Barbara van der Leeuw: «Regionalismo y nacionalismo en el siglo XIX: la batalla de los conceptos (País Vasco, Flandes y Frisia)»

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La revista Rubrica Contemporanea publica este artículo de la historiadora Barbara van der Leeuw, que les recomiendo. Pueden leerlo aquí.

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Mesa redonda: «Las migraciones internas y su aportación al desarrollo de Gipuzkoa (1950-1975)»

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15 junio, 2017 · 11:44

Último número de «Saibigain», la revista digital de la Asociación Sancho de Beurko

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15 junio, 2017 · 11:33

Las elecciones del 15 de junio de 1977 en Euskadi

Las primeras elecciones democráticas desde la II República se celebraron el 15 de junio de 1977. Hubo alrededor de 50 candidaturas diferentes en toda España (24 a nivel regional). En Álava se presentaron 17, en Guipúzcoa 25 y en Vizcaya 23. El ciudadano de a pie desconocía el significado de la mayoría de las nuevas siglas, que conformaban una auténtica sopa de letras. Los principales partidos, tanto los conformados por sectores del régimen como los de la oposición, pudieron presentarse con su nombre, como fue el caso de UCD (Unión de Centro Democrático), AP (Alianza Popular), el PSOE, denominado en el País Vasco y Navarra PSE (Partido Socialista de Euskadi), el PNV y el PCE. No ocurrió lo mismo con las formaciones de extrema izquierda y del nacionalismo vasco radical, que no estaban legalizadas. Sin embargo, el Gobierno toleró su actividad pública y no puso impedimento a que acudieran a los comicios como agrupaciones de electores. A pesar de algunas iniciativas al respecto, este sector fue incapaz de unirse en una coalición, por lo que se presentó dividido. Por un lado, EIA y el EMK conformaron EE en las provincias vascas y UNAI en Navarra. Por otro, el PTE creó el Frente Democrático de Izquierdas, la ORT la Agrupación Electoral de los Trabajadores y la LCR, junto a otras fuerzas, como la OIC, el Frente por la Unidad de los Trabajadores. Por su parte, situándose frontalmente contra la reforma, ETA militar llamó al boicot a los comicios.

El resultado de las elecciones fue favorable a la UCD de Adolfo Suárez, que cosechó 6.300.000 votos. Le seguía el PSOE de Felipe González con 5.300.000 papeletas. Atrás quedaron el PCE de Santiago Carrillo (1.700.000) y AP (1.500.000), encabezada por Manuel Fraga. La ultraderecha y la extrema izquierda quedaban fuera de las Cortes. La sociedad española había apostado por la moderación y el respaldo a la Transición, dando la espalda tanto a quienes habían mostrado una oposición más activa a la dictadura como a quienes pretendían un franquismo sin Franco.

La ciudadanía vasca había hecho exactamente lo mismo. A pesar de su convulso pasado reciente y de las llamadas de ETAm a la abstención, los ciudadanos se decantaron en su mayoría por opciones posibilistas y, en su mayoría, no nacionalistas. En el País Vasco el PNV sumó 296.000 votos, el PSE 267.000, la UCD 145.000, AP 71.000 y EE 64.000. No consiguieron representación alguna el PCE-EPK (45.000 sufragios), las otras candidaturas abertzales ni la muy fragmentada extrema izquierda. Este campo entró en una profunda crisis y se fue diluyendo. El único sector que a la larga sobrevivió (EMK y LKI), haciendo una crítica radical al proceso de democratización, acabó gravitando en torno al nacionalismo radical. En Navarra UCD, con 75.000 papeletas, se convirtió en la principal formación, seguida por el PSE, con 54.000. UNAI se quedaba, con 24.000, a unos cientos de votos de lograr un acta para el Congreso. De haber arrebatado aquel crucial escaño a UCD la relación de fuerzas hubiera sido favorable a la integración de Navarra y del País Vasco en una misma comunidad autónoma.

La primera Legislatura de la etapa democrática estuvo centrada en la institucionalización de la recién restaurada Monarquía parlamentaria. Huyendo de la confrontación directa y renunciando a sus programas de máximos, los partidos políticos hicieron el esfuerzo de llegar a grandes consensos. Los más significativos fueron la Ley de Amnistía, la Constitución de 1978, los Pactos de la Moncloa y, en el País Vasco, el Estatuto de autonomía.

El ciclo de protesta de los años precedentes entró en declive: las instituciones, legitimadas por los votos, estaban tomando el relevo a la calle. Sin embargo, el sector más intransigente de la oposición no se resignó a la consolidación de la reforma democrática, sino que continuó apostando por la ruptura. Tal era la pretensión de las distintas ramas de ETA y de parte de la extrema izquierda. Por su parte, la resurrección del franquismo era el objetivo de las tramas golpistas de ultraderecha.

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Presentación de «El catalanismo, del éxito al éxtasis, III. Impostura, impunidad y desistimiento» en Barcelona

9788416995134-739x1024Intervendrán:

Martín Alonso, doctor en Ciencias Políticas y autor del libro

Isabel Fernández, profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona

Luis Roca Jusmet, catedrático de Filosofía en IES

Josu Ugarte, exdirector de Bakeaz

 

El acto tendrá lugar el miércoles, 21 de junio, a las 19:00 horas en el Centro Cívico Pati Llimona (Barcelona)

Más información sobre el libro aquí

 

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Presentación de ‘La huella del terror franquista en Bizkaia’ de Erik Zubiaga (Bilbao)

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Fecha: 15-VI-15
Hora: 18:30
Lugar: C/ Licenciado Poza, 14, BILBAO

La huella del terror franquista en Bizkaia‘ trata sobre el funcionamiento y el impacto de la jurisdicción militar tras la entrada de las tropas sublevadas en la villa de Bilbao. Los primeros tres bloques de la obra ofrecen una radiografía integral de la represión jurídico militar, que no se limita a consignar únicamente las sentencias de cárcel y de muerte sino que aborda también el desenlace de aquellos expedientes que finalizaron tanto con el sobreseimiento de la causa, la absolución, así como con la conmutación de la pena, proporcionando además un retrato completo del perfil político y social de los procesados.

Ahora bien, pese a que la represión fue elemento configurador de la identidad del régimen franquista y el pilar donde se fundamentó su asentamiento, la consolidación del nuevo régimen no pivotó exclusivamente sobre las estrategias del miedo y la represión. La pervivencia y la longevidad del nuevo Estado requirieron inexorablemente tanto la neutralización de la disidencia como la adhesión o, al menos, el consentimiento de una gran parte de la sociedad civil.

La presente obra dedica también un espacio a analizar las políticas de captación implementadas y las actitudes sociales acontecidas en Bizkaia durante la inmediata posguerra.

Erik Zubiaga Arana (1983) es doctor en Historia por la Universidad del País Vasco (2016). Actualmente es beneficiario de la convocatoria de contratación de doctores recientes hasta su integración en programas de formación postdoctoral en la Universidad del País Vasco. Es autor de varias publicaciones en libros colectivos y revistas como ‘Historia y Política’, ‘Historia Actual’ y ‘Uztaro’. Asimismo ha participado en diversos seminarios y congresos celebrados en Lisboa, Valencia, Barcelona y Santiago de Compostela.

Acompañarán al autor en esta presentación – tertulia, el profesor de UPV Luis Castells y Javier Gómez Calvo, investigador y autor del libro ‘Matar, purgar, sanar, la represión franquista en Álava‘.

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EXPOSICIÓN UNA MIRADA A HIPERCOR, 30 AÑOS DESPUÉS DEL ATENTADO

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Pueden descargar la información aquí 

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Presentación en Bilbao de «El catalanismo, del éxito al éxtasis III. Impostura, impunidad y desistimiento»

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El acto tendrá lugar el martes, 13 de junio, a las 19.30 horas en la Librería Cámara de Bilbao

Intervendrán:

-Martín Alonso, doctor en Ciencia Política y autor del libro

-Gaizka Fernández Soldevilla, historiador y responsable de Investigación del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo

-Fernando Molina, investigador en la UPV

-Josu Ugarte, exdirector de Bakeaz

Librería Cámara

Calle Euskalduna, 6 • 48008 Bilbao

Martes, 13 de junio de 2017, a las 19.30 horas

 

 

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«Chiberta», El Correo, 5-VI-2017

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Hace cuarenta años, entre abril y mayo de 1977, tuvo lugar la “Cumbre Vasca” en el hotel Chiberta (Anglet, cerca de Bayona). Estuvo auspiciada por Telesforo Monzón, un antiguo dirigente del PNV y exconsejero del Gobierno Vasco que se había radicalizado hasta situarse en los aledaños de ETA. La “Cumbre” consistió en una serie de reuniones a las que fueron convocadas algunas personalidades y todas las organizaciones nacionalistas vascas, ya fueran formaciones políticas (PNV, ESB, EIA, EHAS, LAIA, ESEI y ANV) o bandas terroristas (ETA militar, ETA político-militar y su escisión, los berezis).

Con la anecdótica excepción del Partido Carlista de Euskadi, se prescindió de las fuerzas no abertzales, incluso de las de mayor pedigrí antifranquista. A ojos de los más radicales, únicamente los nacionalistas eran auténticos vascos. Los demás quedaban fuera de los límites de la comunidad. Eran “los otros”, cuando no el enemigo con el que la nación propia llevaría casi dos siglos sosteniendo una contienda étnica, es decir, “el conflicto”. “Para nosotros”, sostenía Monzón, “Zumalakarregi en la primera guerra carlista, Santa Cruz, en la segunda guerra carlista, José Antonio de Aguirre en el año 36 luchando contra el fascismo internacional y ETA, lo digo claramente, son una misma guerra. Guerra cuyo origen está en que nos robaron la soberanía de nuestro pueblo”.

Ante la convocatoria de elecciones a Cortes por parte del presidente Adolfo Suárez, Monzón diseñó su particular plan. Lo primero era establecer una alianza estratégica entre el PNV (los “gudaris de ayer”) y las distintas ramas de ETA (los “gudaris de hoy”), núcleo de un frente abertzale más amplio, que se presentase a la cita con las urnas. Tras ella, se constituiría un nuevo Gobierno Vasco con la misión de negociar con “Madrid” la “soberanía”, es decir, la secesión de las provincias vascas y Navarra. “Si nos unimos”, soñaba Monzón, “el Estado de Euskadi Sur puede hallarse en trance de nacer”.

Sin embargo, ETA militar acudió a Chiberta con su propia agenda. Gracias al examen de las actas de las reuniones, que se puede encontrar en el libro Sangre, votos, manifestaciones, sabemos que la banda trató de instrumentalizar los encuentros para imponer al resto del nacionalismo vasco tanto el rechazo abstencionista a los comicios como su caudillaje pretoriano. “Si arrastramos al PNV por el camino de la lucha y fuera de las vías parlamentarias”, afirmó un líder mili, “entraría en nuestra dinámica y caería bajo nuestra égida”.

Pese a las presiones que ejerció ETA militar, algunas interpretadas por el PNV como amenazas, Chiberta fue un fiasco. Los propósitos de sus impulsores se frustraron por la firmeza de la mayoría de los partidos nacionalistas, que ya se habían decantado por la vía institucional. Además, algunos de ellos participaron en coaliciones transversales con formaciones no abertzales. Por ejemplo, Euskadiko Ezkerra, candidatura constituida por la extrema izquierda y EIA, fuerza vinculada a ETA político-militar. Por el contrario, ETA militar y su entorno llamaron al boicot.

Las elecciones, celebradas el 15 de junio de 1977, dejaron patente que la sociedad española había apostado por la democracia y la moderación. Con matices, aquí ocurrió lo mismo: los ciudadanos se decantaron por opciones posibilistas, demócratas y autonomistas. En el País Vasco el PNV sumó 296.000 votos, PSE 267.000, UCD 145.000, AP 71.000 y EE 64.000. En Navarra UCD, con 75.000 papeletas, se convirtió en la principal formación, seguida por PSE, con 54.000. UNAI, el equivalente navarro a EE, se quedó con 24.000 votos.

Únicamente el 40% de los votantes vascos y el 20% de los navarros eligieran a partidos que habían estado presentes en las reuniones de Chiberta o a candidaturas que los incluyesen. Eso indica la escasa representatividad de la “Cumbre Vasca” de Monzón y el sectarismo que la había inspirado.

También es significativo que la abstención solo alcanzase el 22,7% en el País Vasco y el 17,7% en Navarra, cifras similares a la media española: 21,1%. La campaña a favor del boicot de ETA militar fue ignorada por la sociedad. Aquello supuso su segundo revés, después del de Chiberta. En un documento interno la banda confesó que se había hundido en un “fuerte pesimismo”. Corría el riesgo de quedar marginada. En consecuencia, los terroristas cambiaron de estrategia. Por un lado, apadrinaron y luego tomaron el control de su propio brazo electoral, Herri Batasuna. Por otro, ETA militar se dedicó a asesinar a policías y militares para soliviantar a sus mandos, esperando que, ante la eventualidad de un golpe de estado, el Gobierno concediese sus demandas. No ocurrió así, como demostró el 23-F.

Lo sucedido en 1977 fue clave en nuestra historia, por lo que conviene contarlo con rigor. Por una parte, ETA militar fue a Chiberta para disputar al PNV el liderazgo del nacionalismo. Por otra, su objetivo al llamar al boicot era que la Transición descarrilara en Euskadi. No logró ni lo uno ni lo otro. Ese doble fracaso posibilitó la democratización, jalonada por los grandes consensos entre los partidos políticos, como el Estatuto de Autonomía en 1979. Por desgracia, la banda ha tardado cuatro décadas y más de ochocientas víctimas mortales en asumir la inutilidad del terror y, por ende, su derrota final.

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Presentación de «Nazis a pie de calle» en Bilbao

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