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Precedentes de EE: El nacionalismo vasco heterodoxo hasta la Guerra Civil

El nacionalismo vasco heterodoxo

La vía del nacionalismo vasco heterodoxo, terminología acuñada por José Luis de la Granja, en cuyos trabajos me baso para escribir este post, ha estado representada por algunas personalidades durante la Restauración, por ANV en la II República y la Guerra Civil, por ESEI durante la Transición, por EE a partir de la convergencia de EIA con el EPK (1982) y posteriormente por algunas personalidades independientes.

Según José Luis de la Granja, la corriente abertzale heterodoxa, débil y discontinua, está caracterizada por una serie de rasgos político-ideológicos. En primer lugar, el suyo es un nacionalismo no aranista, que rechaza la mayoría de los dogmas del fundador del PNV (el antiespañolismo, el clericalismo, el antimaketismo, la narrativa, la estructura confederal del País Vasco, etc.). Así, su concepción de la nación vasca es voluntarista y subjetiva, integradora y plural. No obstante, los heterodoxos siguen calificando a Euskadi como «la patria de los vascos», por lo que su nacionalismo tampoco puede ser calificado de antiaranista. En segundo término, los abertzales heterodoxos generalmente se han ubicado en la izquierda, ya sea en posiciones liberales (ANV) o socialistas (ESEI y EE). Tercero, dichos grupos se han aliado preferentemente con partidos vascos no nacionalistas, con algunos de los cuales incluso se han fusionado (EIA con el EPK en 1982 y EE con el PSE en 1993). De igual manera, han rechazado cualquier frente abertzale excluyente. En cuarto lugar, el objetivo político prioritario de los heterodoxos ha sido lograr «una Euskadi autónoma en España democrática», ya que consideran que España no es «el enemigo» ni el «Estado opresor», sino una realidad histórica y plurinacional dentro de la cual el País Vasco puede existir manteniendo su personalidad diferenciada. Así, estos han sido los partidos más firmemente autonomistas, renunciando explícitamente al horizonte independentista o relegándolo a la pura retórica. Además, han sido las únicas formaciones abertzales que han aprobado una Constitución española (ANV implícitamente la de 1931 y EE expresamente la de 1978, aunque con diez años de retraso). El nacionalismo heterodoxo nunca ha logrado consolidar un espacio político propio. En tierra de nadie, encajado entre las dos formaciones más influyentes del País Vasco, el PNV y el PSOE, su papel se ha visto reducido a ejercer de «bisagra» entre ambos. Por este motivo, socialistas y jeltzales han terminado por absorber los restos del nacionalismo heterodoxo, cuando este, tras su declive electoral, ha entrado en crisis y ha desaparecido. A pesar de todo, su fiasco político no debe ocultar las aportaciones de la heterodoxia abertzale: su contribución a la modernización y democratización del nacionalismo vasco, su papel en la vertebración de Euskadi y, por último, su actividad a favor de la solución del problema vasco, incluyendo la integración pacífica del País Vasco en la España de las autonomías.

Los pioneros

Durante la Restauración esta corriente del nacionalismo estuvo personificada en unos pocos individuos, vinculados en su mayoría al grupo euskalerriako de Ramón de la Sota: Francisco de Ulacia, Jesús de Sarria y Eduardo Landeta. Ulacia fue uno de los primeros concejales de Bilbao por el PNV (1901 y 1093). El anticlericalismo de este médico y escritor le llevó a criticar duramente el «lastre integrista» del «nacionalismo religioso», que abandonó para fundar dos efímeras formaciones abertzales autonomistas, republicanas y liberales en Bilbao: el Partido Nacionalista Vasco Liberal (1910) y el Partido Republicano Nacionalista Vasco (1911), cuyo lema era «Patria y Libertad». Este último llegó a estudiar fusionarse con el Partido Reformista de Melquíades Álvarez en 1912. Las dos formaciones abertzales heterodoxas se vinieron abajo por la hostilidad del PNV y la escasez de seguidores. Durante la II República Ulacia propuso inútilmente que ANV convergiera con el republicanismo federal, en cuyas filas acabó militando. En los años 30 sus escasos seguidores, como el periodista Pedro Sarasqueta y el historiador Segundo de Ispizua, se unieron a partidos republicanos.

El abogado y escritor Jesús de Sarria fue el director de la importante revista Hermes (1917-1922), en la que colaboraron otros nacionalistas heterodoxos como Landeta y Ramón de Belausteguigoitia e intelectuales no abertzales, como Miguel de Unamuno y Ortega y Gasset. Su nacionalismo era autonomista, liberal y democrático, así como partidario de la reforma social. Sarria combinaba vasquismo con españolismo, al considerar que la grandeza de España redundaba en beneficio de Euskadi.

Eduardo Landeta, secretario y pariente de Ramón de la Sota, fue el ideólogo del semanario Euskalduna. En 1906 Ángel Zabala, el sucesor de Sabino Arana, lo expulsó del PNV por su heterodoxia. Landeta cuestionó en profundidad toda la doctrina aranista, destacando su conferencia «Los errores del nacionalismo vasco y sus remedios» (1923), por lo que no es extraño que Granja lo denomine «una especie de Bernstein del aranismo». Para Landeta, las ideas del fundador del PNV habían quedado obsoletas, por lo que era conveniente abandonarlas cuanto antes. El nacionalismo debía renunciar al aranismo, a las aspiraciones secesionistas y a la restauración foral, el objetivo oficial del PNV desde 1906. La razón estribaba en que la tesis de la independencia originaria de los territorios vascos, sustento político del mito de la Edad Dorada de Arana, era una «falsedad histórica». Landeta consideraba que la meta final de los abertzales debía ser la mayor autonomía posible de Euskadi dentro de España.

Finalmente hay que nombrar al fugaz Partido Nacionalista Vasco de Baracaldo. De ideas laicas y obreristas, fue fundado por la Juventud Vasca de dicha ciudad en 1922, tras ser primero expulsada de CNV y posteriormente escindida de Aberri. Se trató de uno de los grupos que crearon ANV.

Acción Nacionalista Vasca

Cuando el PNV se reunificó en 1930 reafirmándose en la doctrina aranista, un sector del partido, proveniente de Comunión, se escindió por considerar que el abertzalismo precisaba una renovación ideológica. El 30 de noviembre se fundó ANV, una formación de centro-izquierda, laica, liberal, republicana, no aranista y autonomista, así como abierta a los inmigrantes. Desde sus comienzos la nueva fuerza se coaligó con las izquierdas vascas, participando en sus candidaturas electorales, aunque nunca obtuvo representación parlamentaria. Incluso en 1934 un sector de los republicanos vascos y ANV se acercaron con vistas a una fusión orgánica, paso que no se llevó a cabo por sus diferencias en la cuestión religiosa y en la nacionImagenal. A pesar de las propuestas de algunos de los más destacados dirigentes aneuvistas, como Andrés Perea y Tomás Bilbao, el partido no renunció explícitamente a incluir en su programa de máximos el derecho de autodeterminación para Euskadi. Pero conviene aclarar que esas posiciones soberanistas únicamente aparecieron en algunas declaraciones de principios, puesto que la práctica política de ANV fue netamente autonomista, siendo la obtención del estatuto su principal objetivo. Una buena muestra fue su rechazo a la propuesta de los Jagi-Jagi de formar un frente abertzale a favor de la independencia en 1936 y su preferencia por el Frente Popular con las izquierdas no nacionalistas. Cuando los mendigoxales les acusaron de «colaboracionistas», desde ANV se les respondió que efectivamente, eran colaboracionistas «por programa y por convicción».

Hasta 1936 ANV fue un partido liberal, pero ese año se radicalizó y dio un giro a la izquierda, lo que le llevó a posiciones socialistas, anticapitalistas y antimonopolistas, pero no marxistas. A pesar de que no por ello varió su praxis, sus principales fundadores abandImagenonaron la formación. La actividad política de ANV fue una de las claves de la aprobación del Estatuto de autonomía de 1936 y de la formación ese mismo año del primer Gobierno vasco. El aneuvista Gonzalo Nardiz ocupó una de las consejerías del ejecutivo autónomo de Euskadi hasta su disolución. Otro aneuvista, Tomás Bilbao fue ministro sin cartera en el gabinete republicano del presidente Juan Negrín (1938-1939) en sustitución de Manuel Irujo, del PNV.

ANV fue un partido minoritario y extraparlamentario, que no consiguió consolidarse ni supuso una amenaza electoral para el PNV. Las causas de su fracaso fueron, en opinión de José Luis de la Granja, la falta de espacio político, el retraso del Estatuto, la cuestión religiosa, la ausencia de prensa adicta, los errores propios, etc. Sin embargo, el partido hizo numerosas aportaciones a la historia del nacionalismo vasco que merecen ser reseñadas: 1) «fue el primer partido no aranista del nacionalismo vasco que planteó una alternativa política al PNV por su izquierda»; 2) «contribuyó a la secularización, modernización y democratización de la ideología nacionalista (…), al aportar aconfesionalidad en materia religiosa, el liberalismo en política y la apertura a los inmigrantes»; 3) «renovó la política de alianza del movimiento nacionalista», antes dirigido solo a las derechas no nacionalistas, pactando preferentemente con las izquierdas; 4) aunó el nacionalismo, el liberalismo y el socialismo; 5) anticipó la evolución posterior del PNV; 6) «fue el precedente histórico más importante de la izquierda nacionalista vasca, heterodoxa y estatutista», representada por ESEI (1976-1981) y EE (1982-1993).

El agur de ANV

La historia de ANV no cambió de rumbo hasta la Transición, en la que fracasó electoralmente, lo que la sumió en una crisis interna. Una pequeña facción encabezada por el consejero del Gobierno vasco Gonzalo Nárdiz se escindió para formar la efímera ANV histórica, que apoyó a Euskadiko Ezkerra. El otro sector, mayoritario, mantuvo las siglas, pero cayó en manos de los partidarios de ETA militar, que marginaron a los militantes veteranos y a su dirigente Valentín Solagaistua. ANV se convirtió entonces en un partido fantasma, instrumentalizado como legitimación histórica de la «izquierda abertzale. En 2007 se resucitaron sus siglas para usarlas como pantalla electoral de la ilegalizada Batasuna, pero como escribió José Luis de la Granja («La verdadera historia de ANV», El País, 12-II-2008), «la ANV de la República y la Guerra Civil solo tiene en común el nombre y la bandera con la ANV actual». Poco después la formación fue declarada ilegal.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

GRANJA, José Luis de la (1983): «El doctor Justo Gárate y el nacionalismo vasco», Muga, nº 25.

GRANJA, José Luis de la (1998): «Francisco de Ulacia. Biografía política», en ULACIA, Francisco de: ¡Nere biotza! Bilbao: El Tilo, pp. 9-76.

GRANJA, José Luis de la (2003): El siglo de Euskadi. El nacionalismo vasco en la España del siglo XX. Madrid: Tecnos.

GRANJA, José Luis de la (2008): Nacionalismo y II República en el País Vasco. Estatutos de autonomía, partidos y elecciones. Historia de Acción Nacionalista Vasca: 1930-1936. Madrid: Siglo XXI. (1ª ed.: 1986).

GRANJA, José Luis de la y FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka (2012): «L´évolution des nationalismes hétérodoxes au Pays basque», en FERNÁNDEZ GARCÍA, Alicia y PETITHOMME, Mathieu (dirs.): Les nationalismes dans l´Espagne contemporaine depuis la transition démocratique (1975-2011). Compétition politique et identités nationales. París: Armand Colin, pp. 166-188.

MEES, Ludger (1989): «La izquierda imposible. El fracaso del nacionalismo republicano vasco entre 1910 y 1913», Historia Contemporánea, nº 2, pp. 249-266.

PABLO, Santiago de (1987): «La izquierda del nacionalismo vasco en Álava: ANV (1931-1936», Kultura, nº 11, pp. 110-122.

PABLO, Santiago de (1993): «La renovación ideológica del nacionalismo vasco en 1930: de la ponencia navarra al manifiesto de San Andrés», Príncipe de Viana, anejo 15, pp. 405-413.

PS: Y esto de regalo.

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Puntualizaciones de Xabier Markiegi

El exparlamentario vasco y exararterko (defensor del pueblo) Xabier Markiegi fue uno de los líderes importantes en la historia de EE. Como tal, ocupa un lugar destacado en el libro Héroes, heterodoxos y traidores. Por ejemplo, en el párrafo (pp. 396 y 397) en el que se describe su disociación de Euskadiko Ezkerra:

Justo después del VI Congreso Markiegi, el único parlamentario de
EE en la cámara vasca, anunció que abandonaba la disciplina del partido.
Pese a que en principio había sido defensor de la entente con el PSE, ya
en noviembre de 1992 se había desvinculado del proceso por preferir una
asociación a largo plazo que fuera precedida por un período de unidad de
acción. A pesar de sus discrepancias, se había comprometido a ser leal a
las «decisiones democráticas que adopten los órganos soberanos» de EE,
así como a respaldar al Gobierno vasco de coalición. En febrero de 1993
dejó de hacerlo. Larrínaga se enteró por el periódico de que Markiegi
le había dejado en la estacada. Su Consejería carecía ahora de apoyo en la cámara vasca, lo que le situaba en una situación muy comprometida.
En palabras de Mikel Unzalu, se había desatado «una crisis dentro de la
crisis».

Xabier Markiegi considera que este fragmento de la obra no se ajusta a los acontecimientos históricos tal y como sucedieron, por lo que ha escrito una carta en la que da su versión de los hechos apoyándose tanto en su memoria como en documentación. Considero que ese testimonio escrito es muy interesante y me obliga a matizar algunas de las afirmaciones realizadas en el citado párrafo (para escribir el cual me basé en dos entrevistas y tres noticias de prensa, ya que no pude acceder ni a ciertos documentos ni al testimonio del propio Markiegi, quien declinó colaborar en mi tesis), por lo que he subido la carta aquí para que cualquiera pueda consultarla. Una obra historiográfica nunca es definitiva: está en perpetua revisión, a la espera de que surjan nuevas fuentes o nuevos enfoques. Así que bienvenido sea el aporte.

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Recensión de «Sangre, votos, manifestaciones» en «Historia del Presente»

Fresquita como este verano de tres al cuarto. Aquí se la pueden descargar.

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Entrevista en el «Diario Vasco»

La pueden descargar aquí.

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Recordatorio

Recordatorio

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21 junio, 2013 · 11:59

Doble presentación en Vitoria el 27 de junio

Desde que empecé mi tesis doctoral, hace ya unos ocho años, he sido un abnegado siervo de la (celosa) musa Clio. Fue una etapa de mi vida larga, estresada, interesante y agridulce, en la que he aprendido mucho, pero en la que también he perdido unas cuantas cosas. Y personas. No me quejo: buena, mala o regular, fue mi elección. Pero es hora de dar por concluido el ciclo y buscar nuevas aventuras, sean estas las que sean. Ya de hacerlo, pardiez, que sea a lo grande.
Gracias a la generosidad de la Fundación Fernando Buesa y la Mario Onaindia Fundazioa, pondré el punto final el día 27 de junio en Vitoria en un acto de presentación doble: mi colega Raúl López Romo y un servidor hablaremos de «Sangre, votos, manifestaciones», el libro que escribimos al alimón y que apareció el año pasado, y de «Héroes, heterodoxos y traidores», que ya conocen de sobra por mi tendencia al autobombo. Nos presenta el catedrático de la UPV/EHU Antonio Rivera. Y luego habrá tiempo para el debate, si les place.

DÍA: jueves, 27 de junio
HORA: 19.00 h.
LUGAR: Sala Luis de Ajuria. C/ General Álava, 7. Vitoria.

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No va mal la cosa

No va mal la cosa

La presentación del libro en Zarauz ha sido deliciosamente heterodoxa. Distinta. Muy especial, dado lo que significaba el lugar y el nivel de la concurrencia. Me lo he pasado como un enano porque he tenido la oportunidad… de escuchar. Me ha recordado la razón de que me guste tanto la investigación: por el placer de que me cuenten cosas más que de contarlas. Ver a Teo Uriarte y Javier Olaverri departiendo en directo es una experiencia única. Electrizante. Cómo debían ser en el parlamento, pardiez. Ya no quedan oradores como los de antes. Tal vez tampoco políticos. Alguien me ha preguntado si este tipo de actos son siempre tan divertidos. Ojalá, he pensado. Muchas gracias a todos los que se han acercado y perdon por no haberos podido prestar luego la atención que debía.
Por cierto, muchísimas gracias a la Mario Onaindia Fundazioa por la organización… y por la magnífica cena.
Y hoy almuerzo con la noticia, aparecida en Territorios, suplemento cultural de El Correo, de que el libro sigue vendiéndose muy bien, junto a otros como el de Idoia Estornes, que me tiene enganchado y que deberían leer todos ustedes.

PD: Les recomiendo este artículo de Antonio Rivera y que, si no lo han hecho ya, corran a apuntarse al grupo de Historia Contemporánea en el Facebook.

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15 junio, 2013 · 10:32

«Veinte años sin Euskadiko Ezkerra», El Correo, 13-VI-2013

Veinte años sin Euskadiko Ezkerra

            En las elecciones generales de junio de 1993 se enfrentaron en las urnas las dos formaciones herederas de EE. La parte más nacionalista había formado Euskal Ezkerra, que se alió con Eusko Alkartasuna. El sector más socialista de Jon Larrínaga se había integrado en el PSE-PSOE para dar lugar al actual PSE-EE. La coalición EA-EuE obtuvo peores cifras que las de EA en solitario, por lo que la entente no tardó en romperse. En cambio, el PSE-EE de Ramón Jáuregui consiguió 293.000 sufragios. Se trataba de un hito histórico: no solo había conservado un tercio de los votos de EE, sino que, además, se convertía en la primera fuerza del País Vasco, amenazando la hegemonía del PNV (287.000). Se trató de un espejismo. En las autonómicas de 1994 el PNV obtuvo 304.000 papeletas y el PSE-EE 174.000. Pese a que aquel fiasco respondía al desprestigio del Gobierno González, algunos socialistas culparon a la convergencia. El legado de los euskadikos se diluyó mientras el sueño de un PSE-EE vasquista como alternativa de gobierno fue postergado durante casi una década. Pero esa es otra historia.

            La que nos ocupa tiene sus orígenes en 1974, año de la división de ETA. Por un lado surgió ETA militar, banda que hasta 2010 se ha dedicado a atacar a la democracia combinando una triple estrategia: la sangre de sus atentados terroristas, los votos de su brazo electoral (Herri Batasuna) y las manifestaciones de sus simpatizantes. Por otro lado quedó ETA político-militar, cuyo intento de combinar “lucha de masas” y “lucha armada” fracasó gracias a la actuación de Lobo, topo del SECED. La crisis subsiguiente de los polimilis fue aprovechada por Eduardo Moreno Bergaretxe (Pertur), quien propuso una renovación estratégica: ETApm había de pasar a retaguardia cediendo el protagonismo a la vanguardia dirigente: EIA, Euskal Iraultzarako Alderdia (Partido para la Revolución Vasca). A pesar de su desaparición en julio de 1976 y de las presiones de ETAm, el plan de Pertur siguió su curso. Así, EIA se coaligó con el Movimiento Comunista y formó las candidaturas de EE, que participaron en las elecciones democráticas del 15 de junio de 1977 obteniendo 64.000 sufragios y dos parlamentarios.

A partir de entonces, no sin pasos atrás, contradicciones y escisiones, EIA experimentó una transición dentro de la Transición. La evolución de los euskadikos, en la que tuvieron un papel destacado Mario Onaindia y Juan Mari Bandrés, les llevó del marxismo-leninismo a la socialdemocracia, de la complicidad con el terrorismo etarra al compromiso con la paz y del independentismo al autonomismo. En resumen, de ver la “democracia burguesa” como una herramienta para tomar el poder a concebir la democracia parlamentaria como “medio, método y fin”. En 1982 la formación se fusionó con el Partido Comunista de Roberto Lertxundi. Había nacido Euskadiko Ezkerra. Por descontado, ETAm y HB tacharon aquel viaje de traición a la patria.

Mientras duró, la “aventura cuerda” de los euskadikos fue sugerente por varios motivos. Primero, gozaron de un alto grado de democracia interna. Segundo, EE tuvo un llamativo desinterés por el poder político, prefiriendo ejercer de “Pepito Grillo”. Sintomáticamente, su entrada en el Gobierno Vasco a principios de los noventa fue lo que propició su autodestrucción. Tercero, fue el partido que con más firmeza y sinceridad defendió el Estatuto de Gernika, que entendía no solo como marco de convivencia entre los vascos, sino también como engarce de Euskadi en el seno de España. Esa fue la esencia de su nacionalismo heterodoxo (no aranista, integrador, progresista y autonomista), que culminó en 1988 cuando EE aprobó con un “sí inequívoco” la Constitución. Cuarto, hay un éxito por el que los euskadikos merecen ser recordados: la disolución de un sector de ETApm. Gracias a los acuerdos de Onaindia y el ministro del Interior de UCD Juan José Rosón, los séptimos se reinsertaron en la vida civil tras renunciar a la violencia. Quinto, EE dio otro paso trascendental por aquel camino cuando muchos de sus afiliados se adhirieron a movimientos pacifistas como Gesto por la Paz mientras que en 1988 Kepa Aulestia y el lehendakari Ardanza apadrinaban el Pacto de Ajuria Enea.

Ahora bien, las luces de EE no pueden borrar sus sombras, que las tuvo. Como poco, hay que destacar tres. Por una parte, hasta 1981 EIA mantuvo una relación de interdependencia con ETApm. Por otra, los esfuerzos de los euskadikos no pudieron evitar que una facción de los polimilis, los octavos, continuara con la violencia terrorista. Algunos de ellos, como Thierry y Arnaldo Otegi, reforzaron las filas de ETAm en 1984. Por último, no conviene olvidar que alguien pagó el precio del proceso de reinserción de los séptimos: las entonces silenciadas víctimas del terrorismo.

EE, que siempre tuvo más simpatizantes que votantes, fracasó en las urnas. Quizá su discurso ético, cívico y racional no tenía cabida en la crispada política vasca, en la que tan comunes eran el victimismo y la demagogia. Tampoco fue capaz de mantener su cohesión interna. La convivencia entre nacionalistas y no nacionalistas en una misma formación resultó imposible. El cisma de los euskadikos fue, en cierto modo, un precedente de lo que ocurrió con la política vasca en 1998, cuando se pusieron en marcha el Pacto de Estella y el frentismo abertzale.

El proyecto heterodoxo de EE naufragó, pero aquella travesía no fue en balde. Los euskadikos no consiguieron cambiar el rumbo del País Vasco, pero se cambiaron a sí mismos. Abandonaron una religión política del odio, aprendieron el valor de la democracia y se transformaron en ciudadanos en el más amplio sentido del término. No es poco. Otros han tardado treinta años y cientos de muertos en comenzar a planteárselo siquiera.

           

Artículo publicado en El Correo, 13-VI-2013.

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Debate en Zarauz al hilo de la historia de EE

Debate en Zarauz al hilo de la historia de EE

¿Creían que mi gira «Ponga un libro sobre EE en su vida» había terminado? Pues no, les engañé miserablemente. ¡Más madera, es la guerra! Toca hacer parada en Guipuchilandia, concretamente en el «Zazpi» de Zarauz (Kale Nagusia), donde se presenta «Héroes, heterodocos y traidores» este viernes a las 19:30. Eso sí, la Mario Onaindia Fundazioa, que generosamente organiza el magno evento, ha decidido darle un formato original y heterodoxo (como no podía ser de otra forma): se tratará de un debate a cuatro bandas entre Eduardo Uriarte («Teo»), Javier Olaverri, un servidor y el público asistente. ¿Se lo van a perder?

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11 junio, 2013 · 21:09

Roberto Moso en «El Correo»

Ayer Roberto Moso hacía esta reflexión sobre la Transición y EE en El Correo al hilo de mi libro.

Por cierto, mañana por la tarde hay dos planes muy interesantes en Vizcaya, que les recomiendo:

Idoia Estornes presenta su libro en Bilbao.

-Raúl López Romo, María Losada y Carlos Carnicero hacen lo propio con el suyo en Baracaldo.

Idoia Estornes presenta su libro en Bilbao

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