GFS: «El día de todas las víctimas del terrorismo», El Correo, 27-VI-2025

El sábado 25 de junio de 1960 Guillermo Santoro Sánchez y otro joven, seguramente Reyes Marín Novoa, disfrutaron de una noche de fiesta en San Sebastián. No les faltaba dinero. Estuvieron bebiendo en locales como Mónaco, La Espiga, Capri, Vitorio y Trinquete, donde entablaron conversación con viejos y nuevos conocidos. Incluso intentaron intimar con una chica donostiarra y, según las diligencias policiales, con “señoritas extranjeras”.

Al día siguiente Santoro se presentó en la estación de Amara con un billete de primera clase para el tren con destino a Bilbao. Aunque había pasado la hora límite, la generosidad de los trabajadores le permitió facturar una maleta y dejar otra en la consigna de equipajes. La encargada, Soledad Arruti, lo describió como un hombre de unos 28 años “de tez pálida, aspecto desenvuelto, de persona correcta”. Le pareció un “niño mimado”.

La maleta-bomba de la consigna explotó a las 19:10 horas del lunes 27. Provocó un incendio en el que resultaron heridas seis personas. Una de ellas era Arruti. Otra, su sobrina nieta María Begoña Urroz Ibarrola, de 20 meses, que sufrió graves quemaduras. La niña era la primogénita de un matrimonio del pueblo navarro de Beinza-Labayen que había emigrado a Lasarte. El padre, Juan, trabajaba en la fábrica Moulinex. La madre, Jesusa, solía ayudar a su tía Soledad en la estación. Aquel día había dejado a Begoña a su cuidado mientras iba a comprarle unos zapatitos.

La chiquilla ingresó en la clínica del Perpetuo Socorro, pero los médicos no fueron capaces de salvarle la vida. Falleció a las 23:00 del martes.

La Policía descubrió dónde se había alojado el terrorista, la tienda en la que había comprado las maletas, las personas con las que se había cruzado y las mentiras que contó. Los agentes reconstruyeron sus pasos, le pusieron nombre y apellidos, pero no dieron con él: Santoro ya había huido.

Todo señalaba al DRIL. Por si quedaba alguna duda, los portavoces de aquella organización, compuesta por portugueses antisalazaristas y españoles antifranquistas de diversas ideologías, reivindicaron sus atentados en la prensa venezolana. Unos días después insistieron: “las revoluciones para derrocar a los tiranos no se hacen con té y simpatía ni con bombones”. Nunca mencionaron a su víctima.

Urroz fue la tercera de las cuatro muertes asociadas a aquellas siglas. En marzo de 1960 a uno de los miembros del DRIL le estalló su propio artefacto y otro había sido fusilado por la dictadura franquista. En enero de 1961 un comando asesinó al marino portugués João José do Nascimento Costa durante el asalto al trasatlántico Santa María.

Ese mismo mes el juzgado requirió la comparecencia de Santoro y otros dos integrantes del DRIL. Ni comparecieron ni fueron detenidos. En 1964 el grupo desapareció en el sumidero de la historia. La Ley de Amnistía de octubre de 1977 borró la responsabilidad penal de sus crímenes.

Probablemente Santoro no quería matar a nadie, pero sabía que poner bombas de relojería en lugares repletos de gente suponía correr ese riesgo. Y no le importó. Que lo hiciera después de gozar de una noche de farra dice algo más sobre él. Pero lo peor fue que jamás pidió perdón por la muerte de Begoña Urroz. Y tuvo 52 años para hacerlo: falleció en 2012.  

En marzo de 2010 el Congreso declaró el 27 de junio como el Día de recuerdo y homenaje a las víctimas del terrorismo. Prácticamente por unanimidad, en septiembre de 2011 las Cortes aprobaron la Ley de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo, que introdujo una gran novedad: se indemnizaría a quienes habían sufrido atentados producidos desde el 1 de enero de 1960, cuando el límite de la legislación previa había sido 1968. Así se trataba de reparar a familias como los Urroz, que hasta entonces habían quedado fuera del amparo institucional.

Aquellos acuerdos han tenido consecuencias muy positivas para las víctimas, pero la elección de la fecha se inspiró en una tesis errónea: que la bomba de Amara la había puesto ETA. Trabajos como el informe que el Centro Memorial publicó en 2019, el documental Muerte en Amara (Aitor González de Langarica, 2024) o el libro Las raíces de un cáncer (Tecnos, 2024) han permitido corregir aquella equivocación. Centrémonos, pues, en lo primordial.

Según Reyes Mate, si alguien reconoce a una víctima, tiene que reconocerlas a todas. Por supuesto, existen visiones distintas sobre la violencia política, pero no puede haber juicios morales distintos: ningún fin justifica los medios sangrientos. Parafraseando a Sebastián Castellio, matar a una niña no es defender una doctrina, es matar a una niña. Recordar a Begoña Urroz nos ayuda a comprender esa lección universal.

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Didáctica del terrorismo. Investigación y aplicaciones en el aula

Este Curso de Verano se centra en una de las principales cuestiones tras el fin de ETA: la enseñanza. Hace apenas dos décadas este campo permanecía yermo. A fecha de hoy ya existen tanto grandes aproximaciones teóricas como recursos didácticos concretos para abordar el fenómeno del terrorismo en las aulas de secundaria y universitarias.

No obstante, faltaba un escalón intermedio: más investigación educativa. En las diferentes ponencias, se presentarán los resultados de estudios de caso que permitirán avanzar en varias direcciones. Por un lado, la comparación del tratamiento de la dictadura franquista y la época del terrorismo en los manuales escolares. Por otra parte, el análisis de la legislación educativa a nivel nacional y autonómico, sus avances y carencias en relación al abordaje del fenómeno del terrorismo. Asimismo, se tratará sobre la perspectiva del personal docente, la necesaria formación del profesorado, veremos ejemplos concretos de aplicaciones en el aula, etc.

Más información:

https://www.uik.eus/es/curso/didactica-del-terrorismo-investigacion-aplicaciones-aula

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Proyección de «Muerte en Amara» en Santander

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17 junio, 2025 · 11:40

SDC 43: El secuestro de Luis Suñer

Pueden escuchar el pódcast aquí:

https://www.ivoox.com/sd-contra-43-el-secuestro-suner-audios-mp3_rf_149618740_1.html

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GFS: «El primer terrorismo parapolicial», El Correo, 5-VI-2025

Hace 50 años, durante la crisis terminal de la dictadura, empezaron los atentados contra miembros de ETA en el sur de Francia. Se trataba del antecedente de los GAL.

A finales de los años sesenta arrancó la tercera oleada internacional de terrorismo. Según la Global Terrorism Database, los atentados dejaron 2.253 víctimas mortales en todo el mundo entre 1970 y 1975. El fenómeno también afectó a la España del tardofranquismo. En ese mismo periodo ETA, el FRAP y los GRAPO asesinaron a 65 personas. El peor año fue 1975, con 33 fallecidos. El grueso eran policías y guardias civiles. En sus funerales la ultraderecha empezó a llamar a un golpe de Estado.

Los atentados desautorizaban al Gobierno de Carlos Arias Navarro, el último de la dictadura, cada vez más débil y aislado. Siempre había sido rechazado tanto por la oposición antifranquista como por la extrema derecha, pero en octubre de 1974 también había perdido el respaldo de la facción más reformista del régimen.

Para proyectar una imagen de fuerza, el 25 de abril de 1975 el Gobierno decretó un estado de excepción de tres meses en Vizcaya y Guipúzcoa. A pesar de que la mayoría de los detenidos no tenían nada que ver con ETA, muchos fueron maltratados o incluso torturados. Además, la violencia policial provocó doce muertos. En agosto se promulgó el Decreto Ley 10/1975, que endurecía las penas por delitos de terrorismo. Y el 27 de septiembre la dictadura ejecutó a tres miembros del FRAP y otros dos de ETApm, que en conjunto habían participado en el asesinato de cuatro agentes de la ley. Con todo, el presidente Arias fue incapaz de recabar nuevos apoyos y de consolidar su posición. Por supuesto, los atentados no cesaron.

Paralelamente a la represión legal, en abril de 1975 entró en funcionamiento el terrorismo parapolicial. Aunque también lo sufrió la oposición democrática, sus principales objetivos eran vengar la muerte de funcionarios y amenazar el santuario de ETA en el sur de Francia. Al principio se cometieron atentados contra entidades y negocios abertzales, como las librerías Mugalde (ligada a ETApm) en Hendaya y Nafarroa (de ETAm) en Biarritz.

En mayo el boletín interno del SECED, el servicio secreto franquista, se posicionó en contra del “terrorismo blanco”. No lo hizo por razones morales, sino por juzgarlo “totalmente contraproducente”: “sin afectar directamente a la organización terrorista que pretende combatir, contrarresta el efecto revulsivo provocado en la opinión pública por las acciones criminales de ETA y contribuye a la separación entre la masa de la población y sus Autoridades y Fuerzas de Seguridad, objetivo primero de la subversión”.

La directriz era clara, pero fue desobedecida. Es más, se pasó de los daños materiales a los delitos de sangre. Como represalia por el asesinato de un guardia civil, la noche del 4 al 5 de junio en Biarritz un comando intentó colocar una bomba lapa en el vehículo que solía usar uno de los líderes de ETAm, Josu Urrutikoetxea (Josu Ternera). El artefacto explotó antes de tiempo. Uno de los terroristas, Marcel Cardona, un francés vinculado a la OAS, falleció. Otro resultó herido. Y el tercero huyó.

El 5 de octubre, como respuesta a una bomba de ETAm que había acabado con la vida de tres guardias civiles, varios pistoleros asesinaron en su propio bar de Elorrio a Iñaki Etxabe, hermano del exdirigente de la banda Juan José Etxabe. Es considerado la primera víctima mortal del terrorismo parapolicial.

El día 22 de aquel mes el SECED volvió a advertir contra las “represalias”, ya que “es precisamente lo que buscan quienes potencian y subvencionan el terrorismo”. No obstante, distintas fuentes revelan que siguió habiendo funcionarios implicados en ese tipo de episodios. Huyendo de generalizaciones de brocha gorda, podemos plantear la siguiente hipótesis: los atentados contra ETA que se produjeron en Francia desde 1975 fueron perpetrados por autores con dos perfiles. Uno, ciertos agentes de la ley que actuaban por su cuenta y riesgo, probablemente con la tolerancia de algunos de sus mandos. Y, dos, militantes neofascistas que fueron contratados como mercenarios por determinados altos cargos. Para poder poner nombre y apellidos a los inductores, es imprescindible que se permita la consulta de la documentación reservada.

En noviembre de 1975 falleció Franco y dio comienzo la Transición, un proceso histórico complejo pero cuyo resultado es innegablemente positivo: una democracia plena. Por desgracia, la violencia no solo perduró, sino que se multiplicó. La de ETA, banda que había pretendido sustituir una dictadura por otra y que repudiaba la “democracia burguesa”, fue la más letal. Sin embargo, no debemos olvidar que también continuó el terrorismo parapolicial, igualmente condenable, que causó decenas de víctimas durante la Transición y que acabaría dando lugar a los GAL.

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Laura Fàbregas presenta su libro en Bilbao

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2 junio, 2025 · 11:32

Canal de Whatsap sobre violencia política y víctimas

He creado un canal de Whatsap dedicado a difundir actos, congresos e investigaciones sobre la historia reciente de la violencia política, el crimen organizado y su víctimas
https://whatsapp.com/channel/0029Vb12OL7ICVfh2JIU932B

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Presentación de «Manto de silencio» en Zarauz

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26 mayo, 2025 · 9:17

Presentación del nuevo libro de Martín Alonso en Bilbao y San Sebastián

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Entrevista sobre «Allí donde se queman libros»

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