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El triángulo vasco I. Las derechas en Euskadi hasta la Guerra Civil

En el País Vasco del siglo XX encontramos tres grandes culturas políticas: la derechas, la izquierdas y el nacionalismo vasco. Con estos vértices Juan Pablo Fusi, quien junto a Caro Baroja planteaba en 1984 que el rasgo constituyente de Euskadi era y es su pluralidad interna, formó una figura geométrica: un triángulo. La división entre las tradiciones ideológicas de Euskadi proviene de su confrontación en dos campos muy diferentes. Por una parte, el de la rivalidad de izquierda-derecha, derivado de las políticas socio-económicas. Por otra parte, el de la colisión de nacionalismo-no nacionalismo, consecuencia del choque de identidades territoriales que originó el nacimiento del PNV. Antonio Rivera mantiene que tras la dictadura la actuación de ETA introdujo un nuevo campo de confrontación: la de «demócratas vascos vs. partidarios/justificadores de la violencia de intenciones políticas». Así pues, considera que la “izquierda abertzale” (izquierda patriota) forma una cuarta cultura (o subcultura) política. Por consiguiente, “el triángulo es hoy y desde hace algunos años un auténtico cuadrado”.

Las tres grandes culturas políticas que conforman el triángulo nacieron durante el XIX. Se trata de una geometría política que apareció en Bilbao, se extendió luego a Vizcaya y sólo se generalizó a la totalidad del País Vasco y Navarra durante la II República (1931-1936).

La primercopy_of_ZMTomasZumalakarregia cultura política que emergió fue la que posteriormente ha sido conocida como la derecha o, mejor (para evitar confusiones con la derecha nacionalista vasca, el PNV), como la derecha no nacionalista. En el siglo XIX, lejos de formar un bloque homogéneo, las derechas estaban divididas entre los liberales, partidarios de la modernización de España, y los carlistas, defensores del Antiguo Régimen. Se trataba de dos bandos irreconciliables que se enfrentaron en sucesivas guerras civiles (1833-1839, 1846-1849 y 1872-1876), cuyo principal escenario se situó en Vasconia, uno de los bastiones de los carlistas. La victoria definitiva de los liberales, consagrada con la Restauración de la dinastía borbónica, trajo consigo la sustitución de la dicotomía ideológica entre el carlismo y el liberalismo por la de derechas/izquierdas, relativamente distorsionada por la aparición posterior del nacionalismo. Otra importante consecuencia de la última guerra carlista fue la abolición de los fueros de las provincias vascas (1876-1877), que en compensación recibieron los conciertos económicos (1878), similares al convenio del que Navarra gozaba desde 1841. Se trataba de unos regímenes provinciales diferentes a los del resto de España, que dotaban a las diputaciones de una gran autonomía fiscal y administrativa.

230px-Alfonso_XIIIdeEspañaLas derechas, a pesar de su constante división interna y de su diversidad ideológica (conservadores, progresistas, fueristas, etc.), mantuvieron el dominio de las instituciones en el País Vasco y Navarra durante la mayor parte del reinado de Alfonso XII y Alfonso XIII, incluyendo la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930). Mientras, el tradicionalismo (el carlismo y su escisión integrista) conservó buena parte de su arraigo en Vasconia, especialmente en Álava y Navarra, y no renunció a la idea de organizar una nueva insurrección contrarrevolucionaria para acabar con el Estado liberal.

Como prueba de la aplastante primacía de las derechas se puede repasar la lista de los parlamentarios vascos y navarros elegidos para las Cortes durante la etapa de la Restauración en la que estuvo vigente el sufragio universal (1891-1923). De un total de 331 diputados, según José Luis de la Granja, 68 fueron carlistas, 22 integristas, 22 católicos independientes, 17 urquijistas, 131 conservadores, 43 liberales, 11 nacionalistas vascos, 13 republicanos y 4 socialistas. Agrupándolos en las tres grandes culturas políticas: 303 parlamentarios de las derechas no nacionalistas, 11 del nacionalismo vasco y 17 de las izquierdas. Sin embargo, no conviene olvidar que los resultados electorales de la Restauración estaban distorsionadas por el caciquismo y los fraudes electorales, sobre todo la compra de votos.

La proclamación de la II República el 14 de abril de 1931 supuso la pérdida de poder político de las derechas no nacionalistas y la consolidación del triángulo vasco, ya que los tres grandes bloques (derechas, izquierdas y nacionalistas) mantuvieron un inestable equilibrio de fuerzas. Según los datos que presenta José Luis de la Granja, los diputados a Cortes elegidos durante la II República (1931-1936) en el conjunto vasconavarro, de un total de 72, fueron: 1 monárquico, 16 tradicionalistas, 3 de la CEDA, 7 católicos independientes, 27 nacionalistas, 10 republicanos, 7 socialistas y 1 comunista. Agrupándolos en las tres grandes culturas políticas: 27 parlamentarios de las derechas no nacionalistas, 27 del nacionalismo vasco y 18 de las izquierdas.

El programa laicista y progresista republicano enervó a los partidos conservadores vascos, que se radicalizaron. Justo la evolución contraria de la seguida por la derecha nacionalista vasca, el PNV, que aunque estuvo aliado al tradicionalismo hasta 1932, desde esa fecha se acercó a las izquierdas. Para 1936 la mayoría de las formaciones vascas de derechas habían pasado a posiciones extremistas y centralistas, cuando no ultranacionalistas españolas. Por tanto no es extraño que participaran activamente en la conspiración del general Mola y posteriormente se adhirieran a la sublevación militar del 18 de julio de 1936, que triunfó en Álava y Navarra, precisamente donde las derechas vascas tenían más fuerza (no por casualidad fueron dos de las provincias que más voluntarios aportaron al bando franquista), pero fracasó en Guipúzcoa y Vizcaya, donde cientos de sus militantes fueron asesinados junto a 59 religiosos, dato que se suele olvidar. Tras la Guerra Civil (1936-1939), se impuso una larga dictadura encabezada por el general Francisco Franco. Se proscribió a las izquierdas y al nacionalismo vasco, y se permitió que durante casi cuarenta años la cultura política de las derechas volviera a monopolizar el poder institucional en el País Vasco y Navarra, exactamente igual que ocurrió en el resto de España.

BIBLIOGRAFÍA

BARBERÀ, Oscar (2009): «Los orígenes de la Unión del Pueblo Navarro (1979-1991)», Papers, nº 92, pp. 143-169.

CANALES SERRANO, Antonio Francisco (2006): Las otras derechas. Derechas y poder local en el País Vasco y Cataluña en el siglo XX. Madrid: Marcial Pons.

FERNÁNDEZ SEBASTIÁN, Javier (1995): «La derecha escamoteada. Desvanecimiento y reaparición de un espacio político en el País Vasco, 1975-1995»,  Leviatán, nº 61, pp. 5-26.

FUSI, Juan Pablo (1984): El País Vasco. Pluralismo y nacionalidad. Madrid: Alianza.

GRANJA, José Luis de la (2002): El nacionalismo vasco. Un siglo de historia. Madrid: Tecnos. (1ª ed.: 1995).

GRANJA, José Luis de la (2003): El siglo de Euskadi. El nacionalismo vasco en la España del siglo XX. Madrid: Tecnos.

LANDABEREA, Eider (2012): «“España, lo único importante”: el centro y la derecha española en el País Vasco», Historia del Presente, nº 19, pp. 53-68.

MOLINA, Fernando (2005): La tierra del martirio español. El País Vasco y España en el siglo del nacionalismo. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

MOLINA, Fernando (2008): «De la historia a la memoria. El carlismo y el problema vasco (1868-1978)», en VVAA: El carlismo en su tiempo: geografías de la contrarrevolución. Pamplona: Gobierno de  Navarra.

MOLINA, Fernando (2009): «El nacionalismo español y la “guerra del Norte”, 1975-1981», Historia del Presente, nº 13, pp. 41-54.

ORELLA, José Luis (1996): «La historia de una relación turbulenta: carlismo y nacionalismo vasco», Aportes, nº 32, pp. 115-131.

ORELLA, José Luis (2003): Los otros vascos. Historia de un desencuentro. Bilbao: Grafite.

RIVERA, Antonio (2004): «El triángulo vasco. Precisiones, perfiles y evolución de una geometría política», Cuadernos de Alzate, nº 31, pp. 173-193.

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Jornadas de debate: Por una Paz con memoria.

Jornadas de debate: Por una Paz con memoria.

El programa completo aquí.

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4 septiembre, 2013 · 11:59

X aniversario del fallecimiento de Mario Onaindia

X aniversario del fallecimiento de Mario Onaindia

Hoy hace diez años que murió Mario Onaindia. En un artículo de 1979 el escultor Jorge Oteiza le denominó un «aventurero cuerdo», título escogido para su segundo libro de memorias. No pudo ser más acertado. Conozco personas que se enorgullucen abiertamente de no haber cambiado nada, de pensar exactamente lo mismo con 15 años que con 65. En otra palabras, de no haber reflexionado, de no haber aprendido absolutamente nada. Al contrario que ellas, Onaindia se pasó la vida evolucionando, explorando nuevos terrenos, ya fuera con mayor o menos fortuna. Así, su camino heterodoxo le llevó sucesivamente por las filas del PNV, CCOO, ETA, EIA, EE y el PSE-EE. Una senda, por cierto, en la que le siguieron bastantes miembros de su generación, como su amigo Teo Uriarte. La de Onaindia es una figura clave para entender el pasado reciente de Euskadi y, por ende, el de España. Pero no solo la historia política, sino también la cultural ya que, con sus traducciones, sus novelas en euskera, sus guiones, sus ensayos, sus tropecientas carreras y sus dos doctorados, fue más un intelectual que un político. Fue rara avis en los años setenta y ochenta, pero hoy en día, momento en el que en todos los partidos se echan en falta líderes políticos documentados y letrados, sería un auténtico marciano. He leído casi todo lo que escribió y he entrevistado a muchos de los que compartieron con él militancia, incluyendo a aquellos con los que se enfrentó, pero no lo conocí en persona, así que no me atrevo a extenderme en esta semblanza. Cualquiera que esté interesado en saber algo más puede echarle un ojo a esta breve biografía en castellano, aquí, o a esta otra distinta, en euskera, aquí. O, si no, consultar alguna de las siguientes obras, la bibliografía básica sobre Mario Onaindia

FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka (2013): Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994). Madrid: Tecnos.

MOLINA, Fernando (2012): Mario Onaindia (1948-2003). Biografía patria. Madrid: Biblioteca Nueva.

ONAINDIA, Mario (2001): El precio de la libertad. Memorias (1948-1977). Madrid: Espasa.

ONAINDIA, Mario (2004): El aventurero cuerdo. Memorias (1977-1981). Madrid: Espasa.

URIARTE, Eduardo (2005): Mirando atrás. Del proceso de Burgos a la amenaza permanente. Barcelona: Ediciones B.

VVAA (2009): Mario Onaindia. Jornadas de homenaje. Ezkertoki de Zarautz (2004-2008). Zarauz: Mario Onaindia Fundazioa.

Y no se pierdan este número monográfico de la revista El valor de la palabra, de la Fundación Fernando Buesa.

PS: Sobre este mismo tema, pueden leer el artículo de Augusto Borderas: «Diez años», El Correo, 31-VIII-2013

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31 agosto, 2013 · 7:45

Breve reseña en «Historia de Iberia vieja»

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26 agosto, 2013 · 10:44

Hablando de Mario Onaindia con un gintonic en la mano

Post de Aurelio Romero Serrano.

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22 agosto, 2013 · 7:55

Precedentes de EE: El nacionalismo vasco heterodoxo hasta la Guerra Civil

El nacionalismo vasco heterodoxo

La vía del nacionalismo vasco heterodoxo, terminología acuñada por José Luis de la Granja, en cuyos trabajos me baso para escribir este post, ha estado representada por algunas personalidades durante la Restauración, por ANV en la II República y la Guerra Civil, por ESEI durante la Transición, por EE a partir de la convergencia de EIA con el EPK (1982) y posteriormente por algunas personalidades independientes.

Según José Luis de la Granja, la corriente abertzale heterodoxa, débil y discontinua, está caracterizada por una serie de rasgos político-ideológicos. En primer lugar, el suyo es un nacionalismo no aranista, que rechaza la mayoría de los dogmas del fundador del PNV (el antiespañolismo, el clericalismo, el antimaketismo, la narrativa, la estructura confederal del País Vasco, etc.). Así, su concepción de la nación vasca es voluntarista y subjetiva, integradora y plural. No obstante, los heterodoxos siguen calificando a Euskadi como «la patria de los vascos», por lo que su nacionalismo tampoco puede ser calificado de antiaranista. En segundo término, los abertzales heterodoxos generalmente se han ubicado en la izquierda, ya sea en posiciones liberales (ANV) o socialistas (ESEI y EE). Tercero, dichos grupos se han aliado preferentemente con partidos vascos no nacionalistas, con algunos de los cuales incluso se han fusionado (EIA con el EPK en 1982 y EE con el PSE en 1993). De igual manera, han rechazado cualquier frente abertzale excluyente. En cuarto lugar, el objetivo político prioritario de los heterodoxos ha sido lograr «una Euskadi autónoma en España democrática», ya que consideran que España no es «el enemigo» ni el «Estado opresor», sino una realidad histórica y plurinacional dentro de la cual el País Vasco puede existir manteniendo su personalidad diferenciada. Así, estos han sido los partidos más firmemente autonomistas, renunciando explícitamente al horizonte independentista o relegándolo a la pura retórica. Además, han sido las únicas formaciones abertzales que han aprobado una Constitución española (ANV implícitamente la de 1931 y EE expresamente la de 1978, aunque con diez años de retraso). El nacionalismo heterodoxo nunca ha logrado consolidar un espacio político propio. En tierra de nadie, encajado entre las dos formaciones más influyentes del País Vasco, el PNV y el PSOE, su papel se ha visto reducido a ejercer de «bisagra» entre ambos. Por este motivo, socialistas y jeltzales han terminado por absorber los restos del nacionalismo heterodoxo, cuando este, tras su declive electoral, ha entrado en crisis y ha desaparecido. A pesar de todo, su fiasco político no debe ocultar las aportaciones de la heterodoxia abertzale: su contribución a la modernización y democratización del nacionalismo vasco, su papel en la vertebración de Euskadi y, por último, su actividad a favor de la solución del problema vasco, incluyendo la integración pacífica del País Vasco en la España de las autonomías.

Los pioneros

Durante la Restauración esta corriente del nacionalismo estuvo personificada en unos pocos individuos, vinculados en su mayoría al grupo euskalerriako de Ramón de la Sota: Francisco de Ulacia, Jesús de Sarria y Eduardo Landeta. Ulacia fue uno de los primeros concejales de Bilbao por el PNV (1901 y 1093). El anticlericalismo de este médico y escritor le llevó a criticar duramente el «lastre integrista» del «nacionalismo religioso», que abandonó para fundar dos efímeras formaciones abertzales autonomistas, republicanas y liberales en Bilbao: el Partido Nacionalista Vasco Liberal (1910) y el Partido Republicano Nacionalista Vasco (1911), cuyo lema era «Patria y Libertad». Este último llegó a estudiar fusionarse con el Partido Reformista de Melquíades Álvarez en 1912. Las dos formaciones abertzales heterodoxas se vinieron abajo por la hostilidad del PNV y la escasez de seguidores. Durante la II República Ulacia propuso inútilmente que ANV convergiera con el republicanismo federal, en cuyas filas acabó militando. En los años 30 sus escasos seguidores, como el periodista Pedro Sarasqueta y el historiador Segundo de Ispizua, se unieron a partidos republicanos.

El abogado y escritor Jesús de Sarria fue el director de la importante revista Hermes (1917-1922), en la que colaboraron otros nacionalistas heterodoxos como Landeta y Ramón de Belausteguigoitia e intelectuales no abertzales, como Miguel de Unamuno y Ortega y Gasset. Su nacionalismo era autonomista, liberal y democrático, así como partidario de la reforma social. Sarria combinaba vasquismo con españolismo, al considerar que la grandeza de España redundaba en beneficio de Euskadi.

Eduardo Landeta, secretario y pariente de Ramón de la Sota, fue el ideólogo del semanario Euskalduna. En 1906 Ángel Zabala, el sucesor de Sabino Arana, lo expulsó del PNV por su heterodoxia. Landeta cuestionó en profundidad toda la doctrina aranista, destacando su conferencia «Los errores del nacionalismo vasco y sus remedios» (1923), por lo que no es extraño que Granja lo denomine «una especie de Bernstein del aranismo». Para Landeta, las ideas del fundador del PNV habían quedado obsoletas, por lo que era conveniente abandonarlas cuanto antes. El nacionalismo debía renunciar al aranismo, a las aspiraciones secesionistas y a la restauración foral, el objetivo oficial del PNV desde 1906. La razón estribaba en que la tesis de la independencia originaria de los territorios vascos, sustento político del mito de la Edad Dorada de Arana, era una «falsedad histórica». Landeta consideraba que la meta final de los abertzales debía ser la mayor autonomía posible de Euskadi dentro de España.

Finalmente hay que nombrar al fugaz Partido Nacionalista Vasco de Baracaldo. De ideas laicas y obreristas, fue fundado por la Juventud Vasca de dicha ciudad en 1922, tras ser primero expulsada de CNV y posteriormente escindida de Aberri. Se trató de uno de los grupos que crearon ANV.

Acción Nacionalista Vasca

Cuando el PNV se reunificó en 1930 reafirmándose en la doctrina aranista, un sector del partido, proveniente de Comunión, se escindió por considerar que el abertzalismo precisaba una renovación ideológica. El 30 de noviembre se fundó ANV, una formación de centro-izquierda, laica, liberal, republicana, no aranista y autonomista, así como abierta a los inmigrantes. Desde sus comienzos la nueva fuerza se coaligó con las izquierdas vascas, participando en sus candidaturas electorales, aunque nunca obtuvo representación parlamentaria. Incluso en 1934 un sector de los republicanos vascos y ANV se acercaron con vistas a una fusión orgánica, paso que no se llevó a cabo por sus diferencias en la cuestión religiosa y en la nacionImagenal. A pesar de las propuestas de algunos de los más destacados dirigentes aneuvistas, como Andrés Perea y Tomás Bilbao, el partido no renunció explícitamente a incluir en su programa de máximos el derecho de autodeterminación para Euskadi. Pero conviene aclarar que esas posiciones soberanistas únicamente aparecieron en algunas declaraciones de principios, puesto que la práctica política de ANV fue netamente autonomista, siendo la obtención del estatuto su principal objetivo. Una buena muestra fue su rechazo a la propuesta de los Jagi-Jagi de formar un frente abertzale a favor de la independencia en 1936 y su preferencia por el Frente Popular con las izquierdas no nacionalistas. Cuando los mendigoxales les acusaron de «colaboracionistas», desde ANV se les respondió que efectivamente, eran colaboracionistas «por programa y por convicción».

Hasta 1936 ANV fue un partido liberal, pero ese año se radicalizó y dio un giro a la izquierda, lo que le llevó a posiciones socialistas, anticapitalistas y antimonopolistas, pero no marxistas. A pesar de que no por ello varió su praxis, sus principales fundadores abandImagenonaron la formación. La actividad política de ANV fue una de las claves de la aprobación del Estatuto de autonomía de 1936 y de la formación ese mismo año del primer Gobierno vasco. El aneuvista Gonzalo Nardiz ocupó una de las consejerías del ejecutivo autónomo de Euskadi hasta su disolución. Otro aneuvista, Tomás Bilbao fue ministro sin cartera en el gabinete republicano del presidente Juan Negrín (1938-1939) en sustitución de Manuel Irujo, del PNV.

ANV fue un partido minoritario y extraparlamentario, que no consiguió consolidarse ni supuso una amenaza electoral para el PNV. Las causas de su fracaso fueron, en opinión de José Luis de la Granja, la falta de espacio político, el retraso del Estatuto, la cuestión religiosa, la ausencia de prensa adicta, los errores propios, etc. Sin embargo, el partido hizo numerosas aportaciones a la historia del nacionalismo vasco que merecen ser reseñadas: 1) «fue el primer partido no aranista del nacionalismo vasco que planteó una alternativa política al PNV por su izquierda»; 2) «contribuyó a la secularización, modernización y democratización de la ideología nacionalista (…), al aportar aconfesionalidad en materia religiosa, el liberalismo en política y la apertura a los inmigrantes»; 3) «renovó la política de alianza del movimiento nacionalista», antes dirigido solo a las derechas no nacionalistas, pactando preferentemente con las izquierdas; 4) aunó el nacionalismo, el liberalismo y el socialismo; 5) anticipó la evolución posterior del PNV; 6) «fue el precedente histórico más importante de la izquierda nacionalista vasca, heterodoxa y estatutista», representada por ESEI (1976-1981) y EE (1982-1993).

El agur de ANV

La historia de ANV no cambió de rumbo hasta la Transición, en la que fracasó electoralmente, lo que la sumió en una crisis interna. Una pequeña facción encabezada por el consejero del Gobierno vasco Gonzalo Nárdiz se escindió para formar la efímera ANV histórica, que apoyó a Euskadiko Ezkerra. El otro sector, mayoritario, mantuvo las siglas, pero cayó en manos de los partidarios de ETA militar, que marginaron a los militantes veteranos y a su dirigente Valentín Solagaistua. ANV se convirtió entonces en un partido fantasma, instrumentalizado como legitimación histórica de la «izquierda abertzale. En 2007 se resucitaron sus siglas para usarlas como pantalla electoral de la ilegalizada Batasuna, pero como escribió José Luis de la Granja («La verdadera historia de ANV», El País, 12-II-2008), «la ANV de la República y la Guerra Civil solo tiene en común el nombre y la bandera con la ANV actual». Poco después la formación fue declarada ilegal.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

GRANJA, José Luis de la (1983): «El doctor Justo Gárate y el nacionalismo vasco», Muga, nº 25.

GRANJA, José Luis de la (1998): «Francisco de Ulacia. Biografía política», en ULACIA, Francisco de: ¡Nere biotza! Bilbao: El Tilo, pp. 9-76.

GRANJA, José Luis de la (2003): El siglo de Euskadi. El nacionalismo vasco en la España del siglo XX. Madrid: Tecnos.

GRANJA, José Luis de la (2008): Nacionalismo y II República en el País Vasco. Estatutos de autonomía, partidos y elecciones. Historia de Acción Nacionalista Vasca: 1930-1936. Madrid: Siglo XXI. (1ª ed.: 1986).

GRANJA, José Luis de la y FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka (2012): «L´évolution des nationalismes hétérodoxes au Pays basque», en FERNÁNDEZ GARCÍA, Alicia y PETITHOMME, Mathieu (dirs.): Les nationalismes dans l´Espagne contemporaine depuis la transition démocratique (1975-2011). Compétition politique et identités nationales. París: Armand Colin, pp. 166-188.

MEES, Ludger (1989): «La izquierda imposible. El fracaso del nacionalismo republicano vasco entre 1910 y 1913», Historia Contemporánea, nº 2, pp. 249-266.

PABLO, Santiago de (1987): «La izquierda del nacionalismo vasco en Álava: ANV (1931-1936», Kultura, nº 11, pp. 110-122.

PABLO, Santiago de (1993): «La renovación ideológica del nacionalismo vasco en 1930: de la ponencia navarra al manifiesto de San Andrés», Príncipe de Viana, anejo 15, pp. 405-413.

PS: Y esto de regalo.

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Doble recensión de «Sangre, votos, manifestaciones»

El último número del Bulletin d’Histoire Contemporaine de l’Espagne incluye dos reseñas sobre Sangre, votos, manifestaciones: una de Eduardo González Calleja y otra de Jorge Martínez Reverte. Pueden leerlas aquí.

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30 julio, 2013 · 16:23

Puntualizaciones de Xabier Markiegi

El exparlamentario vasco y exararterko (defensor del pueblo) Xabier Markiegi fue uno de los líderes importantes en la historia de EE. Como tal, ocupa un lugar destacado en el libro Héroes, heterodoxos y traidores. Por ejemplo, en el párrafo (pp. 396 y 397) en el que se describe su disociación de Euskadiko Ezkerra:

Justo después del VI Congreso Markiegi, el único parlamentario de
EE en la cámara vasca, anunció que abandonaba la disciplina del partido.
Pese a que en principio había sido defensor de la entente con el PSE, ya
en noviembre de 1992 se había desvinculado del proceso por preferir una
asociación a largo plazo que fuera precedida por un período de unidad de
acción. A pesar de sus discrepancias, se había comprometido a ser leal a
las «decisiones democráticas que adopten los órganos soberanos» de EE,
así como a respaldar al Gobierno vasco de coalición. En febrero de 1993
dejó de hacerlo. Larrínaga se enteró por el periódico de que Markiegi
le había dejado en la estacada. Su Consejería carecía ahora de apoyo en la cámara vasca, lo que le situaba en una situación muy comprometida.
En palabras de Mikel Unzalu, se había desatado «una crisis dentro de la
crisis».

Xabier Markiegi considera que este fragmento de la obra no se ajusta a los acontecimientos históricos tal y como sucedieron, por lo que ha escrito una carta en la que da su versión de los hechos apoyándose tanto en su memoria como en documentación. Considero que ese testimonio escrito es muy interesante y me obliga a matizar algunas de las afirmaciones realizadas en el citado párrafo (para escribir el cual me basé en dos entrevistas y tres noticias de prensa, ya que no pude acceder ni a ciertos documentos ni al testimonio del propio Markiegi, quien declinó colaborar en mi tesis), por lo que he subido la carta aquí para que cualquiera pueda consultarla. Una obra historiográfica nunca es definitiva: está en perpetua revisión, a la espera de que surjan nuevas fuentes o nuevos enfoques. Así que bienvenido sea el aporte.

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Agur

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10 julio, 2013 · 21:17

«El Roto» hoy

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9 julio, 2013 · 9:18