Novedad editorial: Alquimistas del malestar

Les recomiendo encarecidamente el nuevo ensayo de Martín Alonso y Javier Merino, imprescindible para comprender el presente.

Lo presentan este viernes 2 de diciembre a las 19:00 horas en la librería La Vorágine (Santander).

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GFS: «Historiadores y divulgadores», El Correo, 28-XI-2022

La historia es una disciplina académica que estudia el pasado de manera seria y rigurosa. También es una herramienta útil para el presente. Nos proporciona un conocimiento básico para comprender la cultura, el arte, el urbanismo, el paisaje, la política, la economía, la sociedad, las relaciones internacionales… Quien ignora la historia, advertía Cicerón, siempre será niño. Por añadidura, si está bien contada, compone un relato fascinante.

Los alumnos de Secundaria aprenden de la asignatura de historia y bastantes, además, disfrutan en clase. A otros la musa Clío les cautiva más tarde, ya de adultos: en su tiempo libre leen novelas históricas, juegan a videojuegos históricos y ven películas y series ambientadas en otras épocas. A la hora de viajar en vacaciones, buscan en internet información sobre el pasado de la zona que visitan, atienden a las explicaciones de los guías y exploran ruinas, museos, monumentos y edificios emblemáticos.

Hay una creciente minoría cuya curiosidad le lleva a ir más allá. Los documentales históricos y programas radiofónicos como Documentos RNE tienen éxito de audiencia. De acuerdo con la Federación de Editores de España, sin contar los libros de texto ni las enciclopedias, en 2021 la venta de obras de ciencias sociales y humanidades facturó 124,86 millones de euros, un crecimiento del 10,9% respecto a 2020. Por añadidura, cada mes decenas de miles de personas compran revistas como Desperta Ferro o La Aventura de la Historia.

En los últimos años Clío ha encontrado innovadoras vías de difusión para complementar a las tradicionales: actividades de recreación histórica; programas televisivos como “El condensador de fluzo”; canales de Youtube como Memorias Hispánicas; revistas online como DHistórica o la Revista Universitaria de Historia Militar; vídeos educativos como los que produce Academia Play; foros de debate como el grupo Historia Contemporánea en Facebook; cuentas de Twitter como The Valkyrie’s Vigil o La Huella Románica; y pódcast como La Biblioteca de la Historia, Antena Historia, Medievalia, Anaideia, Casus Belli, Infantas y Reinas, Histocast, Terranova, Niebla de Guerra, Hablemos de Historia, Almas del Medievo

Bastantes de estos proyectos son fruto de la iniciativa empresarial. Otros, del empuje de aficionados que conjugan pasión con erudición. También hay historiadores profesionales que dedican parte de sus energías a la divulgación.

Dicha tendencia, que se enmarca en lo que denominamos historia pública, es esperanzadora. Ahora bien, se enfrenta a ciertos escollos. Primero, la escasa atención que los medios de comunicación tienden a prestar a la investigación académica. Segundo, la falta de tiempo de los profesores universitarios, abrumados por labores burocráticas. Tercero, el temor de algunos de ellos a exponerse demasiado. Cuarto, la tendencia de otros a aislarse en una cómoda (y en ocasiones arrogante) torre de marfil. Quinto, la dinámica académica: como al resto de científicos, para progresar en su carrera al historiador se le exige publicar artículos en revistas especializadas de escasísima circulación, que acaban olvidadas en las estanterías de las bibliotecas.

Este último obstáculo desaparecerá cuando las universidades y las agencias de evaluación computen la divulgación como un mérito académico relevante. El resto de los factores dependen, sobre todo, de nosotros mismos. Requiere un gran esfuerzo, pero hay razones de peso para tratar de difundir el conocimiento que generamos de una forma atractiva. Por un lado, porque la historia es importante. Por otro, porque se lo debemos a una ciudadanía que financia con sus impuestos la mayoría de nuestros proyectos y nóminas.

Por último, porque, si no, corremos el riesgo de que se expandan y asienten versiones tergiversadas. Como acertadamente advertía mi profesora María Jesús Cava en estas mismas páginas (22-10-22), no es oro todo lo que reluce. Algunos divulgadores, lejos de documentarse, repiten mitos ya desmentidos por la historiografía. O desvirtúan los hechos hasta la vulgarización. También hay errores intencionados: los de quienes propagan mentiras para blanquear dictaduras o bandas terroristas, alimentando los discursos de odio. ¿Y qué decir de los canales de televisión obsesionados con las teorías de la conspiración y los alienígenas?

En el ámbito divulgativo los historiadores tenemos mucho que aportar: formación, fuentes, bibliografía, método, interpretación, nuevas tendencias, comparaciones a distintas escalas…; en definitiva, nuestro oficio. No se trata de sustituir a los buenos divulgadores, de los que tanto podemos aprender, sino de colaborar con ellos en una hermosa tarea que nos incumbe a todos.

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Entrevista en Jot Down

Hace un tiempo pasé una tarde con Álvaro Corazón Rural en Barcelona tomando cervezas y hablando de historia del nacionalismo y del terrorismo. El resultado es esta entrevista que acaba de publicar la revista Jot Down

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Juan Avilés y Luisa Etxenike en el curso de Soria 2022

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José Luis de la Granja, Santiago de Pablo y Ludger Mees: In memoriam: Ricardo Miralles Palencia

El pasado 12 de noviembre falleció en Bilbao nuestro compañero y amigo Ricardo Miralles Palencia, catedrático del Departamento de Historia Contemporánea de la UPV/EHU. Nacido en San Sebastián en 1954, y tras licenciarse en Historia en la Universidad de Deusto, se incorporó en 1978 a la actual Facultad de Ciencias Sociales y Comunicación en Leioa, que entonces era una unidad docente recién nacida, dependiente de la Universidad Autónoma de Barcelona. Su trabajo sobre el socialismo vasco durante la Segunda República (1987) fue una de las primeras tesis doctorales en Historia Contemporánea defendidas y publicadas en la UPV/EHU.

Enseguida se convirtió en uno de los mejores especialistas en la historia del socialismo en el País Vasco del siglo XX, dedicando especial atención a su principal líder, Indalecio Prieto, sobre el que publicó su último libro el año pasado. Pero también amplió su mirada investigadora hacia otros temas, como la figura del presidente del Gobierno republicano Juan Negrín, las relaciones internacionales entre 1870 y 1945 y, en especial, su incidencia en la Guerra Civil española.

Fue un buen compañero y un excelente profesor, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitara. Sus estudiantes contaban cómo, cuando había fichas con fotos de cada uno, se aprendía sus nombres para dirigirse a ellos en clase directamente, de modo que no se sintieran un elemento anónimo de una lista. Lo mismo hacía con sus doctorandos, para los que era un maestro –en el sentido original de la palabra– y no un mero director.

Su pasión por la docencia se hizo aún más palpable desde que, hace dos años, le diagnosticaron una enfermedad incurable. Cualquier otro hubiera pedido la baja, pero él decidió seguir impartiendo sus clases, que los estudiantes recibían con un agradecimiento especial, al ser conscientes de lo que le costaba. Cuando no pudo hablar, debido a su enfermedad, siguió dando su curso de máster online. Se jubiló el pasado mes de octubre, cuando vio que ya no podía continuar, tras cuarenta y cuatro años de trabajo en la UPV/EHU, y falleció apenas un mes después.

Otra vocación suya, que vivió con pasión, aunque estuviera alejada de la historia contemporánea, fue el estudio del románico en La Rioja. Para ello promovió una asociación de recuperación y puesta en valor de ese arte medieval en esa comunidad autónoma. Su principal fruto fue el Centro del Románico abierto en el pueblo riojano de Treviana, localidad natal de su mujer, Mariana, con la que tuvo tres hijas.

Descanse en paz.

Fuente original

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Seminario en la UPV/EHU de Vitoria

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12 noviembre, 2022 · 7:50

Presentación de «Grand Place»

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11 noviembre, 2022 · 9:07

Curso gratuito en la UPNA: «La sociedad ante ETA. Miradas y actitudes»

Programa

Jueves 24 de noviembre de 2022

16:00-16:30  Inauguración

Inés Olaizola. Vicerrectora de Profesorado de la UPNA
Javier Remírez. Vicepresidente del Gobierno de Navarra
Florencio Domínguez. Director del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo
Tomás Caballero. Presidente de la Fundación Víctimas del Terrorismo
Raúl López Romo y Marta Rodríguez Fouz, co-directores del curso


16:30-17:30 Conferencia
Gesto por la paz y el movimiento pacifista


Ponente: Jesús Herrero


17:30-18:30 Conferencia
Elkarri


Ponente: Joseba Eceolaza 

18:30-19:00 Pausa


19:00-20:30 Mesa redonda

Víctimas del terrorismo y la sociedad

Modera: Representante de la FVT. 

Participan:

  • Cristina Cuesta
  • José Ignacio Toca
  • María Sanz Biurrun 

Viernes 25 de noviembre de 2022

16:30-17:30 Conferencia
Los movimientos cívicos tras Miguel Ángel Blanco


Ponente: Maite Pagazaurtundúa


17:30-18:30  Conferencia
Los indiferentes


Ponente: Luis Castells
 

18:30-19:00 Pausa

19:00-20:30 Conferencia

El entorno de apoyo a ETA

Ponente: Izaskun Sáez de la Fuente 
 

20:00-20:30 Conclusiones y cierre

Ponentes: Marta Rodríguez Fouz y Raúl López Romo

Más información, aquí 

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SD Contra 13: Afganistán, pasado y presente; Bataclan desde los ojos de una víctima

En #SierraDelta Contra #sdcontra13 traemos a José Miguel Calvillo Cisneros, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, que nos habla sobre el terrible pasado y el complejo presente de Afganistán: el fracaso de la ocupación occidental, la efímera y endeble democracia, las diferencias étnicas, la persecución religiosa, el terrorismo, el enfrentamiento entre Al Qaeda e ISIS-K, el cultivo del opio, la situación de la mujer, el nuevo Gobierno de los talibán y la actitud de los actores internacionales.

Además, Gaizka Fernández charla con el escritor Ramón González, superviviente del atentado yihadista contra la sala Bataclan (París, 2015). Con él habla acerca del libro en el que ha plasmado aquellos hechos, «Paz, amor y death metal», y de la película que su historia ha inspirado: «Un año, una noche» (Isaki Lacuesta, 2022).

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GFS: «La muerte del cónsul», El Correo, 26-X-2022

El crimen ocurrió hace ahora medio siglo, pero no fue sino la culminación de unos acontecimientos y de un proceso de radicalización que se habían puesto en marcha un año antes. En 1971 un puñado de estudiantes universitarios, algunos procedentes del PCE (internacional), fundaron en Zaragoza el Colectivo Hoz y Martillo. A principios de 1972 este grupúsculo de tendencia marxista-leninista entró en contacto con ETA, a la que solicitó cursos de instrucción en manejo de explosivos.

Aunque pretendía emular los atentados que habían dado protagonismo al nacionalismo vasco radical, durante aquel año los militantes del Colectivo Hoz y Martillo se limitaron a la violencia de “baja intensidad”: el lanzamiento de un cóctel molotov en el cuarto de bedeles de la Facultad de Filosofía y Letras, el robo de una multicopista en la Facultad de Veterinaria, el atraco de una sucursal bancaria, donde se apoderaron de 2.400.000 pesetas, y el asalto a otro estudiante, al que le sustrajeron 100 pesetas y su documentación personal.

No era suficiente. Esperando ganar prestigio y estar en una mejor posición a la hora de pedir armamento a ETA, el Colectivo Hoz y Martillo planeó una acción más contundente con la excusa de la solidaridad con los “refugiados” abertzales que estaban en huelga de hambre en el País Vasco francés. A las 9:00 horas del 2 de noviembre de 1972 un comando formado por tres jóvenes entró en el consulado que Francia tenía en Zaragoza. Maniataron al cónsul honorario, Roger Tur Pallier, a su secretaria y al portero del edificio. Luego les echaron encima pintura roja y lanzaron un cóctel molotov al interior del despacho. La pintura acrílica era muy inflamable, por lo que se produjo un incendio que causó quemaduras muy graves a Roger Tur. El cónsul falleció cinco días después.

La Policía no tardó en arrestar a los autores materiales del atentado. Se les incautaron tres pistolas y 1,4 millones de pesetas. El fiscal pidió la pena de muerte para tres de los miembros del Colectivo Hoz y Martillo. ETA aprovechó la ocasión para emitir un comunicado en su defensa: “primero, porque su acción fue una postura internacionalista con respecto a nuestros propios militantes, perseguidos por las clases dominantes de España y Francia; segundo, porque tales tentativas de intimidación han sido frecuentemente empleadas contra nosotros mismos”. Finalmente, el consejo de guerra condenó a los acusados a 30 años de prisión.

No obstante, los integrantes del Colectivo Hoz y Martillo solo pasaron encerrados cuatro años y siete meses. Fueron excarcelados por el Gobierno del presidente Adolfo Suárez a finales de julio de 1977. Ni siquiera tuvieron que esperar a la Ley de Amnistía aprobada en octubre de aquel mismo año, que sacó de las cárceles a todos los presos por delitos de terrorismo, con algunas excepciones, como los ultraderechistas autores de la masacre de Atocha.

¿Quién era Roger Tur? Natural de Nimes, estaba casado y tenía una hija. Llevaba 40 años en España, compaginando la diplomacia (primero como cónsul, luego como cónsul honorario) con la dirección de una empresa, la firma Tur, que entre otros productos fabricaba el regaliz Zara.

Durante la Segunda Guerra Mundial su padre había ayudado a muchos judíos a huir de la Francia ocupada por la Alemania nazi. La Gestapo acabó con su vida. Al otro lado de la frontera, Roger Tur también luchó contra el Eje. Gracias al libro Los secretos del franquismo, de Eduardo Martín de Pozuelo, sabemos que entre 1944 y 1946 se dedicó a espiar a los nazis residentes o refugiados en Zaragoza: el cónsul del III Reich, los responsables del Partido Nacionalsocialista, varios empresarios alemanes, etc. Como las autoridades francesas no dieron valor a sus informes, Tur decidió ponerse a las órdenes de los servicios secretos de Estados Unidos (la OSS, antecesora de la CIA), que le pusieron el nombre en clave de Ric. Su actividad fue tan importante que, tras la contienda, recibió la Legión de Honor. Hoy en Zaragoza una calle lleva su nombre.

De acuerdo con la reciente obra de Carmen Ladrón de Guevara, Las víctimas del terrorismo de extrema izquierda en España (Almuzara), las bandas de esta tendencia ideológica fueron responsables de haber cometido 111 asesinatos en nuestro país entre 1960 y 2006. La mayoría de ellos, 93, llevaban la firma de los GRAPO, el brazo armado del PCE (reconstituido). La segunda fue el FRAP, vinculado al PCE (marxista-leninista), con seis víctimas mortales. Tampoco faltaron grupúsculos efímeros como el DRIL, Defensa Interior, los autónomos, el FRAVA o el Colectivo Hoz y Martillo.

Aunque no fueron tan longevos y letales como ETA, es importante conocer su historia y, sobre todo, la de sus víctimas.

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