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Presentation of the book “Relatos de Plomo” (Lead Tales. History of terrorism in Navarre 1960-86)

Presentation of the book “Relatos de Plomo” (Lead Tales. History of terrorism in Navarre 1960-86)

02/04/2014 12.30-13.30 | Committee of the Regions (Room JDE 53), Rue Belliard 101, B-1040 Brussels
​Navarre’s President, Ms Yolanda Barcina, will present the book “Relatos de Plomo”, which tells the story of the victims in the terrorist attacks perpetrated by ETA in Navarre from 1960 to 1986.

Presentation of the book “Relatos de Plomo” (Lead Tales. History of terrorism in Navarre 1960-86) that gathers the direct testimonies and stories of all the victims of ETA’s terrorism
in Navarre. The book has been edited by the Government of Navarre as part of a project aiming at restoring the dignity of the victims of terrorism and presenting them before society as an example of the defence of democracy, tolerance and coexistence. Thanks to this project, the voice and memory of the persons who gave their lives to save democracy will remain alive.

The event will be held on the 2nd of April, Wednesday, at 12h30, in the room JDE53 at the Committee of the Regions (Rue Belliard 99-101, Brussels), and will be introduced by Ms Yolanda Barcina, President of the Government of Navarre. After the presentation a wine from Navarre and some snacks will be served.

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27 marzo, 2014 · 18:18

El asesinato de Carlos García Fernández a manos de ETA (1980)

Raúl López Romo y un servidor comenzábamos nuestro libro Sangre, votos, manifestaciones como sigue:


 

Aunque había nacido en Astillero (Cantabria), Carlos García Fernández pasó la mayor parte de sus 55 años de vida en Eibar (Gipuzkoa), donde regentaba un estanco. Este inmigrante había pertenecido al Movimiento Nacional y no escondía sus ideas ultraderechistas, razón por la que durante la década de los 70 recibió numerosas amenazas de ETA, Euskadi Ta Askatasuna (Euskadi y Libertad). Le incendiaron el coche en dos ocasiones y en otra intentaron quemarle la tienda. Su nombre aparecía en las listas negras de supuestos txibatos (colaboradores de la Policía) elaboradas por los simpatizantes de la banda. El martes 7 de octubre de 1980 se encontraba en el estanco cuando dos terroristas lo asesinaron delante de su esposa y otra mujer. El comunicado que ETAm (ETA militar) envió para justificar el atentado decía así:

«A pesar de las amenazas y acciones intimidatorias, Carlos García no ha sabido aprovechar la oportunidad que se le brindaba de abandonar Euskadi Sur y nos hemos visto en la obligación de ejecutarlo. Sirve pues este nuevo aviso en la persona de Carlos García, para que todos aquellos elementos fascistas y colaboracionistas del Estado opresor español en Euskadi Sur se avengan a desistir de su genocida labor y abandonen -ahora que están aún a tiempo- el territorio Vasco».

Lo más trágico del suceso es que Carlos García Fernández, tras años de aguantar la persecución de los violentos, sí había decidido «aprovechar la oportunidad» de irse de Eibar. La familia iba a trasladarse a la localidad de Arnedo (La Rioja) el 8 de octubre, justo un día después de que ETAm se viera «en la obligación de ejecutarlo». Cuando sus verdugos dieron con él, García Fernández estaba en el que había sido su negocio, pero no trabajando, sino explicando los pormenores del mismo a la señora a la que se lo había traspasado.

La historia no acabó en ese momento, sino que tuvo un largo epílogo en forma de las secuelas psicológicas que sufrieron sus familiares, agravadas por el tenso ambiente político que se respiraba en Eibar. Cuando la hija de la víctima salió a la calle éstas fueron las primeras condolencias que recibió por parte de una antigua vecina:

-Mira, lo siento por tu madre y por ti…

-Gracias.
– …pero por tu padre no.


Tal y como me indica mi colega José Antonio Pérez, el autor del crimen acaba de confesar. Se trata de Kepa Pikabea, uno de los presos etarras acogido a la vía Nanclares.

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Conferencia sobre el fin de ETA

Conferencia sobre el fin de ETA

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24 marzo, 2014 · 13:32

Reseña de «Sangre, votos, manifestaciones» en la revista «Mélanges de la Casa de Velázquez»

Pueden leerla aquí

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Documental sobre la historia de ETA

Anoche ETB 2 emitió este documental sobre la historia de ETA, en el que aparecemos entrevistados Antonio Elorza, Juan Pablo Fusi, Perico Ibarra y un servidor. Me avisaron con poco tiempo y no llevaba las respuestas tan preparadas como en otras ocasiones, pero espero no haber desmerecido tan ilustre compañía.

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La Mario Onaindia Fundazioa organiza un ciclo de conferencias sobre el fin de ETA

La Mario Onaindia Fundazioa organiza un ciclo de conferencias sobre el fin de ETA

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21 febrero, 2014 · 12:46

¿Qué había de izquierda en ETA y la «izquierda abertzale» durante el franquismo y la Transición?

(Es necesario comenzar con una advertencia. Lo que sigue no es una reflexión sobre el presente del nacionalismo vasco radical, sino sobre su pasado, concretamente sobre su devenir durante el franquismo y la Transición, que es uno de los temas que he estudiado a lo largo de estos últimos años).
La primera ETA, lejos de situarse en una posición de izquierdas, había heredado del PNV su rechazo al marxismo en general y al comunismo en particular. En palabras de Manuel Pagoaga (Peixoto), «éramos euskaldunes y eso ya bastaba (…). Entonces más que ideología se trataba de intuición. Era algo así como un dolor de tripas. Lo tenías y ya está. No te preguntabas por qué, lo tienes y vale» (Punto y Hora, 7 al 14-X-1982). Según el que fuera el primer jefe del frente militar, Xabier Zumalde (el Cabra), «la ETA que nosotros fundamos creía en un ideal y en una patria. Nuestra doctrina era Euskadi, pasábamos del marxismo» (20 minutos, 4-X-2007). Ahora bien, a partir de 1962 un sector importante de la organización se acercó al socialismo, lo que trajo consigo importantes consecuencias. La más visible fue que en la IV Asamblea se aprobó el objetivo de una Euskadi independiente… y socialista. Pero, ¿se ha luchado por las dos cosas con el mismo ímpetu?
En el tardofranquismo la subcultura política del nacionalismo radical vinculado a ETA se dio a sí misma el nombre de «izquierda abertzale» (patriota) por pretender que su nacionalismo se había conjugado con alguna variedad de marxismo. No obstante, su ideología, su retórica y su práctica respondían principalmente a dos vectores bien diferentes: el ultranacionalismo y la legitimización de la violencia terrorista. El socialismo de la «izquierda abertzale» fue siempre un elemento secundario y, en ocasiones, simple retórica. A pesar de sus declaraciones, como la propia banda reconocía, «dentro de ETA siempre ha cabido todo el que se ha sentido abertzale. Hemos tenido y seguiremos teniendo en ETA abertzales no socialistas (…). En la historia de ETA solo ha habido expulsiones por una causa: por españolismo. A nadie se le ha expulsado por no ser socialista» (Zutik, nº 47, 1967).
Durante la dictadura aquellos que habían intentado profundizar en el marxismo y habían cuestionado algunos de los dogmas nacionalistas acabaron escindiéndose (o siendo expulsadas) para formar nuevas organizaciones no abertzales de extrema izquierda: ETA berri, Células Rojas y ETA VI. De igual manera, los colectivos disidentes de otras fuerzas que ingresaron en ETA tenían su origen en el nacionalismo tradicional (EGI, las juventudes del PNV) y no en el movimiento obrero. En conclusión, ni se puede caer en el error de interpretar literalmente el discurso pseudomarxista elaborado por la «izquierda abertzale», ajeno en gran medida a su práctica política durante los años de estudio, ni se debe utilizar acríticamente una etiqueta que el nacionalismo vasco radical ligado a ETA ha inventado para definirse a sí mismo.
Ahora bien, no ha faltado quien destacara la esencia marxista de la «izquierda abertzale», señalando que lo superficial era su pretendido nacionalismo. Tal interpretación ha sido tradicionalmente defendida por la corriente Bultzagilleak (primero situada dentro del PNV, después en EA y en Hamaikabat), cuyo órgano de expresión ha sido la revista Goiz Argi. Bultzagilleak, el sector más anticomunista del nacionalismo vasco, ha mantenido que la «izquierda abertzale» es un movimiento revolucionario de ideología marxista-leninista no genuinamente nacionalista. Una idea similar, aunque desde una perspectiva académica, ha sido expuesta por Iñigo Bullain, que a mi entender, Bullain comete el error, sobre el que ya advertía Kepa Aulestia, de interpretar literalmente los textos de ETA y la «izquierda abertzale». Como señala Jesús Casquete, explicar un movimiento colectivo en función exclusivamente del análisis del discurso que este elabora y difunde no parece acertado, ya que, a menudo, sus movilizaciones y prácticas sociales resultan bastante más elocuentes. Según Francisco Llera, entre 1978 y 1988 el 34,6% de las consignas de las mayores marchas populares de la «izquierda abertzale» hacían referencia a ETA y los presos de la banda, un 32,7% al etnonacionalismo, el 17,3% a movimientos sociales y el 15,4% a antirrepresión. En los años de la Transición las consignas sobre la organización terrorista y sus miembros detenidos llegaban al 69,5%. Es un claro ejemplo de cómo el discurso oficial de un movimiento puede ocultar lo que importa realmente a ese movimiento, es decir, las consignas por las que se moviliza.
De cualquier manera, tampoco parecen consistentes las conclusiones quienes consideran que la «izquierda abertzale» responde a una mezcla de extrema derecha y extrema izquierda o a una especie de fascismo vasco (tesis esta que inauguró el PNV, por cierto). Así, Jorge Oteiza bautizó a la doctrina de HB como «carlismo-leninismo» (Muga, nº 18, 1981) y más adelante Jon Juaristi y Antonio Elorza han comparado directamente a este sector político con el nazismo, lo que a mi juicio resulta incorrecto. Abusamos tanto de este tipo de términos que acabaran perdiendo todo su sentido, si no lo han hecho ya.
Si no era el izquierdismo, ¿qué diferenciaba a la autodenominada «izquierda abertzale» del resto del nacionalismo vasco? Además de su independentismo a ultranza, en lo que no merece la pena detenerse, el nacionalismo radical se distinguía por su relación con ETA y, por consiguiente, con la violencia. No solo me refiero a los vínculos orgánicos, que existieron en el caso de EIA con ETApm y de HASI-HB con ETAm, sino también a los más difusos, los emocionales. En la narrativa de la «izquierda abertzale» el papel que ocupaba la organización terrorista no tenía discusión. ETA más que la vanguardia dirigente era el caudillo o el Mesías (armado) del movimiento: un líder colectivo carismático cuya misión histórica era conducir al Pueblo Trabajador Vasco a la victoria final sobre el «Estado opresor». Autoerigiéndose como la continuación de las partidas carlistas y de los gudaris de la Guerra Civil, ETA se convertía así en el ansiado héroe libertador de la patria oprimida: el último, dramático, pero inevitable episodio del «conflicto vasco». Pondré algunos ejemplos, uno de cada uno de los partidos que conformaban el nacionalismo radical durante la Transición. Una carta publicada en el boletín de EIA a mediados de 1977 definía a sus simpatizantes como «elementos que han sido en estos últimos años, simplemente incondicionales de ETA y carecíamos de una mayor formación política» (Boletín interno de EIA, nº 5, VI-1977). Para otra agrupación de EIA «entendemos por izquierda abertzale, todo un sector social que ha nacido en este periodo de lucha contra el fascismo alrededor de la dinámica creada por ETA» (Boletín interno de EIA, nº 10, I-1978). Algo similar a lo que se podía leer en un documento presentado por LAIA a una reunión de KAS: «durante la época de la dictadura la gente entendía que la Izquierda Abertzale era el sector del pueblo que se movía en torno a las coordenadas políticas que marcaba ETA» (Sugarra, nº 8, 1978). En sus Memorias del KAS (1981) Natxo Arregi, exlíder de EHAS y de HASI, describía al campo del nacionalismo radical como «apenas cultivado, ambiguo ideológicamente, inextructurado (sic) organizativamente, articulado en torno a símbolos exclusivistas abertzale-sozialistas y en virtud de una silenciosa sintonía con la lucha armada y los gudaris liberadores».

Bibliografía
ARANZADI, Juan (1994): «Violencia etarra y etnicidad», Ayer, nº 13, pp. 189-209.
ARREGI, Natxo (1981): Memorias del KAS (1975-1978). San Sebastián: Hordago.
AULESTIA, Kepa (1998): HB. Crónica de un delirio. Madrid: Temas de hoy.
BULLAIN, Iñigo (2011): Revolucionarismo patriótico. El Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV). Origen, ideología, estrategia y organización. Madrid: Tecnos.
CASQUETE, Jesús (2009): En el nombre de Euskal Herria. La religión política del nacionalismo vasco radical. Madrid: Tecnos.
CASQUETE, Jesús (2010): «Abertzale sí pero, ¿quién dijo que de izquierda», El Viejo Topo, nº 268, pp.
ELORZA, Antonio (2001): Un pueblo escogido. Génesis, definición y desarrollo del nacionalismo vasco. Barcelona: Crítica.
FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka y LÓPEZ ROMO, Raúl (2012): Sangre, votos, manifestaciones. ETA y el nacionalismo vasco radical (1958-2011). Madrid: Tecnos.
JÁUREGUI, Gurutz (1985): Ideología y estrategia política de ETA. Análisis de su evolución entre 1959 y 1968. Madrid: Siglo XXI. (1ª ed.: 1981).
JUARISTI, Jon (2001): «Prólogo», en VARELA, José: Contra la violencia. A propósito del Nacional-socialismo alemán y del vasco. Alegia: Hiria, pp. 9-13.
LLERA, Francisco José (1992): «ETA: Ejército secreto y movimiento social», Revista de Estudios Políticos, nº 78, pp. 161-193.
MATA, José Manuel (1993): El nacionalismo vasco radical. Discurso, organización y expresiones. Bilbao: UPV-EHU.
REINARES, Fernando (2001): Patriotas de la muerte. Quiénes han militado en ETA y por qué. Madrid. Taurus. (Reed. 2011).

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19 febrero, 2014 · 20:52

30º aniversario del asesinato de Mikel Solaun

Miguel Francisco Solaun Angulo, detenido en 1969, fue quien organizó la célebre fuga de la cárcel de Basauri de 1970, que le permitió escapar junto a otros catorce etarras. Regresó del exilio en 1977 al beneficiarse de la amnistía general. Gerente de una constructora, se encargó de la edificación de un grupo viviendas en Algorta (Vizcaya) que luego fue vendido al Gobierno para incorporarlo a la futura casa-cuartel de la Guardia Civil. En 1981 ETAm coaccionó a Solaun para que colocara una bomba de cincuenta kilogramos en su interior, con vistas a un atentado indiscriminado para el día de la inauguración. “Fui conminado por ETA a colaborar y prestar toda la ayuda que me pidieron y me exigieron, so pena de aparecer como un traidor ante ellos y correr la suerte que tuvieron mis amigos”, confesaba en una carta personal que salió a la luz tras su asesinato. No obstante, Solaun no conectó los explosivos al sistema eléctrico “porque no soy un asesino”. Por añadidura, hizo una llamada anónima avisando a la policía, aunque los artificieros no dieron con el artefacto. No tuvo más remedio que indicar personalmente el paradero exacto. Los miembros del comando responsable y él mismo fueron detenidos. Acusado de colaborar con ETAm, fue condenado a cuatro años de prisión. Allí los presos milis le dieron una paliza, advirtiéndole que no iban a parar hasta “llegar al final”. La cosa no fue a mayores porque la comuna polimili decidió protegerlo. Gracias a la mediación del parlamentario de EE Juan Mari Bandrés, Solaun fue indultado en 1983. Desde entonces, como se relata en Vidas rotas, “pasó a vivir semioculto por motivos de seguridad, mientras buscaba trabajo fuera del País Vasco”. El 4 de febrero de 1984, estando con su familia en una cafetería de Algorta, un joven pistolero le pegó un tiro por la espalda. ETAm reivindicó el atentado calificando a la víctima de “traidor y colaborador de la policía”. Se trataba de “una advertencia para todos aquellos que buscan una salida personal a su situación”. En su funeral, al que asistieron más de 500 personas, hubo una nutrida representación de euskadikos y séptimos reinsertados. En 1985 los etarras Juan Manuel Piriz y Juan Manuel González fueron juzgados y condenados como autores materiales del asesinato de Solaun. Cuando se les preguntó por qué lo habían hecho respondieron que “todo traidor en una guerra debe ser ejecutado”. En el exterior del juzgado, rezaba la crónica de El País, los familiares y amigos de los acusados coreaban himnos nacionalistas y daban goras (vivas) a ETA militar».

-(2013): «El precio de pasarse al enemigo. ETA, el nacionalismo vasco radical y la figura del traidor», Cuadernos de Historia Contemporánea, nº 35, pp. 89-110.

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4 febrero, 2014 · 20:44

Presentación de «El lugar de la memoria. La huella del mal como pedagogía democrática».

La Fundación Fernando Buesa Blanco Fundazioa tiene el placer de invitarle a la presentación del libro: El lugar de la memoria La huella del mal como pedagogía democrática. En la presentación intervendrán: Mila García de la Torre (Patronato de la Fundación Fernando Buesa) Josu Ugarte (Exdirector de Bakeaz) y Martín Alonso (Coautor del libro).

Día: jueves, 6 de febrero de 2014
Hora: 19.00 h.
Lugar: Hotel NH Canciller Ayala
C/ Ramón y Cajal, 5. Vitoria.

Fernando Buesa Blanco Fundazioak atsegin handiz gonbidatzen zaitu ondoko liburuen aurkezpenera: El lugar de la memoria. La huella del mal como pedagogía democrática.

Eguna: otsailaren 6a, osteguna
Ordua: 19.00etan
Tokia: NH Canciller Ayala Hotela
Ramón y Cajal kalea, 5. zk. Gasteiz

Aurkezpenean ondokoek hartu dute parte:
Mila García de la Torre (Fernando Buesa Fundazioko Patronatua)
Josu Ugarte (Bakeazeko zuzendari ohia)
Martín Alonso (libroliburuaren egilekidea )

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31 enero, 2014 · 9:16

Cómo y por qué ETA renunció al racismo apellidista de Sabino Arana

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ETA supuso la continuación de la corriente más extremista y exaltada del nacionalismo vasco, la misma que antes de la Guerra Civil habían encarnado Aberri y los Jagi-Jagi. Sin embargo, más de medio siglo no había pasado en balde. El contexto histórico empujó a los jóvenes etarras a adaptar y actualizar la doctrina aranista. Sus aristas más polémicas, las que hubo que limar, eran precisamente los puntales del pensamiento del fundador del PNV: el integrismo y el racismo apellidista.

Mantener el antimaketismo resultaba demasiado problemático. En primer lugar, la existencia de una supuesta raza vasca pura era ya poco creíble. En segundo lugar, el genocidio de seis millones de judíos por el régimen nazi en la II Guerra Mundial había desprestigiado el racismo en Europa. En tercer lugar, algunos de los más significados dirigentes etarras (José Luis Álvarez Enparantza [Txillardegi], José María Benito del Valle o posteriormente Federico Krutwig Sagredo) no cumplían el requisito aranista de los apellidos autóctonos y, por tanto, no hubieran podido ser considerados vascos de raza. En cuarto y último lugar, a consecuencia de la masiva inmigración, un creciente porcentaje de la población vasca realmente existente tampoco hubiese cabido en la arqueoutopía imaginada por Sabino Arana. Por todo ello, ETA abandonó oficialmente el criterio racial de exclusión (pero no el antiespañolismo), aunque explícita o implícitamente el sentimiento de superioridad y los prejuicios xenófobos se mantuvieron en importantes sectores de su militancia. Una buena muestra de esta ambigüedad fueron los Principios aprobados en su I Asamblea de mayo de 1962. En ellos se rechazaba expresamente el racismo para, a renglón seguido, amenazar con segregar o expulsar a aquellos inmigrantes que se opusieran a ETA.

De cualquier manera, al renunciar al criterio racial de exclusión, ETA se enfrentaba a un dilema crucial. Todo movimiento nacionalista necesita establecer unos límites que definan qué seres humanos forman parte de su comunidad nacional y cuáles quedan fuera. Descartados la raza y los apellidos, ¿qué hacía vasco a un vasco? ¿Cuál era la frontera entre el «nosotros» y el «ellos»? ¿En qué consistía exactamente Euskadi? En una etnia. Este era un concepto antropológico que ahora se pretendía sustentar en la cultura y, sobre todo, en el idioma. El límite de la nación vasca era, por tanto, el vascuence. Como se podía leer en el Libro Blanco, «el euskera es la quintaesencia de Euzkadi: mientras el euskera viva, vivirá Euzkadi». En un Zutik de 1963 se especificaba que «no hay en consecuencia sino un camino para salvar el euskera de su desaparición: la independencia política de Euzkadi. El movimiento euskaltzale no patriota está inevitablemente condenado al fracaso. Es una traición hoy».

Este principio era la base del etnonacionalismo. Sus máximos promotores intelectuales, Txillardegi y Krutwig, compartían dos rasgos muy reveladores: Sabino Arana nunca los hubiera considerado miembros de la raza vasca y ambos fueron estudiosos del euskera. Álvarez Enparantza fue el adalid de una corriente interna de la organización caracterizada por el etnonacionalismo, el frentismo abertzale y el antimarxismo. Basándose en el estructuralismo lingüístico, Txillardegi consideraba que el idioma determinaba la cosmovisión del hablante, ergo, el euskera hacía al vasco. Federico Krutwig (F. Sarrailh de Ihartza), que ingresó más tarde en ETA, influyó notablemente en su militancia a través de Vasconia (1963). En dicho libro criticaba con dureza al PNV y a su obsesión racial, que proponía sustituir por el idioma como «factor primordial de nuestra entidad nacional». En consecuencia, «el vasco es el “euskaldun”, y quien no habla el euskara es un “euskaldun-motz”, un vasco cortado, castrado». O un traidor a la patria. A pesar de la analogía de su etnicismo, Krutwig difería de Txillardegi en otros aspectos esenciales, como la estrategia que ETA había de seguir, ya que se decantaba por una guerrilla al estilo de las del Tercer Mundo.

Es importante señalar que Krutwig consideraba asimilable a cualquier «blanco» que aprendiese euskera, pero no a los miembros de una raza no indoeuropea. Vasconia, probablemente publicado en París (y no en Buenos Aires como aparece en el libro), fue financiado por Paco Miangolarra, amigo y mecenas de Krutwig y Marc Légasse. Ha habido cierto debate sobre la influencia ideológica de Vasconia en ETA, que fue precisamente, como confesó Krutwig enuna entrevista en Muga en 1979, el objetivo para el que había sido escrita la obra. En un Zutik de 1963 (postura hecha oficial en 1964) Txillardegi escribía que «las primeras reacciones han sido de una virulencia extrema. Una gran parte de las personas que tienen más de 50 años (es decir, de los que vivieron la guerra del 36) ha reaccionado contra el libro de manera violenta. Los jóvenes, por el contrario, no ocultan con más o menos reservas, su alegría por la aparición del libro. Algunos han dicho: “Ya era hora de que alguien dijera claramente lo que había que decir”». Años después este mismo autor reconocía que de factoVasconia se convirtió «en la biblia de ETA». La postura del PNV queda reflejada en Alderdi, donde se tachaba de «“plastikolari” [terrorista] literario» a Krutwig, «cuyos adjetivos y falsedades, recuerdan el lenguaje y el estilo de la propaganda de los mejores tiempos de Hitler y Stalin». En una nota de la dirección jeltzale de Guipúzcoa se le echaba en cara «que se dice racista sin tener una gota de sangre vasca en sus venas». Según un informe de la Oficina de Enlace del Gobierno franquista, «parece resultar atrayente para los jóvenes de los movimientos “ETA” y “Enbata” (…). Este libro es el de mayor actualidad dentro de los medios nacionalistas vascos». Fueran muchos o pocos sus lectores, lo importante, es que la organización utilizó el libro en sus cursillos de formación y ayudó a distribuirlo, con lo que, como señala Jon Juaristi, «las ideas fundamentales del mismo ya eran moneda corriente entre los nacionalistas de mi generación».

De cualquier manera, retomando el hilo, el etnonacionalismo suponía una renovación parcial del pensamiento de Sabino Arana. El criterio lingüístico no daba lugar a una postura sustancialmente más abierta e integradora que la doctrina aranista: la discriminación no había desaparecido, únicamente se había transferido. En vez de excluir a los maketos, se excluía a los castellanoparlantes, categoría a la que pertenecían la totalidad de los inmigrantes y una altísima proporción de los autóctonos. Oficialmente ETA mantuvo el criterio lingüístico de exclusión étnica hasta finales de la década de 1960, pero fue relegándolo a un estatus secundario. El etnonacionalismo propiamente dicho quedó restringido a ciertos círculos culturales euskaldunes y a algunos grupúsculos políticos como lo que luego sería ESB. No obstante, su influencia ha sido notable. Valga como muestra un botón: las palabras «vasco» y «Euskadi» empezaron a ser sustituidas por las reaparecidas «euskaldun» y «Euskal Herria», que el propio Sabino Arana había rechazado y a las que ahora se daba unas connotaciones políticas que en origen no tenían. Tras Txillardegi y Krutwig, el etnonacionalismo de base lingüística ha sido teorizado por Joxe Azurmendi.

 

  • Bibliografía
  •  ALCEDO MONEO, Miren (1996): Militar en ETA. Historias de vida y muerte. San Sebastián: Haranburu.
  • ÁLVAREZ ENPARANTZA, José Luis (1997): Euskal Herria en el horizonte. Tafalla: Txalaparta.
  • AZURMENDI, Joxe (1995): Los españoles y los euskaldunes. Hondarribia: Hiru.
  • ESTORNES ZUBIZARRETA, Idoia (2010): «Una polémica sobre el vascuence en tiempos de silencio», Cuadernos de Alzate, nº 42, pp. 92-110.
  • FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka y LÓPEZ ROMO, Raúl (2012): Sangre, votos, manifestaciones. ETA y el nacionalismo vasco radical (1958-2011). Madrid: Tecnos.
  • GARMENDIA, José María (1996): Historia de ETA. San Sebastián: Haranburu. (1ª ed.: 1979-1980).
  • JÁUREGUI, Gurutz (1985): Ideología y estrategia política de ETA. Análisis de su evolución entre 1959 y 1968. Madrid: Siglo XXI. (1ª ed.: 1981).
  • JUARISTI, Jon (1997): El bucle melancólico. Historias de nacionalistas vascos. Madrid: Espasa.
  • KRUTWIG, Federico (2006): Vasconia. Pamplona: Herritar Berri. (1ª ed.: 1963).
  • REINARES, Fernando (2001): Patriotas de la muerte. Quiénes han militado en ETA y por qué. Madrid. Taurus. (Reed. 2011).

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