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Presentación del libro sobre Indalecio Prieto en La Coruña

Presentación del libro sobre Indalecio Prieto en La Coruña

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18 septiembre, 2013 · 16:25

El triángulo vasco III. El PNV hasta la Guerra Civil

ImagenTras la temprana muerte del máximo dirigente del PNV en 1903, la íntima vinculación entre nacionalismo y religión católica dio lugar a, en palabras de José Luis de la Granja, «un verdadero culto a Sabino Arana», quien llegó a ser considerado por sus discípulos como «un nuevo Jesucristo, elegido por la Providencia para redimir y salvar» a la nación vasca. En consecuencia, el aranismo derivó en una «doble religión: la de Cristo y la de Arana» (pero no en una religión política).

La sacralización de Sabino Arana no impidió que se cerraran las puertas que había abierto su «evolución españolista». Fue enterrada por su sucesor, Ángel Zabala. Sin embargo, el PNV había quedado irremediablemente dividido en dos corrientes enfrentadas. Por una parte, los moderados o euskalerriakos, encabezados por el naviero Ramón de la Sota, partidarios de la vía institucional, la moderación, el gradualismo y el autonomismo. Por otra parte, los radicales o aranistas, dirigidos por Zabala y Luis Arana, independentistas a ultranza y contrarios a cualquier variación en la doctrina del primer Sabino. Desde entonces ambos sectores han competido por conseguir la dirección del PNV y marcar su estrategia, lo que en la afortunada expresión de Santiado de Pablo, Ludger Mees y José Antonio Rodríguez Ranz, le ha hecho oscilar en un «péndulo patriótico».

Moderados y radicales llegaron a una solución de compromiso en 1906, estableciendo como objetivo final del PNV la restauración de los fueros vascos (lo que podía interpretarse tanto como alguna clase de autogobierno como la separación de España). En 1911, para competir con la socialista UGT (Unión General de Trabajadores), nació el primer sindicato abertzale: SOV (Sindicato de Obreros Vascos), posteriormente denominado ELA-STV, Eusko Langileen Alkartasuna – Solidaridad de Trabajadores Vascos.

Paralelamente a la expansión del partido, con una base social interclasista, la línea moderada de Sota fue ganando posiciones, lo que no se tradujo en una renuncia oficial al legado ideológico de Sabino Arana. Durante la I Guerra Mundial (1914-1918) la formación, denominada desde 1916 CNV (Comunión Nacionalista Vasca), gozó de una etapa de apogeo. En 1917 los jeltzales lograron la presidencia de la Diputación de Vizcaya y la alcaldía de Bilbao. En 1918 CNV obtuvo siete diputados y tres senadores, formando grupo parlamentario en las Cortes. Fue en esos años en los que el nacionalismo desarrolló la primera campaña autonomista en el País Vasco. No obstante, fracasó su apuesta por el autogobierno y en 1919 comenzó el declive electoral de CNV, lo que propició la escisión del sector radical en 1921, Aberri (Patria), capitaneado por Elías Gallastegi (Gudari). Durante todo este periodo, el nacionalismo se alió en diversas ocasiones con las derechas no nacionalistas (católicos, monárquicos o carlistas), a las que le unía su ideología conservadora, tradicionalista e integrista, pero nunca con las izquierdas.

Durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930) la actividad de CNV, al contrario que la de Aberri, fue tolerada, pero el nacionalismo permaneció estancado. Al finalizar esta, los dos partidos jeltzales se reunificaron en la Asamblea de Vergara (16 de noviembre de 1930), en la que se ratificó la doctrina aranista condensada en su lema JEL y se volvió a la tradicional denominación de PNV. En consecuencia, un pequeño grupo de abertzales moderados y no confesionales se escindió para crear una nueva formación, ANV (Acción Nacionalista Vasca).

Durante los primeros años de la II República (1931-1936), régimen en cuya gestación no quiso participar, el PNV se alió con los enemigos de la nueva democracia, el carlismo y el integrismo, con los que pretendía conseguir un estatuto de autonomía para el País Vasco. El carácter clerical y xenófobo del proyecto, denominado estatuto de Estella, además de su inadecuación al marco legal de la Constitución de 1931, hizo que se malograra por la oposición de las izquierdas vascas, que lo consideraban inaceptable. El PNV tampoco tuvo más suerte durante el bienio en el que gobernaron el Partido Radical de Alejandro Lerroux y la CEDA de José María Gil Robles, ya que estas fuerzas se negaron a avanzar en la descentralización territorial del Estado.

ImagenDe la mano de nuevos dirigentes como José Antonio Aguirre y Manuel Irujo, y siguiendo la estela de ANV, a partir de 1934 el PNV abandonó a las derechas no abertzales, cada vez más extremistas, para aproximarse a las izquierdas, más dispuestas a apoyar la vía autonomista. La nueva colaboración entre jeltzales y frentepopulistas, encarnados por sus líderes José Antonio Aguirre e Indalecio Prieto, dio como fruto el Estatuto de 1936, que definía al País Vasco como una región autónoma dentro de la República Española. Por dicho motivo, José Luis de la Granja considera a Aguirre y Prieto los «dos padres fundadores indiscutibles» del Estatuto vasco y, por consiguiente, del «nacimiento de Euskadi» como comunidad político-administrativa.

Ya iniciada la Guerra Civil se constituyó el Gobierno vasco, formado por una coalición entre el PNV, el PSOE, los partidos republicanos, ANV y el PCE. Estuvo hegemonizado por los jeltzales, que contaron con el lehendakari (presidente) Aguirre y las consejerías más importantes, como la de Justicia y Cultura, de Jesús María Leizaola, y Gobernación, de Telesforo Monzón. Por añadidura, entre 1936 y 1938 Manuel Irujo, dirigente navarro del PNV, fue ministro en el Gobierno republicano, puesto en el que le sustituyó Tomás Bilbao, de ANV.

Simultáneamente, a finales de la II República y especialmente durante el exilio, el PNV evolucionó ideológicamente desde el tradicionalismo de sus orígenes hasta la democracia cristiana, y desde el independentismo al gradualismo. Pero la suya fue una moderación sui generis, puesto que, si por una parte se instaló en una posición de centro-derecha y de política pragmática y autonomista, por otra no revisó ni cuestionó oficialmente los dogmas extremistas de Sabino Arana, figura que continuó siendo sagrada. Como explica José Luis de la Granja, «el aranismo sobrevivió como un sustrato ideológico, que impregnaba tanto al nacionalismo moderado como al radical, no solo durante la Dictadura de Franco sino también desde la Transición democrática (…). [El PNV] nunca ha cuestionado oficialmente el aranismo, porque nunca ha celebrado su Congreso de Bad Godesberg, es decir, no ha hecho con él lo que hicieron los partidos socialdemócratas y socialistas con el marxismo y los partidos eurocomunistas con el leninismo en las décadas de 1960 y 1970. Por ello, cabe hablar del eterno retorno del aranismo en la dilatada historia del PNV».

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

GRANJA, José Luis de la (2002): El nacionalismo vasco. Un siglo de historia. Madrid: Tecnos. (1ª ed.: 1995).

GRANJA, José Luis de la (2003): El siglo de Euskadi. El nacionalismo vasco en la España del siglo XX. Madrid: Tecnos.

GRANJA, José Luis de la (2007): El oasis vasco. El nacimiento de Euskadi en la República y la Guerra Civil. Madrid: Tecnos.

GRANJA, José Luis de la (2009): El nacionalismo vasco. Claves de su historia. Madrid: Anaya.

GRANJA, José Luis de la (2009): «La doctrina fundacional del nacionalismo vasco: el aranismo», en AVILÉS, Juan (coord.): Historia, política y cultura. Homenaje a Javier Tusell. Madrid: UNED, vol. I, pp. 147-181.

JUARISTI, Jon y PINO, María (2011): A cambio del olvido. Una indagación republicana (1872-1942). Barcelona: Tusquets.

PABLO, Santiago de (2003):«La guerra civil en el País Vasco: ¿un conflicto diferente?», Ayer, nº 50, pp. 115-141.

PABLO, Santiago de, GRANJA, José Luis de la y MEES, Ludger (eds.) (1998): Documentos para la historia del nacionalismo vasco. De los Fueros a nuestros días. Barcelona: Ariel.

PABLO, Santiago de, MEES, Ludger y RODRÍGUEZ RANZ, José Antonio (1999 y 2001): El péndulo patriótico. Historia del Partido Nacionalista Vasco. Barcelona: Crítica. 2 vols. (Reed. abreviada y actualizada: 2005).

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Una esvástica sobre el Bidasoa

Una esvástica sobre el Bidasoa

El sábado 21 de septiembre en el Festival de San Sebastián es el estreno mundial de «Una esvástica sobre el Bidasoa», un largometraje documental cinematográfico en el que han participado como asesores históricos los catedráticos (UPV-EHU) Santiago de Pablo y Ludger Mees.
Más información aquí.

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15 septiembre, 2013 · 9:10

El conde Mortadela

«El conde Mortadela gobernaba en nombre del rey con sabiduría y justicia. Cuando entre dos súbditos existía una querella por alguna cosa preciada, el conde los reconciliaba con una sentencia admirable tomando para sí el objeto en disputa, haciendo desaparecer de su vista aquello que les había despertado la pasión y el odio. Además no oprimía a sus súbditos y no los atormentaba con excesiva cantidad de tributos y pagos, pues aparte del impuesto sobre la tierra y los impuestos por el número de hijos, por el número de años vividos, por los caballos, vacas, cabras, perros, gatos, canarios, gallinas, patos, pavos, palomas y conejos, por el número de pantalones, por la cantidad de agua bebida, por los sueños, por las flores, por el viento del Sur, por las noches de luna llena, por los días soleados, por los bautizos, por las bodas, por los entierros, por los ataúdes, por las escaleras, por las chimeneas, por los paraguas, por los sombreros, por la sombra, por el cantar, por el tocar la trompeta, por el día del santo, por los ojos bizcos, por los pelirrojos, por la parálisis, por los dientes postizos, por los rubicundos y por las uñas, los felices habitantes de aquella ciudad no pagaban otros impuestos. Excepcionalmente, pagaba fuera de lo establecido un hombre que, por un extraño capricho de la naturaleza, tenía seis dedos en el pie izquierdo; durante mucho tiempo había logrado ocultarlo, pero cuando se descubrió esta rareza, tuvo que pagar una multa por fraude, y desde entonces pagaba impuesto de lujo».

Kornel Makuszynski: Los ladrones de la luna

Nota bene: Si el conde Mortadela hubiese sabido organizar una buena campaña propagandística que incitara el patriotismo de sus súbditos («¡Polonia nos roba!»), probablemente habría acabado coronándose como el rey Mortadela.

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12 septiembre, 2013 · 7:19

El País Vasco y la guerra de la Independencia

El País Vasco y la guerra de la Independencia

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11 septiembre, 2013 · 8:41

27 años del asesinato de «Yoyes»

Hoy hace 27 años que fue asesinada en la localidad de Ordizia María Dolores González Katarain, alias Yoyes. Más información aquí.

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10 septiembre, 2013 · 19:18

Errepublika Plaza

Recomendable blog sobre la historia de los republicanos vascos.

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10 septiembre, 2013 · 6:37

Reseña en «El Imparcial»

Luis de la Corte ha reseñado mi libro en El Imparcial. Pueden leer su texto aquí.

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8 septiembre, 2013 · 22:05

Seminario en la Universidad de Navarra

Mañana lunes día 9 imparto un seminario sobre «ETA, el terrorismo y la política» en Pamplona. El acto tendrá lugar a las 12:30 en el aula de empresa (planta baja del edificio de bibliotecas) de la Universidad de Navarra.

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El triángulo vasco II. La izquierda obrera en Euskadi hasta la Guerra Civil

El triángulo vasco II. La izquierda obrera en Euskadi hasta la Guerra Civil

Las otras dos culturas políticas del País Vasco, la izquierda y el nacionalismo, aparecieron de forma más tardía, durante la Restauración. Este régimen coincidió con la intensa industrialización que experimentó Vizcaya a finales del siglo XIX. La agricultura tradicional fue sustituida en dicha provincia por un sistema capitalista muy productivo, lo que convirtió al Señorío en una de las zonas más prósperas de toda España. Destacó la minería del hierro y el sector siderometalúrgico, así como la banca y el comercio. La vizcaína se convirtió en una sociedad moderna, de clases, que tenía en su cúspide a una auténtica oligarquía, la alta burguesía políticamente vinculada al liberalismo monárquico. Sin embargo, el resto del País Vasco y de Navarra, con la excepción de determinados enclaves de Guipúzcoa, continuó siendo mayoritariamente rural, agrario y tradicional.
Paralelamente surgió en Vizcaya la clase obrera, nutrida por la primera oleada de inmigrantes que, provenientes del resto de España, dejaron su tierra natal en busca de un puesto de trabajo. Como era común en la época, el proletariado sufría muy malas condiciones de vida y una situación laboral deplorable, con pocos derechos, largas jornadas y escasos salarios. No es de extrañar, por tanto, que el movimiento obrero se extendiese con relativa rapidez desde otras provincias al Señorío, gracias a la actuación de propagandistas como el socialista toledano Facundo Perezagua.
Al contrario que en Cataluña, la otra gran región industrial de España, el anarquismo no llegó a cuajar en el País Vasco. El socialismo se convirtió en la ideología hegemónica entre los trabajadores, el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) en su partido y la UGT (Unión General de Trabajadores) en su sindicato. Sólo siete años después de la fundación del PSOE (1879), el 11 de julio de 1886, se constituyó la Agrupación socialista de Bilbao. En 1890 el movimiento obrero impulsó la primera gran huelga en Vizcaya, que se saldó también con su primer éxito. Se inició así una etapa de dura conflictividad laboral entre los socialistas, encabezados por Perezagua, y los patronos. Se trataba de la fase inaugural del socialismo, en la que éste destacó por su anticlericalismo, el recurso a la huelga revolucionaria, su aspiración a una sociedad sin clases, su desprecio a las elecciones y su oposición a cualquier acercamiento a los partidos republicanos «burgueses», que contaban con cierta presencia en las zonas urbanas, como ha estudiado Jon Penche.
En las elecciones locales de 1891 el PSOE consiguió cuatro concejales en Bilbao y uno en La Arboleda. Eran los primeros de toda España. En 1898 Pablo Iglesias, líder y fundador del partido socialista y de la UGT, se presentó a diputado por el distrito de Bilbao, obteniendo un 22% de los votos, resultado sorprendente teniendo en cuenta los constantes fraudes electorales que realizaban los partidos dinásticos. En 1900 se constituyó la Federación Socialista de Vizcaya, integrada en el PSOE. En 1901 eran doce los concejales socialistas en la capital del Señorío. En 1911 Indalecio Prieto resultó elegido diputado provincial de Vizcaya en una coalición electoral con los republicanos, que también le permitió ganar un escaño de diputado a Cortes en 1918. En 1920 Rufino Laiseca se convirtió en el primer alcalde socialista de Bilbao. Estos resultados han de enmarcarse en la segunda gran fase del socialismo vasco, iniciada en los años de la I Guerra Mundial (1914-1918), en la que el partido, dirigido por Prieto, moderó sus postulados y adoptó un proyecto democrático, liberal, reformista y no revolucionario, aliándose electoralmente con los republicanos.
Podemos sacar algunas conclusiones básicas respecto a la cultura política de las izquierdas. En primer lugar, el País Vasco, junto a Asturias y Madrid, fue uno de los focos principales del socialismo español. En segundo lugar, el PSOE y la UGT, siguiendo a Juan Pablo Fusi, conformaron a la clase obrera en Vizcaya, que quedó íntimamente unida a dicha ideología. En este sentido, es importante constatar que, como afirma Manuel Montero, «el socialismo actuó como vehículo de integración de los inmigrantes en la sociedad local. Les proporcionó un ideario, una estructura organizativa y unos instrumentos de participación política».
En tercer lugar, la hegemonía del socialismo vasco entre el proletariado fue incontestable. Tampoco llegó a cuestionar su primacía el comunismo, surgido de entre las filas del PSOE. En 1921 el ala izquierda de los socialistas constituyó el PCE (Partido Comunista de España) que en el País Vasco y Navarra adoptó en 1935 la denominación de PCE-EPK, Partido Comunista de Euskadi-Euskadiko Partidu Komunista. A pesar de servir de cantera para algunos de los líderes más importantes del comunismo español, como Dolores Ibárruri (La Pasionaria), el EPK nunca pasó de ser una formación marginal en Vasconia.
Por lo general hasta 1936 las relaciones entre el socialismo y el nacionalismo fueron pésimas. Incluso en determinados momentos, como los primeros años de la II República, hubo frecuentes enfrentamientos armados entre grupos de militantes de los dos movimientos. Las causas de esta enemistad ideológica eran profundas. Por una parte, el PSOE y la UGT eran doctrinalmente internacionalistas y antinacionalistas, lo que les llevó a oponerse por principio a cualquier tipo de patriotismo por «burgués» (el español incluido, como quedó patente en su oposición a las guerras coloniales, incluyendo la de 1898). Por otra parte, la doctrina de Sabino Arana se basaba en el racismo y la xenofobia, por lo que el PNV mantenía una actitud muy hostil hacia los inmigrantes que formaban una alta proporción de la base del PSOE. Por último, el socialismo y el nacionalismo defendían principios antagónicos: clase obrera contra nación, anticlericalismo contra clericalismo, tolerancia moral contra puritanismo, modernización contra tradicionalismo, industrialismo contra agrarismo, cosmopolitismo o identidad española (lo que no equivale necesariamente a nacionalismo español) contra antiespañolismo, socialismo contra antisocialismo, etc.
Mucho de lo referido para el PNV, cambiando lo que hay que cambiar (el nombre de la patria, de Euzkadi a España), es aplicable a las otras derechas vascas, las no nacionalistas. El carlismo y el fuerismo, por ejemplo, también mantenían posiciones xenófobas. Precisamente eran también, junto al nacionalismo, las fuerzas que demandaban algún tipo de autogobierno para el País Vasco. El socialismo identificó el proyecto autonomista o fuerista con sus promotores, que eran sus adversarios políticos. Por tanto, se desatendió de dicha cuestión, a la que consideraba «burguesa» y ajena a la clase obrera. Por idénticas razones el socialismo vizcaíno no supo o no quiso acercarse al euskera o a una buena porción de la cultura autóctona, lo que llevó a alguno de sus líderes al extremo de despreciar símbolos tan arraigados en el País Vasco como el Árbol de Guernica.
Diferente fue el caso del socialismo eibarrés, dirigido por hombres como el doctor José Madinabeitia y Toribio Echevarría, autor de La Liga de Naciones y el problema vasco (1918) y fundador de la cooperativa Alfa (1920). El PSOE guipuzcoano, nutrido mayoritariamente por autóctonos euskaldunes (vascoparlantes), defendía posiciones vasquistas, es decir, el mantenimiento del pluralismo lingüístico y cultural y una descentralización del Estado que conllevara algún tipo de autonomía para Vasconia. Lo cual no suponía en absoluto una cercanía al PNV, ya que el socialismo eibarrés también era firmemente antinacionalista.
Hubo que esperar a la I Guerra Mundial para que el PSOE empezara a aproximarse a la idea del autogobierno. Durante la II República el socialismo vasco fue partidario de la descentralización de España y uno de los impulsores de las campañas a favor de un estatuto de autonomía para el conjunto de Vasconia. Con ese telón de fondo hay que entender que, a partir de 1934 el PNV y las izquierdas se acercaran políticamente, algo que nunca había ocurrido hasta entonces. El fruto de la entente fue la autonomía para el País Vasco (pero no para Navarra). Podemos personalizar el éxito en Indalecio Prieto, al que José Luis de la Granja considera, junto a José Antonio Aguirre, uno de los «dos padres fundadores indiscutibles» del Estatuto vasco (1936) y, por tanto, de Euskadi como realidad político-administrativa.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
AIZPURU, Mikel (1996): «La imagen del “otro” en la Historia contemporánea del País Vasco: Nacionalismo Vasco y Socialismo», en DUPLÁ, Antonio, FRÍAS, Piedad y ZALDUA, Iban (eds.): Occidente y el otro: Una historia de miedo y rechazo. Vitoria: Ayuntamiento de Vitoria. pp. 185-196.
COMONTE SANTAMARÍA, Ángel (2010): Juan de los Toyos González. Biografía de un pequeño gran hombre. Bilbao: Juan de los Toyos Fundazioa.
CORCUERA, Javier (2001): La patria de los vascos. Orígenes, ideología y organización del nacionalismo vasco (1876-1903). Madrid: Taurus. (1ª ed.: 1979).
EGUIGUREN, Jesús (1994): El socialismo y la izquierda vasca, 1886-1994. Madrid: Fundación Pablo Iglesias.
FUSI, Juan Pablo (1975): Política obrera en el País Vasco (1880-1923). Madrid: Turner.
FUSI, Juan Pablo (1979): El problema vasco en la II República. Madrid: Turner.
FUSI, Juan Pablo (1984): El País Vasco. Pluralismo y nacionalidad. Madrid: Alianza.
FUSI, Juan Pablo (1988): «El socialismo vasco (1886-1984)», en JULIÁ, Santos (coord.): El socialismo en las nacionalidades y regiones. Madrid: Fundación Pablo Iglesias, pp. 41-70.
GRANJA, José Luis de la (2002): El nacionalismo vasco. Un siglo de historia. Madrid: Tecnos. (1ª ed.: 1995).
GRANJA, José Luis de la (2003): El siglo de Euskadi. El nacionalismo vasco en la España del siglo XX. Madrid: Tecnos.
GRANJA, José Luis de la (coord.) (2013): Indalecio Prieto. Socialismo, democracia y autonomía. Madrid: Biblioteca Nueva.

IBAÑEZ, Norberto y PÉREZ PÉREZ, José Antonio (2005): Ramón Ormazábal: Biografía de un comunista vasco (1910-1982). Madrid: Latorre Literaria.
MIRALLES, Ricardo (1988): El socialismo vasco durante la II República. Organización, ideología, política y elecciones, 1931-1936. Bilbao: UPV-EHU.
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PENCHE GONZÁLEZ, Jon (2010): Republicanos en Bilbao (1868-1937). Bilbao: UPV-EHU.
RIVERA, Antonio (2003): Señas de identidad. Izquierda obrera y nación en el País Vasco, 1880-1923. Madrid: Biblioteca Nueva.
RIVERA, Antonio (2008): La utopía futura. Las izquierdas en Álava. Vitoria: Ikusager.
RIVERA, Antonio (2009a): «La izquierda y la cuestión vasca. Segunda parte: 1923-1960. Acercamiento y disolución», en CASTELLS, Luis y CAJAL, Arturo (eds.): La autonomía vasca en la España contemporánea (1808-2008). Madrid: Marcial Pons, pp. 257-284.

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6 septiembre, 2013 · 16:46