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Estreno del documental «1980» de Iñaki Arteta

cartel_h2El documental 1980, en el que he colaborado, y que dirige Iñaki Arteta se estrena el domingo 19 de octubre en el Festival Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI), concretamente a las 19.00h en el Cine Broadway. Si tienen ocasión, no se lo pierdan.
Pueden ver el teaser aquí

PS: Les recuerdo que mañana se presenta en Madrid la biografía del lehendakari José Antonio Aguirre

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Vampirización de símbolos. ¿Cómo se apropió HB de la conmemoración del fusilamiento de «Txiki» y Otaegi?

Eia02Uniendo las mejores bazas simbólicas de ETA, sus mártires y sus presos, KAS escogió el 27 de septiembre de 1976, aniversario del fusilamiento de Txiki y Otaegi, para llamar a la huelga general en el País Vasco y Navarra a favor de «la amnistía total». La mayor parte de los grupos de la oposición secundaron la convocatoria. Así, toda la oposición del País Vasco y Navarra, excepto el PNV, firmó un «Manifiesto de Euskadi por la Amnistía Total». La extrema izquierda puso en marcha toda su infraestructura, lo que, según la Jefatura Superior de Policía de Bilbao, creó «un aire afectado de psicosis política y social». Según las mismas fuentes, la situación del País Vasco «estos días, no es la propia de un libre estado de derecho, sino de una “pre-dictadura roja”». Si unos meses antes Manuel Fraga había afirmado que la calle era suya, su sucesor al frente del ministerio de Gobernación, Rodolfo Martín Villa, ya no podía decir lo mismo.
La convocatoria del 27 de septiembre, que El País calificó como «la huelga más importante de su historia [de la de Euskadi]», fue secundada masivamente (el paro fue «casi total» en las provincias costeras y «menor, aunque considerable» en Álava y Navarra), lo que dejó «frecuentemente la calle en poder de la oposición más sistematizada». A raíz de la jornada, la Jefatura de Policía de Bilbao reconoció que se había perdido el control en Vizcaya y Guipúzcoa, ya que cuando las fuerzas de la oposición «pretenden paralizar la vida de esta región policial, lo consiguen fácilmente con solo buscar algún pretexto idóneo».
Era una muestra del formidable capital simbólico, social y político que ETA había amasado desde su fundación ETA: su narrativa del «conflicto vasco», sus históricas siglas, sus héroes, sus mártires, sus fechas emblemáticas, su capacidad de movilización popular, sus «organismos de masas», sus medios de comunicación afines, etc. Todos estos elementos conformaban los cimientos sobre los que el nacionalismo vasco radical estaba construyendo una religión política. Y, como tal, ETA contaba con la adhesión de un par de cientos de miles de ciudadanos vascos. Mas, si bien el legado etarra era impresionante, la «izquierda abertzale» al año siguiente, 1977, había devenido en una familia muy mal avenida. Y no había un testamento que regulase los derechos de cada uno de sus miembros. Por consiguiente, en palabras de la dirección de HASI, en 1977 los partidos políticos se enzarzaron en «una guerra de competencia por ver quién se hace con la influencia y los entornos sociales de ETA, disputándose su herencia». En un bando, el posibilista, EIA, con el respaldo de ETApm. En el otro, el intransigente, ETAm y sus testaferros HASI y HB.
En el contexto de esta disputa de familia, ¿qué ocurrió con la efeméride de la ejecución de los dos mártires por antonomasia de ETApm y, por extensión, de la «izquierda abertzale»: Txiki y Otaegi? Ya en la huelga general de 1976 habían demostrado su valor como símbolo, precipitante de la movilización y simiente de nuevos gudaris. Por este motivo, su fusilamiento fue conmemorado ritualmente cada 27 de septiembre. Durante algunos años, al igual que los polimilis habían hecho en 1976, EIA tomó parte en las convocatorias conjuntas que organizaban el nacionalismo radical y parte de la extrema izquierda. Las concentraciones de 1978, no obstante, fueron descaradamente instrumentalizadas por la facción maximalista de la «izquierda abertzale». Habían sido prohibidas por los cuatro Gobiernos civiles del País Vasco y Navarra, a pesar de lo cual fueron toleradas en ciertos lugares. Uno de ellos fue Bilbao, donde, sin mediar provocación alguna y antes de dar comienzo el acto, un grupo de simpatizantes de HB cruzó autobuses en la calle y lanzó cocteles molotov contra la policía al grito de «ETA, mátalos». EIA, atrapada en tierra de nadie, entre la gasolina y las porras, no tuvo más remedio que retirarse dejando el campo libre a los alborotadores.
Digital CameraEn 1978 apareció la obra de Javier Sánchez Erauskin Txiki-Otaegi. El viento y las raíces. Había sido publicada por la editorial Hordago. que pertenecía a Iñaki Mujika Arregi, exdirigente de ETApm y afiliado a EIA. Sin embargo, los euskadikos no obtuvieron réditos de aquella iniciativa. Ese año, en un ambiente enrarecido por el reciente asesinato de varios policías a manos de ETAm, HB y la izquierda «revolucionaria» llamaron a la huelga general indefinida. Como era de prever, su concentración, celebrada en Bilbao, desembocó en disturbios. EIA, que deseaba evitar la compañía de los violentos, organizó su propio mitin en Zarauz, el cual inauguraba su campaña a favor del Estatuto y la amnistía. El acto fue saboteado: los oradores y los militantes del partido sufrieron el acoso y los insultos de los partidarios de Herri Batasuna. Onaindia permitió a los radicales subir al estrado para explicar su punto de vista, pero esa generosidad no dio resultado. Cuando los afiliados a EIA marcharon en manifestación, fueron agredidos por los abertzales intransigentes. Asimismo, el hermano de Txiki procuró deslegitimar a la formación de Onaindia en la prensa afín a HB: «¿Cómo tenéis el valor de usar una fecha tan importante para el pueblo para conseguir lo contrario por lo que lucharon Txiki y Otaegi? Yo estoy convencido de que si mi hermano o cualquiera de nuestros muertos viviera, no lo permitirían». El diario Egin, que estaba dominado por KAS, no solo se negó a publicar las réplicas de los excompañeros de Txiki y Otaegi, sino que reinventó su pasado: su militancia en ETApm fue convenientemente olvidada, lo que se ha venido repitiendo desde entonces en la órbita mediática y cultural de ETA militar.
En 1980, por última vez en su historia, EE apoyó las concentraciones unitarias que, de nuevo, sirvieron de excusa a los ultranacionalistas para practicar lo que luego se ha llamado «kale borroka» (lucha callejera). En septiembre de 1981 la facción maximalista de la «izquierda abertzale» bautizó la convocatoria como Gudari Eguna (Día del Soldado Nacionalista Vasco), nombre que hasta ese momento había utilizado el PNV para su celebración anual en honor de los gudaris de la Guerra Civil. EIA prefirió pasar por alto la conmemoración, por lo que renunció de facto a los mártires de ETApm. La presión de los violentos había vencido al posibilismo cada vez más institucional del partido de Onaindia. Tiempo después, en 1983, un dirigente de EE señalaba que ya no existía «ningún tipo de seguimiento regular de aniversarios de acontecimientos, muertes, etc., hay veces que se nos pasan estas fechas de gran importancia sentimental para amplios sectores ciudadanos sensibles a estas efemérides». Se trataba de un ejemplo paradigmático de, en expresión de Jesús Casquete, la «vampirización de símbolos». Desde ese momento la celebración del 27 de septiembre y las figuras de Txiki y Otaegi fueron monopolizadas por HB y su entorno.

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¡Historiadores de todos los países, uníos!

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La victoria de la libertad: la Policía Nacional contra el terrorismo

Exposición de la Policía Nacional en Palencia

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Presentación en Madrid de «La política como pasión. El lehendakari Aguirre (1904-1960)»

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El Roto

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19 septiembre, 2014 · 5:46

¿El primer testimonio escrito del castellano?

Según la RAE, fue escrito en Santa María de Valpuesta (Burgos) y data del siglo IX. No obstante, como recuerda un colega, el riojano Gonzalo de Berceo, quien escribía con bastantes préstamos del euskera, sigue siendo el primer poeta de nombre conocido en castellano. Tiene versos como estos:
«Los omnes soberbiosos que roban los mezquinos
que les tuellen los panes e les beben los vinos
andarán mendigando corvos, como onzinos;
cuntirán eso misme a los malos merinos»

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«Historia y nación», por Fernando Molina

Les recomiendo este inteligente artículo

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Los ojos de Caín (un relato)

Hoy me publican este relato ambientado en la vil Guerra Civil

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Los orígenes de KAS, la Koordinadora Abertzale Sozialista

KAS, Koordinadora Abertzale Sozialista (Coordinadora Patriota Socialista), procedía de un «comité coyuntural» creado en el verano de 1975 por ELI, Eusko Langile Indarra (Fuerza Trabajadora Vasca), un efímero grupúsculo de Rentería, para organizar la campaña contra las ejecuciones de Txiki y Otaegi. Tras constatar las posibilidades que brindaban esos encuentros, se decidió consolidar la relación. KAS estaba formado por tres miembros de pleno derecho: LAIA, Langile Abertzale Iraultzaileen Alderdia (Partido de los Trabajadores Patriotas Revolucionarios), EHAS, Euskal Herriko Alderdi Sozialista (Partido Socialista de Euskal Herria), y ETA político-militar. Además, contaba con algunos miembros consultivos (con voz, pero sin voto): los sindicatos LAB y LAK. Posteriormente EIA, Euskal Iraultzarako Alderdia (Partido para la Revolución Vasca), se unió a los primeros y a los segundos se sumó ASK, Abertzale Sozialista Komiteak (Comités Patriotas Socialistas). El estatus de ETA militar no estaba tan claro. Aunque, en consonancia con la marginación de la actividad política que había anunciado en 1974, oficialmente se conformaba con dar su apoyo externo, lo cierto es que los delegados milis participaban activamente en muchas de las reuniones de KAS y su influencia, como queda bien reflejado en las actas, era más que notable. Al fin y al cabo, todos coincidían en que el liderazgo carismático de la «izquierda abertzale» correspondía legítimamente a ETA. Bien es cierto que esta se hallaba dividida en dos ramas, pero para LAIA y EHAS sus preferencias estaban bastante claras: mientras que ETAm les cedía la arena política, ETApm no hacía lo propio. En cualquier caso, ni unos ni otros fueron capaces de consensuar las funciones de KAS. Para LAIA y ETAm la coordinadora debía convertirse en un órgano soberano con la atribución de marcar la estrategia de todo el nacionalismo radical. En cambio para ETApm únicamente se trataba de un foro de discusión cuyas decisiones no eran vinculantes. Reflejando la correlación de fuerzas del momento, la propuesta de los polimilis acabó imponiéndose: KAS se definió en agosto de 1975 como una «coordinadora consultiva preferente para la acción» y una «mesa permanente de debate1.

Un año después, el 18 de agosto de 1976, se formalizó con la firma de un manifiesto, basado en un borrador que había presentado ETApm. Se expuso por primera vez un documento que posteriormente iba a tener un largo recorrido, muy ligado a la trayectoria de ETAm, aunque por aquel entonces no se le dio excesiva importancia. Se trataba de la denominada «Alternativa KAS», el programa táctico de la coordinadora para «Euskadi sur», que recogía las condiciones mínimas que se exigían al Gobierno para dar por válida la Transición: libertades democráticas, amnistía, disolución de los «cuerpos represivos», reconocimiento del derecho de autodeterminación, autonomía provisional, bilingüismo y mejora de condiciones laborales y de vida de los trabajadores2.

Antes, en diciembre de 1975, cuando las críticas del resto de grupos a algunos de sus últimos atentados se hicieron públicas, ETApm había hecho una primera valoración de KAS: «Ya es hora», se quejaban los polimilis, «de decir claramente que la izquierda abertzale no está a la altura de sus responsabilidades frente a Euskadi», porque «constituye un mosaico de tendencias», que son «tan diferentes» que «resulta imposible aglutinarlas tras unos objetivos comunes». La desilusión de ETApm estaba justificada. En palabras de Jon Idigoras, «el trauma de las escisiones y las diferencias personales brotaban muchas veces en las reuniones, hasta el punto de que las discusiones terminaban en un monumental escándalo de gritos». Según Natxo Arregi, líder de EHAS, los encuentros consistían en «eternas y estériles discusiones entre ETAm, ETApm y LAIA, no precisamente sobre la política a seguir, pues se derivaba así como casi siempre a culpas pasadas que unos y otros se imputaban y echaban a la cara». Durante sus tormentosos dos primeros años de vida, lejos de convertirse en la alianza estratégica del nacionalismo radical, KAS consistió en una serie de tormentosos encuentros entre organizaciones y partidos enfrentados por las heridas del pasado, las rivalidades del presente y los divergentes proyectos para el futuro. De hecho, KAS no funcionó con efectividad hasta que, tras la expulsión de ETApm y EIA en 1977 y de LAIA en 1979, ETAm consiguió tomar el control absoluto3.

Bibliografía

ARREGI, Natxo (1981): Memorias del KAS (1975-1978). San Sebastián: Hordago.

CASANELLAS, Pau (2014): Morir matando. El franquismo ante la práctica armada, 1968-1977. Madrid: Los Libros de la Catarata.

CASTRO, Raúl (1998): Juan María Bandrés. Memorias para la paz. Madrid: Hijos de Muley-Rubio.

FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka (2013): Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994). Madrid: Tecnos.

FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka y LÓPEZ ROMO, Raúl (2012): Sangre, votos, manifestaciones. ETA y el nacionalismo vasco radical (1958-2011). Madrid: Tecnos.

IDIGORAS, Jon (2000): El hijo de Juanita Gerrikabeitia. Tafalla: Txalaparta.

JIMÉNEZ DE ABERASTURI, Juan Carlos y LÓPEZ ADAN, Emilio (1989): Organizaciones, sindicatos y partidos políticos ante la Transición: Euskadi 1976. San Sebastián: Eusko Ikaskuntza.

LETAMENDIA, Francisco (1994): Historia del nacionalismo vasco y de ETA. San Sebastián: R&B. 3 vols.

SULLIVAN, John (1988): El nacionalismo vasco radical, 1959-1986. Madrid: Alianza.

1 «Nota a KAS» y «Comunicado de fundación del KAS», 1-VIII-1975, en Hordago (1979, vol. XVII: 482 y 483). Las distintas propuestas sobre KAS en Hordago (1979, vol. XVII: 507-515) y Sugarra, nº 3, IV-1976. Hay constancia de que dos pequeños colectivos no vinculados a ETA pidieron la entrada en KAS: EKAB como miembro y ESEI como observador. Ambos fueron rechazados, como se puede ver en Arregi, las actas de la dirección de EHAS, XI-1976, y Asteroko, nº 2, 1977. Por otra parte, a pesar de la victoria inicial de ETApm, se mantuvieron las diferentes concepciones de la función de KAS, lo que salió a la luz en la primera mitad de 1977. Así, para EIA, KAS era «una coordinadora y nada más que una coordinadora de partidos de la Izquierda Abertzale (…) que quedan totalmente libres para tomar las decisiones que mejor crean que se ajustan a las necesidades del pueblo» («EIA ante las elecciones», 1977). Pero, para el resto de esa misma «izquierda abertzale» KAS era un órgano decisorio al que, por tanto, EIA debía someterse («Acta de KAS», 12-XI-1976).

2 «Manifiesto y alternativa del KAS», 18-VIII-1976. Según Juan Mari Bandrés, el documento fue improvisado por algunos polimilis (ebrios) el día anterior a su aprobación. La alternativa provocó la ruptura de LAIA. Un sector la firmó y pasó a denominarse LAIA bai (LAIA sí), luego simplemente LAIA, mientras que el otro, LAIA ez (LAIA no), se negó a hacerlo por considerar que era un programa asumible por la burguesía y abandonó la coordinadora. Algunos de sus miembros acabaron en los CAA.

3 Hautsi, nº 8, XII-1975.

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