Archivo de la categoría: Nacionalismo

Presentación de «Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994)»

Invitación para el acto de presentación de Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994), que tendrá lugar el 7 de mayo a las 19:00 en la Sala Baroja de Bizkaia Aretoa de la UPV/EHU (Bilbao).

Intervendrán:
-Esozi Leturiondo, presidenta de la Mario Onaindia Fundazioa
-José Luis de la Granja, catedrático de Historia Contemporánea de la UPV/EHU
-Gaizka Fernández Soldevilla, autor

Si no ocurre nada imprevisto, habrá otra presentación (en formato debate) en el «Zazpi» de Zarauz (Guipúzcoa) el viernes 14 de junio a las 19:30. Y otra más en Vitoria, probablemente en septiembre u octubre.

2 comentarios

26 abril, 2013 · 14:32

El nacionalismo vasco radical y el legado de la II República

bandera-republica-2006Desde que la autodenominada «izquierda abertzale» resucitó las siglas de ANV, que no su contenido, el movimiento ultranacionalista ha intentado apropiarse de parte del legado de la II República en Euskadi, régimen con el que Acción estaba intimamente vinculado (no olvidemos que un militante suyo, Tomás Bilbao, llegó a ser ministro del Gobierno republicano). El año pasado, con motivo del 14 de abril, el ayuntamiento de San Sebastián, controlado por Bildu, izó la bandera (española) republicana. Sí, era (y es) un emblema español, detalle que quizá se le escapó al grupo municipal de Bildu. Cosas veredes.
Como ha estudiado Jesús Casquete en En el nombre de Euskal Herria, el nacionalismo radical ha vampirizado el simbolismo tanto del PNV como de la izquierda obrera, por lo que no resulta extraño que también lo haga con ANV, partido autonomista, liberal e inclusivo que no tenía nada que ver con el independentismo a ultranza y la defensa del terrorismo que han caracterizado a HB y a sus herederas. Es más, si la «izquierda abertzale» tuvo un antecedente en los años treinta fueron los jagi-jagis de Eli Gallastegi (Gudari), un grupúsculo extremista y aranista ortodoxo que hacia la II Repúbica solo demostró un sentimiento: odio.
El mismo, por cierto, que ETA, organización para la que el enemigo siempre fue España en abstracto, considerando que la dictadura franquista (como antes la II República y después la democracia parlamentaria) no eran más que simples accidentes. Veamos algunos ejemplos:

-Zutik, nº 12, 1963:

“Hemos de actuar, no solamente contra Franco, sino contra cualquier Estado español –tenga el régimen que tenga- que nos niegue el derecho de auto-determinación”.

“Creo que es absurdo el que sigamos empeñados en luchar por derrocar a Franco en España, para que se vuelva a instalar en Madrid una República que creemos que será más o menos benévola con los vascos. Cualquier patán se dará cuenta de que los vascos ya hemos derramado bastante sangre por las causas española, francesa, sudamericana, etc.”

-Zutik, nº 18, 1963:

“No hemos quemado y destruido banderas rojo-amarillas por franquistas, sino por españolas, porque no podemos tolerar ese símbolo extranjero –lo español es extrajero en Euzkadi- en nuestra patria ocupada; Más claro aún: la bandera rojo-amarillo-morada (no conocemos otras banderas españolas), es para nosotros tan símbolo extranjero como la rojo-amarilla…. Y la destruiremos (en Euzkadi naturalmente; ¡allá los españoles en España!) si llega el caso”.

-Zutabe, nº 97, IX-2002:
 «Hay que romper los clichés. ETA no se constituyó como organización antifranquista sino como organización para la liberación de Euskal Herria».
La verdad es que no sé si este año ha ocurrido lo mismo o no. No he estado atento a los medios de comunicación. Quizá porque en Euskadi, como me dijo una vez Jon Juaristi, todo es cíclico, como una obra de teatro repetida mil veces en la que uno se sabe el guión de memoria. Incluso los tics y los errores de cada actor. A la larga acaba aburriendo. No obstante, si es que Bildu, Amaiur o Sortu han vuelto a apropiarse del legado simbólico de la II República demostrarían una vez más algunos puntos. Uno, su total y absoluto desconocimiento de la historia del nacionalismo vasco y, por extensión, de la del País Vasco. O más bien su desprecio por la misma. Dos, su astucia política, que les ha llevado siempre a aprovechar habilmente el capital simbólico de los demás. Y tres, el fracaso de la izquierda vasca para conservar una herencia, la republicana, que legitimamente le correspondía.

5 comentarios

Archivado bajo ETA, Historia, Nacionalismo

UN MUNDO «PEQUEÑO», OTRO MUNDO «GRANDE»: EL DISCURSO DE GÉNERO DEL NACIONALSOCIALISMO

Interesantísimo artículo del profesor Jesús Casquete:
 -«Un mundo «pequeño», otro mundo «grande»: El discurso de género del nacionalsocialismo», Revista de Estudios Políticos, núm. 159, enero-marzo (2013), págs. 165-201

1 comentario

Archivado bajo Nacionalismo, Recomendaciones, Recursos

Novedad editorial: Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994)

Novedad editorial: Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994)

-FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka (2013): Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994). Madrid: Tecnos. Prólogo de José Luis de la Granja.

Resumen

Héroes, heterodoxos y traidores analiza las historias cruzadas de ETA político-militar, EIA y Euskadiko Ezkerra.

En el ocaso de la dictadura franquista cristalizó en el País Vasco y Navarra la «izquierda abertzale», un movimiento independentista nucleado en torno al caudillaje de ETA. De tal matriz surgieron en 1974 dos facciones que tomaron caminos divergentes durante la Transición. Por una parte, ETA militar y Herri Batasuna, que se enfrentaron violentamente a la democracia parlamentaria. Por otro lado, un sector más pragmático, el de ETApm, EIA y EE, que evolucionó desde la complicidad con el terrorismo al compromiso cívico con la paz, desde el comunismo revolucionario a la socialdemocracia y desde el independentismo al autonomismo, piedra angular de su nacionalismo heterodoxo. Escrita desde la perspectiva de la historia política y cultural, la presente obra examina este singular proceso de secularización, que contribuye a una mejor comprensión del pasado reciente del País Vasco y, por ende, de España.

Descargas

Índice, Prólogo e Introducción

Capítulo I

Apéndices digitales

La imagen de EE (I)

La imagen de EE (y II)

4 comentarios

12 abril, 2013 · 11:45

HITZALDIA – CONFERENCIA: Lili Marleen: Canción de amor y muerte

H I T Z A L D I A - C O N F E R E N C I A: Lili Marleen: Canción de amor y muerte

Miércoles, 10 de abril de 2013
19h00 – 20h30
Dra. Rosa Sala Rose
Idazle eta itzultzailea – Escritora y traductora
Bizkaia Aretoa, Auditorio Arriaga
Paraninfo de la UPV/EHU
Avda. Abandoibarra, 3
48009 Bilbao

Deja un comentario

3 abril, 2013 · 11:00

Los límites de la historia

Como José Luis de la Granja (El nacionalismo vasco. Claves de su historia, 2009), cuando comencé a investigar y escribir creía firmemente que «el conocimiento del pasado reciente no soluciona los problemas del presente, pero sí contribuye a su entendimiento, para evitar repetir errores históricos, que es condición necesaria para su resolución en el futuro». Sin embargo, reconozco que a veces son bastante pesimista al respecto. Hay que constatar que estos nobles propósitos chocan demasiado a menudo contra la dura realidad

El historiador guipuzcoano Juan Pablo FusiLos vascos y su historia», El Correo, 5-IV-1987) denunciaba en 1987 que la mayoría de la ciudadanía de Euskadi conocía la figura del general carlista Tomás de Zumalacárregui, pero desconocía la de su hermano, Miguel Antonio de Zumalacárregui, político vasco progresista que ocupó los cargos de diputado, ministro y presidente de las Cortes. Era el paradigma de cómo el «País Vasco desconoce su historia más reciente. Está forjándose una conciencia de sí mismo mutilada y deforme: está construyendo su identidad sobre una amputación brutal de la verdad histórica. Tal vez se esté aún a tiempo de rectificar». Fusi todavía tenía confianza en que los historiadores y los medios de comunicación recuperaran para el gran público «la verdadera historia del País Vasco».

Hoy en día Tomás de Zumalacárregui tiene un lugar destacado en los libros escolares e incluso ha dado nombre a calles (incluyendo una enorme avenida en Bilbao, la misma ciudad que ordenó bombardear). Miguel Antonio permanece relegado, aunque, como me corrige amablemente un lector, el museo Zumalacárregui, sito en Guipúzcoa, sí que se ha preocupado en rememorar su figura y la del liberalismo.

El filólogo y ensayista Jon Juaristi se propuso con El linaje de Aitor (1987) «la tarea de sacar a nuestro pueblo de su letal ensimismamiento. Será preciso, para ello, que muera nuestro pasado y, con él, todas las ensoñaciones románticas que han distorsionado trágicamente la imagen del pueblo vasco». Once años después, en la edición de 1998, admitía que, pese a la «edad dorada» de la historiografía vasca, «la recuperación de la historia no se ha traducido en una correlativa erosión de los mitos y falsificaciones» que continuaban imperantes. «El viaje no ha merecido la pena». El mensaje de El linaje de Aitor, al igual que el de otras muchas obras de historia, no había llegado ni al «hombre de la calle» ni a «los mismos universitarios».

Probablemente la dificultad resida, como afirmaba Granja, en que «la historia que divulgan los medios de comunicación de masas no coincide con el nivel de conocimiento alcanzado por la historiografía vasca». Sea por este o por otros motivos (nuestros propios errores, al escribir para otros historiadores, no para el ciudadano medio; el desinterés de los medios de comunicación, comparable con el de muchos historiadores respecto a la divulgación; el desprecio por el conocimiento de nuestra generación; los hábitos de lectura, etc.), lo cierto es que la historia rigurosa no llega a su público potencial. Aunque la historiografía vasca sea pujante, que lo es, la academia funciona como un circuito cerrado: lo que produce se queda allí como material de nueva producción intelectual, que se queda allí. El hueco que deja lo ocupa la literatura histórica sesgada, partidista y combativa. Hay panfletos antinacionalistas y nacionalistas (vascos) radicales, pero en Euskadi tienen más éxito estos últimos, sobre todo porque están impulsados por los engranajes de la maquinaria cultural de la «izquierda abertzale«, que incluye medios de comunicación, editoriales, distribuidora de libros, librerías, etc. Así, por desgracia, los mitos permanecen vivos. Y, con ellos su derivado: el odio, el victimismo, el sentimiento de superioridad, etc.

Es una batalla desigual, por tanto, la que se establece entre la historia profesional y la literatura partidista. Una batalla que la primera lleva años perdiendo. No hay que rendirse, desde luego, pero hay que tenerlo en cuenta. Es necesario salir del gueto académico sea como sea, intentando llegar a la ciudadanía. El historiador no puede ser un erudito que escriba para otros eruditos. Tiene una función social que cumplir. De otro modo, todo su esfuerzo, todo su trabajo, no serviría de nada.

Tomas de Zumalacarregui

2 comentarios

Archivado bajo Historia, Nacionalismo, Opinión, Recursos

Entrevista en Radio Exterior

A partir del minuto 22.

Y aquí una entrevista en El Mundo, al hilo del mismo asunto: el Congreso de Sortu.

Deja un comentario

25 febrero, 2013 · 14:32

Presentación de «Sangre, votos, manifestaciones» en Salamanca el día 7 de marzo a las 19:15.

El Aula de Debate “La España Actual” reanudará sus sesiones el próximo 7 de marzo con la presentación del libro de Gaizka Fernández Soldevilla y Rául López Romo: Sangre, votos, manifestaciones: ETA y el nacionalismo vasco radical, 1958-2011, Tecnos, Madrid, 2012.
Será críticamente comentado por Benjamín González Alonso (Catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad de Salamanca) y por Xabier Urquijo Goitia (Licenciado en Filosofía por la Universidad del País Vasco y con un postgrado de dos años en París –Sorbonne y Escuela de Altos Estudios-). Y, a continuación, se abrirá un amplio debate.
El acto tendrá lugar en el salón de actos de la Facultad de Geografía e Historia (Calle Cervantes s/n) a las 19:15.

Deja un comentario

18 febrero, 2013 · 21:13

Recensión del «Diccionario ilustrado de símbolos del nacionalismo vasco»

En el último número de Historia del Presente (nº 20, 2012) aparece una recensión escrita por un servidor sobre el más que interesante y recomendable libro:

-SANTIAGO DE PABLO, JOSÉ LUIS DE LA GRANJA, LUDGER MEES Y JESÚS CASQUETE (Coords.): Diccionario ilustrado de símbolos del nacionalismo vasco. Madrid, Tecnos, 2012, 899 pp.

He aquí el texto:

El nacionalismo (sea cual sea la patria en cuestión) apela directamente a las pasiones y los sentimientos del ciudadano: por ejemplo, la propia identidad territorial o, en sus casos extremos, el odio al «otro». Una de las claves de su fuerza radica en que dicha doctrina se basa esencialmente en lo irracional. O incluso en la fe. En otras palabras, más que convencer al individuo, procura conmoverlo. Del amplio catálogo de catalizadores que los movimientos nacionalistas emplean para conseguirlo hay uno que destaca por encima del resto: el símbolo. Se trata de una poderosa herramienta que sirve, entre otras cosas, para condensar ideologías, marcar la identidad del grupo, despertar las emociones del receptor e invitarle a la acción. Por consiguiente, con el fin último de profundizar en el funcionamiento de los patriotismos, parece recomendable que la historia política también se ocupe de estudiar sus iconos y representaciones.

Eso es precisamente lo que se ha pretendido hacer con el Diccionario ilustrado de símbolos del nacionalismo vasco, un amplio, riguroso y concienzudo análisis del universo simbólico de dicho movimiento desde sus orígenes hasta la actualidad. En él se disecciona el imaginario que comparte toda la cultura política abertzale (patriota vasca), así como los símbolos privativos de cada facción en que esta se divide (el PNV y el nacionalismo vasco radical), la genealogía de sus más importantes emblemas, sus modificaciones a lo largo del tiempo, la manipulación de la que han sido objeto, su instrumentalización política, etc.

Como se anuncia en el propio texto, nos encontramos ante una obra pionera en su género. Y, como tal, seguramente servirá de modelo para otras por venir centradas en distintos patriotismos. De igual manera, tal y como se reconoce en el estudio introductorio, Jesús Casquete tuvo la idea de desarrollar este monumental trabajo tras conocer otro similar, el Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo (Acantilado, Barcelona, 2003) de Rosa Sala Rose. A partir de entonces, y durante seis años, se puso en marcha un grupo de investigación de la Universidad del País Vasco formado por doce historiadores y científicos sociales coordinados por Santiago de Pablo, todos ellos expertos en la materia: el propio De Pablo, José Luis de la Granja, Ludger Mees, Jesús Casquete, Maitane Ostolaza, Leyre Arrieta, Coro Rubio, José María Tápiz, Virginia López de Maturana, Xosé Manoel Núñez Seixas, Iñaki Iriarte y Álvaro Baraibar.

Se trata, no cabe duda, de una obra coral harto ambiciosa. Por su originalidad y por el nivel de sus aportaciones, no hay duda de que el Diccionario está llamado a ser un libro de obligada referencia para los especialistas en la historia del abertzalismo. Además, no sufre de los defectos de los que habitualmente adolecen este tipo de manuales, ya que los autores han procurado hacer divulgación en el mejor sentido de la palabra. Así, aun con las inevitables diferencias entre unas y otras entradas, el Diccionario está escrito con amenidad, claridad y concisión. Está al alcance de cualquier lector, sin necesidad de que este tenga conocimientos previos sobre la cuestión. Por añadidura, tiene como objeto un tema de perenne actualidad, que sigue despertando el interés de la ciudadanía, ya sea por su eco mediático o porque algunos de los símbolos que aquí se estudian son omnipresentes en Euskadi (este mismo término, la ikurriña [la bandera bicrucífera], etc.), al habérselos transmitidos el PNV a la Comunidad Autónoma del País Vasco durante la Transición. En definitiva, este es un producto de calidad y atractivo. Y así lo ha valorado la editorial Tecnos, que publica el texto en una cuidadísima edición en la que abundan las ilustraciones a color.

En el Diccionario ilustrado de símbolos del nacionalismo vasco tienen cabida 53 voces, que se pueden consultar por separado, como capítulos independientes, ya que cada uno de estos textos es autónomo. Al mismo tiempo, todas las entradas remiten a otras, dando pie a un fascinante ejercicio de lectura múltiple. Cada voz tiene sus propias referencias, a las que hay que sumar una extensa bibliografía final que resultará muy útil a cualquier persona interesada en el pasado y el presente del nacionalismo vasco.

En este heterogéneo (pero coherente) conjunto podemos encontrar escudos y banderas (los de Navarra o la ikurriña), lugares de memoria (Guernica, Amaiur, Estella, Iparralde [el País Vasco francés], Sabin-Etxea, etc.), batallas (Arrigorriaga, Munguía o Roncesvalles), iconos (el roble o el arrano beltza [águila negra]), lemas como el aranista Jaun-Goikoa eta Lagi-Zarra (Dios y Ley Vieja o Fueros), fiestas y fechas conmemorativas (el Aberri Eguna [Día de la Patria Vasca], el Alderdi Eguna [Día del Partido], el Gudari Eguna [Día del Soldado Nacionalista Vasco], el 20 de noviembre o el 31 de julio), figuras históricas (el rey Sancho el Mayor de Navarra, San Ignacio de Loyola o el general Tomás de Zumalacárregui), políticos abertzales relevantes (Sabino Arana, Eli Gallastegui, José Antonio Aguirre, Manuel Irujo, Telesforo Monzón, etc.), dirigentes de ETA (Javier Etxebarrieta [Txabi] o José Miguel Beñaran [Argala]), canciones (Agur Jaunak o Eusko Gudariak), acontecimientos como el proceso de Burgos (1970) o incluso la (imaginada) némesis del movimiento nacionalista: España. También se presta atención a las mudanzas en la denominación del territorio vasco y a la pugna entre política y simbólica que todavía persiste entre distintos nombres: Vasconia, Provincias Vascongadas, País Vasco, Euskadi, Euskal Herria, etc.

Como asumen los propios autores, lo más discutible del Diccionario es la selección de las voces. Existe, como se ha dicho, una genérica (y muy sugestiva) entrada sobre España, pero, a mi juicio, y teniendo en cuenta su importancia para el imaginario abertzale, no hubiera estado de más un tratamiento específico sobre quienes han encarnado la crucial figura del enemigo de la causa patriótica. Entre estos contrasímbolos o símbolos negativos, que se han demostrado bastante eficaces para la facción extremista del nacionalismo vasco, podrían citarse a los maketos (inmigrantes), Madrid, las víctimas de ETA, las instituciones democráticas, la Guardia Civil, los partidos no nacionalistas, la lengua castellana, etc. También se echa de menos cierta atención a los políticos (abertzales heterodoxos o exabertzales) que han sido percibidos como traidores, el más destacado de los cuales fue Mario Onaindia. Para terminar, tampoco hubiera estado de más dedicar un mínimo espacio a Eduardo Moreno Bergaretxe (Pertur), figura emblemática de ETA político-militar y Euskadiko Ezkerra hasta 1982.

Ahora bien, estos reproches son tan discutibles como la propia opción que los autores han tomado, la cual sin duda ha sido largamente meditada, discutida y consensuada. De haber tenido que contentar las preferencias de sus más quisquillosos lectores, no estaríamos ante un Diccionario propiamente dicho, sino ante una enciclopedia. Este formato permitiría abarcar un abanico de símbolos más amplio, pero también habría impedido un análisis minucioso de los mismos, por lo que el presente libro habría perdido en profundidad, que es uno de sus puntos fuertes. Convengamos, por tanto, en que aquí se recogen los principales elementos del imaginario abertzale, los imprescindibles para comprender su pasado y su presente. En consecuencia, a partir de ahora resultará difícil escribir la historia de este movimiento sin bucear previamente en las páginas del magnífico Diccionario ilustrado de símbolos del nacionalismo vasco.

 

2 comentarios

Archivado bajo Nacionalismo, Opinión, Recursos

Una pequeña polémica sobre pantalones femeninos en el exilio (1948)

He pasado esta lluviosa tarde buceando entre las revistas que las juventudes del PNV (Euzko Gaztedi) editaron en Venezuela durante la dictadura franquista, aunque solo me ha dado tiempo a ver las de 1948 y 1949. Iba a la búsqueda de alusiones a los gudaris (los soldados nacionalistas vascos) de la Guerra Civil, que hay unas cuantas, y debates sobre el uso de la violencia política, los cuales brillan por su ausencia (las hay a principios de los 60, pero parece que no antes). Por el camino me he encontrado cosas curiosas, que no encajan en la línea de investigación que estoy siguiendo ahora mismo, pero que me apetece reflejar. Una de ellas es la situación del euskera durante el franquismo, un tema sobre el que ya ha escrito un par de buenos artículos de síntesis Santiago de Pablo, pero que a mi entender merecería una monografía seria y rigurosa, quizá una tesis doctoral. Demasiadas veces los historiadores pasamos de puntillas sobre la cuestión del trato que la dictadura dio al vascuance cuando no damos por válidas tesis poco sostenibles hoy en día. Sobre eso colgaré un par de cosas mañana, si tengo tiempo.

Hoy, en cambio, traigo aquí una pequeña polémica aparecida en las hojas de Euzko Gaztedi de Venezuela en 1948 a propósito del hecho de que algunas chicas vascas en Caracas comenzaran a usar pantalón, lo que, al parecer, no era del agrado de todo el mundo. El primer artículo, el que declara una «guerra al pantalón», quizá me hubiera parecido una trivialidad hace unos años, pero ahora, después de leer algunos trabajos de mi amigo y colega Raúl López Romo (y haber tratado someramente el feminismo en el seno de EE durante mi tesis), ya no me lo parece tanto. Por una parte por lo que dice de la sociedad de la época y el choque cultural entre los abertzales que vivían en América y los que llegaron luego, que traían una mentalidad y unas costumbres diferentes (ironicamente, menos «europeas», si se quiere). Por otra parte por lo que se vislumbra, apenas, de un movimiento como el nacionalista que hasta entonces había sido muy conservador, más que católico y también machista, aunque esto último hubiera empezado a cambiar a mediadios de los años 30 (ese fue uno de los motivos por los que el muy reaccionario Luis Arana, el hermano de Sabino, abandonó el PNV por segunda vez). Precisamente estas páginas me interesaron porque demuestran que nada es inmutable, y he ahí la mentalidad más abierta de otras jóvenes, la que representa el segunto texto.
No he incluido en el lote un tercer artículo, este escrito por un chico, en el que se hacía una referencia somera a la discusión, porque era de apenas de dos líneas. Despectivo, la tachaba de «el eterno femenino». Él, ¿cómo no?, hablaba de cosas mucho más elevadas: liberar a la patria. Uso la ironía con «él», pero solo por simpatía, aunque nos separen décadas, kilómetros e ideas. Supongo que él podría ser yo o cualquier otro elemento del género masculino, que en demasiadas ocasiones nos fijamos en los grandes «problemas» pasando por alto otros que, a su modo, también tienen trascendencia. ¿Quizá porque no nos afectan?

Imagen

Imagen

Deja un comentario

Archivado bajo Historia, Nacionalismo