enero de 1988, después de 110 días de negociaciones, por todos los partidos democráticos con representación en el Parlamento vasco (PNV, PSE, EA, EE, PP y CDS), al que posteriormente se unieron otros (EuE y EB).

El texto establecía taxativamente la ilegitimidad del terrorismo para fijar la agenda política, revalorizaba el Estatuto de Guernica y admitía la posibilidad de un final dialogado de la violencia, pero, como rezaba el documento, se haría “respetando en todo momento el principio democrático irrenunciable de que las cuestiones políticas deben resolverse únicamente a través de los representantes legítimos de la voluntad popular”. Entonces, ¿de qué cabía hablar con ETA? De “las vías de reinserción” para los exterroristas. Poco más. Como colofón, se solicitaba al lehendakari (entonces José Antonio Ardanza, el verdadero artífice del acuerdo junto al secretario general de EE Kepa Aulestia) que continuase “liderando el proceso en aras de la total normalización del país”. De ahí surgió la llamada Mesa de Ajuria Enea, un organismo consultivo formado por los representantes de los partidos firmantes, que se reunían en aras de realizar análisis conjuntos y consensuar estrategias políticas.

Se trató de un punto de inflexión en la historia de Euskadi. Por fin, superando dicotomías identitarias y/o de clase, se constataba la existencia de dos bloques en la sociedad vasca, violentos y demócratas. De paso, el acuerdo fijaba que el problema era de convivencia entre los propios vascos (y, no, por tanto, un secular “conflicto” étnico con España) y terminaba con la ambigüedad de cierto sector del nacionalismo vasco respecto al terrorismo de ETA. El Pacto de Ajuria Enea ejerció de “paraguas” del incipiente movimiento pacifista vasco y legitimó a las fuerzas vascas no nacionalistas. También, bueno es recordarlo, dio pie a que se eliminara la legislación antiterrorista extraordinaria y se mejorara la actuación policial.

La unión de los demócratas frente a los violentos era una de las mayores amenazas a las que se había tenido que enfrentar ETA y su brazo político. Según un informe de HASI, se estaba asistiendo a “una potente ofensiva del enemigo, a su reagrupamiento y relanzamiento de sus baterías contra el MLNV”. ETA advirtió de que el acuerdo suponía “un peligroso deslizamiento hacia el enfrentamiento civil”. Desde luego, la banda terrorista se empeñó en que así sucediera. Ahora bien, el Pacto no naufragó por culpa del ultranacionalismo violento, sino de sus propios promotores, que fueron incapaces de gestionarlo de una manera eficaz y que, poco años después, tras la deriva radical del PNV y el Pacto de Estella (1998), abandonaron la distinción entre demócratas y violentos para abrazar la de nacionalistas contra no nacionalistas. Y allí fracasó, de nuevo, nuestra clase política y, por extensión, la sociedad vasca. Pero esa es otra historia que habrá tiempo de contar.

¿Hay relación entre la manifestación y la efeméride? Desde luego que sí. Ayer en El Correo Kepa Aulestia escribía  al respecto:

“Hoy un reguero de gente se adueñará de calles céntricas de Bilbao reclamando que se modifique la legislación penitenciaria para, en correspondencia al ‘cese definitivo’ de ETA, propiciar la aproximación y la excarcelación de sus presos. Independientemente del sentir de cada manifestante es obvio que la cita persigue exonerar colectivamente a los activistas de ETA a cuenta de su definitiva tregua. Eludir la asunción del daño causado y la compensación moral debida a la memoria de sus víctimas directas, desdeñar cada condena judicial y beneficiarse del doble proceso que convierte al victimario y a la víctima en anónimos sujeto y objeto de una tragedia pretendidamente compartida con el mismo dolor. Veinticinco años después el ‘espíritu de Ajuria Enea’ no alcanza a dar luz para desbrozar la maraña de valores y contravalores en juego. Sencillamente porque hace veinticinco años los firmantes del pacto no fuimos conscientes de los vericuetos por los que la violencia como ideología trataría de perpetuarse”.

7 comentarios

Archivado bajo Bilbao, ETA, Historia, Nacionalismo, Opinión, Política