Estreno del documental «La Batalla de Vitoria»

Aquí pueden ver el trailer de «La batalla de Vitoria», documental dirigido por el cineasta e historiador Aitor González de Langarica (Area Audiovisual). Se estrena hoy mismo en los Cines Florida a las 19:00h.

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28 junio, 2013 · 14:49

Recensión de «Sangre, votos, manifestaciones» en «Historia del Presente»

Fresquita como este verano de tres al cuarto. Aquí se la pueden descargar.

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Entrevista en el «Diario Vasco»

La pueden descargar aquí.

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Recordatorio

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21 junio, 2013 · 11:59

Hacer patria o hacer historia. Algunos apuntes sobre la literatura histórica de la «izquierda abertzale»

La calidad de las obras sobre la historia del pasado reciente del País Vasco es muy heterogénea. Aunque su número no es tan elevado como nos gustaría, contamos con trabajos notables, escritos con método, rigor y profesionalidad. Pero la escasez de obras historiográficas propiamente dichas se ve agravada porque en el ámbito vasco les ha surgido una seria competidora: la literatura histórica. José Luis de la Granja lo explica mejor que yo: «una cosa es la historiografía militante y partidista, sea laudatoria o denigratoria del nacionalismo, y otra muy distinta es la historiografía sustentada en una investigación objetiva de las fuentes y una metodología científica a cargo de historiadores profesionales, en su mayoría profesores universitarios. En puridad, el nombre de historiografía se debería reservar en exclusiva para esta última, mientras que a aquélla la denominamos literatura histórica».

El uso partidista de la historia, su instrumentalización y manipulación, no es monopolio de ninguna ideología concreta. En el caso vasco encontramos ejemplos tanto de literatura histórica antinacionalista, que ha tenido un claro resurgir en los últimos años, sobre todo de mano de periodistas, como ultranacionalista, que es en la que me centro aquí. Ha sido certeramente descrita por Santiago de Pablo como «historiografía nacional-revolucionaria, muy parcial y preñada de lugares comunes, en las que ETA aparece siempre como un movimiento salvador de una Euskadi oprimida no solo por la dictadura, sino también por España y por el capitalismo». En ese sentido, cada libro es un nuevo capítulo que añadir a la saga narrativa del «conflicto vasco». A pesar de su escasísima calidad y de su evidente propósito publicitario, lo cierto es que la literatura ultranacionalista cuenta con bastante difusión social gracias a la compleja y eficiente industria cultural que ha construido la «izquierda abertzale»: asociaciones «por la memoria histórica» (Euskal Memoria, Ahaztuak 1936-1977, etc.), editoriales (Txalaparta), medios de comunicación (Gara, etc.), una red de librerías, etc. Y, por supuesto, un público lector entregado y dispuesto a leer (y asumir) cualquier cosa que confirme sus creencias y prejuicios, que legitime su apuesta por una opción determinada: el nacionalismo vasco radical. Da igual que la obra carezca de fuentes, esté claramente sesgada o no resista un mínimo análisis crítico. No estamos en el universo de la razón, sino en el de los sentimientos y emociones.

Dentro de la larga lista de escritores de literatura histórica ultranacionalista hay que distinguir dos categorías. En primer lugar hay una mayoría de propagandistas, entre los que cabe citar a Iñaki Egaña Sevilla, José Antonio Egido, Iker Casanova, Luis Núñez, Eduardo Renobales o Txema Urrutia. Se distinguen no solo por desconocer la metodología básica del historiador, sino también por despreciar abiertamente a la historia como disciplina y más cuando tiene alguna relación con la universidad. Por descontado, eso no obsta para que se aprovechen de sus avances, plagiando (literalmente) a los historiadores profesionales, a los que, sin embargo, raramente citan (en realidad, casi nunca citan a nadie ajeno a su minúsculo e intelectualmente autárquico círculo). Lo suyo es apuntalar (o inventar o incluso reinventar) los mitos abertzales. La verdad, a su modo de ver, no tiene que ver con la ciencia, sino con la fe… en Euskal Herria, una patria que es inmemorial y que lleva siglos sojuzgada por el «Estado español». Y, si los documentos dicen lo contrario, qué les zurzan a los documentos. Quien dude de las máximas patrióticas sencillamente se coloca en el bando de los opresores, o sea, es un «fascista». Evidentemente con los propagandistas, que nunca escuchan ni tienen dudas, no cabe ningún debate historiográfico.

Pero no es justo clasificar a todos los productores de literatura histórica ultranacionalista como simples apologetas. Hay una minoría de historiadores y/o cronistas que dominan los rudimentos del oficio. Me refiero, entre otros, a Francisco Letamendia (Ortzi), Emilio Majuelo y José María Lorenzo Espinosa. Gracias a su aparente corrección formal y metodológica, sus obras han de inscribirse en una categoría superior a la de los propagandistas. Desde luego, tienen más calidad. Resultan útiles y son de obligada lectura para quien pretende tratar en serio la historia de ETA y el nacionalismo vasco radical. Mas hay que tener cuidado y comprobar detenidamente algunas de sus afirmaciones antes de darlas por válidas, ya que los cronistas escriben con la misma parcialidad que los panfletos de sus primos: el impulso que en el fondo les guía es hacer patria, no hacer historia. No hay que olvidarlo nunca.

PS: Al César lo que es del César. Por un lado, Letamendia se avino a concederme una (eso sí) breve entrevista para realizar mi tesis doctoral. Sus obras, aunque hay que tomarlas con precaución, me han sido provechosas en mis investigaciones, sobre todo para hacerme una idea general al principio, cuando estaba un tanto perdido. Por otro lado, Lorenzo Espinosa, que fue mi profesor en la Universidad de Deusto, ha escrito algunos libros rigurosos, además de literatura histórica, y sería injusto meter a todas sus publicaciones en el mismo saco. Guardo buen recuerdo suyo como persona. Quizá algún día podamos tomarnos unas cañas y tener un debate historiográfico de verdad. Ojalá.

BIBLIOGRAFÍA
GRANJA, José Luis de la (1992): «El nacionalismo vasco: de la literatura histórica a la historiografía», Historia Contemporánea, nº 7, pp. 209-236.
MOLINA, Fernando (2010): «La eterna “cuestión vasca”. ¡Y vuelta la burra al trigo!», Claves de Razón Práctica, nº 199, pp. 64-71.
MONTERO, Manuel (2011): La forja de una nación. Estudios sobre el nacionalismo y el País Vasco durante la II República, la Transición y la democracia. Granada: Universidad de Granada.
PABLO, Santiago de (2005): «Silencio roto (solo en parte). El franquismo y la transición en la historiografía vasco-navarra», Vasconia, nº 34, pp. 383-406.
RIVERA, Antonio (2004): «Cuando la mala historia es peor que la desmemoria (acerca de los mitos de la Historia contemporánea vasca)», El valor de la palabra, nº 4, pp. 41-72.

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18 junio, 2013 · 19:16

Doble presentación en Vitoria el 27 de junio

Desde que empecé mi tesis doctoral, hace ya unos ocho años, he sido un abnegado siervo de la (celosa) musa Clio. Fue una etapa de mi vida larga, estresada, interesante y agridulce, en la que he aprendido mucho, pero en la que también he perdido unas cuantas cosas. Y personas. No me quejo: buena, mala o regular, fue mi elección. Pero es hora de dar por concluido el ciclo y buscar nuevas aventuras, sean estas las que sean. Ya de hacerlo, pardiez, que sea a lo grande.
Gracias a la generosidad de la Fundación Fernando Buesa y la Mario Onaindia Fundazioa, pondré el punto final el día 27 de junio en Vitoria en un acto de presentación doble: mi colega Raúl López Romo y un servidor hablaremos de «Sangre, votos, manifestaciones», el libro que escribimos al alimón y que apareció el año pasado, y de «Héroes, heterodoxos y traidores», que ya conocen de sobra por mi tendencia al autobombo. Nos presenta el catedrático de la UPV/EHU Antonio Rivera. Y luego habrá tiempo para el debate, si les place.

DÍA: jueves, 27 de junio
HORA: 19.00 h.
LUGAR: Sala Luis de Ajuria. C/ General Álava, 7. Vitoria.

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La historiografía del pasado reciente en Euskadi. Algunos apuntes I

Desde finales del siglo XX el estudio de la historia del pasado reciente es uno de los ámbitos de la historiografía en expansión. En España diversos departamentos universitarios de Historia Contemporánea están dando un mayor protagonismo a los análisis sobre dicha época, con congresos periódicos, asociaciones profesionales y revistas especializadas, como Historia del Presente e Historia Actual. De ahí que se haya escrito una amplia bibliografía sobre la historia política del último tercio de la centuria, tanto desde la historiografía como desde otras ciencias sociales. El objeto principal de estas obras ha sido el proceso de Transición en sí, sobre el que se ha abierto un largo e interesante debate sobre, entre otras cosas, si el protagonismo de la democratización debe recaer en las estructuras socio-económicas, en los líderes políticos (incluido el Rey) o en la movilización ciudadana. Otro de los temas de interés que ha tratado la historia del pasado reciente ha sido el de las grandes culturas políticas de España, las izquierdas y las derechas, especialmente las primeras. Pero también se ha investigado en profundidad la trayectoria de otras fuerzas minoritarias. Aun sin entrar en la literatura en torno al golpe de estado del 23 de febrero de 1981, una buena muestra es la atención académica que ha recibido la extrema derecha, una subcultura política electoralmente marginal cuyo mayor éxito fue la elección de Blas Piñar como diputado en 1979.

En el caso concreto de Euskadi, por el contrario, la historia del pasado reciente todavía no se ha experimentado un auge similar. La historiografía vasca, centrada en el siglo XIX y la primera mitad del XX, ha tardado en acercarse a esta época. El hueco dejado por los profesionales de la historia ha sido ocupado, en el mejor de los casos, por el periodismo y por las ciencias sociales, como la sociología y la ciencia política. Pero también, en el peor de los casos, por la literatura histórica (sesgada, militante y panfletaria). En conclusión, coincido con Santiago de Pablo en que «la historiografía vasco-navarra sobre este período se encuentra por debajo de la media española».

Es importante señalar algunas cuestiones al respecto. En primer lugar, a los problemas que normalmente ha de enfrentarse cualquier investigación enmarcada en la historia del pasado reciente hay que sumar el siempre tenso panorama vasco. No se puede olvidar que la Transición, lejos de ser un simple objeto de estudio, todavía se utiliza como arma arrojadiza en el debate político y que el nacionalismo vasco radical incluso llega a negar que hubiera un cambio de régimen tras la muerte de Franco. En segundo lugar, hay demasiadas lagunas historiográficas sobre el pasado reciente de Euskadi y sigue siendo muy escaso el número de monografías sobre la época.

En tercer lugar, los investigadores que se han acercado a este periodo se han centrado preferentemente en una de las tres culturas políticas del País Vasco. Únicamente la abertzale ha recibido la suficiente atención. La historia del pasado reciente del nacionalismo moderado (el PNV) cuenta con monografías muy sólidas como El péndulo patriótico. El caso del nacionalismo radical es diferente. Los mejores estudios sobre dicha comunidad han provenido de enfoques sociológicos como los de José Manuel Mata y Jesús Casquete. La historiografía política sobre la «izquierda abertzale» está representada por escasas monografías, como la ya clásica de John Sullivan, y algunos artículos recientes en revistas científicas. Aparte de lo referido a Euskadiko Ezkerra, no hay prácticamente nada en torno al nacionalismo vasco heterodoxo del último tercio del siglo XX.

            Probablemente a consecuencia de sus más de 800 víctimas mortales,ETA es el grupo que más atención mediática, política y académica ha acaparado desde su fundación. No es de extrañar, por tanto, que sobre ETA se haya escrito una abundante pero muy desigual bibliografía. Por desgracia, bajo esta riqueza se esconde una monotonía temática. La mayor parte de la literatura científica se ha centrado en una de las varias ramas de ETA, mientras que el resto ha sido olvidado o tratado de pasada. En consecuencia, nuestro conocimiento sobre la historia de Euskadi Ta Askatasuna está distorsionado. Cuando se estudia la ETA anterior a 1974 solo se tocan las facciones nacionalistas (ETA zarra y ETA V) y no las izquierdistas (ETA berri y ETA VI); cuando se avanza más allá de 1974, la principal protagonista es ETAm, quedando los otros grupos como meros actores secundarios. Eso es lo que les ha ocurrido a los CAA (Comandos Autónomos Anticapitalistas) o, en menor medida, a ETApm. No obstante, hay que destacar que han aparecido nuevos y originales enfoques sobre la historia de ETA, como los que han puesto el centro de interés en la relación entre la organización y el cine o en las víctimas del terrorismo.

Las otras dos culturas políticas del País Vasco, es decir, las no abertzales, no han sido objeto de tantos estudios. Las derechas  vascas (las élites franquistas, la extrema derecha, UCD, CDS o AP-PP) no han tenido quién les escriba. Permanecen prácticamente olvidadas, aunque han aparecido algunos trabajos dispersos sobre el tema. Pero tampoco las izquierdas (PSE, EPK y extrema izquierda) han corrido mucha mejor suerte. El desequilibrio historiográfico no corresponde con el peso político real de las tres culturas políticas. En consecuencia, se da una imagen distorsionada de la historia política de Euskadi. Es tal la sobreabundancia de estudios sobre el nacionalismo vasco y tal la escasez de los mismos sobre la derecha y la izquierda que un lector poco avisado podría llegar a pensar que durante las últimas décadas el País Vasco, lejos de estar caracterizado por su diversidad, ha sido homogéneamente abertzale.

 

BIBLIOGRAFÍA

GRANJA, José Luis de la (1992): «El nacionalismo vasco: de la literatura histórica a la historiografía», Historia Contemporánea, nº 7, pp. 209-236.

MOLINA, Fernando (2010): «La eterna “cuestión vasca”. ¡Y vuelta la burra al trigo!», Claves de Razón Práctica, nº 199, pp. 64-71.

MONTERO, Manuel (2011): La forja de una nación. Estudios sobre el nacionalismo y el País Vasco durante la II República, la Transición y la democracia. Granada: Universidad de Granada.

PABLO, Santiago de (2005):«Silencio roto (solo en parte). El franquismo y la transición en la historiografía vasco-navarra», Vasconia, nº 34, pp. 383-406.

RIVERA, Antonio (2004):«Cuando la mala historia es peor que la desmemoria (acerca de los mitos de la Historia contemporánea vasca)», El valor de la palabra, nº 4, pp. 41-72.

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No va mal la cosa

No va mal la cosa

La presentación del libro en Zarauz ha sido deliciosamente heterodoxa. Distinta. Muy especial, dado lo que significaba el lugar y el nivel de la concurrencia. Me lo he pasado como un enano porque he tenido la oportunidad… de escuchar. Me ha recordado la razón de que me guste tanto la investigación: por el placer de que me cuenten cosas más que de contarlas. Ver a Teo Uriarte y Javier Olaverri departiendo en directo es una experiencia única. Electrizante. Cómo debían ser en el parlamento, pardiez. Ya no quedan oradores como los de antes. Tal vez tampoco políticos. Alguien me ha preguntado si este tipo de actos son siempre tan divertidos. Ojalá, he pensado. Muchas gracias a todos los que se han acercado y perdon por no haberos podido prestar luego la atención que debía.
Por cierto, muchísimas gracias a la Mario Onaindia Fundazioa por la organización… y por la magnífica cena.
Y hoy almuerzo con la noticia, aparecida en Territorios, suplemento cultural de El Correo, de que el libro sigue vendiéndose muy bien, junto a otros como el de Idoia Estornes, que me tiene enganchado y que deberían leer todos ustedes.

PD: Les recomiendo este artículo de Antonio Rivera y que, si no lo han hecho ya, corran a apuntarse al grupo de Historia Contemporánea en el Facebook.

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15 junio, 2013 · 10:32

«Veinte años sin Euskadiko Ezkerra», El Correo, 13-VI-2013

Veinte años sin Euskadiko Ezkerra

            En las elecciones generales de junio de 1993 se enfrentaron en las urnas las dos formaciones herederas de EE. La parte más nacionalista había formado Euskal Ezkerra, que se alió con Eusko Alkartasuna. El sector más socialista de Jon Larrínaga se había integrado en el PSE-PSOE para dar lugar al actual PSE-EE. La coalición EA-EuE obtuvo peores cifras que las de EA en solitario, por lo que la entente no tardó en romperse. En cambio, el PSE-EE de Ramón Jáuregui consiguió 293.000 sufragios. Se trataba de un hito histórico: no solo había conservado un tercio de los votos de EE, sino que, además, se convertía en la primera fuerza del País Vasco, amenazando la hegemonía del PNV (287.000). Se trató de un espejismo. En las autonómicas de 1994 el PNV obtuvo 304.000 papeletas y el PSE-EE 174.000. Pese a que aquel fiasco respondía al desprestigio del Gobierno González, algunos socialistas culparon a la convergencia. El legado de los euskadikos se diluyó mientras el sueño de un PSE-EE vasquista como alternativa de gobierno fue postergado durante casi una década. Pero esa es otra historia.

            La que nos ocupa tiene sus orígenes en 1974, año de la división de ETA. Por un lado surgió ETA militar, banda que hasta 2010 se ha dedicado a atacar a la democracia combinando una triple estrategia: la sangre de sus atentados terroristas, los votos de su brazo electoral (Herri Batasuna) y las manifestaciones de sus simpatizantes. Por otro lado quedó ETA político-militar, cuyo intento de combinar “lucha de masas” y “lucha armada” fracasó gracias a la actuación de Lobo, topo del SECED. La crisis subsiguiente de los polimilis fue aprovechada por Eduardo Moreno Bergaretxe (Pertur), quien propuso una renovación estratégica: ETApm había de pasar a retaguardia cediendo el protagonismo a la vanguardia dirigente: EIA, Euskal Iraultzarako Alderdia (Partido para la Revolución Vasca). A pesar de su desaparición en julio de 1976 y de las presiones de ETAm, el plan de Pertur siguió su curso. Así, EIA se coaligó con el Movimiento Comunista y formó las candidaturas de EE, que participaron en las elecciones democráticas del 15 de junio de 1977 obteniendo 64.000 sufragios y dos parlamentarios.

A partir de entonces, no sin pasos atrás, contradicciones y escisiones, EIA experimentó una transición dentro de la Transición. La evolución de los euskadikos, en la que tuvieron un papel destacado Mario Onaindia y Juan Mari Bandrés, les llevó del marxismo-leninismo a la socialdemocracia, de la complicidad con el terrorismo etarra al compromiso con la paz y del independentismo al autonomismo. En resumen, de ver la “democracia burguesa” como una herramienta para tomar el poder a concebir la democracia parlamentaria como “medio, método y fin”. En 1982 la formación se fusionó con el Partido Comunista de Roberto Lertxundi. Había nacido Euskadiko Ezkerra. Por descontado, ETAm y HB tacharon aquel viaje de traición a la patria.

Mientras duró, la “aventura cuerda” de los euskadikos fue sugerente por varios motivos. Primero, gozaron de un alto grado de democracia interna. Segundo, EE tuvo un llamativo desinterés por el poder político, prefiriendo ejercer de “Pepito Grillo”. Sintomáticamente, su entrada en el Gobierno Vasco a principios de los noventa fue lo que propició su autodestrucción. Tercero, fue el partido que con más firmeza y sinceridad defendió el Estatuto de Gernika, que entendía no solo como marco de convivencia entre los vascos, sino también como engarce de Euskadi en el seno de España. Esa fue la esencia de su nacionalismo heterodoxo (no aranista, integrador, progresista y autonomista), que culminó en 1988 cuando EE aprobó con un “sí inequívoco” la Constitución. Cuarto, hay un éxito por el que los euskadikos merecen ser recordados: la disolución de un sector de ETApm. Gracias a los acuerdos de Onaindia y el ministro del Interior de UCD Juan José Rosón, los séptimos se reinsertaron en la vida civil tras renunciar a la violencia. Quinto, EE dio otro paso trascendental por aquel camino cuando muchos de sus afiliados se adhirieron a movimientos pacifistas como Gesto por la Paz mientras que en 1988 Kepa Aulestia y el lehendakari Ardanza apadrinaban el Pacto de Ajuria Enea.

Ahora bien, las luces de EE no pueden borrar sus sombras, que las tuvo. Como poco, hay que destacar tres. Por una parte, hasta 1981 EIA mantuvo una relación de interdependencia con ETApm. Por otra, los esfuerzos de los euskadikos no pudieron evitar que una facción de los polimilis, los octavos, continuara con la violencia terrorista. Algunos de ellos, como Thierry y Arnaldo Otegi, reforzaron las filas de ETAm en 1984. Por último, no conviene olvidar que alguien pagó el precio del proceso de reinserción de los séptimos: las entonces silenciadas víctimas del terrorismo.

EE, que siempre tuvo más simpatizantes que votantes, fracasó en las urnas. Quizá su discurso ético, cívico y racional no tenía cabida en la crispada política vasca, en la que tan comunes eran el victimismo y la demagogia. Tampoco fue capaz de mantener su cohesión interna. La convivencia entre nacionalistas y no nacionalistas en una misma formación resultó imposible. El cisma de los euskadikos fue, en cierto modo, un precedente de lo que ocurrió con la política vasca en 1998, cuando se pusieron en marcha el Pacto de Estella y el frentismo abertzale.

El proyecto heterodoxo de EE naufragó, pero aquella travesía no fue en balde. Los euskadikos no consiguieron cambiar el rumbo del País Vasco, pero se cambiaron a sí mismos. Abandonaron una religión política del odio, aprendieron el valor de la democracia y se transformaron en ciudadanos en el más amplio sentido del término. No es poco. Otros han tardado treinta años y cientos de muertos en comenzar a planteárselo siquiera.

           

Artículo publicado en El Correo, 13-VI-2013.

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Debate en Zarauz al hilo de la historia de EE

Debate en Zarauz al hilo de la historia de EE

¿Creían que mi gira «Ponga un libro sobre EE en su vida» había terminado? Pues no, les engañé miserablemente. ¡Más madera, es la guerra! Toca hacer parada en Guipuchilandia, concretamente en el «Zazpi» de Zarauz (Kale Nagusia), donde se presenta «Héroes, heterodocos y traidores» este viernes a las 19:30. Eso sí, la Mario Onaindia Fundazioa, que generosamente organiza el magno evento, ha decidido darle un formato original y heterodoxo (como no podía ser de otra forma): se tratará de un debate a cuatro bandas entre Eduardo Uriarte («Teo»), Javier Olaverri, un servidor y el público asistente. ¿Se lo van a perder?

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11 junio, 2013 · 21:09