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Aniversario del asesinato de Javier de Ybarra

Aniversario del asesinato de Javier de Ybarra

Tras la desaparición de Eduardo Moreno Bergaretxe (Pertur) en julio de 1976, todavía hoy sin esclarecer, y la aprobación de su ponencia Otsagabia en la VII Asamblea, ETA político-militar se vio sumida en una crisis interna que fue agravándose a lo largo de la primera mitad de 1977. Por un lado, el grueso de la militancia polimili continuar con el proyecto de Pertur adaptando ETApm a la Transición. La organización debía dividirse en dos nuevos grupos: un partido de corte leninista, que ejerciera la dirección política y que utilizara instrumentalmente la nueva “democracia burguesa”, aliándose con la extrema izquierda no abertzale, y una ETApm reducida al papel de retaguardia armada subordinada al partido.
Por otro lado, los Komando Bereziak (Comandos Especiales), que estaban guiados por la versión más fundamentalista de la narrativa del «conflicto vasco», aderezada con una buena dosis de pretorianismo y militarismo. No solo se resistían a aplicar el plan de Pertur, sino que llevaban meses funcionando fuera del control del Comité Ejecutivo: los berezis realizaban atracos por su cuenta y tenían una tesorería propia. Se repetía por penúltima vez la deriva autónoma del frente militar de ETA. Los Komando Bereziak esgrimieron los contactos con el comandante Ugarte y la propuesta de declaración de tregua como coartada para intentar dar un golpe de fuerza en ETApm. Acusando a la dirección de reformismo, liquidacionismo y traición, montaron una estructura paralela que declaró ser la auténtica ETApm (y como tal se personaron sus representantes en las reuniones de Chiberta y de KAS). Finalmente los berezis invitaron al resto de la militancia polimili a sumarse a su rebelión, pero no fueron escuchados: la mayoría se mantuvo leal al Comité Ejecutivo y, por ende, al plan de Pertur.
A pesar de contar con armamento y activistas experimentados, los Komando Bereziak carecían de base política y social, por lo que su existencia como organización independiente era insostenible. Faltos también de cohesión interna, sus miembros se dispersaron. Una fracción se mantuvo dentro de ETApm. Otro sector se unió a una heterogénea mezcolanza de colectivos provenientes de los minos de ETA VI, de LAIA ez y del movimiento autónomo y asambleario, para formar en septiembre de 1977 una nueva banda terrorista: los CAA, Comandos Autónomos Anticapitalistas.
El grueso de los berezis constituyó un grupúsculo que asesinó a un agente de la Policía Armada el 18 de mayo de 1977 como presentación pública. A los dos días secuestraba a Javier de Ybarra, un empresario que durante el franquismo había ejercido importantes cargos políticos: fue alcalde de Bilbao y presidente de la Diputación de Vizcaya. El 13 de junio anunciaron públicamente que habían dejado de respaldar a EIA y que se unían al «boicot abstencionista» de ETA militar. El día 22 del mismo mes, aparecía el cadáver de Ybarra. Su familia no había conseguido reunir el rescate de 1.000 millones de pesetas que exigían sus captores. En septiembre de 1977 esta facción de los Komando Bereziak se fusionó en pie de igualdad con sus antiguos rivales, los milis, dando lugar a una nueva, más numerosa y mucho más mortífera ETAm. Algunos de aquellos berezis, como Eugenio Etxebeste (Antxon), Juan Lorenzo Lasa Mitxelena (Txikierdi) y Francisco Mujika (Pakito), pasaron a la dirección de la nueva organización. Por ejemplo, Antxon ocupó la jefatura del aparato político tras la muerte de Argala a finales de 1978.

Según un antiguo periodista de Punto y Hora y Egin, al que entrevisté mediante una conversación telefónica, cuando los berezis se escindieron enviaron un comunicado a Punto y Hora diciendo que eran la verdadera ETApm y que habían expulsado a la dirección. No obstante, como él conocía el asunto por su cercanía a EIA, escribió dejando claro que eran los berezis y no la organización polimili, y así se quedó. Posteriormente, cuando pasó a Egin, uno de los miembros del consejo editorial llevó la noticia de la fusión. ETAm retrasó el anuncio para que saliera en el primer número del diario. En el comunicado aparecía anunciado que ETApm y ETAm se habían unificado y ya solo quedaba una ETA. Pero el periodista, de nuevo, tituló la portada con «ETA se reorganiza: Unión Berezis-Milis», como se puede comprobar en la portada de Egin, 29-IX-1977.

Para saber más sobre el asesinato de Ybarra y la polémica consiguiente

-DÍAZ MORLÁN, Pablo (2002): Los Ybarra. Una dinastía de empresarios (1801-2001). Madrid: Marcial Pons.

-FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka (2013): Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994). Madrid: Tecnos.

-MORÁN, Gregorio (2003): Los españoles que dejaron de serlo. Cómo y por qué Euskadi se ha convertido en la gran herida histórica de España. Barcelona: Planeta. (1ª ed.: 1982).

-YBARRA E YBARRA, Javier de (2002): Nosotros, los Ybarra. Vida, economía y sociedad (1744-1902). Barcelona: Tusquets.

 

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21 junio, 2014 · 7:01

Recensión de «El laboratorio del miedo. Una historia general del terrorismo, de los sicarios a Al Qa’ida»

-GONZÁLEZ CALLEJA, Eduardo: El laboratorio del miedo. Una historia general del terrorismo, de los sicarios a Al Qa’ida, Crítica, Barcelona, 2013, 876 pp.

En España, debido a la actuación de organizaciones como los GRAPO o ETA, el terrorismo ha sido un objeto de estudio muy frecuentado por investigadores de todo tipo de disciplinas. Ahora bien, la mayor parte de la amplia bibliografía existente, exceptuando algunos diccionarios o enciclopedias, se centra en aspectos concretos del fenómeno. Escasean, en cambio, las historias universales y, desde luego, era necesario un estado de la cuestión. Eso es precisamente El laboratorio del miedo, la ambiciosa y monumental obra de Eduardo González Calleja, profesor titular de la Universidad Carlos III de Madrid que viene a culminar así su extensa lista de publicaciones sobre violencia política.
El libro, escrito desde la perspectiva de un historiador, cuenta con un amplio soporte bibliográfico y documental y demuestra la capacidad de síntesis del autor, que comienza su relato en el siglo I d. C. y llega hasta nuestros días. Tan amplia escala geográfica y cronológica le permite analizar de una forma profunda el terrorismo, que entiende como una táctica empleada tanto por organizaciones subversivas como por determinados gobiernos con el fin de intimidar a la sociedad. Así, González Calleja señala las similitudes, interrelaciones y diferencias entre los distintos casos a lo largo del tiempo y en todo el planeta. Esta mirada macro se combina con referencias pormenorizadas a las organizaciones más significativas, ilustradas con cuadros explicativos y tablas con el número de atentados y víctimas mortales. Ahora bien, aunque quizá sea algo inevitable, hay que señalar que a veces en la pequeña escala se cuelan algunos errores (verbigracia, el pasado de ETA), aunque esto no deteriora el resultado en su conjunto.
Lejos de considerar el fenómeno como estático y monolítico y siguiendo la perspectiva cíclica de David C. Rapoport, González Calleja distingue hasta cinco oleadas históricas de violencia terrorista. Cada una de ellas ha estado protagonizada por hombres y, más raramente, mujeres, condicionados por una serie de factores: su religión o ideología, sus objetivos a corto y largo plazo, sus planteamientos estratégicos y, de fondo, la coyuntura o estructura de oportunidades disponible (las influencias internacionales, sus bases sociales, el tipo de régimen político al que se enfrentaban o el grado de avance tecnológico de la industria armamentística). Igualmente, cada generación de terroristas ha suscitado distintas respuestas gubernamentales.
La obra sitúa los antecedentes remotos de la «lucha armada» en las sectas terroristas premodernas: los sicarios judíos en Palestina (s. I d. C.), los asesinos ismaelitas comandados por «El viejo de la Montaña» (ss. XI-XIII) o los thugs hindús (ss. VII-XIX). Aunque también los estados han empleado el terror desde la más remota antigüedad, no fue reivindicado como instrumento de control social hasta que lo hicieron suyo los jacobinos durante la Revolución francesa.
La primera oleada terrorista (1877-1900) tuvo mucho que ver tanto con la represión del movimiento obrero como con los avances tecnológicos: progresos en el transporte, aparición de medios de comunicación de masas y determinados inventos (verbigracia, la dinamita en 1862). Durante esta fase surgieron movimientos clandestinos (y laicos) que utilizaban como arma revolucionaria el atentado individual, especialmente el magnicidio. La nihilista y populista Naródnaia Vólia, que mantuvo un sangriento enfrentamiento ritual con el zarismo, suele ser considerada la primera organización terrorista «moderna», pero hubo otras poco después: desde los social-revolucionarios rusos a la «propaganda por el hecho» defendida por cierta corriente del anarquismo.
La segunda oleada histórica del terrorismo (1905-1945) estuvo protagonizada por movimientos nacionalistas radicales. Entre todos ellos destacan los de los Balcanes (la Ustasha croata, la VMRO macedonia o la Mano Negra serbia, que estuvo detrás del magnicidio detonante de la I Guerra Mundial) y los republicanos irlandeses (Sinn Féin e IRA). Al mismo tiempo, en la Europa de entreguerras se asistió a la paramilitarización de la vida política en las democracias parlamentarias y a la brutalidad incesante del terror totalitario de las dictaduras soviética, fascista y nazi. Estos dos últimos regímenes se expandieron militarmente durante la II Guerra Mundial, iniciándose así la acción violencia de la Resistencia clandestina en los países ocupados.
La tercera oleada de terrorismo (1945-1965) fue promovida por los movimientos anticolonialistas del Tercer Mundo (Palestina, Chipre, Argelia, Vietnam, África subsahariana, etc.) y su exitosa lucha contra las metrópolis occidentales. Bajo influencias doctrinales como la «guerra revolucionaria» de Mao Zedong, la obra de Frantz Fanon y, a partir de los años 60, el «foquismo» del Che Guevara, surgieron guerrillas que entablaban un combate irregular contra ejércitos regulares. Excepto en casos puntuales, en este paradigma el terrorismo solo jugaba un papel secundario. Tuvo, sin embargo, mayor importancia en las guerrillas urbanas que, una vez fracasado el experimento boliviano del Che, se establecieron a lo largo y ancho de Latinoamérica (ALN y VPR en Brasil, los Tupamaros uruguayos, los Montoneros argentinos o el MIR chileno), aunque tampoco faltaron las de base rural (FARC en Colombia y Sendero Luminoso en Perú).
Los movimientos antisistema herederos de la agitación estudiantil de 1968 fueron los actores principales de la cuarta oleada terrorista (1965-1980), que tuvo como escenario Europa occidental. A diferencia de las guerrillas del Tercer Mundo y debido, hasta cierto punto, a su exiguo apoyo social, su menor tamaño y las características del armamento (más accesible, la miniaturización de explosivos y la combinación de estos con la electrónica), un sector de la extrema izquierda adoptó el terrorismo como estrategia central. De esta manera la banda «Baader-Meinhof» en la República Federal Alemana, las Brigadas Rojas en Italia o los FRAP y los GRAPO en España pretendían suplir a una revolución obrera indefinidamente postergada. Simultáneamente apareció el terrorismo publicitario de alcance trasnacional, con espectaculares acciones como el secuestro de aviones o la toma de rehenes. Asimismo, hay que incluir aquí a la violencia de ultraderecha, un sector electoralmente marginal que en lugares como en Italia optó por la estrategia de la tensión para provocar un golpe de Estado.
La quinta y última oleada de terrorismo, que llega hasta nuestros días, ha estado fomentada por dos tipos distintos de movimientos primordialistas y fundamentalistas. Por un lado, el terrorismo étnico-nacionalista, que, debido al amplio respaldo social que en ocasiones es capaz de concitar, ha solido tener mayor duración que su homólogo de extrema izquierda. Cabe citar la violencia sectaria en el Ulster entre republicanos y unionistas desde mediados de los años 60 hasta finales del siglo XX o la trayectoria de ETA, cuya relevancia propició que otros ultranacionalismos periféricos intentasen emularla tanto en España (el más conocido de los cuales fue Terra Lliure) como en Francia (Iparretarrak), que también padeció la violencia del secesionismo bretón y corso. El terrorismo nacionalista no se circunscribe a Europa. También ha estado presente en Asia. Basten como muestra el PKK kurdo, ASALA en Armenia o los Tigres Tamiles en Sri Lanka.
Por otro lado, cabe clasificar en esta quinta oleada al terrorismo religioso activado tras el derrumbe del bloque soviético. Se trata de una violencia, que en cierto modo retorna a las raíces sectarias y sagradas del fenómeno, que tiene un fuerte componente martirial y autoinmolatorio. Aunque a esta tipología pertenecen diversos movimientos (el de Identidad Cristiana y el supremacismo en EEUU, la secta Aum en Japón o el fundamentalismo judío), el más notable es el integrismo islámico y, dentro de dicha rama, Al Qa’ida. Esta red global, responsable del atentado del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York sigue una estrategia de terrorismo indiscriminado a escala trasnacional con el fin de conseguir un Estado integrista unificado para todos los musulmanes.
En conclusión, El laboratorio del miedo es una obra sólida, rigurosa y muy sugerente, fruto de un encomiable esfuerzo de síntesis y con vocación divulgativa. Resulta de consulta indispensable para todo especialista en la materia, y es muy recomendable para cualquier persona interesada en la historia contemporánea, en la que el terrorismo a menudo ha jugado un papel tan destacado.

Fuente: Historia Contemporánea, nº 48, 2014, pp. 365-368.

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17 junio, 2014 · 13:32

Recensión de «Tiempo de canallas. La democracia ante el fin de ETA»

-URIARTE, Eduardo: Tiempo de canallas. La democracia ante el fin de ETA, Ikusager, Vitoria, 2013, 389 pp. Prólogo de Jorge Martínez Reverte.

No resulta sencillo clasificar la obra Tiempo de canallas, ya que transita entre los géneros de las memorias, el ensayo político y la historiografía. También es problemático hacer lo propio con su autor, Eduardo Uriarte (Teo), dada su compleja biografía. Fue miembro de la dirección de ETA cuando esta adoptó el nacionalismo revolucionario (1967) y puso en marcha la espiral de acción-reacción-acción, asesinando al guardia civil José Antonio Pardines y al comisario Melitón Manzanas (1968). Su militancia le costó dos penas de muerte en el proceso de Burgos (1970), que finalmente fueron conmutadas por cadena perpetua en prisión. Compartió cárcel y extrañamiento (destierro al extranjero) con su amigo Mario Onaindia, junto a quien regresó a España tras las primeras elecciones democráticas (1977). A su vuelta, desde su posición en el Comité Ejecutivo de EIA y el grupo de Euskadiko Ezkerra (EE) en el Parlamento vasco, Uriarte jugó un papel destacado en procesos como la disolución de un sector de ETA político-militar (1982) y la evolución de los euskadikos desde el independentismo y el leninismo de sus orígenes al autonomismo y el socialismo democrático. En 1990, marcando el camino que tres años después iban a seguir una parte de sus compañeros con Onaindia a la cabeza, abandonó EE para unirse al PSE-PSOE, a cuyos usos, estructura y jerarquía el heterodoxo Uriarte nunca ha conseguido amoldarse.
Su condición de ilustre ex (consecutivamente exetarra, expreso, exparlamentario vasco, exconcejal y examenazado por ETA) aparece intermitentemente reflejada en las páginas de Tiempo de canallas, en las que no faltan las anécdotas personales. Pero lo cierto es que Uriarte ya ha descrito gran parte de su vida en sus memorias, complemento indispensable de las de Mario Onaindia y valiosa fuente de información para el estudio del pasado reciente del País Vasco . Por añadidura, como demuestran obras de otros políticos retirados, especialmente expresidentes y exlehendakaris, una experiencia tan rica como la suya no garantiza la calidad de la información ni la agudeza de los análisis. El autor lo confiesa con su franqueza habitual: “El hecho de que yo estuviera dentro de ETA no me otorga ninguna capacidad especial para saber lo que pasó o lo que después ha ido pasando (…). Sé del problema vasco por lo que ido mirando, leído y reflexionando, no por haber estado allí, aunque alguna ventaja resulte de ello” (p. 48).
El mayor incentivo para sumergirse en Tiempo de canallas es que Uriarte, aparte de la de ex, aúna otras dos categorías. Por un lado, ha desarrollado un notable trabajo intelectual como historiador de las guerras carlistas, doctor en periodismo, conferenciante y articulista. Por otro lado, ha colaborado activamente en el movimiento cívico a favor de la democracia y contra el terrorismo en una etapa especialmente dura, la de finales de los noventa y la primera década del siglo XXI. En su condición de director gerente de la Fundación para la Libertad, además, ha participado en distintos foros, se ha adentrado en los entresijos de la ONU y ha mantenido encuentros con autoridades de diferentes países, como Estados Unidos y Sudáfrica, todo lo cual le ha permitido conocer de primera mano la opinión internacional sobre ETA, muy distorsionada por la propaganda del nacionalismo radical y, en menor medida, del nacionalismo moderado. Tiempo de canallas, es la síntesis de su experiencia vital, sus lecturas, su tesis doctoral y su reflexión personal. Casi nada.
Otro de los atractivos del presente libro es que huye del sectarismo tan habitual en los ensayos sobre ETA. Al contrario, esta es una de las rarísimas ocasiones en las que un autor carga las tintas contra los “suyos” más que contra los “otros”. A pesar de continuar afiliado al PSOE, Uriarte valora muy negativamente la política antiterrorista de los sucesivos gobiernos socialistas, sus relaciones con los nacionalismos periféricos y sus rupturas con el PP en momentos en los que hubiera sido preferible mostrar un frente común ante la banda. Así, en Tiempo de canallas salen muy mal paradas cabezas visibles del PSOE como el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, descrito como un ingenuo sin memoria, y el presidente del PSE-EE Jesús Eguiguren, tachado de temerario.
Uriarte se ha ganado unos cuantos adversarios en el seno de su partido, mas los socialistas no son, en absoluto, los únicos a quienes pone en la picota en Tiempo de canallas, ya que el autor critica globalmente la política antiterrorista de la dictadura y de casi todos los gobiernos de la democracia parlamentaria. La tesis de esta poco complaciente y políticamente incorrecta obra puede sintetizarse en pocas palabras: “El primer instrumento de legitimación de ETA ha sido el Estado español” (p. 181). “En gran medida, ETA ha sido consecuencia de lo que sus adversarios han hecho frente a ella (…). ETA ha sobrevivido en gran parte gracias a los errores de los que detentan el poder, el político y el mediático” (p. 48).
A decir de Uriarte, los yerros comenzaron cuando el sector más reaccionario e inmovilista del franquismo, buscando construir un enemigo lo suficientemente peligroso como para que despertase la alarma social y justificase la supervivencia del régimen, orquestó fantasiosas campañas de prensa sobre la banda que devinieron en propaganda gratuita para el nacionalismo radical, cuya popularidad no hizo sino crecer. La ayuda inconsciente de los periódicos del Movimiento confirió a ETA un crucial protagonismo mediático del que hasta entonces había carecido.
La democracia parlamentaria no lo habría hecho mucho mejor. Entre sus equivocaciones se mencionan la desunión de los partidos demócratas, la errática política exterior de los sucesivos gobiernos, manifiestamente incapaz de contrarrestar la propaganda internacional de la autodenominada “izquierda abertzale”, o los GAL, que no solo fueron un crimen, sino también un gravísimo error político.
Tiempo de canallas incide fundamentalmente en las dos (malogradas) negociaciones que los Gobiernos del PSOE han entablado con la organización terrorista. Primero, las del gabinete de Felipe González en Argelia (1987-1989) en las que, al “aceptar un debate político con los representantes de ETA, introdujo a esta en el espacio político, convirtiéndola en un referente con el que relacionarse, pues ya lo había hecho el propio Estado” (p. 210). Para Uriarte, “en Argelia el Estado pasa el Rubicón tratando temas políticos con ETA”, lo que a partir de entonces facilitó poner “en entredicho el marco democrático” (p. 220). Segundo, las negociaciones del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2006 y 2007, que mostraron, según Uriarte, que el PSOE no había aprendido nada de sus fracasos anteriores, rompieron el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo que había firmado con el PP y en las que, además, se ofrecieron a ETA “concesiones (…) fuera del cauce legal (…) por el hecho de haber ejercido una violencia” (p. 246). A decir de Uriarte, “habían conseguido, realmente, darle la razón a ETA entrando en su perversa lógica. Lo ofrecido era excesivo. Y, sin embargo, ETA no lo aceptó” (p. 247).
La polémica está servida. No es de extrañar que las ideas de Uriarte hayan resultado, como poco, incómodas. El escritor Jorge Martínez Reverte cuenta en el prólogo que la editorial catalana que había encargado Tiempo de canallas se negó luego a publicarlo porque podía “molestar”. No queda muy claro a quién, pero, desde luego, no faltan candidatos. Precisamente tal tentativa de censura es otra de las muchas razones que invitan a la lectura del libro de Uriarte. Algo tendrá.
Ahora bien, también se echan en falta algunas cosas. Como poco, mayor atención a la Transición democrática, los GAL y la presidencia de José María Aznar. Aunque se nombran, estos temas son ventilados demasiado rápidamente cuando hubieran merecido cada uno de ellos un capítulo específico como mínimo. Pese a tal carencia y a que algunas de sus ideas son discutibles (¿cómo no, tratándose de un ensayo?), hay que remarcar que Tiempo de canallas es un libro bien escrito y argumentado, con abundancia de citas, original, poco complaciente, políticamente incorrecto y, sobre todo, controvertido. Merece la pena.

Fuente: Historia Contemporánea, nº 48, 2014, pp. 381-384

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16 junio, 2014 · 11:03

La lección de un monumento

La lección de un monumento

En mayo se inauguró en el Paseo Marítimo de Santoña un monumento con motivo de la celebración del Bicentenario de la capitulación de la Plaza Napoleónica (entonces conocida como «la Gibraltar del norte») a las tropas españolas tras la Guerra de Independnecia. La verdad es que, ya sea por los recortes o por la falta de imaginación, deja bastante que desear. Se trata de un sencillo bloque de hormigón con una placa y tres banderas. Yo mismo ironicé al respecto en su momento. No obstante, ayer me fijé mejor y comprendí que tan humilde lugar de memoria transmitía una lección valiosa y original, nada común en este tipo de símbolos. No sobre la Guerra de Independencia, ni sobre la importancia estratégica de las fortificaciones de Santoña, sino sobre el sectarismo y el revanchismo. O, mejor, sobre la ausencia de los mismos. Sobre el monumento ondean tres banderas: la de la invasora y perdedora Francia, la de la invadida y expoliada España y la de la vencedora Gran Bretaña. Las tres y no solo una. ¿En qué otro lugar sería esto posible? Hace doscientos años de aquella guerra y ya es pura y simpre historia. No un arma política, como tan habitual es en España. Siempre que se mira con los ojos adecuados, es posible aprender algo nuevo. A mí me ha costado un mes, lo confieso con rubor.

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13 junio, 2014 · 10:04

Presentación del libro LA GENEALOGÍA GENOCIDA DEL FRANQUISMO. VIOLENCIA, MEMORIA E IMPUNIDAD

Presentación del libro LA GENEALOGÍA GENOCIDA DEL FRANQUISMO. VIOLENCIA, MEMORIA E IMPUNIDAD

El acto se enmarca en las actividades del Seminario de Historiografía del Franquismo y tendrá lugar este viernes, 13 de junio de 2014, a las 10,00 horas en el Seminario de Historia Contemporánea (edificio reformado de la Facultad de Ciencias Sociales, Lejona) de la Universidad del País Vasco.

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10 junio, 2014 · 10:05

Presentación de “La reinvención de una ciudad. Poder y política simbólica en Vitoria durante el franquismo (1936-1975)»

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9 junio, 2014 · 18:34

Reseña de «Héroes, heterodoxos y traidores» en la revista LEER

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6 junio, 2014 · 12:26

Presentación de «La política como pasión» en Zarauz

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6 junio, 2014 · 12:23

Presentación del Centro de Documentación de la F. Fernando Buesa y de AROVITE

 Presentación del Centro de Documentación de la F. Fernando Buesa y de AROVITE

Presentación del Centro de Documentación e Investigación y de AROVITE (Archivo On Line sobre Violencia Terrorista en Euskadi)

DÍA: Miércoles, 11 de junio de 2014
HORA: 12:00
LUGAR: Vicerrectorado del Campus de Álava UPV-EHU C/ Comandante Izarduy, 2 – Vitoria-Gasteiz.

Centro de Documentación e Investigació de la Fundación Fernando Buesa Blanco
Fundazioa

AROVITE (Archivo On Line sobre Violencia Terrorista en Euskadi)
Instituto de Historia Social Valentín de Foronda

Intervendrán: Antonio RIVERA Catedrático de Historia Contemporánea Jon NARVÁEZ Responsable del Centro de Documentación Fundación Fernando Buesa José María ORTIZ DE ORRUÑO Director del Instituto Valentín de Foronda Raúl LÓPEZ ROMO, Historiador y coordinador de la página Arovite.

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6 junio, 2014 · 12:17

José Luis de la Granja: El líder de la autonomía vasca

José Luis de la Granja: El héroe de la autonomía vasca

Pueden leer el artículo, que salió el domingo en El Correo, aquí.

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3 junio, 2014 · 12:13