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Hablando de Mario Onaindia con un gintonic en la mano

Post de Aurelio Romero Serrano.

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22 agosto, 2013 · 7:55

Precedentes de EE: El nacionalismo vasco heterodoxo hasta la Guerra Civil

El nacionalismo vasco heterodoxo

La vía del nacionalismo vasco heterodoxo, terminología acuñada por José Luis de la Granja, en cuyos trabajos me baso para escribir este post, ha estado representada por algunas personalidades durante la Restauración, por ANV en la II República y la Guerra Civil, por ESEI durante la Transición, por EE a partir de la convergencia de EIA con el EPK (1982) y posteriormente por algunas personalidades independientes.

Según José Luis de la Granja, la corriente abertzale heterodoxa, débil y discontinua, está caracterizada por una serie de rasgos político-ideológicos. En primer lugar, el suyo es un nacionalismo no aranista, que rechaza la mayoría de los dogmas del fundador del PNV (el antiespañolismo, el clericalismo, el antimaketismo, la narrativa, la estructura confederal del País Vasco, etc.). Así, su concepción de la nación vasca es voluntarista y subjetiva, integradora y plural. No obstante, los heterodoxos siguen calificando a Euskadi como «la patria de los vascos», por lo que su nacionalismo tampoco puede ser calificado de antiaranista. En segundo término, los abertzales heterodoxos generalmente se han ubicado en la izquierda, ya sea en posiciones liberales (ANV) o socialistas (ESEI y EE). Tercero, dichos grupos se han aliado preferentemente con partidos vascos no nacionalistas, con algunos de los cuales incluso se han fusionado (EIA con el EPK en 1982 y EE con el PSE en 1993). De igual manera, han rechazado cualquier frente abertzale excluyente. En cuarto lugar, el objetivo político prioritario de los heterodoxos ha sido lograr «una Euskadi autónoma en España democrática», ya que consideran que España no es «el enemigo» ni el «Estado opresor», sino una realidad histórica y plurinacional dentro de la cual el País Vasco puede existir manteniendo su personalidad diferenciada. Así, estos han sido los partidos más firmemente autonomistas, renunciando explícitamente al horizonte independentista o relegándolo a la pura retórica. Además, han sido las únicas formaciones abertzales que han aprobado una Constitución española (ANV implícitamente la de 1931 y EE expresamente la de 1978, aunque con diez años de retraso). El nacionalismo heterodoxo nunca ha logrado consolidar un espacio político propio. En tierra de nadie, encajado entre las dos formaciones más influyentes del País Vasco, el PNV y el PSOE, su papel se ha visto reducido a ejercer de «bisagra» entre ambos. Por este motivo, socialistas y jeltzales han terminado por absorber los restos del nacionalismo heterodoxo, cuando este, tras su declive electoral, ha entrado en crisis y ha desaparecido. A pesar de todo, su fiasco político no debe ocultar las aportaciones de la heterodoxia abertzale: su contribución a la modernización y democratización del nacionalismo vasco, su papel en la vertebración de Euskadi y, por último, su actividad a favor de la solución del problema vasco, incluyendo la integración pacífica del País Vasco en la España de las autonomías.

Los pioneros

Durante la Restauración esta corriente del nacionalismo estuvo personificada en unos pocos individuos, vinculados en su mayoría al grupo euskalerriako de Ramón de la Sota: Francisco de Ulacia, Jesús de Sarria y Eduardo Landeta. Ulacia fue uno de los primeros concejales de Bilbao por el PNV (1901 y 1093). El anticlericalismo de este médico y escritor le llevó a criticar duramente el «lastre integrista» del «nacionalismo religioso», que abandonó para fundar dos efímeras formaciones abertzales autonomistas, republicanas y liberales en Bilbao: el Partido Nacionalista Vasco Liberal (1910) y el Partido Republicano Nacionalista Vasco (1911), cuyo lema era «Patria y Libertad». Este último llegó a estudiar fusionarse con el Partido Reformista de Melquíades Álvarez en 1912. Las dos formaciones abertzales heterodoxas se vinieron abajo por la hostilidad del PNV y la escasez de seguidores. Durante la II República Ulacia propuso inútilmente que ANV convergiera con el republicanismo federal, en cuyas filas acabó militando. En los años 30 sus escasos seguidores, como el periodista Pedro Sarasqueta y el historiador Segundo de Ispizua, se unieron a partidos republicanos.

El abogado y escritor Jesús de Sarria fue el director de la importante revista Hermes (1917-1922), en la que colaboraron otros nacionalistas heterodoxos como Landeta y Ramón de Belausteguigoitia e intelectuales no abertzales, como Miguel de Unamuno y Ortega y Gasset. Su nacionalismo era autonomista, liberal y democrático, así como partidario de la reforma social. Sarria combinaba vasquismo con españolismo, al considerar que la grandeza de España redundaba en beneficio de Euskadi.

Eduardo Landeta, secretario y pariente de Ramón de la Sota, fue el ideólogo del semanario Euskalduna. En 1906 Ángel Zabala, el sucesor de Sabino Arana, lo expulsó del PNV por su heterodoxia. Landeta cuestionó en profundidad toda la doctrina aranista, destacando su conferencia «Los errores del nacionalismo vasco y sus remedios» (1923), por lo que no es extraño que Granja lo denomine «una especie de Bernstein del aranismo». Para Landeta, las ideas del fundador del PNV habían quedado obsoletas, por lo que era conveniente abandonarlas cuanto antes. El nacionalismo debía renunciar al aranismo, a las aspiraciones secesionistas y a la restauración foral, el objetivo oficial del PNV desde 1906. La razón estribaba en que la tesis de la independencia originaria de los territorios vascos, sustento político del mito de la Edad Dorada de Arana, era una «falsedad histórica». Landeta consideraba que la meta final de los abertzales debía ser la mayor autonomía posible de Euskadi dentro de España.

Finalmente hay que nombrar al fugaz Partido Nacionalista Vasco de Baracaldo. De ideas laicas y obreristas, fue fundado por la Juventud Vasca de dicha ciudad en 1922, tras ser primero expulsada de CNV y posteriormente escindida de Aberri. Se trató de uno de los grupos que crearon ANV.

Acción Nacionalista Vasca

Cuando el PNV se reunificó en 1930 reafirmándose en la doctrina aranista, un sector del partido, proveniente de Comunión, se escindió por considerar que el abertzalismo precisaba una renovación ideológica. El 30 de noviembre se fundó ANV, una formación de centro-izquierda, laica, liberal, republicana, no aranista y autonomista, así como abierta a los inmigrantes. Desde sus comienzos la nueva fuerza se coaligó con las izquierdas vascas, participando en sus candidaturas electorales, aunque nunca obtuvo representación parlamentaria. Incluso en 1934 un sector de los republicanos vascos y ANV se acercaron con vistas a una fusión orgánica, paso que no se llevó a cabo por sus diferencias en la cuestión religiosa y en la nacionImagenal. A pesar de las propuestas de algunos de los más destacados dirigentes aneuvistas, como Andrés Perea y Tomás Bilbao, el partido no renunció explícitamente a incluir en su programa de máximos el derecho de autodeterminación para Euskadi. Pero conviene aclarar que esas posiciones soberanistas únicamente aparecieron en algunas declaraciones de principios, puesto que la práctica política de ANV fue netamente autonomista, siendo la obtención del estatuto su principal objetivo. Una buena muestra fue su rechazo a la propuesta de los Jagi-Jagi de formar un frente abertzale a favor de la independencia en 1936 y su preferencia por el Frente Popular con las izquierdas no nacionalistas. Cuando los mendigoxales les acusaron de «colaboracionistas», desde ANV se les respondió que efectivamente, eran colaboracionistas «por programa y por convicción».

Hasta 1936 ANV fue un partido liberal, pero ese año se radicalizó y dio un giro a la izquierda, lo que le llevó a posiciones socialistas, anticapitalistas y antimonopolistas, pero no marxistas. A pesar de que no por ello varió su praxis, sus principales fundadores abandImagenonaron la formación. La actividad política de ANV fue una de las claves de la aprobación del Estatuto de autonomía de 1936 y de la formación ese mismo año del primer Gobierno vasco. El aneuvista Gonzalo Nardiz ocupó una de las consejerías del ejecutivo autónomo de Euskadi hasta su disolución. Otro aneuvista, Tomás Bilbao fue ministro sin cartera en el gabinete republicano del presidente Juan Negrín (1938-1939) en sustitución de Manuel Irujo, del PNV.

ANV fue un partido minoritario y extraparlamentario, que no consiguió consolidarse ni supuso una amenaza electoral para el PNV. Las causas de su fracaso fueron, en opinión de José Luis de la Granja, la falta de espacio político, el retraso del Estatuto, la cuestión religiosa, la ausencia de prensa adicta, los errores propios, etc. Sin embargo, el partido hizo numerosas aportaciones a la historia del nacionalismo vasco que merecen ser reseñadas: 1) «fue el primer partido no aranista del nacionalismo vasco que planteó una alternativa política al PNV por su izquierda»; 2) «contribuyó a la secularización, modernización y democratización de la ideología nacionalista (…), al aportar aconfesionalidad en materia religiosa, el liberalismo en política y la apertura a los inmigrantes»; 3) «renovó la política de alianza del movimiento nacionalista», antes dirigido solo a las derechas no nacionalistas, pactando preferentemente con las izquierdas; 4) aunó el nacionalismo, el liberalismo y el socialismo; 5) anticipó la evolución posterior del PNV; 6) «fue el precedente histórico más importante de la izquierda nacionalista vasca, heterodoxa y estatutista», representada por ESEI (1976-1981) y EE (1982-1993).

El agur de ANV

La historia de ANV no cambió de rumbo hasta la Transición, en la que fracasó electoralmente, lo que la sumió en una crisis interna. Una pequeña facción encabezada por el consejero del Gobierno vasco Gonzalo Nárdiz se escindió para formar la efímera ANV histórica, que apoyó a Euskadiko Ezkerra. El otro sector, mayoritario, mantuvo las siglas, pero cayó en manos de los partidarios de ETA militar, que marginaron a los militantes veteranos y a su dirigente Valentín Solagaistua. ANV se convirtió entonces en un partido fantasma, instrumentalizado como legitimación histórica de la «izquierda abertzale. En 2007 se resucitaron sus siglas para usarlas como pantalla electoral de la ilegalizada Batasuna, pero como escribió José Luis de la Granja («La verdadera historia de ANV», El País, 12-II-2008), «la ANV de la República y la Guerra Civil solo tiene en común el nombre y la bandera con la ANV actual». Poco después la formación fue declarada ilegal.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

GRANJA, José Luis de la (1983): «El doctor Justo Gárate y el nacionalismo vasco», Muga, nº 25.

GRANJA, José Luis de la (1998): «Francisco de Ulacia. Biografía política», en ULACIA, Francisco de: ¡Nere biotza! Bilbao: El Tilo, pp. 9-76.

GRANJA, José Luis de la (2003): El siglo de Euskadi. El nacionalismo vasco en la España del siglo XX. Madrid: Tecnos.

GRANJA, José Luis de la (2008): Nacionalismo y II República en el País Vasco. Estatutos de autonomía, partidos y elecciones. Historia de Acción Nacionalista Vasca: 1930-1936. Madrid: Siglo XXI. (1ª ed.: 1986).

GRANJA, José Luis de la y FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka (2012): «L´évolution des nationalismes hétérodoxes au Pays basque», en FERNÁNDEZ GARCÍA, Alicia y PETITHOMME, Mathieu (dirs.): Les nationalismes dans l´Espagne contemporaine depuis la transition démocratique (1975-2011). Compétition politique et identités nationales. París: Armand Colin, pp. 166-188.

MEES, Ludger (1989): «La izquierda imposible. El fracaso del nacionalismo republicano vasco entre 1910 y 1913», Historia Contemporánea, nº 2, pp. 249-266.

PABLO, Santiago de (1987): «La izquierda del nacionalismo vasco en Álava: ANV (1931-1936», Kultura, nº 11, pp. 110-122.

PABLO, Santiago de (1993): «La renovación ideológica del nacionalismo vasco en 1930: de la ponencia navarra al manifiesto de San Andrés», Príncipe de Viana, anejo 15, pp. 405-413.

PS: Y esto de regalo.

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Puntualizaciones de Xabier Markiegi

El exparlamentario vasco y exararterko (defensor del pueblo) Xabier Markiegi fue uno de los líderes importantes en la historia de EE. Como tal, ocupa un lugar destacado en el libro Héroes, heterodoxos y traidores. Por ejemplo, en el párrafo (pp. 396 y 397) en el que se describe su disociación de Euskadiko Ezkerra:

Justo después del VI Congreso Markiegi, el único parlamentario de
EE en la cámara vasca, anunció que abandonaba la disciplina del partido.
Pese a que en principio había sido defensor de la entente con el PSE, ya
en noviembre de 1992 se había desvinculado del proceso por preferir una
asociación a largo plazo que fuera precedida por un período de unidad de
acción. A pesar de sus discrepancias, se había comprometido a ser leal a
las «decisiones democráticas que adopten los órganos soberanos» de EE,
así como a respaldar al Gobierno vasco de coalición. En febrero de 1993
dejó de hacerlo. Larrínaga se enteró por el periódico de que Markiegi
le había dejado en la estacada. Su Consejería carecía ahora de apoyo en la cámara vasca, lo que le situaba en una situación muy comprometida.
En palabras de Mikel Unzalu, se había desatado «una crisis dentro de la
crisis».

Xabier Markiegi considera que este fragmento de la obra no se ajusta a los acontecimientos históricos tal y como sucedieron, por lo que ha escrito una carta en la que da su versión de los hechos apoyándose tanto en su memoria como en documentación. Considero que ese testimonio escrito es muy interesante y me obliga a matizar algunas de las afirmaciones realizadas en el citado párrafo (para escribir el cual me basé en dos entrevistas y tres noticias de prensa, ya que no pude acceder ni a ciertos documentos ni al testimonio del propio Markiegi, quien declinó colaborar en mi tesis), por lo que he subido la carta aquí para que cualquiera pueda consultarla. Una obra historiográfica nunca es definitiva: está en perpetua revisión, a la espera de que surjan nuevas fuentes o nuevos enfoques. Así que bienvenido sea el aporte.

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La función del …

La función del historiador es proporcionar un relato acerca de lo ocurrido en el pasado, basado en el rigor de una localización y crítica de los restos de éste, que permita comprender las claves de cómo y porqué sucedieron las cosas.
La realidad, pasado o presente, se produce por una multiplicidad de causas; las cosas no se producen por un solo motivo.
El historiador da cuenta de la complejidad con que se produce la realidad, expone las diferentes causas que ha localizado como generadoras de los hechos e, importante, formula razonadamente una jerarquía de esas causas, señalando las que entiende como principales y como secundarias, aunque relevantes.

El jueves Raúl López Romo y un servidor celebramos en Vitoria un acto de presentación de dos nuestros libros. Nos presentaron Esozi Leturiondo, presidenta de la Mario Onaindia Fundazioa y el catedrático de Historia Contemporánea por la UPV/EHU Antonio Rivera, quien ha tenido la amabilidad de cederme el texto de su conferencia, que pueden descargarse y leer AQUÍ. Comenzaba, con la cita que abre este post, reflexionando sobre la función del historiador. No está de más, pues es algo que mucha gente olvida. Pero el texto también toca otros temas cruciales (y no me refiero precisamente a nuestras obras, que son solo granos de arena). Feliz lectura sabática.

PS: Y AQUÍ adjunto la Convocatoria para la presentación de ponencias al Congreso Internacional: Himnos y canciones: símbolos de identidad colectiva en perspectiva comparada, que se celebrará en Bilbao, los días 22-23 de mayo de 2014. Organiza la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea.

PS II: Todavía aguanta, pardiez.

Territorios - 29 jun 2013 - Page #7

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29 junio, 2013 · 6:25

Estreno del documental «La Batalla de Vitoria»

Aquí pueden ver el trailer de «La batalla de Vitoria», documental dirigido por el cineasta e historiador Aitor González de Langarica (Area Audiovisual). Se estrena hoy mismo en los Cines Florida a las 19:00h.

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28 junio, 2013 · 14:49

Recensión de «Sangre, votos, manifestaciones» en «Historia del Presente»

Fresquita como este verano de tres al cuarto. Aquí se la pueden descargar.

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Entrevista en el «Diario Vasco»

La pueden descargar aquí.

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Hacer patria o hacer historia. Algunos apuntes sobre la literatura histórica de la «izquierda abertzale»

La calidad de las obras sobre la historia del pasado reciente del País Vasco es muy heterogénea. Aunque su número no es tan elevado como nos gustaría, contamos con trabajos notables, escritos con método, rigor y profesionalidad. Pero la escasez de obras historiográficas propiamente dichas se ve agravada porque en el ámbito vasco les ha surgido una seria competidora: la literatura histórica. José Luis de la Granja lo explica mejor que yo: «una cosa es la historiografía militante y partidista, sea laudatoria o denigratoria del nacionalismo, y otra muy distinta es la historiografía sustentada en una investigación objetiva de las fuentes y una metodología científica a cargo de historiadores profesionales, en su mayoría profesores universitarios. En puridad, el nombre de historiografía se debería reservar en exclusiva para esta última, mientras que a aquélla la denominamos literatura histórica».

El uso partidista de la historia, su instrumentalización y manipulación, no es monopolio de ninguna ideología concreta. En el caso vasco encontramos ejemplos tanto de literatura histórica antinacionalista, que ha tenido un claro resurgir en los últimos años, sobre todo de mano de periodistas, como ultranacionalista, que es en la que me centro aquí. Ha sido certeramente descrita por Santiago de Pablo como «historiografía nacional-revolucionaria, muy parcial y preñada de lugares comunes, en las que ETA aparece siempre como un movimiento salvador de una Euskadi oprimida no solo por la dictadura, sino también por España y por el capitalismo». En ese sentido, cada libro es un nuevo capítulo que añadir a la saga narrativa del «conflicto vasco». A pesar de su escasísima calidad y de su evidente propósito publicitario, lo cierto es que la literatura ultranacionalista cuenta con bastante difusión social gracias a la compleja y eficiente industria cultural que ha construido la «izquierda abertzale»: asociaciones «por la memoria histórica» (Euskal Memoria, Ahaztuak 1936-1977, etc.), editoriales (Txalaparta), medios de comunicación (Gara, etc.), una red de librerías, etc. Y, por supuesto, un público lector entregado y dispuesto a leer (y asumir) cualquier cosa que confirme sus creencias y prejuicios, que legitime su apuesta por una opción determinada: el nacionalismo vasco radical. Da igual que la obra carezca de fuentes, esté claramente sesgada o no resista un mínimo análisis crítico. No estamos en el universo de la razón, sino en el de los sentimientos y emociones.

Dentro de la larga lista de escritores de literatura histórica ultranacionalista hay que distinguir dos categorías. En primer lugar hay una mayoría de propagandistas, entre los que cabe citar a Iñaki Egaña Sevilla, José Antonio Egido, Iker Casanova, Luis Núñez, Eduardo Renobales o Txema Urrutia. Se distinguen no solo por desconocer la metodología básica del historiador, sino también por despreciar abiertamente a la historia como disciplina y más cuando tiene alguna relación con la universidad. Por descontado, eso no obsta para que se aprovechen de sus avances, plagiando (literalmente) a los historiadores profesionales, a los que, sin embargo, raramente citan (en realidad, casi nunca citan a nadie ajeno a su minúsculo e intelectualmente autárquico círculo). Lo suyo es apuntalar (o inventar o incluso reinventar) los mitos abertzales. La verdad, a su modo de ver, no tiene que ver con la ciencia, sino con la fe… en Euskal Herria, una patria que es inmemorial y que lleva siglos sojuzgada por el «Estado español». Y, si los documentos dicen lo contrario, qué les zurzan a los documentos. Quien dude de las máximas patrióticas sencillamente se coloca en el bando de los opresores, o sea, es un «fascista». Evidentemente con los propagandistas, que nunca escuchan ni tienen dudas, no cabe ningún debate historiográfico.

Pero no es justo clasificar a todos los productores de literatura histórica ultranacionalista como simples apologetas. Hay una minoría de historiadores y/o cronistas que dominan los rudimentos del oficio. Me refiero, entre otros, a Francisco Letamendia (Ortzi), Emilio Majuelo y José María Lorenzo Espinosa. Gracias a su aparente corrección formal y metodológica, sus obras han de inscribirse en una categoría superior a la de los propagandistas. Desde luego, tienen más calidad. Resultan útiles y son de obligada lectura para quien pretende tratar en serio la historia de ETA y el nacionalismo vasco radical. Mas hay que tener cuidado y comprobar detenidamente algunas de sus afirmaciones antes de darlas por válidas, ya que los cronistas escriben con la misma parcialidad que los panfletos de sus primos: el impulso que en el fondo les guía es hacer patria, no hacer historia. No hay que olvidarlo nunca.

PS: Al César lo que es del César. Por un lado, Letamendia se avino a concederme una (eso sí) breve entrevista para realizar mi tesis doctoral. Sus obras, aunque hay que tomarlas con precaución, me han sido provechosas en mis investigaciones, sobre todo para hacerme una idea general al principio, cuando estaba un tanto perdido. Por otro lado, Lorenzo Espinosa, que fue mi profesor en la Universidad de Deusto, ha escrito algunos libros rigurosos, además de literatura histórica, y sería injusto meter a todas sus publicaciones en el mismo saco. Guardo buen recuerdo suyo como persona. Quizá algún día podamos tomarnos unas cañas y tener un debate historiográfico de verdad. Ojalá.

BIBLIOGRAFÍA
GRANJA, José Luis de la (1992): «El nacionalismo vasco: de la literatura histórica a la historiografía», Historia Contemporánea, nº 7, pp. 209-236.
MOLINA, Fernando (2010): «La eterna “cuestión vasca”. ¡Y vuelta la burra al trigo!», Claves de Razón Práctica, nº 199, pp. 64-71.
MONTERO, Manuel (2011): La forja de una nación. Estudios sobre el nacionalismo y el País Vasco durante la II República, la Transición y la democracia. Granada: Universidad de Granada.
PABLO, Santiago de (2005): «Silencio roto (solo en parte). El franquismo y la transición en la historiografía vasco-navarra», Vasconia, nº 34, pp. 383-406.
RIVERA, Antonio (2004): «Cuando la mala historia es peor que la desmemoria (acerca de los mitos de la Historia contemporánea vasca)», El valor de la palabra, nº 4, pp. 41-72.

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18 junio, 2013 · 19:16

Doble presentación en Vitoria el 27 de junio

Desde que empecé mi tesis doctoral, hace ya unos ocho años, he sido un abnegado siervo de la (celosa) musa Clio. Fue una etapa de mi vida larga, estresada, interesante y agridulce, en la que he aprendido mucho, pero en la que también he perdido unas cuantas cosas. Y personas. No me quejo: buena, mala o regular, fue mi elección. Pero es hora de dar por concluido el ciclo y buscar nuevas aventuras, sean estas las que sean. Ya de hacerlo, pardiez, que sea a lo grande.
Gracias a la generosidad de la Fundación Fernando Buesa y la Mario Onaindia Fundazioa, pondré el punto final el día 27 de junio en Vitoria en un acto de presentación doble: mi colega Raúl López Romo y un servidor hablaremos de «Sangre, votos, manifestaciones», el libro que escribimos al alimón y que apareció el año pasado, y de «Héroes, heterodoxos y traidores», que ya conocen de sobra por mi tendencia al autobombo. Nos presenta el catedrático de la UPV/EHU Antonio Rivera. Y luego habrá tiempo para el debate, si les place.

DÍA: jueves, 27 de junio
HORA: 19.00 h.
LUGAR: Sala Luis de Ajuria. C/ General Álava, 7. Vitoria.

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La historiografía del pasado reciente en Euskadi. Algunos apuntes I

Desde finales del siglo XX el estudio de la historia del pasado reciente es uno de los ámbitos de la historiografía en expansión. En España diversos departamentos universitarios de Historia Contemporánea están dando un mayor protagonismo a los análisis sobre dicha época, con congresos periódicos, asociaciones profesionales y revistas especializadas, como Historia del Presente e Historia Actual. De ahí que se haya escrito una amplia bibliografía sobre la historia política del último tercio de la centuria, tanto desde la historiografía como desde otras ciencias sociales. El objeto principal de estas obras ha sido el proceso de Transición en sí, sobre el que se ha abierto un largo e interesante debate sobre, entre otras cosas, si el protagonismo de la democratización debe recaer en las estructuras socio-económicas, en los líderes políticos (incluido el Rey) o en la movilización ciudadana. Otro de los temas de interés que ha tratado la historia del pasado reciente ha sido el de las grandes culturas políticas de España, las izquierdas y las derechas, especialmente las primeras. Pero también se ha investigado en profundidad la trayectoria de otras fuerzas minoritarias. Aun sin entrar en la literatura en torno al golpe de estado del 23 de febrero de 1981, una buena muestra es la atención académica que ha recibido la extrema derecha, una subcultura política electoralmente marginal cuyo mayor éxito fue la elección de Blas Piñar como diputado en 1979.

En el caso concreto de Euskadi, por el contrario, la historia del pasado reciente todavía no se ha experimentado un auge similar. La historiografía vasca, centrada en el siglo XIX y la primera mitad del XX, ha tardado en acercarse a esta época. El hueco dejado por los profesionales de la historia ha sido ocupado, en el mejor de los casos, por el periodismo y por las ciencias sociales, como la sociología y la ciencia política. Pero también, en el peor de los casos, por la literatura histórica (sesgada, militante y panfletaria). En conclusión, coincido con Santiago de Pablo en que «la historiografía vasco-navarra sobre este período se encuentra por debajo de la media española».

Es importante señalar algunas cuestiones al respecto. En primer lugar, a los problemas que normalmente ha de enfrentarse cualquier investigación enmarcada en la historia del pasado reciente hay que sumar el siempre tenso panorama vasco. No se puede olvidar que la Transición, lejos de ser un simple objeto de estudio, todavía se utiliza como arma arrojadiza en el debate político y que el nacionalismo vasco radical incluso llega a negar que hubiera un cambio de régimen tras la muerte de Franco. En segundo lugar, hay demasiadas lagunas historiográficas sobre el pasado reciente de Euskadi y sigue siendo muy escaso el número de monografías sobre la época.

En tercer lugar, los investigadores que se han acercado a este periodo se han centrado preferentemente en una de las tres culturas políticas del País Vasco. Únicamente la abertzale ha recibido la suficiente atención. La historia del pasado reciente del nacionalismo moderado (el PNV) cuenta con monografías muy sólidas como El péndulo patriótico. El caso del nacionalismo radical es diferente. Los mejores estudios sobre dicha comunidad han provenido de enfoques sociológicos como los de José Manuel Mata y Jesús Casquete. La historiografía política sobre la «izquierda abertzale» está representada por escasas monografías, como la ya clásica de John Sullivan, y algunos artículos recientes en revistas científicas. Aparte de lo referido a Euskadiko Ezkerra, no hay prácticamente nada en torno al nacionalismo vasco heterodoxo del último tercio del siglo XX.

            Probablemente a consecuencia de sus más de 800 víctimas mortales,ETA es el grupo que más atención mediática, política y académica ha acaparado desde su fundación. No es de extrañar, por tanto, que sobre ETA se haya escrito una abundante pero muy desigual bibliografía. Por desgracia, bajo esta riqueza se esconde una monotonía temática. La mayor parte de la literatura científica se ha centrado en una de las varias ramas de ETA, mientras que el resto ha sido olvidado o tratado de pasada. En consecuencia, nuestro conocimiento sobre la historia de Euskadi Ta Askatasuna está distorsionado. Cuando se estudia la ETA anterior a 1974 solo se tocan las facciones nacionalistas (ETA zarra y ETA V) y no las izquierdistas (ETA berri y ETA VI); cuando se avanza más allá de 1974, la principal protagonista es ETAm, quedando los otros grupos como meros actores secundarios. Eso es lo que les ha ocurrido a los CAA (Comandos Autónomos Anticapitalistas) o, en menor medida, a ETApm. No obstante, hay que destacar que han aparecido nuevos y originales enfoques sobre la historia de ETA, como los que han puesto el centro de interés en la relación entre la organización y el cine o en las víctimas del terrorismo.

Las otras dos culturas políticas del País Vasco, es decir, las no abertzales, no han sido objeto de tantos estudios. Las derechas  vascas (las élites franquistas, la extrema derecha, UCD, CDS o AP-PP) no han tenido quién les escriba. Permanecen prácticamente olvidadas, aunque han aparecido algunos trabajos dispersos sobre el tema. Pero tampoco las izquierdas (PSE, EPK y extrema izquierda) han corrido mucha mejor suerte. El desequilibrio historiográfico no corresponde con el peso político real de las tres culturas políticas. En consecuencia, se da una imagen distorsionada de la historia política de Euskadi. Es tal la sobreabundancia de estudios sobre el nacionalismo vasco y tal la escasez de los mismos sobre la derecha y la izquierda que un lector poco avisado podría llegar a pensar que durante las últimas décadas el País Vasco, lejos de estar caracterizado por su diversidad, ha sido homogéneamente abertzale.

 

BIBLIOGRAFÍA

GRANJA, José Luis de la (1992): «El nacionalismo vasco: de la literatura histórica a la historiografía», Historia Contemporánea, nº 7, pp. 209-236.

MOLINA, Fernando (2010): «La eterna “cuestión vasca”. ¡Y vuelta la burra al trigo!», Claves de Razón Práctica, nº 199, pp. 64-71.

MONTERO, Manuel (2011): La forja de una nación. Estudios sobre el nacionalismo y el País Vasco durante la II República, la Transición y la democracia. Granada: Universidad de Granada.

PABLO, Santiago de (2005):«Silencio roto (solo en parte). El franquismo y la transición en la historiografía vasco-navarra», Vasconia, nº 34, pp. 383-406.

RIVERA, Antonio (2004):«Cuando la mala historia es peor que la desmemoria (acerca de los mitos de la Historia contemporánea vasca)», El valor de la palabra, nº 4, pp. 41-72.

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